
Las
“ciudades fortaleza” son un fenómeno corriente en todas las megalópolis.
Aquí, en Cruzeiro, una de las ciudades satélite de Brasilia.
|
Casi no hay extensiones salvajes en la superficie del globo
terrestre (...) El planeta se ha convertido en una inmensa ciudad.
Iakov Okunev, escritor ruso,
El mundo por venir (1923)
|
|
Ciudad de México: El error de los
demógrafos
Las proyecciones demográficas a medio o largo plazo suelen resultar equivocadas.
Uno de los ejemplos más patentes es el de la ciudad de México. En los
años ochenta, los demógrafos dieron la voz de alarma, anunciando entre
22 y 30 millones de habitantes en torno al año 2000 para esa capital, que
iba a ser la megalópolis más poblada del mundo, antes que Tokio. Ahora
bien, México cuenta hoy día sólo 17 millones de habitantes.
Según los últimos informes publicados por el Colegio de México
y el Consejo Nacional de la Población (organismo gubernamental), el ritmo
de crecimiento anual medio de la población de la capital pasó de 5,06%
en los años setenta a 2,59% en los años ochenta y a menos de 2% en
1990. ¿Cuáles han sido los motivos?
En el censo realizado en 1980, los demógrafos sobrestimaron la población
de México y subestimaron el descenso de la tasa de fecundidad, que pasó
de 45 nacimientos por mil mujeres en edad de procrear en 1965 a 28 por mil en 1992.
Otros factores han disuadido a los mexicanos de afluir a la capital, en especial
el terremoto de septiembre de 1985 (que causó más de 30.000 muertos)
y la agravación de la contaminación atmosférica. El otorgamiento
de subvenciones ha impulsado también a miles de empresas a abandonar México
para instalarse en ciudades de dimensión mediana, como Querétaro, Aguascalientes,
Guanajuato o San Luis Potosí. Los empleos han seguido la corriente.
Como resultado de lo anterior, las corrientes migratorias se han invertido. México
crecía en los años ochenta a un ritmo medio de 1.500 nuevos residentes
por día, pero desde 1992 ha perdido más personas que las que ha acogido.
Ese año se marcharon de la capital 661.000 habitantes y se instalaron en ella
menos de 171.000.
Las nuevas proyecciones confirman que la antigua Tenochtitlán azteca —la ciudad
más poblada del mundo en el momento de la conquista española, con 60.000
habitantes— ha perdido definitivamente ese récord. México debería
mantenerse por debajo de los 20 millones de habitantes hasta 2015 y ocupar en esa
fecha el séptimo lugar de las megalópolis. Lo que es un gran alivio
para las autoridades que, durante la segunda mitad del siglo, han afrontado una crisis
de crecimiento excesivo y desordenado: la población de México se multiplicó
por diez desde 1940 (1,7 millones de habitantes en esa época) y la superficie
urbanizada pasó de
500 km2 en 1940 a 4.500 km2
actualmente.
|
|
En 2015, los
países en desarrollo contarán 30 ciudades de más de ocho millones
de habitantes, de las cuales 22 en Asia. ¿Cómo se adaptarán
a esta urbanización creciente?
Un fenómeno sin
precedentes en la historia del planeta: cerca de dos tercios de la población
del mundo vivirá en las ciudades hacia 2025, según las previsiones
de las Naciones Unidas. Hasta ahora los rurales dominaban a los urbanos en la Tierra.
Seremos, según esas mismas proyecciones, 8.000 millones dentro de 25 años,
de los cuales 5.000 millones habitarán en las ciudades. Se estima que la tendencia
cobrará caracteres de avalancha en las ciudades de los países del Sur,
que llegarán a los 4.000 millones de individuos, o sea el doble de la cifra
actual. Asistiríamos entonces a un desarraigo nunca visto de las poblaciones
rurales.
Las previsiones de los demógrafos son ciertamente aleatorias (ver 'Ciudad de
México'). Sin embargo,
la afluencia de nuevos habitantes a las megalópolis de los países en
desarrollo es un fenómeno tangible.
Anteriormente, subrayan los investigadores, la ciudad necesitaba brazos para los
empleos que ofrecía. Hoy día, la atracción urbana ya no obedece
a las posibilidades económicas de las ciudades. “Numerosas situaciones muestran
que esta atracción puede proseguir a un ritmo sostenido, aun cuando los sectores
generadores de empleo estén en crisis o desaparezcan”, advierte Philippe Haeringer,
director de investigaciones del ORSTOM (Instituto Francés de Investigación
Científica para el Desarrollo en Cooperación). Ya no se emigra hacia
los grandes centros urbanos porque se está casi seguro de encontrar trabajo,
sino que se quiere abandonar la tierra porque son demasiados los brazos que la trabajan
y porque se desea dejar atrás la miseria. La ciudad aparece entonces, con
o sin razón, como un espacio de progreso y de libertad, un espejismo de oportunidades
de todo tipo, un lugar obligado de vida.
El resultado es que dentro y fuera de las ciudades se multiplican las “ocupaciones
ilegales” y los hábitats precarios. La particularidad de la urbanización
del Sur con respecto a la del Norte, observa el urbanista canadiense Richard Stern,
director del Centro de las Comunidades Urbanas de la Universidad de Toronto, es la
“rapidez del proceso, el aumento de la pobreza, la expansión espacial de las
aglomeraciones y la extensión del sector informal”.
¿Cómo reaccionan los poderes públicos de las megalópolis
del Sur ante esas “invasiones”? En un contexto mundial de desregulación, la
tendencia es cuestionar el principio mismo de la prestación de servicios urbanos
básicos al conjunto de la población, señala la mayoría
de los observadores. Por falta de medios, las ciudades del Sur dejan de lado cada
vez más su misión de servicio público.
China constituye una excepción en varios aspectos. Las autoridades, en un
marco político de planificación estricta (aunque más flexible
estos últimos años), procuran impedir la afluencia de un número
de inmigrantes rurales superior a lo que la economía de las ciudades puede
absorber, como demuestra el ejemplo de Shanghai, pero los inmigrantes siguen siendo
ciudadanos de segunda clase. En el extremo opuesto figura el caso de Lagos (Nigeria),
donde la urbanización se prosigue de manera anárquica. En esta metrópoli
africana han aparecido unos 200 barrios de chabolas. A veces uno de ellos es demolido
sin previo aviso y sin contemplaciones. Pero Lagos vive de las artimañas de
sus millones de habitantes. Tercer ejemplo significativo: el de Yakarta, donde las
propias autoridades han participado en una especulación inmobiliaria desenfrenada
que expulsó, sin gran compensación financiera, a más de 4,5
millones de personas de sus viviendas ente 1968 y 1998, a fin de permitir la construcción
de rascacielos que a veces han permanecido vacíos.
¿Cómo reaccionan las poblaciones urbanas ya instaladas ante esa llegada
masiva de nuevos inmigrantes y ante sus esfuerzos denodados por obtener un lugar
en el espacio urbano? En un número cada vez mayor de ciudades se multiplican
los barrios elegantes protegidos por barreras y guardias privados: son las “ciudades
fortaleza”, como las llama Teresa Caldeira, investigadora brasileña. En esos
universos cerrados, construidos en parte como reacción ante la inseguridad
real o exagerada que reina en las ciudades, las carreteras, el alcantarillado, las
escuelas y otro tipo de equipamiento colectivo son privados. Fuera de esos enclaves,
el espacio público es abandonado a los menos afortunados; las infraestructuras
se deterioran o son insuficientes. Las capas medias o pobres se protegen también
en sus barrios. Tal es el caso sorprendente de las “ciudades satélite” de
Brasilia. En esos suburbios se levantan rejas en torno a las casas, desde el chalet
elegante a la casucha más modesta.
La megalópolis del siglo XXI ¿constituirá un archipiélago
de “tribus sociales”, una “anticiudad” de enclaves amurallados, cuyos habitantes
acaudalados se negarán a compartir sus privilegios con los menesterosos? ¿La
ciudad seguirá cumpliendo su papel integrador?
“La existencia de una chabola refleja el fracaso de los poderes públicos”,
estima Anthony Pellegrini, experto en desarrollo urbano del Banco Mundial. Este organismo
impulsa proyectos que asocian Estado y sector privado, a fin de ayudar a los desfavorecidos
a comprar parcelas de terreno en loteos equipados. Otros expertos estiman más
bien que hay que combatir las tendencias “antisociales” de la mundialización.
Desean que la gran ciudad del siglo XXI recupere así su vocación
inicial: un auténtico lugar de encuentro y de intercambio.
El Correo de la UNESCO
|