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1. ¿Qué es un gen?
Nuestro cuerpo
está formado por células, cada una de las cuales contiene un núcleo
que alberga el ADN (ácido desoxirribonucleico).
Esta inmensa molécula se asemeja a una especie de escala retorcida (la estructura
en doble hélice). Habitualmente enrollada en sí misma para formar moños
entrelazados unos con otros, se divide en 23 pares de cromosomas homólogos
(heredado uno de la madre y otro del padre) cuando la célula se divide.
Esta “escala” de ADN cuenta unos tres mil millones
de “barrotes” que están integrados por cuatro bases diferentes – la adenina
(A en rojo), la tiamina (T en azul), la citosina (C en verde) y la guanina (G en
amarillo)– que se asocian siempre del mismo modo (A con T y C con G).
Al parecer, 95% del ADN en el núcleo no cumple
ninguna función, mientras el 5% restante contiene unos 100.000 genes. Esos
fragmentos de ADN, tan pequeños que son
invisibles al microscopio, están formados por varios cientos de miles de “barrotes”.
La forma en que las bases se encadenan allí constituye una especie de mensaje
en clave: siguiendo esas instrucciones las células fabrican las proteínas
que nos hacen ser como somos.
2. La clonación “tipo Dolly”
Existen varios métodos
de clonación. Pero hasta el nacimiento de la oveja Dolly, en julio de 1996,
había que recurrir a embriones de probeta resultantes –como todo el mundo–
de un óvulo y un espermatozoide: así, dichos embriones “se cortaban”
en dos antes de implantar cada mitad en una madre portadora para obtener dos clones.
La receta de fabricación de Dolly es revolucionaria porque no necesita pasar
por un embrión “normal”, o sea obtenido gracias a un óvulo y un espermatozoide:
la oveja estrella de los años noventa nació del “matrimonio” de un
óvulo desnucleado con una célula adulta extraída de la oveja
que se quería clonar.
3. Corregir una anomalía genética
Más de 4.000 enfermedades
genéticas son responsables de un tercio de la mortalidad infantil en los países
desarrollados. Cuando se identifican los genes “defectuosos”, es posible intentar
“repararlos” recurriendo a la terapia génica. Esta técnica todavía
en pañales consiste en inyectar genes “sanos” en las células enfermas.
Pero dado el tamaño minúsculo de las células y los genes, es
imposible hacerlo “a mano”, como en una operación quirúrgica. Los investigadores
recurren entonces a vectores: virus o retrovirus (determinada familia de virus) desactivados,
liposomas. Esos transportadores de genes “buenos” se introducen por sí solos
en las células del enfermo a las que se quiere llegar. Estas técnicas
abren grandes posibilidades para el futuro, pero hasta el presente no se aplican
de manera eficaz para el tratamiento de enfermedades.
El Correo de la UNESCO
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