Comunicado
de prensa No.2002-83
LA UNESCO INICIA
UN PROGRAMA DE SEGUIMIENTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO MUNDIAL
Bishkek, 28 de octubre - La Red
de Reservas de Biosfera de la UNESCO, que es única en su
género, va a desempeñar una nueva función:
efectuar el seguimiento del cambio climático mundial. De
las 408 reservas de biosfera existentes en 94 países, 138
están situadas en zonas montañosas que, según
se está comprobando, son sumamente sensibles al calentamiento
del planeta. En efecto, el deshielo de algunos glaciares ha desencadenado
recientemente aludes de barro mortíferos, la riqueza excepcional
de determinados ecosistemas de montaña peligra y, además,
la escasez de nieve está paralizando las economías
que dependen del turismo invernal. Los datos que obtengan los
científicos en las reservas de biosfera de las zonas montañosas
les permitirán obtener una visión más precisa
del cambio climático mundial y, al mismo tiempo, podrán
contribuir a paliar algunos desastres cuando se produzcan situaciones
peligrosas.
En colaboración con la Iniciativa
para el Estudio de las Montañas (MRI) que tiene su sede
en Berna (Suiza), así como con el Programa Internacional
sobre las Dimensiones Humanas del Cambio Ambiental Mundial (IHDP)
y el Programa Internacional sobre la Geosfera y la Biosfera (IGBP),
la UNESCO está seleccionando sitios de reservas de biosfera
de cada una de las regiones montañosas más importantes
del mundo para centrar en ellas las actividades de este nuevo
programa de seguimiento del cambio climático mundial. Además
de evaluar las repercusiones ambientales, el estudio que se va
a efectuar analizará de qué manera está afectando
ese cambio a la situación económica y social de
las poblaciones de las zonas montañosas. El Director General
de la UNESCO, Koichiro Matsuura, anunciará este proyecto
en el discurso que va a pronunciar con motivo de la celebración
de la Cumbre Mundial sobre las Montañas, que comenzará
sus trabajos el 29 de octubre en Bishkek (Kirguistán) y
constituirá el evento culminante del Año Internacional
de las Montañas que va a finalizar el próximo mes
de diciembre.
Aunque la sensibilidad de las montañas
al cambio climático mundial se ha ido poniendo de manifiesto
paulatinamente a lo largo de los últimos decenios, la atención
de la opinión pública mundial se centró por
primera vez en esta cuestión cuando el profesor Lonnie
Thompson de la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.) vaticinó
en 2001 que la cumbre del Monte Kilimanjaro (Tanzania) perdería
de aquí a 2015 su famosa corona de nieve, si se confirman
los pronósticos actuales sobre el recalentamiento del planeta.
Thompson afirmó que, desde 1912 hasta la fecha, esta montaña
había perdido un 82% de su permafrost y que el 33% de esa
pérdida se había producido en los dos últimos
decenios. Aun cuando el agua suplementaria procedente del deshielo
del glaciar del Kilimanjaro pueda incrementar de inmediato la
fertilidad de las zonas adyacentes de más baja
altitud, el abastecimiento de agua a más largo plazo llegaría
a ser peligrosamente escaso si el glaciar desapareciese.
Un panorama análogo se puede
contemplar por doquier en el mundo. A mediados de septiembre,
en las montañas del Cáucaso se desmoronó
el glaciar de Kolka, enterrando algunas aldeas de la República
de Osetia del Norte (Federación de Rusia) bajo miles de
toneladas de hielo y rocas, y causando la muerte de más
de 120 personas. Asimismo, la totalidad de los 37 glaciares catalogados
en el Parque Nacional de Glaciares ubicado en el Estado de Montana
(EE.UU.) han retrocedido espectacularmente en los últimos
150 años. Según datos suministrados por la U.S.
Geological Survey (USGS) (http://www.nrmsc.usgs.gov/research/glacier_retreat.htm),
el glaciar Sperry perdió, por ejemplo, el 11% de su volumen
entre 1979 y 1993, mientras que el glaciar Grinnell experimentó
un retroceso de un 63% entre 1938 y 1993. La USGS pronostica que
todos los glaciares del parque habrán desaparecido de aquí
a 2030 si persisten los índices actuales de calentamiento
del planeta.
En Europa, los Alpes tampoco están
a salvo de problemas. El pasado mes de julio, se realizaron operaciones
de bombeo urgentes en un lago de 16 hectáreas formado por
el deshielo del glaciar Belvedere (Monte Rosa, Italia), porque
la barrera de rocas que lo contenía corría el riesgo
de reventar, provocando así la inundación del pueblo
de Macugnaga. Con respecto a la situación en los Alpes,
Bruno Messerli, experto en orografía de la Universidad
de Berna (Suiza), ha dicho lo siguiente: "Entre 1850 y 1980
el promedio de pérdida de volumen de los glaciares alpinos
ha sido de un 50%, mientras que en los veinte años transcurridos
entre 1980 y 2000 esa pérdida ha sido equivalente al 25%
del volumen restante. A finales de siglo quedará todavía
una pequeña porción del glaciar Aletsch, que tiene
una longitud de 23 kilómetros y 900 metros de profundidad
en algunas partes, pero en otras zonas muchos glaciares habrán
desaparecido."
El Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA) se encarga actualmente de la vigilancia
de lagos que se han formado con el deshielo de glaciares. Tan
sólo en la región del Himalaya hay 44 lagos cuyo
nivel de agua aumenta con tal rapidez que, en los próximos
cuatro o cinco años, la presión podría reventar
las barreras formadas por detritos que los retienen, provocando
graves inundaciones. Según el PNUMA, aunque no constituyan
ninguna novedad las crecidas repentinas de los lagos glaciares
- que se designan con el nombre de "GLOF" por las siglas
de su denominación en inglés (Glacial Lake Outburst
Flood) -, lo cierto es que hay indicios de que son cada vez más
frecuentes y hacen peligrar las ciudades y los pueblos de las
tierras bajas, a medida que los propios glaciares van retrocediendo.
El deshielo de los glaciares, que
se produce naturalmente en verano, no es de por sí un síntoma
del calentamiento del planeta. En condiciones climáticas
estables, el hielo perdido al derretirse se vuelve a reconstituir
con las precipitaciones de nieve invernales. Las aguas del deshielo
constituyen un componente fundamental del caudal de muchos de
los ríos más importantes del mundo. A este respecto,
Mel Reasoner, Director de la Iniciativa para el Estudio de las
Montañas (MRI), dice lo siguiente: "En muchas zonas
áridas y semiáridas, la subsistencia de las poblaciones
no sólo depende de la cantidad de agua procedente del deshielo
de los glaciares, sino del momento en que el agua empieza a fluir.
En efecto, hay que disponer del agua en el momento crítico
en que el regadío es necesario. La nieve compactada y los
glaciares constituyen una reserva entre el momento en que el agua
se precipita en forma de nieve y el momento en que empieza a manar
en forma líquida. La estación del deshielo, que
suele ser la más cálida y seca del año, suministra
un vasto caudal de agua para el regadío cuando más
se necesita."
No obstante, en muchas montañas
del mundo las precipitaciones acuosas en forma de nieve han disminuido
porque los inviernos son menos largos y más cálidos.
Si a esto se añade el hecho de que las temperaturas veraniegas
son más elevadas, el resultado es una pérdida neta
de hielo en los glaciares, aun cuando a corto plazo el agua suplementaria
del deshielo sea una bendición para las zonas adyacentes
situadas en las tierras más bajas. A este respecto, el
Sr. Reasoner advierte que "teniendo en cuenta que la agricultura
se ha vuelto tributaria de las aguas estacionales del deshielo,
si los glaciares desaparecen ya no se podrá disponer de
una reserva de agua almacenada con la que se pueda contar durante
todo el verano."
La idea de utilizar las reservas
de biosfera de las zonas de montaña para contribuir a la
investigación sobre el cambio climático constituirá
una ampliación del proyecto denominado Iniciativa Global
de Investigaciones de Observación en los Medios Ambientes
Alpestres (GLORIA), que lleva a cabo una red internacional de
investigación dedicada a examinar las repercusiones del
cambio climático en la vegetación alpestre efectuando
observaciones normalizadas en sitios comparables (consúltese
a este respecto: http://www.gloria.ac.at/res/gloria_home/). La
red GLORIA, que ya ha emprendido trabajos de investigación
sobre zonas de montaña situadas en Europa, prevé
actualmente extender su labor a escala mundial. Según el
Sr. Messerli, esto va a representar "una oportunidad excepcional
para estudiar las reservas de biosfera en todas las zonas muy
montañosas del planeta".
Los ecosistemas de montaña
se prestan muy bien a la investigación encaminada a detectar
el cambio climático mundial. Messerli dice que "los
ecosistemas de altitud, desde el límite superior de la
vegetación hasta los glaciares, son esencialmente los mismos
en todas las zonas climáticas, desde el Polo Norte hasta
el Antártico, ya que un glaciar
o un permafrost son iguales tanto en el Kilimanjaro como en la
cordillera de los Alpes o en la del Himalaya."
Al mismo tiempo, en los ecosistemas
de montaña se producen cambios asombrosos en distancias
muy cortas, por muy poco que varíe la altitud. Esto hace
que sean indicadores especialmente útiles. Por ejemplo,
a gran altitud solamente determinadas especies vegetales y animales
pueden sobrevivir en las áreas cubiertas de hielo y nieve
por un largo periodo. Pero el calentamiento del planeta está
reduciendo la superficie de esas áreas, de tal manera que
las plantas adaptadas a terrenos más cálidos y de
menos altura están empezando a invadir paulatinamente las
zonas más elevadas. Las variaciones de los límites
de los ecosistemas de montaña proporcionan un índice
del cambio climático mundial y se pueden observar y comparar
en todos los continentes del planeta utilizando conjuntos estándar
de medidas climáticas, por ejemplo las precipitaciones
y la temperatura. Además, en las regiones montañosas
también son muy perceptibles otros fenómenos que
influyen en el cambio climático como la radiación,
la erosión y la mutación de las características
de los suelos, o la presión demográfica.
Las reservas de biosfera de las
montañas ofrecen otra ventaja más para efectuar
comparaciones a escala mundial. En efecto, las llamadas áreas
"centrales" de esas reservas están relativamente
exentas de la presencia de actividades humanas. Fuera de esas
áreas, a menor altitud, las prácticas agrícolas
y ganaderas de las poblaciones montañesas pueden tener
hondas repercusiones en el medio ambiente local y dificultar la
distinción entre los efectos que obedecen al cambio climático
y los que son consecuencia directa de las actividades humanas.
A este respecto, cabe señalar que el término alemán
"alp" designa los pastos de montaña situados
en terrenos ganados por el hombre en detrimento de las áreas
forestales naturales. Por lo que se refiere a las reservas de
biosfera de las montañas, el Sr. Reasoner estima que "su
estructura hace que sean los laboratorios naturales ideales para
investigar la interrelación entre los terrenos situados
respectivamente a mayor y menor altitud."
Las poblaciones montañesas
son especialmente vulnerables a calamidades naturales como erupciones
volcánicas, avalanchas, inundaciones y terremotos, sin
contar los riesgos que entrañan las "GLOF". Las
montañas suelen ser un medio natural dotado de un gran
potencial de energía, al haberse formado por colisión
de placas de la corteza terrestre que todavía se siguen
desplazando, por lo menos en las cordilleras de formación
reciente como los Alpes, los Andes y el Himalaya. El calentamiento
del planeta, unido a los cambios que se han producido en la utilización
del suelo - deforestación y proliferación de los
cultivos en terrazas -, han entrañado un aumento de los
riesgos. En julio de este año las lluvias torrenciales
que se venían produciendo desde hace tres decenios provocaron
inundaciones y corrimientos de tierras en Nepal, ocasionando la
muerte de 187 personas y aislando al Valle de Katmandú
del resto del país.
La sensibilidad de las montañas
al calentamiento del planeta está acarreando consecuencias
para las economías locales dependientes del turismo. Sobre
este particular, el Sr. Messerli dice lo siguiente: "En los
Alpes, las estaciones de esquí situadas a menos de 1.500
metros de altura no pueden proseguir sus actividades. Los telesillas
y telesquís están dejando de funcionar. Los bancos
importantes ya no prestan más dinero para que se construyan
nuevas instalaciones de turismo invernal." Por su parte,
el Sr. Reasoner confirma este estado de cosas: "Una considerable
cantidad de estaciones de esquí situadas a baja altitud
no abrieron sus puertas este año y muchas otras registraron
una disminución apreciable de sus ingresos. Si en los próximos
cien años el límite de la nieve se desplaza mil
metros más arriba, la industria del turismo invernal será
muy distinta de lo que es ahora. El proyecto de extender las pistas
de esquí de los Alpes a zonas más altas, todavía
no explotadas, está tropezando con la resistencia tenaz
de grupos de defensa del medio ambiente y ha creado un conflicto
entre intereses que, de hecho, deberían conciliarse."
La actividad de las estaciones de turismo invernal de América
del Norte está decayendo de forma similar (consúltese,
por ejemplo, www.socc.uwaterloo.ca/snow/snow_synopsis_e.cfm).
Según el Instituto de Recursos Mundiales, la escasez de
nieve puede hacer peligrar la celebración de los Juegos
Olímpicos de Invierno en el futuro... o quizás desplazarla
a parajes más septentrionales, por ejemplo a Noruega, donde
el calentamiento del planeta ha provocado un aumento de las precipitaciones
de nieve invernales y un crecimiento paralelo del volumen de los
glaciares, pese al acortamiento de los inviernos.
****
Consúltense también:
http://www.unesco.org/mab/IYM.htm
http://www.mri.unibe.ch/Pages/contents.html
http://www.fao.org/GTOS/
http://www.igbp.kva.se/cgi-bin/php/frameset.php
http://www.globalmountainsummit.org/home_page.html
Para más
información, diríjanse a: Peter Coles - Oficina
de Información Pública de la UNESCO - Sección
Editorial - Teléfono: +33 (0) 6 14 69 54 98
NOTAS PARA LOS REDACTORES
· Quinientos millones de
seres humanos (una décima parte de la población
mundial) viven en altiplanos y montañas.
· Las zonas montañosas abastecen de agua a más
de la mitad de la población mundial.
· La totalidad de los grandes ríos del planeta nacen
en las montañas y su caudal se nutre de las precipitaciones
de lluvia y nieve conservadas temporalmente en forma de hielo,
que se derrite durante la primavera y el verano.
· En las zonas áridas y semiáridas, las montañas
suministran entre el 70% y el 95% del agua dulce.
· En las zonas donde hay más precipitaciones de
lluvia, la proporción de agua suministrada por las montañas
oscila entre un 30% y un 60%.
· Los cursos de agua situados a gran altitud hacen funcionar
muchas plantas de producción de electricidad.
· La minería contamina el agua de las montañas.
· Las montañas son ecosistemas frágiles.
Su suelo poco espeso - y por lo tanto, inestable - limita el crecimiento
de la vegetación y la hace más vulnerable a los
trastornos ocasionados por el hombre. Los ecosistemas de montaña
tardan mucho tiempo en recuperarse cuando se han deteriorado.
Por otra parte, tienen largo historial de explotación económica
y de falta de atención por parte de los poderes públicos.
· Las zonas montañosas de los países en desarrollo
se suelen caracterizar por la exigüidad de la red de transportes,
el escaso acceso a los mercados, el ritmo de crecimiento elevado
de la población y las posibilidades limitadas de empleo.
· Según datos de la FAO de 1995, las poblaciones
montañesas de Nepal, Etiopía y Perú figuran
entre las más pobres del mundo.
· Las montañas son reservas de genes de plantas
y encierran una gran parte de la diversidad genética subsistente.
· El Centro Internacional de la Patata (CIP), que tiene
su sede en Lima (Perú), posee el banco de germoplasma de
patata mayor del mundo (5.000 variedades).
· En los trópicos, los bosques de las zonas montañosas
registran el ritmo más rápido de pérdida
de biodiversidad (1,1% anual)
· Las montañas de Asia Central albergan más
de 5.500 especies de flores.
· El 10% de todas las especies de pájaros viven
exclusiva o primordialmente en los bosques nubosos.
· La protección de las zonas montañosas la
aseguran 138 reservas de biosfera, 150 parques y reservas situados
a más de 1.500 metros de altura, y 39 sitios del Patrimonio
Mundial.
· En los Andes septentrionales, el pastoreo, la agricultura,
la industria maderera, la minería, la construcción
de carreteras y los incendios han ocasionado la desaparición
del 90% de los bosques nubosos.
· Se estima que el Monte Kinabalu (Malasia) encierra una
de las más ricas reservas de variedades de plantas del
mundo entero.
· El turismo en las regiones montañosas genera entre
un 15,4% y un 20% del producto de la actividad turística
mundial.
· En 1999, se estimaba que había en el mundo entre
65 y 70 millones de personas que practicaban el esquí alpino.
· En Suiza, el límite de la vegetación arbórea
en zona montañosa se sitúa entre 200 y 300 metros
por debajo del límite normal.
· En el año 2000 se produjeron 29 corrimientos de
tierras y avalanchas que ocasionaron la muerte de 1.099 personas.
· En el decenio 1991-2000, los corrimientos de tierras
y las avalanchas ocasionaron pérdidas por valor de 1.200
y 366 millones de dólares en América y Asia, respectivamente.
Las 10 ciudades más altas
del mundo
Ciudad/País Altura en metros
Altura en pies
Wenchuan, China 5.099 16.730
Potosí, Bolivia 3.976 13.045
Oruro, Bolivia 3.702 12.146
La Paz, Bolivia 3.632 11.916
Lhasa,(Tibet) China 3.684 12.087
Cuzco, Perú 3.399 11.152
Huancayo, Perú 3.249 10.660
Sucre, Bolivia 2.835 9.301
Tunja, Colombia 2.820 9.252
Quito, Ecuador 2.819 9.249
Fuente: The Top of Everithing
Nueve de los diez montes más
altos del mundo pertenecen a la cordillera del Himalaya.
Monte Cordillera País(es)
Metros Pies
Everest Himalaya Nepal/(Tibet) China 8.850 29.035
K2 Karakorum Pakistán/China 8.611 28.250
Kanchenjunga Himalaya India/Nepal 8.586 28.169
Lhotse I Himalaya Nepal/(Tibet) China 8.516 27.940
Makalu I Himalaya Nepal/(Tibet) China 8.463 27.766
Cho Oyu Himalaya Nepal/(Tibet) China 8.201 26.906
Dhaulagiri Himalaya Nepal 8.167 26.795
Manaslu I Himalaya Nepal 8.163 26.781
Nang Parbat Himalaya Pakistán 8.125 26.660
Annapurna Himalaya Nepal 8.091 26.545