Universidades virtuales

Amy Otchet

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La enseñanza en línea está revolucionando el mundo de la educación y constituye un lucrativo mercado para el sector de la informática y las telecomunicaciones.


Al igual que los intercambios comerciales, la enseñanza a distancia supera cada vez más el marco de las fronteras nacionales.


















Es difícil justificar
que los impuestos
se destinen al sector público si el sector privado puede desempeñar
esa función
con igual eficacia.

















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Brasil
estudia español

Los jóvenes brasileños no pueden contentarse con el inglés, tienen que aprender igualmente el español. Esta opinión del senador brasileño José Fogaça, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (Pmdb), ha sido ratificada por la Cámara alta, que aprobó un proyecto de ley que hará obligatoria la enseñanza del español en las escuelas públicas secundarias de todo el país.
El Ministerio de Educación calcula que el proyecto afectará a unos 6,5 millones de alumnos y que harán falta por lo menos 200.000 profesores. Por ello, la ley, cuyo texto original fue obra del ex presidente y actual senador Itamar Franco, se aplicará paulatinamente durante cinco años.
La idea de imponer el aprendizaje del español, pendiente aún de la aprobación definitiva del Congreso, ha ido evolucionando. El senador Pedro Simón, también del Pmdb, proponía desde 1995 que la enseñanza del castellano fuera obligatoria, aunque únicamente en los estados fronterizos con Uruguay, Paraguay y Argentina, países que, con Brasil, integran el Mercado Común del Sur (M
ERCOSUR).
De hecho, desde que Brasil es miembro de este organismo, el castellano gana terreno a ojos vista, y se imparte en academias que surgen como hongos en las principales ciudades del país. Mientras tanto, el “portuñol”, híbrido de los dos idiomas, es una frecuente herramienta de trabajo en los círculos diplomáticos de Brasilia y los económicos de São Paulo.
El español, lengua oficial de 21 países hablada por 413 millones de personas, es el cuarto idioma más utilizado del mundo, después del chino, el inglés y el hindi. Su expansión es un hecho. Aunque sin leyes de por medio, en Estados Unidos cada día se afianza más como segunda lengua.
Según el senador Fogaça, la nueva ley “contribuirá a formar una verdadera comunidad latinoamericana” que integrará más que nunca a Brasil, el único gigante lusófono de una región completamente hispanohablante. No se trata de una mera cuestión educativa. Detrás subyacen factores como la globalización, el fuerte ingreso de capitales españoles en el país y un interés creciente por la lengua de Quevedo.

El extraordinario desarrollo de la enseñanza virtual transforma las relaciones entre el mundo de la empresa y el de la educación, que han pasado a ser a la vez interlocutores y competidores.

Damos la bienvenida a la Escuela Politécnica Temasek de Singapur al mundo de la enseñanza en línea. Esta universidad ofrece los servicios con que sueña todo estudiante: el último grito en materia de bases de datos, cursos particulares, orientación de todo tipo. Si hay que verlo para creerlo, les proponemos una visita al sitio. Algunos clics en la red Internet bastan... Estudiantes del mundo entero pueden matricularse en cursos que van de la ingeniería al turismo, pasando por una introducción a los personajes japoneses del Katakana. El tiempo y la distancia han dejado de ser un obstáculo; los alumnos telecargan cursos concebidos a medida y obtienen clases de recuperación y materiales especiales a través del correo electrónico, los CD-rom y las bibliotecas electrónicas que funcionan las veinticuatro horas del día. Es posible someterse a exámenes, entregar ejercicios, obtener una consulta privada con un profesor y tener contacto con otros estudiantes permaneciendo confortablemente instalado en casa.
El año pasado aparecieron aulas de clase virtuales de diversos tipos y tamaños en todas partes del mundo. Ello ofrece nuevas oportunidades a las universidades e institutos de formación, amenazados por la reducción del financiamiento público, y a los estudiantes, que necesitan horarios y programas más flexibles para ser competitivos en el mercado de trabajo. En México el Instituto de Tecnología de Monterrey propone cursos en línea elaborados por sus especialistas o importados de las universidades norteamericanas. En Africa el Banco Mundial participa en un proyecto de universidad virtual. Y, si bien parece normal que instituciones tradicionales de enseñanza a distancia como la Open University británica adopten esta nueva modalidad, también la emplean otras universidades prestigiosas. La Universidad Duke de Estados Unidos abre así su mba (Master in Bussiness Administration) a un puñado de hombres de negocios internacionales cuidadosamente seleccionados, cuyos gastos de escolaridad ascienden a 85.000 dólares.
Esta enseñanza a distancia poco tiene que ver con los cursos por correspondencia de antaño, cuyo objetivo era ofrecer una segunda oportunidad a quienes habían fracasado y no tenían acceso a los circuitos tradicionales. Representa mucho más que una nueva oportunidad de aprender. Es un mercado prometedor para las empresas de informática y de telecomunicaciones, que compiten para distribuir esos servicios en gran escala, es decir para ofrecer sistemas por satélite, plataformas informáticas o tarjetas inteligentes. De Alemania a Malasia, los gigantes de la informática negocian los costos de transmisión con los establecimientos de enseñanza públicos y privados, considerados ahora como asociados por firmas como Microsoft o Apple.
Veamos el caso de la Western Governors University (WGU), fundada en 1997 por varios gobernadores del Oeste de Estados Unidos. Convencidos de que el sistema de educación clásico ya no responde a las necesidades de los empleadores ni a las de los estudiantes, crearon su propia “universidad virtual”, asociando las universidades a las empresas. Su comité consultivo reúne así a representantes gubernamentales y a dirigentes de compañías como Microsoft, Apple, Sun Microsystems, Ibm y sobre todo AT&T, un gigante mundial de las telecomunicaciones, que ha donado más de 750.000 dólares. Con semejante apoyo, los gobernadores han podido ampliar sus horizontes y negociar acuerdos de cooperación con proveedores de servicios, universidades y empresas de telecomunicaciones en Japón, Reino Unido, Canadá, México y China.
Según Reidar Roll, del Consejo Internacional de Educación a Distancia (ICDE), un organismo que agrupa a institutos de formación y a empresas de más de 130 países, “al igual que los intercambios comerciales, la enseñanza a distancia supera cada vez más el marco de las fronteras nacionales y está surgiendo un mercado mundial de la enseñanza”. Roll no parece interrogarse acerca del carácter de ese mercado, mientras que quienes estiman que la enseñanza no es un mero producto, sino una responsabilidad pública, se escandalizan. En esta nueva era electrónica de la educación a distancia, el límite entre el sector público y el sector privado es difuso. Aunque son las universidades las que, a través de sus departamentos de investigación y desarrollo, han hecho tecnológicamente posible la enseñanza en línea —a menudo con apoyo financiero de las empresas—, es el sector privado el que proporciona los componentes necesarios para la realización de estos campus virtuales.
Incluso el contenido de los cursos se concibe en función del mercado. La mayor parte de los estudiantes no se matricula en filosofía o historia del arte, sino en disciplinas como gestión, finanzas, inglés, tecnologías de la información, enseñanza o medicina. La incertidumbre del mercado de trabajo, la necesidad, para poder competir en la carrera por el empleo, de actualizar constantemente un saber cuya duración de vida es cada vez más breve, dan a la enseñanza en línea un enorme potencial de desarrollo. En Finlandia, por ejemplo, la Ocde observa que 45% de los activos entre 25 y 64 años de edad siguen cursos de formación profesional durante un año. Y si en Canadá sólo son 28%, ese porcentaje representa de todos modos una demanda considerable.
“Los interesados quieren adquirir competencias que puedan trasladar directamente al mercado de trabajo”, destaca John Mallea, un experto canadiense de la Ocde. “En Europa Central y del Este, añade, nunca había habido tantos estudiantes de comercio internacional, derecho europeo, finanzas, informática e inglés. Hasta la crisis monetaria del año pasado, Asia era, en la materia, un territorio en fuerte expansión, con más de cincuenta programas de alto nivel propuestos en Hong-Kong, muchos de ellos por correspondencia.” En la misma época, acuerdos regionales concluidos en Norteamérica, Europa y Asia Sudoriental abrieron las puertas al libre intercambio de servicios educativos, en particular para la formación profesional, considerado menos importante que la educación primaria o secundaria para la autonomía nacional. “La enseñanza es un servicio como cualquier otro”, estima un funcionario de la Organización Mundial del Comercio, recordando que treinta países —de Ghana a Noruega— firmaron el AGCS (Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios), que garantiza a los proveedores extranjeros un acceso equitativo a los mercados de la enseñanza.

De los proyectos a la realidad
Para bien o para mal, el libre comercio en la educación en línea está todavía lejos de ser una realidad. Lo frenan toda una batería de barreras — o amortiguadores, según cómo se mire— firmemente instalados. Para empezar, los sistemas de evaluación académica son todavía prerrogativa de las autoridades nacionales, por lo que varían enormemente de un país a otro. La falta de estándares tecnológicos es otro obstáculo a la hora de llevar la educación de un país o región a otro. Y al mismo tiempo, hay problemas financieros en aspectos como los impuestos y la propiedad intelectual. Por ejemplo: ¿debe una compañía australiana pagar impuestos locales por los ingresos que le reportan los cursos que vende en Malasia? Veamos también el caso de los estudiantes mexicanos que estudian en universidades canadienses. Normalmente pagan precios de matrícula mayores que los alumnos locales, ya que éstos abonan impuestos en el país. ¿Debe aplicarse la misma norma a los mexicanos que estudien en línea? Y, finalmente, ¿cómo pueden los profesores proteger su derecho a la propiedad intelectual sobre cursos y materiales que circulan en todo el mundo?
En las universidades y organizaciones internacionales existen foros y grupos de trabajo que tratan de solucionar estos espinosos asuntos. Al mismo tiempo, el sector privado está más que dispuesto a ayudar, ofreciendo préstamos, asesoría técnica y otras formas de ayuda para asegurar la libre circulación de servicios.
Aunque sea prematuro hacer previsiones precisas sobre la evolución del mercado de la enseñanza en línea —las estimaciones oscilan entre uno y cuatro mil millones de dólares en el año 2000 —, algunos temen que las empresas terminen por reemplazar a los organismos de formación. “Microsoft podría decidir crear una universidad competidora, afirma Roll, o bien Harvard podría aliarse con empresas ofreciéndoles su prestigio internacional. Creo que esos proyectos existen.” Jim Kuhr, director del departamento de educación de Microsoft para el mundo entero, matiza este punto de vista: “No nos consideramos una empresa de enseñanza, pues no somos expertos ni en programas escolares ni en pedagogía. Hemos dado prioridad a la colaboración con verdaderos especialistas. Lo que nos interesa es proporcionar la infraestructura, como los sistemas operativos de red, los datos compartidos y el correo electrónico, elementos indispensables para que la educación a distancia funcione eficazmente.”
Aunque las universidades prestigiosas constituyen un objetivo comercial evidente, Kuhr reconoce que los que representan el potencial más importante son los países en desarrollo de Asia y de América Latina: “La demanda de los estudiantes es allí tan fuerte que los gobiernos no disponen de recursos para construir materialmente los campus universitarios que permitan hacerle frente. Estiman que la sociedad de la información, y en especial la enseñanza en línea, es el medio adecuado para el desarrollo nacional, pero necesitan atraer las inversiones necesarias para financiar la infraestructura.”
El interés de AT&T por la enseñanza en línea se sitúa a varios niveles. “Queremos que la gente entienda las tecnologías que concebimos —explica Marilyn Reznick, que trabaja para la Fundación de ese gigante de las telecomunicaciones— y también nos conviene dar apoyo financiero, como parte de nuestra filantropía, a las universidades en las que formamos a nuestros asalariados, realizamos nuestra labor de investigación y desarrollo y contratamos personal. Puede ocurrir también que preguntemos a una universidad si es capaz de proporcionarnos el personal que necesitamos. Si no es así, la ayudamos proporcionándole los medios necesarios para ofrecer la formación adecuada. Pero jamás se nos ocurriría decirles cómo enseñar. En ese terreno no estamos en competencia con ellas.”
“No estoy seguro de que una empresa revelaría su estrategia —responde Tony Bates, director del departamento de enseñanza a distancia y tecnología de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá— y si lo hace, esa estrategia puede cambiar. Por ejemplo, algunos de nuestros cursos en línea en la actualidad nos reportan beneficios. Pero, ¿quién sabe lo que sucederá cuando se sepa?” El secreto del éxito de esta universidad reside en la selección que practica a partir de peticiones muy específicas. “Para ofrecer un curso de microbiología, observa Bates, tendríamos que destacarnos sobre el resto del mundo teniendo un Premio Nobel en nuestro equipo y ése no es el caso. En cambio, nuestras relaciones con la industria forestal nos permiten proponer cursos de formación para oficios relacionados con la silvicultura, por ejemplo en Indonesia y en Australia, donde está surgiendo un mercado regional de subproductos de la madera.” “Y he aquí que estoy hablando como alguien que intentaría dirigir una empresa, y descubro sorprendido que me gustaría hacerlo”, revela. “Es una respuesta a nuestro gobierno, que nos pide que dependamos cada vez menos de los impuestos. No es la consecuencia ineludible de las leyes del mercado, sino una decisión política.”
Ahora bien, existe una diferencia entre el afán de rentabilidad y la búsqueda desenfrenada del beneficio. “Cabe preguntarse cuál es el papel de una universidad financiada con fondos públicos, prosigue Bates. Es difícil justificar que los impuestos se destinen al sector público si el sector privado puede desempeñar esa función con igual eficacia que el primero. Pero la gente necesita que se le expliquen los objetivos perseguidos por las políticas gubernamentales y por el sector privado. Alguien debe tener la independencia de criterio necesaria para formular la pregunta siguiente: ¿Quién en la sociedad obtiene beneficios?” También existe un problema de equidad. “Algunos sectores jamás producen ganancias, como la enseñanza para los minusválidos o la formación de trabajadores sociales; es allí donde ha de intervenir el gobierno, para velar por que todos los sectores de la sociedad sean atendidos lo mejor posible”, concluye.


Sitios web útiles:

Temasek: ole.tp.ac.sg
Open University:
www.open.ac.uk
Duke University:
www.fuqua.duke.edu
WGU:
www.westgov.org
ICDE:
www.icde.org
Microsoft:
www.microsoft.com/edu

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