|

Como en muchos otros países, los agricultores birmanos plantan
el trigo con semillas de la cosecha anterior. Terminator acabará con esta
práctica ancestral.

Manifestación contra los organismos genéticamente modificados
en Cartagena (Colombia), en febrero de 1999.
“Después de Terminator, 29 patentes similares fueron registradas por doce
productores de semillas de Europa y de Estados Unidos.”

© George Blevins/Global Response Action, Boulder, Colorado
|
Agricultores del Sur
se movilizan contra una nueva técnica que esteriliza las semillas genéticamente
modificadas.
El sueño se
ha hecho realidad para los productores de semillas. La revolución tecnológica
ha engendrado una nueva técnica que permite producir semillas genéticamente
modificadas que no germinan una vez que la planta ha alcanzado la madurez. Una mina
de oro para las multinacionales, pues los campesinos que elijan esas semillas tendrán
que comprar otras después de cada cosecha.
La patente de esta tecnología, bautizada “sistema de protección tecnológica”
(Technology Protection System, TPS), fue registrada conjuntamente en marzo
de 1998 por la compañía de semillas Delta and Pine Land (DPL),
con sede en Misisipí, y por el Ministerio de Agricultura de Estados Unidos
(USDA). Las semillas así modificadas deberían
comercializarse de aquí a 2005. Los fabricantes de semillas están encantados.
Pero, en numerosos países en desarrollo, los agricultores han lanzado campañas
–a veces violentas– contra el TPS.
Hoy, salvo algunas especies híbridas como el algodón, los agricultores
rara vez compran semillas autopolinizantes como el trigo o el arroz. Estiman que
tienen derecho a conservar o a intercambiar las semillas: esta práctica tiene
más de 10.000 años de antigüedad.
Según las Naciones Unidas, más de 1.400 millones de personas, esencialmente
campesinos pobres, utilizan semillas de la cosecha precedente o intercambiadas con
sus vecinos. Los detractores de las semillas estériles estiman que éstas
representan una amenaza para esos agricultores a los que empobrecerán aún
más.
“Toda tecnología que les impida conservar sus propias semillas debe evitarse.
El derecho de los campesinos a replantar está amenazado por el TPS”,
declara M. S. Swaminathan, científico que ha cumplido un importante papel
en la revolución verde en la India.
En ese país, 90% de los 100 millones de agricultores utilizan sus propias
semillas. Están organizados en grupos de presión violentamente opuestos
a la introducción de la nueva tecnología. En el estado de Karnataka,
en el sur de la India, parcelas experimentales en que se han plantado especies genéticamente
modificadas, pertenecientes a Monsanto, una de las principales multinacionales de
semillas, fueron destrozadas en 1998 por un grupo de campesinos:
creían equivocadamente que se trataba de nuevos granos estériles. El
sitio servía en realidad para someter a prueba un algodón híbrido
resistente a los insectos dañinos. Esas protestas movieron al gobierno a declarar
que no autorizaba la introducción del TPS en la India.
La oposición se extendió a otros países del Sur. En 1998, durante
una conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura
y la Alimentación (FAO), delegados de veinte países africanos estimaron
que el TPS constituía un peligro para la seguridad alimentaria:
“Esta tecnología destruirá la biodiversidad y amenazará los
saberes locales y los sistemas de agricultura sostenible de los campesinos africanos.”
El TPS es considerado un importante descubrimiento biotecnológico.
La germinación se neutraliza con la interacción de tres genes introducidos
en la planta, uno de los cuales produce una toxina que destruye la semilla en la
etapa final de su desarrollo. Los que se oponen al TPS lo han bautizado “Terminator”. Para ellos,
esta neutralización de la germinación fue imaginada por razones puramente
comerciales. Melvin Oliver, uno de los científicos del USDA
que elaboró el TPS, estima que éste “apunta a proteger
la tecnología y las patentes sobre las semillas concebidas en Estados Unidos.”
El tps se experimenta actualmente con el tabaco y el algodón y sus plantas
estériles se comercializarán de aquí a 2005.
El anuncio de la presentación de la patente de Terminator ha suscitado una
viva controversia, especialmente en Internet, acerca de la ética y de la pertinencia
de introducir el TPS en países en desarrollo. El Ministerio
de Agricultura estadounidense ha recibido por correo electrónico cientos de
cartas del mundo entero, cuyos autores se interrogan sobre el fundamento del nuevo
método. Tomada de sorpresa por la campaña anti Terminator, Monsanto,
que está a punto de adquirir DPL, anunció en abril de 1999 que no
comercializará el tps antes de que se realice un estudio independiente e internacional
sobre sus efectos ambientales, económicos y sociales.
En defensa del TPS, los productores de semillas señalan
que poner a punto, por manipulación genética, una variedad de alto
rendimiento, supone una inversión de 30 a 100 millones de dólares.
El sistema tradicional de conservación de las semillas, utilizado en la mayoría
de los países del Sur, impide a esas empresas recuperar sus inversiones y
algunas se han visto obligadas a suspender sus programas de investigación
de nuevas especies.
Preservar
la diversidad genética
Numerosos expertos y organizaciones agrícolas rechazan este argumento. “No
creo que las multinacionales necesiten de Terminator para amortizar sus inversiones
en investigación”, estima Swaminathan. “En realidad, las empresas que logran
mejores resultados son las que venden semillas de buena calidad y a un precio abordable.”
Los contrarios a Terminator señalan, además, que los campesinos pobres
de las regiones tropicales producen 15% a 20% de los recursos alimentarios mundiales
y utilizan una gran variedad de especies, fuente de diversidad genética. Así,
en Manila (Filipinas) el IRRI (Instituto Internacional de Investigaciones
sobre el Arroz) utiliza variedades tradicionales de arroz, a fin de elaborar especies
de alto rendimiento (ver 'Gurdev Singh Khush' ). “Si los campesinos consumen o abandonan
sus semillas tradicionales para adoptar las semillas Terminator, siglos de diversidad
genética de especies podrán perderse para siempre”, declara Pat Mooney,
director de la Fundación Internacional para el Progreso Rural de Canadá
(RAFI), a la cabeza de una campaña contra la tecnología
Terminator.
Una hipótesis aún más sombría es la de algunos científicos
que temen que el TPS contagie a otras especies si el polen portador
del gen esterilizante se deposita en plantas de campos vecinos. “Estas producirían
entonces semillas que no germinarían”, afirma Rob Marchant, investigador de
la Universidad de Nottingham (Reino Unido). “Si tal es el caso, los agricultores
que hubieran sembrado semillas normales podrían verse penalizados.”
Para defender a los agricultores de los países en desarrollo, Swaminathan
desea que el Comité de Bioética de la UNESCO redacte un proyecto de declaración
universal sobre el genoma de las plantas y sobre los derechos de los campesinos,
con un enfoque semejante al de la adoptada por la UNESCO en 1997 sobre el genoma y los derechos
humanos que enuncia los principios que deberían inspirar la investigación
sobre el genoma humano y hace hincapié en la preeminencia de la dignidad de
la persona.
Especies
resistentes a los insectos
La radicalización de este debate inquieta a los científicos, que temen
la exacerbación de un frente “antibiotecnología”. En el sur de Asia
grupos ecologistas desean que se prohíba toda semilla genéticamente
modificada, temiendo que éstas sean peligrosas para el ser humano. “La investigación
genética es fuente de equívocos. Hay que eliminar los mitos”, afirma
Arie Altman, profesor de horticultura de la Universidad hebrea de Jerusalén.
Refiriéndose a la baja de la producción alimentaria en ciertos países
de Asia, estima que la revolución verde, que ha permitido a muchos países
de la región satisfacer una demanda creciente en los años sesenta y
setenta, ha llegado a sus límites de eficacia. “Las especies genéticamente
modificadas son la única solución para aumentar los rendimientos”,
clama. “La biotecnología es la única solución para aumentar
la producción.”
¿Quién tomará la iniciativa de desarrollar nuevas variedades
de semillas? Los gastos de los poderes públicos en biotecnologías son
reducidos. El sector privado, en cambio, ha invertido en él millones de dólares,
pero las empresas se desinteresan por las especies autopolinizantes como el trigo
y el arroz si no obtienen ingresos correspondientes a sus inversiones. Con el TPS,
la ganancia les parece más segura.
Según los responsables de DPL, dentro de seis o siete años se
dispondrá de especies de trigo y de arroz resistentes a los insectos y aumentará
por consiguiente la producción alimentaria mundial. Pero estiman que cuando
esas variedades de alto rendimiento se comercialicen, será difícil
hacer respetar las patentes porque se trata de especies ampliamente cultivadas. Hoy
algunas multinacionales obligan a los agricultores a firmar contratos en los que
se comprometen a no volver a utilizar las semillas compradas y envían inspectores
que controlan el respeto de este compromiso. Semejante sistema, cuya aplicación
es ya difícil en Estados Unidos, donde existe una legislación estricta
sobre patentes, es prácticamente imposible en los países del Sur. “El
TPS
es indispensable para proteger las patentes de las nuevas variedades”, afirma el
representante del USDA.
Los partidarios del TPS argumentan también que no se forzará
a los agricultores a comprar las semillas Terminator. “Si no las quieren, siempre
podrán seguir sembrando las variedades tradicionales”, declara Harry Collins,
vicepresidente encargado de la transmisión de tecnología en DPL.
Sin embargo, si las mejores semillas disponibles en el mercado son portadoras del
gen Terminator, los agricultores que las rechacen obtendrán semillas de calidad
inferior.
La tendencia a la concentración del mercado de las semillas entraña
el riesgo de limitar las posibilidades de elegir. Según la Fundación
RAFI,
las diez principales multinacionales de semillas controlan 30% del mercado mundial,
evaluado en 23.000 millones de dólares. Como Monsanto se ha convertido en
una de las más importantes, puede lanzar la tecnología Terminator en
el mundo. Conscientes de los extraordinarios beneficios que ello puede reportarles,
otras empresas se han lanzado por el mismo camino. “Después de la patente
Terminator, 29 patentes similares fueron registradas por doce productores de semillas
de Europa y de Estados Unidos”, declara Pat Mooney, de la Fundación RAFI.
El Grupo Consultivo para la Investigación Agronómica Internacional
(CGIAR) se opone también a la introducción
del tps en los países en desarrollo y ha prohibido su utilización en
sus 16 institutos de investigación agronómica. En enero de 1999, más
de 50 organizaciones no gubernamentales y grupos de agricultores de América
Latina, reunidos en Ecuador, formaron una coalición contra la introducción
de Terminator en su continente.
“Estamos contra Terminator y contra todas las especies de semillas transgénicas”,
dice Silvia Ribeiro, portavoz de una asociación de agricultores brasileños.
Para los campesinos pobres no representa ninguna ventaja.” Esa agrupación
ha programado una serie de encuentros y manifestaciones a través de todo el
Brasil para sensibilizar a los agricultores contra elTPS. Algunas autoridades locales han prohibido
ya la introducción de semillas Terminator.
Los partidarios de las biotecnologías estiman que es prematuro rechazar de
plano Terminator. “Si las nuevas semillas aumentan los rendimientos de 15% a 20%,
los campesinos no se negarán a comprarlas”, declara C. S. Prakash, director
de investigaciones en biotecnología vegetal en la Universidad de Tuskegee
en Estados Unidos, y asesor de Monsanto.
Los campesinos estadounidenses advierten ya las ventajas de las especies resistentes
a los insectos y a las malas hierbas. El maíz transgénico resistente
a los insectos les permitió ahorrar 190 millones de dólares en 1997
y redujo el empleo de insecticidas.
Entre los países en desarrollo, Argentina y China no se han opuesto a los
avances de la biotecnología en la agricultura. En China, algunos agricultores
han logrado cultivar semillas de especies de algodón híbridas y las
compran todos los años. “Los campesinos son los mejores jueces de sus intereses
económicos”, declara Prakash. “Si estiman que Terminator no es viable, serán
los primeros en rechazarlo.”
Algunos sitios útiles:
• http://www.rafi.org
• http://www.mssrf.org
• http://www.ars.usda.gov/misc/fact.htm
• http://www.monsanto.com
• http://www.oneworld.org/panos
El Correo de la UNESCO
|