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Periódicos atrapados en la Red Jany Lesseur |
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La prensa escrita se sumerge
en la aventura de la Red con nuevos productos, ideas y estilos, a riesgo de perder
credibilidad y sus lectores tradicionales. En efecto, lo que la prensa escrita no puede obviar es la progresión vertiginosa de la utilización de Internet. En una Conferencia de Prensa Electrónica realizada en Lyon, Francia, en octubre de 1998, Randy Bennet, director de la Asociación de Editores de Periódicos de Estados Unidos (NAA), advirtió que “se espera que los cibernautas en el mundo pasen de los 150 millones actuales a cerca de 300 millones en el año 2001”. En cuanto a las inversiones publicitarias en línea, según las investigaciones de la compañía estadounidense Forrester Research, se calcula que éstas aumentarán a nivel internacional de los casi dos mil millones de dólares actuales a unos 15 mil millones para el año 2003. “Estas cifras indican que el Internet continuará desarrollándose como un medio de masas, que los anunciantes invertirán cada vez más en él y que los medios tradicionales tendrán que abrirse paso en esta nueva dimensión de información y comercio”, dedujo Bennet. Para Miguel Angel Bastenier, director de Relaciones Internacionales del diario español El País, “todo periódico debe estar en Internet como un servicio a su público y como promoción para el medio. No hay que arriesgarse a que los lectores obtengan ese servicio de la competencia”. De hecho, la prensa escrita se ha volcado hacia Internet para permanecer competitiva frente a otros medios en línea. La revista estadounidense American Journalism citó recientemente la existencia de 3.622 periódicos digitales en todo el mundo. Hace un año, sólo existían unos 900 fuera de Estados Unidos, y en 1998, estas publicaciones se elevaron a 1.563, en gran parte gracias a su proliferación en Canadá, el Reino Unido, Noruega, Brasil y Alemania. Pero a pesar de todos los esfuerzos e inversiones, hasta ahora ningún periódico en línea puede considerarse rentable. El Wall Sreet Journal : una sorprendente excepción Saltar del papel a la pantalla y ganar dinero sin desplazar al medio de origen, es decir, sin que los lectores abandonen el medio tradicional y se cambien definitivamente al electrónico, es uno de los grandes dilemas que los editores intentan resolver. “Lo importante no sólo es entrar en la Red, sino mantenerse sin hacer perder dinero al soporte impreso”, subraya André Jaunin, fundador y director de Edicom, sitio Internet del grupo suizo Edipresse que publica diarios y revistas como Le matin, Tribune de Genève, Bilan y Optima , entre otros. Por ello, “no se trata de desplegar el contenido del medio escrito. Estimamos que es absurdo ofrecer gratuitamente en la Red lo que vendemos en la calle. Nuestra publicación electrónica es diferente de la impresa. Las informaciones son breves, inmediatas y se reactualizan cada diez minutos. Están diseñadas para ser ampliadas en la edición impresa del día siguiente.” Pero la información pura y dura no basta. El camino a seguir es aprovechar las nuevas tecnologías para mantener la atención de los lectores en la Red. Servicios personalizados, correo electrónico gratuito, artículos interactivos, posibilidad de intercambiar impresiones en los foros de discusión, son algunas de las fórmulas que ofrece la prensa electrónica para complacer a público y anunciantes. Para Bennet “la clave del éxito de cualquier medio es manejarse con sentido común, satisfaciendo las necesidades de consumidores y anunciantes con la ayuda de la tecnología, pero no dirigidos por ella”. Es así como Simon Walman, editor de la versión electrónica del diario británico The Guardian, expone sus esfuerzos por crear nuevos productos que interesen a su público. “Por ejemplo, hemos concebido en nuestra página Web un espacio para presentar los partidos de criquet en directo y hemos tenido un gran éxito.” El País Digital, líder de la prensa electrónica española con 50.000 visitas diarias en octubre de 1998, tuvo un acierto similar con la difusión en directo de partidas internacionales de ajedrez, juego que apasiona a los españoles. En cuanto a la rentabilidad, aunque no existe un modelo universal ni fórmulas mágicas, los que se han lanzado a la Red intentan sobrevivir a través de suscripciones, publicidad y comercio electrónico. Pero la mayoría coincide en que los cibernautas, nómadas por naturaleza en continua búqueda, no están dispuestos a pagar para obtener informaciones, a menos que éstas últimas sean vitales y únicas (lo que es raro en Internet). El Wall Street Journal es quizá una de las más elocuentes excepciones. Este medio financiero de referencia supera los 250 mil suscriptores. De ellos, dos tercios pagan por recibir únicamente la versión digital de la publicación y ni aun así queda garantizada su rentabilidad. Conscientes de ello, gran parte de los diarios y boletines de información electrónica de Estados Unidos que habían adoptado la vía de las suscripciones están dando marcha atrás e intentando atraer a un máximo de visitantes para vender espacios publicitarios. Así, la versión digital gratuita del diario El País, obtiene sus ingresos fundamentalmente de la publicidad, con la que espera recaudar unos 700.000 dólares en 1998. Según explica su responsable, Mariló Ruiz de Elvira, se están planeando nuevas estrategias como el comercio electrónico, la consulta de archivos y otros servicios de pago. Por su parte, André Jaunin explica que en el sitio Internet de Edipresse, además de la publicidad, “ la venta electrónica de viajes, vinos, libros y música son nuestras principales fuentes de ingresos”. Si bien es cierto que Internet ofrece a los periódicos la oportunidad de llegar a todas partes de una manera inmediata, también los obliga a renovar permanentemente los contenidos, lo cual deja muy poco tiempo para la verificación. He aquí otro dilema: ¿ser los primeros o ser los más confiables? Los periódicos digitales, expuestos a presiones financieras para distinguirse en ese mercado cada vez más reñido, pueden caer en la tentación de descuidar su tradicional rigor informativo. Rigor y objetividad El cúmulo casi ilimitado de informaciones de los más variados orígenes en la Red puede ocasionar también un mar de confusiones. Ello hace aún más valioso el trabajo de selección, rigor y objetividad de los periódicos tradicionales. Randy Bennet opina que el comportamiento del consumidor puede variar con las nuevas posibilidades tecnológicas, pero las exigencias de veracidad de la información, síntesis de la actualidad y acceso fácil se mantendrán intactas: “el papel de los medios tradicionales es concentrarse más que nunca en esas motivaciones del público, trasladando a la Red los valores de credibilidad y confianza que han ganado después de tantos años”. ¿Se ahogará el papel en el mar digital? Bastenier predice que a la larga gran parte de los periódicos tenderá a desaparecer: “sólo sobrevivirán los grandes, con visión de perspectiva, como Le Monde o El País, o los muy pequeños, regionales, con visión de proximidad, que informan sobre todo lo referente a una determinada comunidad. Pero yo no sustituiría por la pantalla el placer de leer en el papel, donde puedo pasar las páginas como me parece o guardar un trozo para luego”. Lo que sí es cierto es que, como en la época de Guttemberg, después de Internet ya nada será igual en el mundo de la información. |
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