¿DÓNDE ESTÁN
LAS PLAYAS?
París, 29
de julio - Una parte de los 27 millones de turistas que visiten
África este verano para descansar en las playas, bien
podrían encontrarse con la sorpresa de que algunas de
ellas han desparecido. En efecto, en algunos lugares de Côte
d'Ivoire, Gambia y otros países africanos, el litoral
retrocede 1 a 2 metros cada año. El paseo marítimo
de Grand-Bassam, la ex capital colonial de Côte d'Ivoire,
corre el riesgo de caerse en pedazos al mar. Entretanto, algunas
porciones del litoral nigeriano están desapareciendo
al asombroso ritmo anual de 20 a 30 metros anuales. Aunque el
deterioro de las costas es un problema mundial generalizado,
once países africanos (Côte d'Ivoire, Gambia, Ghana,
Kenya, Mauricio, Mozambique, Nigeria, Senegal, Seychelles, Sudáfrica
y Tanzania) han decidido aunar sus esfuerzos para hacer algo
a este respecto.
Una serie de 11
informes nacionales recién publicados exponen implacablemente
la situación real y forman parte de la contribución
del continente africano a la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo
Sostenible, que dará comienzo el próximo 26 de
agosto en Johannesburgo. Con la publicación de estos
informes culmina la etapa de acopio de datos de un proyecto
ejecutado por la UNESCO y el Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA), que se gestó en Maputo
(Mozambique) en 1998, cuando se reunieron los ministros encargados
del medio ambiente de más de 40 países africanos
para examinar el problema del deterioro de las costas. Los ministros
de los 11 países que aceptaron entonces enfrentarse al
problema aprovecharán ahora la reunión de Johannesburgo
para tratar de recabar ayudas suplementarias para la nueva fase
de búsqueda de soluciones y de invitar a los demás
países africanos a sumarse a ellos. La coordinación
de ese proyecto la acaba de asumir la Nueva Alianza para el
Desarrollo de África (NEPAD), una iniciativa adoptada
por los dirigentes africanos que fue refrendada por el G-8 en
su reunión del pasado mes de junio en Canadá.
Los 63.124 km del
litoral africano son esenciales para la economía de muchos
Estados ribereños, sobre todo a causa de la pesca y el
turismo. Los ingresos de algunos Estados isleños como
las Seychelles y Mauricio, situados en el Océano Índico,
dependen casi exclusivamente de los recursos costeros. Con una
superficie territorial de 455 km2, las Islas Seychelles poseen
491 km de costas en las que se concentra prácticamente
la totalidad de su población. El gran auge del turismo
ha impulsado un rápido desarrollo económico. El
número de turistas pasó de 54.490 en 1971 a 130.046
en 2000, y el PIB por habitante, que era de 3.600 dólares
en 1975, se duplicó y alcanzó en 1998 la suma
de 7.192 dólares. Paradójicamente, esta prosperidad
económica ha supuesto graves inconvenientes para los
ecosistemas costeros que la habían propiciado.
Aunque las Seychelles
forman un archipiélago compuesto por 72 islas coralinas
de escasa altitud y 43 islas graníticas montañosas,
el 90% de sus 80.410 habitantes vive en una sola de ellas: Mahe.
Como el interior de esta isla es de suelo rocoso poco apto para
las actividades económicas, la mayor parte de las viviendas,
hoteles y nuevas carreteras se
construyen en la reducida zona costera, lo cual tiene repercusiones
negativas en el medio ambiente del litoral. En el informe de
las Seychelles se dice que "el turismo es la causa primordial
de la erosión de las costas, generada por los intentos
de mejorar estéticamente las playas y zonas para bañarse,
así como por la construcción de puertos para yates
de recreo y embarcaderos". En el informe se señala
también que, pese a las numerosas leyes que el gobierno
ha hecho aprobar para proteger el medio ambiente, "el problema
que se suele plantear más a menudo es el de la aplicación
efectiva de esas disposiciones legales".
En el informe de
Gambia se describe una situación parecida. "La mayoría
de las playas de los hoteles se las ha tragado el mar"
y las medidas para proteger las que quedan han necesitado inversiones
por un valor superior a los 300.000 dólares. El informe
agrega que la erosión de las costas es uno de los "problemas
ambientales más devastadores" con que tropieza el
país. De hecho, en el litoral gambiano se concentran
el 45% de la población y el 60% de los empleos, además
de especies animales tan escasas y protegidas como la tortuga
verde, que desova en estas playas en curso de desaparición.
La erosión
costera es un fenómeno geológico normal. En las
playas arenosas se producen transformaciones naturales. Así,
cuando el mar arremete contra ellas con un ángulo de
inclinación determinado, las olas transportan la arena
y la depositan más lejos provocado una "migración"
de la playa. En condiciones normales, el légamo de los
ríos las rellena, pero basta con que haya algunas construcciones
en la orilla - embarcaderos, puertos de recreo, pólderes
y edificios, - para que ese proceso natural se vea coartado.
En la albufera de Nigeria, los malecones del puerto artificial
impiden que el légamo rellene las playas. La erosión
actual de la popular playa de Isla Victoria, situada a la entrada
del puerto de Lagos, se cifra en unos 20 a 30 metros anuales.
Entretanto, el légamo se va depositando fuera del puerto.
A la vulnerabilidad
de la costa de Lagos, que ya es objeto de los fuertes embates
de mareas y oleajes, vienen a añadirse estas consecuencias
de las actividades humanas, agravadas por las presas del curso
superior del río Níger y la extracción
de arena para la construcción. Si de aquí a finales
de siglo el calentamiento del planeta provoca una subida de
0,5 a 1 metro del nivel del mar, tal como pronostica el Grupo
Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático,
en la zona de la albufera del Estado de Lagos desaparecerán
entre 284 y 584 km2 de costa a causa de la erosión y
las inundaciones. Esto puede acarrear pérdidas por valor
de 12.000 millones de dólares en los ingresos generados
por el turismo, el comercio y los gastos efectuados por los
habitantes del distrito. Algunos asentamientos de población
situados en tierras bajas ya se están inundando periódicamente,
cuando las grandes mareas de primavera van acompañadas
de tormentas.
Por otra parte,
hay que señalar que la expansión anárquica
y continua de las megalópolis costeras africanas es la
causante de que las aguas negras y residuales vayan a parar
al mar sin tratamiento previo. En Lagos, por ejemplo, al no
existir un sistema central de depuración del alcantarillado,
los residuos de los pozos negros se transportan en camiones
hasta la costa y se vierten directamente en el mar. Según
los citados informes, esto mismo suele ocurrir en otras ciudades
africanas.
No obstante, las actividades económicas, los pólderes
y la contaminación no son las únicas causas del
deterioro de las costas. En muchos sitios, dos elementos naturales
de protección de las costas, los arrecifes de coral y
los manglares, se están deteriorando o reduciendo, con
lo cual las playas quedan más expuestas a la acción
del viento y las olas. En las islas Seychelles, que están
relativamente bien preservadas, el principal peligro emana de
la decoloración de los corales resultante del aumento
de la temperatura del agua del mar provocado por el calentamiento
del planeta. Un aumento de un grado de la temperatura puede
ocasionar la extinción de los microscópicos organismos
pigmentados que viven en simbiosis con los pólipos generadores
del coral. Su muerte acaba causando la del coral que los cobija,
porque las sustancias sintetizadas por la luz solar que nutren
a éste dependen de la existencia de esos microorganismos.
En el informe de las Islas Seychelles se menciona un estudio
efectuado entre 1977 y 1998 que puso de relieve que en algunas
zonas de las islas de formación granítica del
archipiélago sólo subsiste el 10% del coral.
En las costas de
Tanzania bañadas por el Océano Índico,
el coral también se halla en peligro de muerte, pero
en este caso la culpa la tienen directamente las actividades
humanas. En efecto, los arrecifes coralinos albergan centenares
de especies de peces que son la fuente principal de proteínas
para los habitantes de los pueblos costeros. Por una serie de
imperativos diversos, éstos se han visto obligados a
pescar más de lo que necesitan para asegurar su propia
subsistencia y están utilizando métodos destructivos
- dinamita y veneno - para aumentar sus capturas de pescado.
En el informe sobre Tanzania se dice que en una bahía
se realizaron 441 explosiones con dinamita en un solo bimestre
de 1996, mientras que "en el archipiélago de Songo
Songo, el número de explosiones fue de 30 cada tres horas
y en el arrecife de Mpovi se registraron 100 explosiones en
un lapso de seis horas solamente". El informe prosigue
diciendo que "además de pulverizar la estructura
del arrecife, cada explosión con dinamita acaba con todos
los peces, el plancton y la mayor parte de los invertebrados
en un área de 15 a 20 metros a la redonda". La pesca
de arrastre incontrolada que practican en los fondos marinos
los buques pesqueros extranjeros también provoca daños
en los arrecifes coralinos, al "barrer" el lecho del
mar. Lo más grave es que los países pobres como
Tanzania carecen de medios para vigilar y proteger sus recursos
de alta mar.
El actual proyecto,
realizado en el contexto del "Proceso Africano", se
denomina "Ordenación y protección del medio
costero y marino del África Subsahariana" y forma
parte de una serie de actividades relacionadas con la gestión
de las costas que se iniciaron en 1998, a raíz de la
celebración de la Conferencia Panafricana sobre la Gestión
Integrada y Sostenible de las Zonas Costeras" (PACSICOM).
Se trata de un programa esencialmente africano ejecutado con
el apoyo de organismos de las Naciones Unidas, y por eso la
totalidad de los informes nacionales han sido fruto de las investigaciones
realizadas por especialistas autóctonos que trabajan
en ministerios, organizaciones no gubernamentales y universidades.
Los equipos de acopio de datos se compusieron con especialistas
en tres disciplinas principales - ciencias naturales, derecho
y ciencias económicas y sociales - para que estuvieran
representadas las distintas partes interesadas en la gestión
de las costas.
En ninguno de los
informes se prevé una solución rápida para
los males que aquejan a las costas. Patricio Bernal, Secretario
Ejecutivo de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental
(COI) de la UNESCO, dice a este respecto que el proyecto reconoce
cuán compleja es la problemática planteada. "La
presión existente para atraer las inversiones que
necesita la creación de infraestructuras turísticas
en las costas susceptibles de generar los nuevos empleos e ingresos
que tanto necesitan los países en desarrollo, suele culminar
en la ejecución de proyectos que no cumplen con las normas
mínimas de protección del medio ambiente. En todo
el mundo se pueden ver ejemplos espectaculares de gigantescos
complejos turísticos construidos al borde mismo de las
playas, que al cabo de poco años quedaron abandonados
en medio de guijarros y rocas porque los turistas salieron corriendo
al ver cómo las olas iban a estrellarse contra las escalinatas
de sus hoteles. Es muy frustrante que se produzcan hechos de
este tipo, porque no sólo se dispone de los conocimientos
científicos y técnicos suficientes para prevenirlos,
sino que además se han definido cuáles son las
prácticas idóneas para evitar ese tipo de situaciones".
El "Proceso
Africano" está encaminado a aplicar esos conocimientos
allí donde sea necesario. Hasta la fecha ha sido patrocinado
en parte por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMA) del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y
de su ejecución se han encargado la Comisión Oceanográfica
Intergubernamental (COI) de la UNESCO, el Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Comité Consultivo
sobre la Protección de los Mares (ACOPS) y el Programa
Mundial de Acción para la Protección del Medio
Marino frente a las Actividades Realizadas en Tierra (GPA- PNUMA).
Ahora, se espera encontrar en Johannesburgo otros proveedores
de fondos para realizar la nueva etapa del proyecto dedicada
a la búsqueda de soluciones.
La esencia misma
del "Proceso Africano" estriba en buscar una sinergia
entre los países ribereños para reaccionar ante
los problemas comunes, tanto en el plano continental como en
el subregional. Actualmente, las reacciones en el plano nacional
van desde la aprobación de leyes - con los consiguientes
problemas que plantea su aplicación efectiva - hasta
la realización de campañas de sensibilización
del público, la organización del turismo ecológico,
la ejecución de programas de observación, la creación
de parques marinos y el establecimiento de asociaciones de cooperación
entre el sector público y el privado para financiar instalaciones
como las dedicadas a la depuración de aguas residuales.
Tanzania, por ejemplo, tiene previsto ayudar a los pescadores
a comprar el equipamiento y los barcos necesarios para que cambien
la pesca de bajura por la de altura. También tiene proyectado
ir protegiendo, uno tras otro, los arrecifes coralinos. En efecto,
al igual que en otros informes, en el de Tanzania se preconiza
la necesidad de fomentar actividades económicas sostenibles,
al mismo tiempo que se reconoce la utilidad de los parques marinos
y las zonas de conservación.
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Los informes y
los documentos anexos se han publicado en un CD-ROM y pueden
ser objeto de pedidos. Para más información sobre
las costas y el desarrollo sostenible, consulten: http://216.239.51.100/search?q=cache:CIP0syzkoq8C:www.johannesburgsummit.org/html/documents/backgrounddocs/unescoreport.pdf+acops+africa+coasts+ioc&hl=en&ie=UTF-8
La División de Costas e Islas Pequeñas (CSI) de
la UNESCO no sólo ha creado un dinámico foro informativo
en Internet que sirve de vínculo entre todas las partes
interesadas por estas cuestiones en el mundo entero, sino que
también ha publicado folletos de información destinados
a las comunidades costeras y a los encargados de la adopción
de decisiones relativas a la gestión de las costas [http://www.unesco.org/csi/wise.htm],
así como
el libro de Gillian Cambers titulado Coping with Beach Erosion
[http://upo.unesco.org/bookdetails.asp?id=2601].
Para más
información, diríjanse a: Peter Coles - Oficina
de Información Pública de la UNESCO - Sección
Editorial
Teléfono: (+33) (0)1 45 68 17 10
Correo electrónico: p.coles@unesco.org
Datos y estadísticas
sobre las costas y el turismo en África
Según una estimación reciente, basada en el "World
Vector Shoreline" a escala 1/250.000, el África
Subsahariana posee 63.124 km de costas, es decir casi el doble
de los 34.000 km que se le atribuían anteriormente sobre
la base de datos menos fiables (véase World Ressources
2000-2001).
El 40% de la población mundial vive a menos de 100 km
de las costas (PNUMA).
El 95% de la pesca y la piscicultura marítimas se efectúan
en las aguas costeras (World Resources 2000-2001).
El pescado es la primera fuente de proteínas para mil
millones de habitantes del planeta, especialmente en los países
en desarrollo.
El 58% de los arrecifes coralinos del mundo se hallan en peligro
a causa de las actividades humanas.
Entre 1999 y 2000, el número de turistas extranjeros
en África aumentó en un 3,4%, alcanzando la cifra
de 27,2 millones (Organización Mundial del Turismo).
En el año 2000, el conjunto de África ingresó
11.700 millones de dólares gracias al turismo. No obstante,
el continente africano sólo recibe el 4% de los 692,7
millones de turistas del mundo entero y el 2,5% de los ingresos
del sector turístico mundial. Más del 35% de los
turistas con destino a África van a tres países
de África del Norte (Marruecos, Túnez y Argelia).
Cada turista extranjero gasta en África un promedio de
420 dólares, lo cual representa solamente la mitad de
lo que desembolsa en Asia Meridional.
La OMT prevé que en los próximos veinte años
el turismo internacional con destino a África aumentará
a un ritmo anual del 5,5%.
El turismo es la actividad mundial de exportación más
importante y genera ingresos por valor de 462.000 millones de
dólares anuales (OMT - 2001).