Adopción: entre amor y tráfico

Martine Jacot

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En los últimos veinte años las parejas de los países del Norte han multiplicado las solicitudes de adopción.








“Muchas madres vienen a vernos porque quieren abandonar a un niño que no están en condiciones de criar. Nuestros servicios hacen todo lo posible para disuadirlas y tratar de ayudarlas. Pero aquí como en otros lugares, la solución pasa por el retroceso de la miseria.”







La geografía variable de la adopción

Estados Unidos ocupa el primer lugar de los llamados “países de acogida”: 13.621 niños fueron adoptados en 1997 por padres norteamericanos, dos veces más que en 1977, según las cifras oficiales. Esos niños nacieron en Rusia (3.816), China (3.597), Corea del Sur (1.654), Guatemala (788) y Rumania (621), por citar sólo los principales países. Francia se encuentra en segundo lugar. Cerca de 3.528 niños, originarios de setenta países, fueron adoptados por padres franceses en 1997. En 1979, sólo fueron acogidos 971 niños procedentes de diez países. Actualmente cerca de la mitad de los niños adoptados en Francia vienen de Viet Nam, seguido por Colombia, Madagascar, Rusia, Brasil, Guatemala, Rumania, Bulgaria y Etiopía.
La geografía de la adopción internacional varía enormemente, a veces de un año para otro. Corea del Sur (66% de las adopciones internacionales francesas en 1979), por ejemplo, limitó considerablemente la adopción internacional desde los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988. Como en la India y China, los candidatos a padres adoptivos deben actuar obligatoriamente a través de un organismo reconocido. En China, donde la adopción internacional empezó sólo en 1991, por el contrario, las condiciones exigidas se han hecho menos estrictas a fin de aliviar a los orfelinatos abarrotados de niñas, desde que los chinos sólo tienen derecho a un niño en las ciudades y a dos en el campo. Numerosos huérfanos rumanos fueron adoptados tras la caída de Ceaucescu, pero después el país impuso procedimientos sumamente rigurosos.
En la mayoría de los países donde impera el derecho musulmán, la adopción es imposible tanto por los nacionales como por los extranjeros.






La paz tiene su recompensa

El Premio UNESCO de Educación para la Paz fue creado en 1980 por el Consejo Ejecutivo de la UNESCO gracias a una donación de la Fundación Japonesa de la Industria de la Construcción Naval. Desde entonces, todos los años un jurado internacional otorga esa recompensa a personas u organizaciones que se hayan destacado por acciones encaminadas a sensibilizar la opinión pública y movilizar las conciencias en favor de la paz. Este año el premio se concedió a la ONG Educadores de Ucrania para la Paz y la Comprensión Mutua, a la que se hizo entrega de una estatuilla del escultor español Fenosa que simboliza la paz y de un cheque de 25.000 dólares en una ceremonia celebrada en la sede de la UNESCO el 15 de diciembre de 1998.
Esta asociación laica y apolítica, fundada en 1990 en Kiev, forma a maestros de todos los niveles de la enseñanza para que transmitan los ideales de paz y de respeto de los derechos humanos y de los derechos del niño. Cuenta con 170 agrupaciones pedagógicas (clubes, centros y organismos públicos) reunidas en torno a un mismo objetivo: dar al individuo las bases que le permitan vivir en armonía con la naturaleza, con los demás y consigo mismo.
Además de los cursos de su Universidad de Estudio y Aprendizaje de la Paz que ha formado a cientos de educadores, sus actividades consisten en conferencias, seminarios, talleres, publicaciones, expediciones ecológicas e intercambios de educadores y alumnos. Entre sus proyectos internacionales figuran “Youth Collaboration”, que lleva a cabo con la ciudad de Munich, sobre los problemas de adaptación social y de educación de los jóvenes en el medio urbano, y “E-mail Project”, cuyo objetivo es desarrollar la red Internet en escuelas ucranianas asociadas a escuelas del Reino Unido y de Florida, Estados Unidos.
Otras tres
ONG recibieron menciones de honor: la Academia Fridtjof Nansen (Noruega), particularmente activa en la educación para la paz en Kosovo (ex Yugoslavia); el World Court Project (Nueva Zelandia), que ha emprendido una campaña internacional contra las armas nucleares; y la escuela israelí de lenguas Ulpan Akiva Netanya que contribuye, mediante la enseñanza del hebreo y el árabe, a la comprensión mutua y al respeto del otro.

Intermediarios inescrupulosos procuran explotar el deseo de las parejas del Norte de adoptar un niño abandonado en el Sur. Con el objeto de “moralizar” la adopción internacional, una convención específica vincula actualmente a 25 países.

Se quieren. Ambos viven confortablemente en alguna parte del “primer mundo”. Un día deciden tener un hijo. Los meses, los años pasan sin que se produzca la “feliz nueva”. Terminan por consultar a un especialista. Las terapias no siempre dan resultados. Para esa pareja herida en su instinto de reproducción, el tratamiento de la infecundidad se tornará, con el correr del tiempo, cada vez más penoso y difícil de sobrellevar. Cuando cobra caracteres de ensañamiento terapéutico, la idea de adoptar un niño se abre paso. ¿Por qué no acoger a un bebé o a un niño abandonado, relegado en un orfelinato, falto de afecto, cuando uno mismo tiene tanto amor que dar y los medios desde fundar una familia?
En los países del Norte, desde que se generalizó el uso de los medios anticonceptivos y la tolerancia frente al aborto, los niños realmente abandonados, grandes o pequeños, son cada vez menos numerosos.
Paralelamente se multiplican las solicitudes de adopción, provenientes tanto de parejas como de personas solteras. Resultado: la adopción de niños de los países pobres por parejas originarias de los países ricos ha adquirido grandes proporciones desde hace unos veinte años (véase el recuadro).

Trámites largos y engorrosos
Salvo contadas excepciones, los procedimientos para adoptar un bebé en el extranjero son largos y a menudo exigen, en el país de origen de los padres, sostener entrevistas con asistentes sociales, médicos y un psiquiatra. También es necesario reunir una cantidad de documentos administrativos para obtener por fin un acuerdo. Las más de las veces, hay que realizar también complicados trámites en el extranjero, y además las reglas y requisitos varían considerablemente de un país a otro. “Una verdadera odisea”, declaran unánimes los adoptantes.
Ello no impide que periódicamente estallen verdaderos escándalos porque intermediarios inescrupulosos, en ciertos países del Sur, se aprovechan de la creciente demanda occidental para extraer ingentes sumas (a veces hasta 60.000 dólares), a parejas acaudaladas, cansadas de esperar para tener descendencia y de los largos procedimientos de adopción. Verdaderos estafadores llegan incluso a sustraer bebés a sus madres naturales en situación de desamparo.
El caso de Pablito, en Guatemala, contribuyó a una toma de conciencia del tráfico que se practica. Ese bebé pasó su primer año de existencia en un orfelinato, esperando el desenlace de la batalla jurídica de que era objeto. Apoyándose en el consentimiento de la madre, una pareja de españoles había iniciado los trámites de adopción. Por su lado, la madre de Pablito, Elvira Ramírez Caño, de treinta años de edad, argumentaba que había firmado ese papel “en blanco” en un momento de desesperación, incluso antes del nacimiento del niño: su marido la había abandonado al saber que estaba embarazada. El abogado de la pareja española le dio una suma de dinero, pero la ley guatemalteca permite que una madre se retracte. Defendida por una organización caritativa, Casa Alianza, Elvira recuperó finalmente su bebé poco después de su primer cumpleaños, en agosto de 1998. Nunca hasta ese momento un tribunal guatemalteco había restituido un niño a su madre biológica en un caso de adopción dudosa.
“El caso de Pablo es un ejemplo de las presiones y manipulaciones practicadas por abogados o personas pagadas para encontrar niños que adoptar. Siempre abusan de muchachas pobres y analfabetas”, afirman los responsables de Casa Alianza. Esta asociación, cuyos abogados patrocinan las denuncias de otras 17 madres, estima en alrededor de 440 el número de adopciones fraudulentas practicadas en Guatemala desde 1996.

Guatemala, destino predilecto
Pocos son los lugares del mundo donde los procedimientos de adopción son tan sencillos: un notario registra el consentimiento del o de los padres biológicos, luego el abogado de los candidatos a padres adoptivos somete esa constancia, así como el resultado de una encuesta social, al juez de menores, quien aprueba o rechaza la adopción. Para los niños huérfanos o considerados abandonados, el juez de menores debe establecer que los padres naturales han desaparecido o se desconocen, antes de adoptar una decisión. En todo caso, es obligatorio que intervenga un abogado.
Guatemala se ha convertido entonces en el destino predilecto de las parejas occidentales deseosas de adoptar un niño en el extranjero. El número de solicitudes recibidas en ese país, en su mayoría de ciudadanos estadounidenses, franceses o canadienses, aumentó de 900 en 1996 a 2.304 en 1997. Las autoridades de esos tres países multiplican las advertencias a sus nacionales. “Al parecer, hay abogados que están en contacto con médicos, enfermeras o asistentes sociales que ejercen presión sobre las madres para que abandonen a sus hijos. Ulteriormente los niños quedan al cuidado de mujeres conocidas de los abogados en orfelinatos clandestinos”, señala desde 1998 la Misión de Adopción Internacional, organismo oficial francés encargado de controlar el ingreso de niños adoptados. Y, lo que es peor, el consulado del Canadá en Ciudad de Guatemala descubrió otro tipo de tráfico: varias madres que habían dado su consentimiento ante el juez de menores para que sus hijos fueran adoptados no eran las verdaderas madres biológicas de esos bebés: las pruebas de adn lo demostraron. Esos críos habían sido arrebatados a sus madres desde el alumbramiento, en el campo, por mujeres sobornadas para afirmar que eran las que habían dado a luz.

Pruebas de ADN obligatorias
Ottawa exige desde entonces que médicos reconocidos practiquen sistemáticamente pruebas de
ADN a la madre biológica y a su niño antes de autorizar a los padres adoptivos a regresar al Canadá. En octubre de 1998 Estados Unidos anunció su propósito de imponer la misma obligación a sus nacionales. Por su parte, las autoridades guatemaltecas pidieron más vigilancia a los jueces, en espera de que el Parlamento apruebe una ley más estricta al respecto.
En Brasil, donde en teoría las exigencias en materia de adopción internacional son sumamente rigurosas, 94 mujeres participan regularmente en una manifestación en Jundiai, una ciudad próxima a São Paulo. Además de su pobreza tienen en común el hecho de haber perdido la custodia de sus hijos por decisión expeditiva del mismo magistrado, que confió los niños a un hogar, en connivencia con una organización italiana que favorece la adopción. En Viet Nam hay choferes de taxi, gerentes de hoteles y agencias de viajes que se ofrecen abiertamente para servir de intermediarios, previa remuneración, y “orientar” a los padres occidentales al margen de todo procedimiento legal.
Además de los escándalos mencionados, que son los más recientes, hubo otros en Europa del Este y en Africa. Contribuyeron en gran medida a convencer a la comunidad internacional de la necesidad de elaborar un instrumento jurídico específico, a fin de moralizar la adopción internacional. Firmada en La Haya en 1993, la Convención sobre protección de los niños y cooperación en materia de adopción internacional, que entró en vigor en 1995, no sólo prohíbe cualquier tipo de beneficio en el proceso de adopción, sino también el rapto, la venta y la trata de niños. Obliga a los Estados contratantes a dotarse de las estructuras indispensables para prevenir al máximo todo tráfico. Hasta la fecha, cuatro países han adherido a la Convención de La Haya, y otros 21* la han ratificado, entre los cuales Colombia, Francia y Australia en 1998.

Respetar las raíces de niño
De acuerdo con esta Convención, toda persona que desee adoptar debe presentar obligatoriamente su solicitud –directamente o a través de la
ONG por cuyo intermedio actúa– a la autoridad central del país donde desea adoptar un niño. Como consecuencia de esta medida se han limitado ya las adopciones clandestinas entre países contratantes. Antes de transmitir la solicitud al extranjero, el país de origen de los padres debe asegurarse de que éstos son idóneos y están calificados y preparados para la adopción de un niño de acuerdo con los procedimientos y la legislación de ese país, pero asimismo con los del país del niño. La Convención prohíbe todo contacto entre los candidatos a la adopción y la familia biológica del menor, mientras no se hayan cumplido todas las formalidades indispensables. Las autoridades del país del niño tienen también la responsabilidad de velar por que el consentimiento de la madre biológica (y el padre si se lo ha identificado) haya sido dado libremente y no se haya obtenido mediante un pago o contrapartida de cualquier tipo. Por último, la Convención de La Haya precisa –al igual que la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño de 1989– que la adopción en el extranjero sólo puede producirse cuando el niño no ha encontrado una familia que se haga cargo de él o lo adopte en su país de origen. Este principio se reafirma en virtud del interés superior del niño, que impone, dentro de lo posible, la obligación de respetar sus raíces. Con el mismo propósito, varios países exigen que los padres adoptivos extranjeros (o los servicios sociales de su país) den regularmente noticias del niño a las autoridades de su primera patria. Este “plazo de seguimiento” es de diez años para Sri Lanka, cuatro años para el Perú, tres para el Paraguay y dos para Rumania.
A menudo el desarrollo de la adopción internacional ha dado nuevo impulso a la adopción en el propio país del niño. Así ocurre, por ejemplo, en el Perú, donde las autoridades organizan campañas en los medios de información a fin de que los niños abandonados se “ofrezcan” en primer lugar a parejas peruanas. “Muchas madres vienen a vernos porque quieren abandonar a un niño que no están en condiciones de criar”, explica una responsable de los servicios peruanos de adopción, que desea guardar el anonimato. “Nuestros servicios hacen todo lo posible para disuadirlas y tratar de ayudarlas. Pero aquí como en otros lugares, la solución pasa por el retroceso de la miseria.”


* En total esta Convención obliga actualmente a 15 países de donde son originarios los niños adoptados (Burkina Faso, Colombia, Costa Rica, Chipre, Ecuador, Filipinas, Lituania, México, Moldavia, Paraguay, Perú, Polonia, Rumania, Sri Lanka y Venezuela) y a 10 países de acogida (Andorra, Australia, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Noruega, Países Bajos y Suecia).

El Correo de la UNESCO