Una radio de ricos para los pobres

Sophie Boukhari

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Cada uno de los tres satélites
cubre tres zonas.





La alianza entre
los satélites y la tecnología digital tiene un brillante porvenir.






El empresario Noah Samara tiene algo de misionero

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Noah Samara


No es de extrañar en este etíope- saudí, de 41 años, que pasó su infancia en esa Etiopía impregnada de misticismo en la que se materializó la idea de la unidad africana. “El recuerdo más hermoso de mi infancia se remonta a principios de los años 60. Tenía siete años y mi padre me llevó a la Comisión Económica para África de las Naciones Unidas (CEA), donde se creó la Organización de la Unidad Africana (OUA). Addis Abeba estaba por entonces como loca. Recibía a Nasser, a Nkrumah, a Kenyatta, a Senghor, a todos esos gigantes. Los recuerdo con Hailé Selassié, plantando árboles para simbolizar la unión de África. Tenían una esperanza increíble”.
Luego vino el tiempo del desencanto, que coincidió con el del alejamiento. “Me fui a estudiar a Inglaterra y a Estados Unidos y me olvidé de todo.” Para aprender otra cosa: “Estados Unidos me enseñó que no hay que tener miedo a los sueños, y que la voluntad colectiva nace de la voluntad individual.” En una palabra, le ayudó a conciliar el deseo de éxito personal con el de reencontrar la esperanza de su infancia. “Hacer negocios es fantástico cuando pueden unirse a la acción social. La gente cree que hacer el bien no es compatible con el hecho de ganar dinero, pero yo pienso lo contrario.”
Tras haber hecho carrera en la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Samara se dijo que debía regresar a Africa. Con una misión: “curarla de una enfermedad, sin duda mucho más grave que el sida”, que es la ausencia de infraestructuras para democratizar el acceso a la información.
“Esa situación inaceptable creó un círculo vicioso de dependencia. Pero presiento un renacimiento de África, y estoy convencido de que lo provocarán iniciativas como Worldspace. Lo que queremos lograr es la mundialización vertical de la información, para que no llegue sólo a una élite, sino que penetre profundamente en el tejido social: para cambiar las cosas, es necesaria una masa crítica. Y, ¿cómo obtenerla si no es a través de los medios de comunicación?”

S. Bou.




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Lograr que la radio por satélite llegue a cuatro mil millones de habitantes del Sur. Las incertidumbres de un proyecto ambicioso.

“Lo que atrae en Worldspace es la agresividad de la campaña de marketing”, afirma Arnaud Littardi, director de asuntos internacionales de Radio France Internationale (RFI). Una actitud que obedece tal vez a la voluntad casi misionera y a la habilidad tenaz del jefe de la empresa, Noah Samara. “Si usted quiere tragarse un elefante, no puede hacerlo de una sola vez, bromea este norteamericano musulmán de 41 años de origen sudano-etíope. Hay que comerlo bocado tras bocado.” Hace siete años que está empeñado en apoderarse de ese mastodonte que es la radio digital mundial por satélite.
El principio es ofrecer una radio de ricos a una audiencia de pobres. El proyecto, concebido inicialmente para Africa, se ha extendido a otros mercados del Sur, mucho más solventes. En resumen, Worldspace permitirá ofrecer una multiplicidad de programas difundidos por satélite y digitales –con un sonido de calidad cd– a los cuatro mil millones de habitantes de los países en desarrollo. Cada satélite estará dotado de tres haces de cien canales que permitirán la difusión de un centenar de cadenas en estéreo. Una auténtica revolución en regiones donde la oferta sigue siendo sumamente limitada (una estación para 30.000 habitantes en Norteamérica frente a una para cada dos millones en el Tercer Mundo). “Quisiéramos crear una vitrina para las culturas locales. Hoy día las cadenas del Norte dominan el Sur. Pero estoy seguro de que pasan cosas fantásticas en Kenya que interesan a los senegaleses”, afirma Samara.
Las emisiones serán captadas directamente por pequeños receptores portátiles, equipados con una miniantena satélite y, a partir del año 2000, con una pantalla para la recepción de los datos multimedia (texto, imagen, sonido). Podrán conectarse con una microcomputadora y recibir mensajes individualizados. Cuatro grandes grupos japoneses (Hitachi, Matsushita, Sanyo y Victor) se han comprometido recientemente a producirlos y comercializarlos. Gracias a los 850 millones de dólares que la empresa, con sede en Washington, ha podido reunir recurriendo a inversores cuya identidad oculta celosamente, se ha encargado la construcción de tres satélites de grandes dimensiones al grupo francés Alcatel y se han firmado contratos de lanzamiento con Arianespace. El primero será puesto en órbita encima de Africa en octubre de 1998 y los otros dos, encima de Asia y de América Latina, en 1999.
“La alianza entre los satélites y la tecnología digital tiene un brillante porvenir, resume Littardi. Pero hay tres incógnitas. Primero, nada garantiza la calidad de la recepción en las zonas urbanas. Es posible que los edificios y los túneles bloqueen la señal... Worldspace replica que existen soluciones, como la reemisión terrestre.” En ese caso, el sistema se torna demasiado caro.
Segunda incógnita, y quizás la más grave: ¿hay un mercado para los receptores? “Es una apuesta en la medida en que todas las nuevas tecnologías han penetrado en el mercado de manera piramidal: primero en los países desarrollados, después en los sectores más pudientes de los países en desarrollo, luego en los demás. Ahora bien, Worldspace se propone hacer lo inverso. Todo dependerá del precio de venta de los receptores.”
A juicio de Noah Samara ascenderá a unos 200 dólares para empezar, “una suma enorme para la mayoría de los africanos. Pero aunque no bajaran jamás, unos 300 millones de hogares pueden adquirirlos en nuestra zona de cobertura. De aquí a cinco años lo más probable es que el precio esté bajo la barra de los 50 dólares.” Por último, prosigue Littardi, “¿cuál es el precio que los difusores están dispuestos a pagar? Si nosotros quisiéramos reservar una capacidad en los tres satélites, ello nos costaría varios millones de dólares al año. Para nosotros, una inversión semejante sólo se justificaría si las dos primeras incógnitas se despejaran. Estamos pues en un compás de espera.” Y no son los únicos. Si Worldspace ha alquilado ya canales a varias radios nacionales y celebrado acuerdos de asociación con algunos grandes grupos de medios de comunicación, aún falta convencer a la mayor parte de los difusores. “Hemos negociado menos del 20% de nuestra capacidad, reconoce Samara. A grandes rasgos, somos rentables en cuanto alquilamos el canal en 50 dólares por hora. Pero también esperamos obtener ingresos procedentes, entre otras cosas, de convenios de repartición de ganancias de la publicidad con los difusores o de la venta de suscripciones a servicios personalizados.”
También espera obtener el apoyo de financieros internacionales, gracias a la Fundación Worldspace, creada en 1997 con una donación de la empresa de 1,5 millones de dólares. Su finalidad: encontrar asociados para colocar el 5% de los canales al servicio de programas de educación a distancia y de desarrollo, empezando por Africa. “Worldspace, la Unesco y otras organizaciones internacionales, ciertas ong y los gobiernos se esfuerzan por identificar los mejores programas de promoción de la paz, la salud, el medio ambiente o los derechos de la mujer y del niño”, resume Samara. Un asunto delicado.
Bernard Loing, presidente de la asociación Atena para la educación a distancia, se refiere al experimento realizado en Europa con el satélite Olympus a fines de los años ochenta. “Se había estudiado bien el segmento ascendente (la oferta) pero no las necesidades en el terreno. Se sabía enviar un programa de química de segundo año de facultad pero no quién iba a utilizarlo. Eso no puede aceptarse. Se necesitan programas adaptados a la demanda.” De ahí que se organicen consultas con los ministros africanos de educación, y con expertos y profesionales de la comunicación. Aunque todavía falte mucho para conocer el contenido de los futuros programas, se han establecido prioridades: la formación de maestros en las aldeas y regiones aisladas y la formación profesional y permanente, en particular para las mujeres que desean instalar un pequeño establecimiento comercial. Pero aún no se ha llegado a un acuerdo con Worldspace par saber quién financiará el alquiler de los canales y la compra de los receptores...

El Correo de la UNESCO