¿PARA
QUÉ SIRVE LA OCEANOLOGÍA?
París, 23
de agosto - Las inundaciones, sequías y hambrunas que
salen a veces en primera plana de los periódicos, suelen
ser el resultado de ciclos periódicos naturales de unos
diez años de duración, que además pueden
ser previsibles. Estos fenómenos no son muy frecuentes,
aunque tampoco excepcionales, al igual que los años de
buenas cosechas que no suelen ocupar los grandes titulares de
la prensa. Por una vez, el "causante de todos los males",
el calentamiento del planeta, no es el culpable de estas calamidades,
si bien es posible que esté alterando los ciclos y, por
consiguiente, intensificando su frecuencia y gravedad. ¿De
quién depende este proceso en su conjunto? Parece ser
que, en gran medida, la respuesta a esta pregunta es doble:
de los océanos del mundo y de la atmósfera.
Estas son algunas
de las conclusiones a las que se llega en un nuevo libro titulado
Oceans 2020: Science, Trends, and the Challenge of Sustainability
[Océanos 2020: Ciencia, Tendencias y la Problemática
del Desarrollo Sostenible], que acaba de publicar la editorial
Island Press para la Comisión Oceanográfica Intergubernamental
(COI) de la UNESCO, el Comité Científico de Investigaciones
Oceánicas (SCOR) y el Comité Científico
sobre los Problemas del Medio Ambiente (SCOPE). Esta obra será
presentada el 29 de agosto en Johannesburgo con motivo de la
celebración de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo
Sostenible.
En una serie de
capítulos salidos de la pluma de expertos de renombre
internacional, el libro aboga por que se realice una labor de
investigación concertada a escala mundial, a fin de profundizar
nuestros conocimientos sobre el funcionamiento de los océanos
y explorar más a fondo los secretos que encierran todavía.
Los científicos autores de este libro, dejando de lado
su habitual prudencia a la hora de predecir el futuro, tratan
de establecer un catálogo de las investigaciones fundamentales
que quedan por hacer, así como de idear el material propio
de la era espacial que se necesita para llevarlas a cabo. En
la obra se dice que los científicos podrán pronosticar
la llegada de esos fenómenos extremos y repetidos con
la suficiente antelación para reducir al mínimo
sus daños, a condición de que se acopien cantidades
masivas de datos en lugares estratégicos dispersos en
todos los océanos del mundo durante un periodo de tiempo
prolongado.
Actualmente se sabe
que El Niño es uno de esos fenómenos cíclicos,
que consiste en una elevación anómala de la temperatura
de las aguas superficiales del Pacífico central y oriental.
Se produce con una periodicidad variable de 2 a 10 años
(es decir cada 4,5 años por término medio) y suele
causar alteraciones en los bancos de peces que viven frente
a las costas del Perú, así como lluvias torrenciales
y grandes inundaciones en la región costera occidental
de América del Sur, árida por regla general. Al
mismo tiempo provoca fenómenos inversos como sequías
e incendios forestales en Australia Occidental y Asia Sudoriental.
En 1997-1998, a
pesar de la alerta dada pocos meses antes por los científicos,
El Niño causó daños colosales en el mundo
entero evaluados entre 32 mil y 96 millones de dólares.
Ya se ha confirmado actualmente que El Niño volverá
a producirse entre finales de 2002 y principios de 2003. Algunos
gobiernos ya están tomando medidas para contrarrestar
sus posibles efectos y, en previsión de la pérdida
de cosechas, están comprando, por ejemplo, opciones sobre
cereales en el mercado de futuros y aconsejando a los agricultores
que siembren variedades resistentes a la sequía o a las
inundaciones, según que sea seco o húmedo el tiempo
que vaya a traer El Niño.
Colin Summerhayes
de la Comisión Oceanográfica Internacional de
la UNESCO se pregunta "si el público sabe que después
de cada fenómeno de calentamiento de El Niño se
produce un fenómeno de enfriamiento denominado La Niña".
Después de las sequías que El Niño provocó
en Mozambique y Bangladesh en 1997-1998, La Niña causó
al año siguiente graves inundaciones en ambos países.
Al cabo de casi 20 años de observaciones realizadas con
boyas marinas que acopian datos permanentemente, así
como de mediciones efectuadas desde barcos y exploraciones con
satélites, los especialistas en oceanología han
podido llegar a saber que en otros océanos también
se producen periódicamente fenómenos cíclicos
a largo plazo (denominados "decenales"). A este respecto
Summerhayes dice lo siguiente: "La Oscilación del
Atlántico Norte crea condiciones de calor y humedad o
de frío y sequedad en el Noroeste de Europa, y lo contrario
en la zona del Mediterráneo. La Oscilación Decenal
del Pacífico calienta la parte central y oriental de
las aguas septentrionales de este océano, provocando
la desaparición de los bancos de sardinas que viven frente
a las costas de California (Estados Unidos). ¿Quién
no se acuerda de la novela de John Steinbeck Cannery Row? Ya
no hay sardinas allí. También tenemos el Dipolo
del Océano Índico, un fenómeno cíclico
que se produce aproximadamente cada decenio y que crea alternativamente
condiciones de calor y humedad en Kenya y Australia. Por su
parte, el Dipolo del Atlántico Tropical influye en las
precipitaciones lluviosas en el Sahel. La variabilidad de los
océanos a esas escalas influye en el clima, las lluvias
y las poblaciones de peces. A este respecto, no hay que olvidar
que el agua y los alimentos son los pilares del desarrollo sostenible."
En Oceans 2020 se
muestra cómo la oceanología ha alcanzado la mayoría
de edad en los últimos 25 años gracias, en gran
medida, a las nuevas tecnologías y a la cooperación
internacional en programas de investigación importantes.
"Es imposible recoger muestras de todo en un medio tan
vasto e implacable como el océano. Carecemos simplemente
de medios para ello. Los barcos con que contamos son pequeños,
cubren áreas muy restringidas de una sola vez y, además,
pueden transportar a pocas personas. No hay ni oceanógrafos
ni navíos suficientes para escudriñar cada metro
cuadrado de la superficie del mar, y aún es más
difícil sondear continuamente sus profundidades. Para
hacer esto necesitamos aparatos que lo hagan en nuestro lugar
y que, por medio de satélites, comuniquen a tierra los
datos recogidos, a fin de que los podamos introducir en ordenadores
potentes para procesarlos."
Entender cómo
funcionan los océanos y cómo influyen en muchos
aspectos de nuestra vida es tan solo una parte del catálogo
de tareas pendientes. En la obra publicada también se
contempla la posibilidad de que el mar aporte soluciones a los
problemas mundiales de energía, ya sea gracias los combustibles
fósiles que se hallan a profundidades demasiado grandes
para poderlos extraer actualmente, ya sea gracias al metano
congelado (hidratos de gases)
que contiene más energía que todas las reservas
de fósiles conocidas. Se han emitido ideas muy controvertidas,
por ejemplo "sembrar" con hierro las zonas marinas
próximas a las costas para aumentar el plancton. El plancton,
formado por minúsculos organismos que constituyen el
nivel más elemental de la cadena alimentaria marina,
es una fuente indirecta masiva de proteínas. Algunas
de las variedades de plancton toman de la atmósfera el
dióxido de carbono - es decir, el gas que es el principal
causante del calentamiento del planeta - y éste gas queda
sepultado en las profundidades del mar con los cadáveres
de los peces que se alimentaron con ellas.
En 1960, el oceanólogo
francés Jacques-Yves Cousteau experimentó por
primera vez habitáculos submarinos para la vida humana.
Desde entonces esta idea no ha tenido seguidores. Pero si la
vida en tierra se va haciendo cada vez más difícil,
cabe preguntarse si la especie humana tendrá que retornar
al mar, de donde se supone que procede. Según Oceans
2020, no es previsible que esto ocurra en los dos decenios venideros.
***
Se pueden consultar
también:
El sitio Internet de la Comisión Oceanográfica
Internacional de la UNESCO: http://ioc.unesco.org/iocweb/default.htm
El Niño: Fact and Fiction de Bruno Voituriez y Guy Jaques.
Serie Foro de la COI. Oficina Editorial de la UNESCO, París
2000. (publicado en francés e inglés)
Once Burned Twice Shy? Lessons learned from the 1997-98 El Niño,
editado por Michael H. Glantz. Universidad de las Naciones Unidas,
2001.
LOS OCÉANOS: HECHOS Y CIFRAS
Hasta hace poco
había cuatro océanos, pero hoy en día ya
son cinco. En efecto, en el año 2000 la Organización
Hidrográfica Internacional (OHI) proclamó la existencia
del Océano Austral integrado por porciones del Pacífico,
del Atlántico y del Índico. Las superficies respectivas
de los cinco océanos son:
Pacífico
155.557.000 km2
Atlántico 76.762.000 km2
Índico 65.556.000 km2
Austral 20.327.000 km2
Ártico 14.056.000 km2
La superficie de
las tierras del planeta es de 148.647.000 km2, mientras que
la de los océanos es de 335.258.000 km2
Los océanos cubren el 71% de la Tierra.
El Océano Pacífico puede contener de por sí
solo todas las tierras del planeta, y aun así le sobra
espacio.
La fosa marina más
profunda es la Fosa Mariana, que está situada en el Pacífico
y tiene 10.924 metros de profundidad. En su seno podría
sumergirse el monte más alto del mundo, el Everest, que
pertenece a la cordillera del Himalaya (Nepal) y tiene una altura
de 8.846 metros.
Presentación de Oceans 2002
29 de agosto, 14h00
Dôme de l´eau, Pavillon 4
Para más
información, diríjanse:
-en Johannesburgo a Amy Otchet, enviada de la Oficina de Información
Pública de la UNESCO. Teléfono móvil:(+27)
(0) 828 580 718.
E-mail :a.otchet@unesco.org
- Isabelle Le Fournis,
Oficina de Información Pública de la UNESCO: (+33)
(0) 614 69 53 72. E-mail:i.le-fournis@unesco.org
En París:
Peter Coles
Oficina de Información Pública
Teléfono: (+33) (0) 1 45 68 17 10
E-mail: p.coles@unesco.org