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Modelos de éxito Guy Neave, Asociación Internacional de Universidades |
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| Los sistemas
de cuatro países han influido en la educación superior del mundo entero.
¿Qué han aportado? Hace más de novecientos años que la universidad se exporta a través del mundo. Las grandes universidades medievales de París, de Oxford y de Praga se inspiraron en la de Bolonia, considerada la más antigua de todas. No obstante, ningún sistema universitario es la réplica fiel de aquél en que se inspira. Más allá de su diversidad, la mayor parte de los sistemas de educación superior nacieron a partir de cuatro grandes modelos históricos de referencia: el sistema napoleónico en Francia, el sistema alemán elaborado por Humboldt, el del Reino Unido y el modelo estadounidense, “regido por el mercado”. Hasta hace poco tiempo se habría podido añadir el “modelo” soviético y sus epígonos, basados en una economía dirigida. El modelo napoleónico es uno de los ejemplos más antiguos de utilización por el Estado de la universidad como herramienta de modernización de la sociedad, a través de un control estricto del financiamiento de la institución y de la designación del personal académico y de una legislación que garantice una repartición equitativa de los recursos nacionales en todo el territorio. En su forma clásica, la universidad napoleónica es el instrumento de la afirmación de una identidad nacional propia, basada en los principios del reconocimiento del mérito y de una igualdad formal, principios que se apoyan a su vez en una administración poderosa. Fuera de Francia, este modelo se aplica en España, Italia, Argentina, así como en numerosos países africanos de habla francesa. El modelo humboldtiano, que debe su nombre a Wilhelm von Humboldt, el reformador radical del sistema universitario prusiano a comienzos del siglo XIX, se presenta a menudo como la piedra angular de los centros modernos de investigación universitaria, cuya meta es “hacer que retrocedan las fronteras del conocimiento”. Para Humboldt era muy importante que el personal académico gozara de la autonomía indispensable para cumplir su cometido, a salvo de toda interferencia gubernamental. Estimaba que era función del Estado garantizar la independencia de la enseñanza y de la investigación, las dos grandes misiones de la universidad. El tercer modelo de referencia, basado en la ley del mercado, procede de Estados Unidos. Aunque profundamente influido por la ética de Humboldt, se distingue de sus homólogos europeos en que hace hincapié en la noción de “saber útil”, arraigada en los contextos locales y, lo que tal vez explique su atractivo hoy en día, establece estrechos lazos con la economía. Estados Unidos fue el primero en desarrollar, hace ya más de cincuenta años, un sistema de educación superior de masas. El cuarto modelo es el británico. Se cita a menudo como el mejor ejemplo de lo que ha de ser un sistema universitario dotado de amplia autonomía institucional. En el pasado, la garantía de esta independencia era un sistema de financiación único en su género, en virtud del cual los gobiernos dejaban a la universidad la responsabilidad de repartirse los fondos públicos. Las universidades británicas eran conocidas por la importancia que daban al rendimiento intelectual de sus alumnos, pero también a la realización personal de éstos. Los estudiantes debían residir en los campus, constituyendo así no sólo una comunidad universitaria, sino practicando también una vida en común. Reservado durante mucho tiempo a la educación de una elite, el sistema británico tardó en democratizarse, adquiriendo un carácter masivo sólo en los años ochenta. Esos cuatro modelos, con sus particularidades, fueron seguidos por las universidades del mundo entero, en especial después de los años cincuenta, época en que éstas se desarrollaron en todas las latitudes. Pero esos “arquetipos” también han cambiado. Hoy día para muchos la fuente de inspiración es el más vasto sistema de educación superior del mundo, el de Estados Unidos. Sin embargo, tratar de medir la influencia de ese modelo en una globalización que se caracteriza por cambios constantes y saber cuáles serán nuestros modelos de referencia dentro de dos decenios es harina de otro costal. |
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