Artículo Nº 3- Marzo de 2002


EL DIRECTOR GENERAL DE LA UNESCO ADVIERTE SOBRE LA
INMINENCIA DE UNA CRISIS DEL AGUA


Con motivo del Día Mundial del Agua, que se celebrará el 22 de marzo, el Director General de la UNESCO advierte sobre la inminencia de una crisis del agua y declara que "si hay una crisis del agua también habrá una crisis del desarrollo". Y subraya que "sólo garantizaremos a las generaciones futuras recursos hídricos duraderos a condición de conjugar principios científicos y éticos con prácticas socialmente aceptables".

La crisis del agua es uno de los problemas más graves a que debe hacer frente el mundo actual. No debe olvidarse que el 97,5 por ciento del agua del "Planeta azul" es demasiado salada para el consumo humano y que sólo se puede acceder fácilmente al 0,26 por ciento del agua dulce. El resto se halla inmovilizada en ingentes masas de hielo en la Antártida y Groenlandia.

Sin embargo, según estimaciones de la UNESCO, la demanda mundial de este recurso finito se multiplicó por más de seis durante el pasado siglo, cifra que duplica con creces el índice de crecimiento de la población. Sin una mejor gestión de los recursos hídricos y los ecosistemas que los sustentan, dos tercios de la humanidad se verá, moderada o gravemente, afectada por la escasez en 2025. De seguir aumentando la población al ritmo actual, todas las regiones del mundo sufrirán este problema para 2050.

Hoy día, en torno al 20 por ciento de la población mundial carece de recursos hídricos seguros y fiables, y más del 50 por ciento no cuenta con unas instalaciones sanitarias básicas. Aproximadamente la mitad de la población de los países en desarrollo sufre enfermedades relacionadas con el agua tales como diarrea, infecciones parasitarias, ceguera de los ríos y paludismo. Estas enfermedades causan la muerte a unos cinco millones de personas al año, en particular niños menores de cinco años.

Lograr que un mayor número de personas disponga de agua es sólo una parte del problema a que deben hacer frente los países en desarrollo, que apenas pueden mantener los sistemas públicos de abastecimiento de agua existentes. En las ciudades del sur, es frecuente que se pierda aproximadamente la mitad del agua en unos sistemas de canalización obsoletos y deficientemente mantenidos. Por otra parte, las aguas residuales raramente se tratan e, inevitablemente, van a parar a los ríos, arroyos y capas freáticas. Según estudios de la UNESCO, un solo metro cúbico de aguas de desecho no tratadas pueden contaminar diez metros cúbicos de agua salubre.

Incluso en los países industrializados se malgasta más del 25 por ciento del agua canalizada a través de los sistemas públicos de abastecimiento. Aunque por lo general estos países disponen de legislación que exige el tratamiento adecuado de las aguas residuales y de desecho, no pueden sustraerse al legado de contaminación industrial dejado por los decenios anteriores. En los ríos se han sedimentado productos químicos y metales pesados tóxicos como plomo, mercurio y cromo, que pueden destruir el ecosistema e introducirse en la cadena alimentaria al acumularse en los peces consumidos por los humanos.

La agricultura es otra fuente importante de contaminación. Debido al abuso de fertilizantes, la contaminación por nitratos es actualmente uno de los problemas más graves de calidad del agua que tienen todos los países, ricos y pobres. En los Estados Unidos, por ejemplo, tres cuartas partes del agua subterránea de California está degradada por los nitratos, los plaguicidas y la salinidad derivados de la agricultura intensiva.

Asimismo, el mayor consumo de agua se produce en la agricultura, que representa en torno al 80 por ciento de la demanda hídrica global. Sin embargo, según estimaciones de la UNESCO, aproximadamente el 60 por ciento del agua utilizada se malgasta, debido a las filtraciones y la evaporación que tienen lugar en los canales de irrigación. El agua malgastada es en realidad nociva para el suelo y los cultivos, especialmente en las zonas áridas. Se filtra entre los sembrados y luego se evapora, dejando el suelo anegado y salino, lo que disminuye el rendimiento de las cosechas. En este círculo vicioso, los agricultores utilizan cada vez más agua para cosechas menos abundantes, lo que daña aún más el suelo. Más del 30 por ciento de los campos irrigados de todo el mundo se hallan ya afectados por este fenómeno.

Pese a los actuales progresos, que ofrecen opciones tecnológicas como la desalinización, no hay soluciones instantáneas. Ante la creciente demanda de una población en aumento, la conservación ecológica y el desarrollo económico, la única opción posible es adoptar un enfoque más integral en la ordenación de los recursos hídricos. Por ejemplo, sigue siendo corriente, en particular en los países en desarrollo, que se construyan en las ciudades nuevos sistemas de abastecimiento sin el acondicionamiento previo de redes de drenaje y de instalaciones de tratamiento de las aguas de desecho.

Dada la urgencia de la situación en todo el mundo, el agua es actualmente una prioridad fundamental de la UNESCO y su Programa Hidrológico Internacional (PHI). Este programa, que fue creado en 1975, ha sido el primero en proporcionar una base científica para la evaluación del abastecimiento mundial de agua y en elaborar principios éticos y socioeconómicos para la gestión de los recursos hídricos. Además, al albergar la Secretaría del Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos, en el que participan 23 organizaciones de las Naciones Unidas, el PHI está asimismo orientando los esfuerzos concertados para elaborar el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos. La primera edición del Informe se publicará con motivo del Tercer Foro Mundial sobre el Agua, que se celebrará en Kyoto (Japón) en marzo de 2003. Por primera vez, autoridades nacionales, organizaciones no gubernamentales y ciudadanos de a pie tendrán a su disposición una evaluación periódica del abastecimiento de agua en el mundo.

La competencia cada vez mayor por los escasos recursos hídricos está suscitando el temor a que en el futuro se desencadenen guerras por causa del agua. Más de 260 ríos atraviesan fronteras nacionales y en sus cuencas habita el 40 por ciento de la población mundial. Si bien el agua se ha utilizado con frecuencia como arma en los conflictos, la última guerra propiamente dicha provocada por este recurso tuvo lugar hace unos 4.500 años en torno al Tigris y el Eúfrates.

La historia nos demuestra que los problemas comunes de agua no sólo dan origen a conflictos, sino que pueden servir de catalizadores de la cooperación. Para aprovechar al máximo esta posibilidad, la UNESCO se ha asociado con Cruz Verde Internacional, la organización no gubernamental dirigida por Mijaíl Gorbachov. El nuevo proyecto conjunto elaborado aspira a dotar a los responsables de la adopción de decisiones, así como a expertos y estudiantes, de las aptitudes de negociación necesarias para prevenir conflictos internacionales relacionados con el agua. En palabras del Director General de la UNESCO, el objetivo es "hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que en el siglo XXI el agua sea fuente de paz y no de guerras".


***

*Véase el mensaje completo del Director General en el sitio:
www. unesco.org/bpi/fre/messages
Para más información : www.unesco.org/water <http://www.unesco.org/water>
Contactar: Amy Otchet, Sección editorial, Oficina de Información Pública
Correo electrónico: a.otchet@unesco.org