
Marionetas accionadas
por cordeles en Rajastán.

Una obra de teatro de sombras inspirada en poemas épicos indios.
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Las lenguas regionales se sueltan en Europa
Acaba de darse un nuevo paso en favor del respeto de las identidades culturales
y lingüísticas en Europa. Alemania, que reconoce seis idiomas minoritarios
dentro de sus fronteras (entre los que figuran el danés, el sorbio y el frisón
septentrional), ratificó en 1998 la Carta Europea de las Lenguas Regionales
o Minoritarias, y Francia acaba de anunciar su intención de hacerlo.
Adoptada en 1992 por el Consejo de Europa,1 la Carta
apunta a proteger y promover las lenguas regionales europeas (unas cuarenta en total),
que son facetas del patrimonio cultural común. Hasta la fecha ha sido firmada
por 18 países y ratificada por 8.2
La decisión francesa ha alegrado a bretones, vascos, catalanes, occitanos,
flamencos, alsacianos, corsos, créoles (de los departamentos franceses de
ultramar), tahitianos, kanacos (de los territorios del Pacífico), en total
más de 4 millones de personas. Francia, profundamente centralizadora desde
que los ideales jacobinos se impusieron durante la revolución, aparece como
el último bastión del monolingüismo oficial y exclusivo. El artículo
2 de su Constitución proclama que “la lengua de la República es el
francés”, es decir el dialecto de la Ile-de-France, que en el pasado se impuso
a la fuerza en todo el país, en perjuicio de las demás lenguas.
“La guerra ha terminado”, comentó regocijado el diario francés Libération.
“La firma de la carta europea elimina antagonismos obsoletos”. ¿Será
posible ser juzgado en Francia en una lengua regional o exigir formularios administrativos
en el idioma de uno? Nada permite asegurarlo. Los Estados europeos que ratifiquen
la Carta pueden optar por aplicar parcialmente las disposiciones que contiene. El
gobierno francés aún no ha anunciado su decisión. Hasta hora
sólo Finlandia ha decidido aplicar todas las disposiciones de la Carta.
Otro recalcitrante europeo, el Reino Unido, podría seguir el ejemplo de Alemania
y Francia y decidir otorgar un estatuto digno de ese nombre al galés y al
gaélico para los escoceses y los irlandeses del Norte.
1. Organización nacida en 1949 con miras a fortalecer la democracia, los derechos
humanos y el Estado de derecho en el espacio constituido por sus 40 Estados miembros.
Tiene su sede en Estrasburgo (Francia).
2. Alemania, Croacia, Finlandia, Hungría, Liechtenstein, Noruega, Países
Bajos y Suiza.
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Los espectáculos de marionetas son acogidos con entusiasmo
tanto en el campo con en las zonas urbanas.
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Guantes, cuerdas y sombras
Hay cuatro tipos de marionetas en la India: las
accionadas con un guante o con la mano, las movidas por varillas, las suspendidas
de cuerdas y las de sombras. Las de guante o de mano, como indica su nombre, se llevan
en la mano y son manejadas por los dedos del artista. Las de varillas, controladas
por éstas, son movidas por el titiritero que el auditorio no ve, pues se oculta
tras un biombo. Las de cuerdas dan mayor flexibilidad a los artistas, pues los muñecos
cuelgan de un cordel y un biombo separa al marionetista de los títeres. Las
marionetas tradicionales de sombras del sur de la India son figuras planas alambicadas,
hechas de piel de cabra o de búfalo por artesanos muy hábiles. Se proyectan
en una pantalla traslúcida con una luz poderosa detrás. El público
se sienta del otro lado y no ve las marionetas, sino sus sombras moviéndose
en la pantalla.
Se sabe que en siglo VI,
con el patrocinio de reyes y señores, los teatros de marionetas ya recorrían
la India. El antiguo arte indonesio de las marionetas de sombras, conocido como wayang
kulit, es una combinación única en su género de ritual, enseñanza
y esparcimiento en que las figuras son una versión estilizada de las antiguas
marionetas de cuero de la India. La mayoría de las obras para marionetas de
sombras indonesias se basan en las dos epopeyas de la India. Las de Bali y de Java
combinan los relatos hindúes con ideas budistas y musulmanas y con su propio
folklore. Incluso la obra tailandesa para marionetas de sombras Nang yai tiene su
propia versión del Ramayana.
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La explosión
de los medios de comunicación dejó a las marionetas de la India en
situación precaria, pero el renacimiento de esta actividad artística
tradicional parece bien encaminado.
Chalapathi Rao aprendió a manejar marionetas antes de conocer el
alfabeto. En los últimos cincuenta años, él y su grupo ofrecieron
numerosos espectáculos de marionetas en la India y en otros lugares de mundo,
entre los que cabe mencionar treinta y tres representaciones en Alemania y dos en
Nueva York. Actualmente, este artista de cincuenta y ocho años de edad, oriundo
de Andhra Pradesh, estado del sur de la India, no subsiste gracias a su arte, sino
vendiendo pantallas para lámparas y objetos de artesanía. “En tiempos
de mi padre, dábamos hasta quince funciones al mes”, recuerda. “Hoy día
sólo actuamos cuatro meses al año y no vamos más allá
de los pueblos vecinos. El resto del tiempo sobrevivimos vendiendo artesanía.”
Rao es uno de los miles de titiriteros tradicionales del subcontinente indio, antaño
muy populares, que fueron barridos por la explosión de los medios de comunicación
de masas.
Se estima que las marionetas, arte popular con una larga tradición en la India,
aparecen por primera vez en la antigua epopeya tamul Silappadikaram (siglo II a.C.).
Desde tiempos remotos hasta la actualidad, fueron utilizadas como un instrumento
eficaz para transmitir mensajes religiosos, políticos y sociales. Los marionetistas,
que deambulaban de un lugar a otro, las más de las veces tomaban sus temas
de antiguas epopeyas indias, entre las que destacan el Ramayana y el Mahabharatha,
y sus espectáculos eran un elemento esencial de las celebraciones religiosas
y festejos locales, las bodas y las reuniones sociales. El estilo y la presentación
variaban de una región a otra. Las marionetas contaban con el patrocinio real
y, como su popularidad atravesó los océanos, muchas naciones del Sudeste
asiático adaptaron esta manifestación artística a sus propias
culturas y tradiciones (véase
el recuadro).
Conocidas como “Thollu bommalata” (Danza de las marionetas de cuero) o “Bommalattam”
(Danza de los muñecos) en el sur de la India y “Katputhli” (marionetas con
cuerdas) en el norte, las marionetas entusiasmaban al público en cuanto cobraban
vida con acompañamiento de música y cantos. Hoy como ayer, el titiritero
narra una historia, maneja todas las figuras, da a cada personaje una voz apropiada
y programa cuidadosamente los efectos sonoros y los movimientos. Los buenos marionetistas
deben tener nociones de poesía, historia, filosofía, religión
y música. Cantan también acompañados por instrumentos musicales,
hablan varios idiomas, y bendicen la función y la zona donde se lleva a cabo
citando textos religiosos. Antiguamente, el espectáculo empezaba después
del crepúsculo y se prolongaba durante horas, a veces toda la noche.
La fuerza de las marionetas reside en su carácter interactivo. Los marionetistas
suelen inventar sus propias historias, improvisando a partir de un relato sencillo
una compleja red de intrigas, romances, guerras, sin olvidar la magia y la comedia.
El recurso a los dialectos y narraciones locales crea una relación inmediata
y directa con el público, con el que los marionetistas platican a menudo por
intermedio de sus personajes.
Adaptarse
o morir
Hoy día estos artistas tienen mucha menos importancia en la escena cultural
de la India que en su época de gloria. No hay instituciones ni cursos universitarios
para marionetistas, por lo que aprenden su arte gracias a la tradición familiar
o impulsados por un interés particular. La industrialización, la urbanización
y el advenimiento de medios modernos de comunicación, en especial el cine
y la televisión, han puesto inevitablemente un freno a las formas de expresión
tradicionales y folklóricas en todo el mundo, y las marionetas indias no constituyen
una excepción. Las películas y las presentaciones de danza moderna
han reemplazado a los títeres en las fiestas populares. La extraordinaria
expansión de la televisión por satélite en las dos últimas
décadas ha mantenido a niños y a adultos pegados a la pequeña
pantalla. (Informes oficiales señalan que en 1995 había unos cuarenta
millones de televisores en la India, y que esa cifra aumenta a un ritmo de 10% anual).
Según Dadi Pudumjee, presidente de la sección india de la ONG
Union Internationale de la Marionette (UNIMA), en el pasado los habitantes de los pueblos
daban a los marionetistas una gratificación en dinero o en especie (arroz,
verduras, ropa), además de la tarifa que cobraban. “Esta costumbre ahora ha
desaparecido y los marionetistas no podrían sobrevivir con su sola remuneración
(entre cinco y veinte dólares por función). Además, la aparición
de los medios modernos de comunicación obligó a mejorar la calidad
de las producciones y el contenido de los espectáculos. Sintiéndose
incapaces de hacer frente a esa nueva situación, muchos marionetistas tradicionales
se alejaron de la escena.”
Sin embargo, algunas formas tradicionales de espectáculos de títeres,
transmitidas de generación en generación, han subsistido. Chalapathi
Rao, que dirige el grupo de marionetistas Nimmalakunta en el distrito de Ananthpur,
estado de Andhra Pradesh, es uno de los escasos sobrevivientes. Ha adaptado técnicas
y temas modernos a las formas tradicionales. “En 1980, cuando estábamos a
punto de abandonar la profesión, el gobierno del estado nos brindó
ayuda financiera y nos aconsejó que incorporásemos nuevos temas a nuestro
repertorio”, recuerda Rao. “También nos encargaron que abordásemos
asuntos de interés social, como la planificación familiar y la alfabetización,
en vez de temas religiosos tradicionales.” Los que no cambiaron su repertorio ni
se adaptaron a las nuevas tendencias, se vieron forzados a abandonar su actividad
y buscar otras formas de ganarse la vida, como la agricultura, la fabricación
de juguetes y la artesanía.
Ya en 1977 un estudio sobre las formas tradicionales del teatro de marionetas de
la Bharathiya Natya Sangh (Asociación de Danza de la India) indicaba que miles
de marionetistas vegetaban en aldeas remotas del país por falta de apoyo y
que esa manifestación artística estaba amenazada de extinción.
Los círculos académicos y los artistas se unieron para dar nuevo impulso
al teatro de marionetas. Expertos en diversas disciplinas aunaron esfuerzos para
convertir a los espectáculos de títeres en una experiencia multidimensional.
En estos últimos años, la Sangeet Natak Academy (SNA,
Asociación de Danza y de Música) de la India, con sede en Nueva Delhi,
organizó festivales y conferencias en diversas regiones del país a
fin de mejorar las técnicas y las formas tradicionales del teatro de marionetas.
En esos encuentros, la interacción y el intercambio de ideas entre titiriteros
tradicionales y no tradicionales dio lugar a una asimilación de estilos y
a la aparición de nuevas tendencias. Los artistas lanzaron ideas novedosas.
Las marionetas de sombras incorporaron máscaras, mimo y danza clásica.
Algunos titiriteros introdujeron artes marciales y nuevas técnicas de iluminación
en sus espectáculos. Otros impulsaron la idea de unir música y marionetas
para eliminar los diálogos. “Prefiero hacer teatro total, utilizando actores,
máscaras, movimientos y objetos como medios de narrar una historia”, afirma
Dadi Pudumjee, que también dirige el Ishara Theatre en Nueva Delhi. Insistiendo
en el movimiento, éste creó títeres que conjugan la gracia de
las marionetas tradicionales con la vitalidad de los títeres contemporáneos.
Marionetistas llenos de entusiasmo están ahora realizando experimentos interesantes
con formas, colores, diseño y contenidos. Todos los estilos y técnicas
esenciales están presentes en la obra de esos artistas contemporáneos
que se han atrevido a romper barreras ancestrales como la religión y la lengua.
El eminente crítico de arte J. N. Kaushal sostiene que “los que se mantuvieron
abiertos a ideas y experimentos nuevos han progresado a pasos agigantados, pero los
que se han negado a cambiar muestran claros signos de decadencia”.
Algunos artistas no tradicionales han empleado las marionetas como un instrumento
eficaz de comunicación y también como una forma de expresión
artística. Por ejemplo, el South Asia Poverty Alleviation Project del Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), patrocinó en 1997 programas de
formación sobre técnicas de marionetas para los trabajadores comunitarios
en Andhra Pradesh. Como parte del proyecto, en el Nori Art and Puppetry Centre de
Hyderabad, capital del estado, se realizaron dos talleres de una semana de duración
sobre el arte de las marionetas. Los cursos ayudaron a unos cincuenta trabajadores
comunitarios del sur de la India a aprender este arte y a utilizarlo para difundir
mensajes sobre temas de interés social, como los derechos de la mujer, la
salud y la planificación familiar. Tras recibir la formación correspondiente,
esos trabajadores comunitarios regresaron a sus aldeas y fabricaron marionetas accionadas
a mano y con varillas para presentar nuevas historias y cantos adaptados a la situación
de cada lugar. Las marionetas se están utilizando en el marco de proyectos
similares patrocinados por diversos organismos en otras regiones de la India a fin
de crear conciencia sobre problemas como el sida y el alcoholismo.
Aunque no puede afirmarse que los espectáculos de marionetas hayan recuperado
su importancia, lo cierto es que son acogidos con entusiasmo tanto en el campo como
en las zonas urbanas. Incluso se ha propuesto que las marionetas figuren en los programas
de estudio de las escuelas de la India. Considerado hace unos años como un
“arte moribundo”, el teatro de marionetas ha empezado a revivir lentamente, aunque
aún le queda mucho camino por recorrer para recuperar su antiguo esplendor.
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Fútbol en la cuna del ping-pong
Hasta hace pocos años, un partido de fútbol de la primera división
china atraía a duras penas a 35 espectadores, y sus ingresos de taquilla rondaban
los seis dólares. Las cosas han cambiado radicalmente desde la creación,
en 1994, de la liga de fútbol profesional, en la que actualmente se cruzan
12 equipos y militan 48 jugadores y extranjeros.
Semana tras semana, los estadios se llenan y las cadenas televisan en directo encuentros
nacionales y lo más significativo de los campeonatos italiano, español,
inglés y alemán. El mejor jugador de la temporada 1997 fue un paraguayo,
el mundialista Jorge Luis Campos, e, increíble pero cierto, China ha empezado
incluso a exportar futbolistas a las ligas europeas.
Además del ejemplo de Japón, cuya selección disputó en
Francia-98 el primer Mundial de su historia, la recién nacida pasión
china por el balompié “tiene mucho que ver con la apertura del país
al exterior”, estima Yong Qun Li, corresponsal del Diario de la Juventud de China.
Aunque las consideraciones económicas no son ajenas a este fenómeno.
Los clubes más destacados tienen presupuestos cercanos a cinco millones de
dólares, y la competición, que atrae fondos de numerosas empresas,
lleva el elocuente nombre de Marlboro League. La multinacional tabacalera Philip
Morris aprovechó la ocasión para introducirse en un mercado que, con
350 millones de fumadores, es uno de los más numerosos del mundo.
Por ahora, la pasión del fútbol existe, pero a la selección
nacional le faltan sin embargo muchas horas de entrenamiento para aspirar a consagrarse;
quizá lo logre en la primera Copa del Mundo que se desarrolle en suelo asiático,
que acogerán en el año 2002 Corea del Sur y Japón. Porque, como
resumía recientemente Casiano del Valle, delantero paraguayo del club de la
capital, Beijing Gouan, “hay muy buenos jugadores en este país, tanto física
como técnicamente. Pero tal vez les falle algo la táctica”. Quizá
después del fast-food, el teléfono móvil y la Coca-Cola, China
esté descubriendo a través del deporte otras facetas del modo de vida
occidental.
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