Comunicado
de prensa No.2002-35
AGUA : LOS RECURSOS OCULTOS DE ÁFRICA
París, 4 de junio - Es posible
que la clave de la solución de la crisis mundial del agua
se oculte en las entrañas de la tierra. En efecto, el abastecimiento
de más de la mitad de la población mundial depende
de las aguas subterráneas que se extraen de los acuíferos,
es decir, los espacios porosos de las formaciones rocosas que
se hallan ocultos bajo la superficie terrestre. Estas formaciones
pueden extenderse a lo largo de miles de kilómetros y contienen
reservas de agua suficientes para satisfacer las necesidades de
la humanidad durante muchos decenios. Por ejemplo, para hacernos
una idea de la magnitud de los acuíferos de arenisca de
Nubia, enterrados bajo las arenas del desierto que se extiende
por Libia, Egipto, Chad y Sudán, tendríamos que
imaginar una piscina de varios centenares de metros de profundidad
con el agua más cristalina del mundo y las dimensiones
de un país como Alemania.
Para conocer mejor este misterioso
capital natural de nuestro planeta, los hidrogeólogos de
más de 20 países han preparado el primer estudio
continental sobre los acuíferos transfronterizos de África.
Estos especialistas se reunieron del 2 al 4 de junio en Trípoli
(Libia) en el contexto de un proyecto de la UNESCO denominado
Iniciativa Internacional sobre la Gestión de los Recursos
de Acuíferos Compartidos (ISARM), en el que participan
varias organizaciones internacionales como la Asociación
Internacional de Hidrólogos (AIH), la Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) y la Comisión Económica de las Naciones Unidas
para Europa (CEPE).
Los acuíferos traspasan
las fronteras nacionales y puede suceder que tengan que ser compartidos
por dos o más países, como en el caso algunos ríos.
No obstante, a diferencia de lo que sucede con estos últimos,
los conocimientos que se poseen sobre los acuíferos transfronterizos
compartidos son muy escasos. En efecto, son muy considerables
las inversiones y los estudios científicos que se requieren
para localizar y cartografiar los límites de un acuífero,
antes de empezar a evaluar con precisión la cantidad y
la calidad del agua que contiene.
Además, los factores políticos
pueden complicar esta tarea científica. Los Gobiernos suelen
ser reacios a admitir que otros países comparten los acuíferos
de los que dependen sus abastecimientos en agua potable y de regadío.
El creciente cúmulo de reglamentos y convenciones de derecho
internacional referentes a los ríos no se aplica a los
acuíferos. Este vacío jurídico genera desacuerdos
y tensiones considerables. Muchos expertos pronostican que vamos
a presenciar una "carrera al bombeo de agua", en la
que muchos países van a tratar a toda costa de extraer
la mayor cantidad de agua posible, por miedo a que vecinos más
poderosos se hagan con la hegemonía de los acuíferos
transfronterizos, gracias a su mayor potencial técnico
y económico. Estos acuíferos constituyen, por consiguiente,
puntos de fricción y fuentes de conflicto latentes, sobre
todo en las regiones áridas donde es previsible que se
intensifique en el futuro la lucha encarnizada por los recursos
de agua, a causa del aumento de la población y de las posibles
repercusiones del cambio climático que agudizarán
la penuria de agua.
Para desactivar este conflicto
latente, en el marco del proyecto ISARM se está agrupando
a científicos de todo el mundo a fin de elaborar en un
plazo de seis años un primer mapa mundial y un catálogo
de los acuíferos transfronterizos. Ese catálogo
se basará en estudios regionales como los que ya se han
ultimado en África. Anteriormente, no se poseía
casi ninguna documentación sobre los acuíferos de
este tipo en el continente africano. Han escaseado mucho, por
regla general, los estudios sobre las aguas subterráneas,
a pesar de que muchos países, por ejemplo Mauritania, cubren
el 80% de sus necesidades con este recurso natural. Incluso en
regiones y países más húmedos, como Nigeria,
el abastecimiento de la población depende cada vez más
de las aguas subterráneas a causa de la grave contaminación
de los ríos, es decir, de las aguas superficiales. El hecho
de que los acuíferos supongan un recurso seguro y fiable,
especialmente en las regiones propensas a la sequía, no
quiere decir que no sean frágiles. Es sumamente difícil,
por no decir imposible, sanear un acuífero contaminado
por aguas residuales o productos químicos vertidos por
comunidades, fábricas y explotaciones agrarias.
El reciente estudio sobre África
ha puesto de manifiesto la existencia de un total de 20 acuíferos
transfronterizos, entre los cuales hay 5 que eran completamente
desconocidos hasta la fecha. Por ejemplo, los hidrogeólogos
de Benin han sabido que el acuífero que abastece a la capital,
Cotonu, traspasa la frontera con Togo. Ambos países se
han mostrado interesados por la creación de una estructura
destinada a administrar conjuntamente este acuífero, que
irá cobrando cada vez más importancia en el futuro,
cuando el nivel de las precipitaciones lluviosas disminuya a causa
del cambio climático. Según el Director del Departamento
de Recursos Hídricos, Félix V. Azonsi, el índice
de disminución anual de las lluvias es de 2mm3. Otra sorpresa
que trajo el estudio fue el descubrimiento de un importante acuífero
entre Ghana y la Côte d'Ivoire. Los hidrólogos de
este último país ya habían empezado a estudiarlo,
habida cuenta de que satisface el 80% de las necesidades de agua
de la población local. En cambio, los especialistas de
Ghana acaban de enterarse de que el acuífero entra en su
territorio. Se están preparando planes para estudiar y
administrar conjuntamente este recurso compartido.
El mencionado estudio ha representado
un considerable paso adelante en la tarea de elaborar un catálogo
mundial y una base de datos, que permitirán evaluar la
cantidad y calidad del agua de cada uno de los acuíferos
transfronterizos. Gracias a ellos, también se podrán
efectuar estudios detallados sobre métodos innovadores
para la administración de los recursos de agua, tanto desde
un punto de vista técnico como socioeconómico y
jurídico. Ya se han ultimado estudios regionales relativos
a América del Sur, Europa Occidental (por conducto de la
CEPE) y la ribera europea del Mediterráneo.
El estudio relativo al Mediterráneo
es el más delicado desde el punto de vista político.
La recopilación de sus datos se efectuó en un taller
organizado por la ISARM, que se celebró en Beirut (Líbano)
en febrero de 2002. Este taller congregó a más de
20 hidrogeólogos procedentes de Israel y de los territorios
administrados por la Autoridad Palestina, así como de Siria,
Egipto, Jordania, Líbano, Argelia, Túnez, Marruecos,
Turquía, Chipre y varios países europeos.
El acuífero de la montaña
que se extiende a la vez por la Ribera Occidental y por Israel
es el centro de la disputa por el agua en la que están
enzarzados los gobiernos israelí y palestino. En breves
palabras, la situación es la siguiente: Israel consume
el 85% del agua que produce el acuífero, a pesar de que
la mayor parte de las precipitaciones y de las aguas superficiales
que lo reconstituyen provengan del territorio palestino. Además,
las condiciones geológicas hacen sumamente difícil
y onerosa la extracción del agua en el lado palestino,
mientras que la mayor parte del agua de buena calidad fluye naturalmente
en el lado israelí, donde se puede extraer con relativa
facilidad. La explotación de este recurso natural ha sido
objeto de intensas negociaciones, que se han paralizado a causa
de la actual "intifadah". No obstante, los hidrogeólogos
de ambos lados han seguido reuniéndose e intercambiando
datos sobre el acuífero en el marco de la iniciativa ISARM.
Precisamente, la primera etapa
de la iniciativa ISARM tiene por objeto la realización
de este tipo de intercambios. Al acopiar y compartir datos para
la realización de los catálogos y estudios regionales,
los representantes de los gobiernos establecerán también
planes y, probablemente, crearán comisiones para administrar
conjuntamente los recursos compartidos y proteger el medio ambiente.
Asimismo, hay planes para proponer acuerdos jurídicos encaminados
a proteger los acuíferos en el futuro.
Los representantes de los gobiernos
han admitido que es necesario elaborar una convención relativa
al conjunto de acuíferos de Nubia, que se extiende por
cuatro países: Libia, Egipto, Chad y Sudán. Este
conjunto comprende un total de cuatro acuíferos con un
contenido aproximado de 120.000 km3 de agua "fósil",
que se depositó en ellos hace miles - o quizás millones
- de años. Es el legado líquido de una época
que se remonta a unos 10.000 años atrás, cuando
el Sahara era una exuberante sabana. Las lluvias que irrigaban
esta región desaparecieron hace 3.000 años más
o menos, dejando este extraordinario - aunque perecedero - depósito
de agua, que el Gobierno de Libia empezó a extraer en 1991
gracias a la realización del Gran Río Artificial,
uno de los mayores proyectos de ingeniería civil del mundo.
Actualmente, este "río" suministra medio millón
de metros cúbicos diarios a las ciudades costeras del país
- donde se concentra la mayoría de la población
- gracias a una red de tuberías de hormigón de cuatro
metros de diámetro, que tienen las dimensiones de los túneles
del metro de una gran ciudad. El lecho del "río"
está cavado bajo el desierto y la longitud de su curso
es de 3.500 kilómetros.
La extracción del agua "fósil"
ha provocado importantes controversias y diversos grupos de defensa
del medio ambiente han condenado el G ran Río Artificial.
Por su parte, los defensores del proyecto aducen que los países
como Libia carecen de recursos de agua renovables y no pueden
abastecerse exclusivamente con sistemas de desalinización,
que son muy costosos. La iniciativa ISARM está tratando
actualmente de establecer directrices internacionales para administrar
bien ese inestimable recurso que es el agua. El problema estriba
en encontrar un equilibrio entre las preocupaciones éticas,
ambientales y científica, por un lado, y las necesidades
socioeconómicas de las generaciones actuales y venideras.
Por ejemplo, hay muchos expertos que justifican la utilización
del agua "fósil" para el consumo humano y usos
urbanos, pero que consideran contrario a la ética, y excesivamente
caro, destinar este precioso recurso al regadío, especialmente
en las zonas áridas donde la mitad del agua se puede perder
con la evaporación.
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