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¿La legislación
china consagra la eugenesia? La ley china sobre salud maternoinfantil ha sido atacada en Occidente por considerarse que atenta contra los derechos del individuo. El académico chino Qiu Renzong refuta esas acusaciones con argumentos que el sinólogo alemán Frank Dikötter a su vez rebate. |
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![]() © Hervé Pinel
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1. “Un paso positivo” Qiu Renzong, director del Programa de Bioética, Academia China de Ciencias Sociales, Beijing La legislación china sobre salud maternoinfantil (ver recuadro) ha sido muy criticada por los medios de comunicación y los círculos científicos occidentales. Algunas críticas son válidas, pero otras se basan en malentendidos lingüísticos o culturales. Buena parte de la confusión gira en torno a la palabra yousheng, que aparece reiteradamente en el texto legal. Se trata de una expresión que suele utilizarse con el significado de “nacimientos saludables” en el sentido pediátrico del término, pero también puede emplearse para describir los programas eugenésicos nazis. Por desgracia, las traducciones inglesas de la ley tienden a recoger esta segunda acepción. ¿Es eugenésica la legislación sobre salud maternoinfantil? Una política tendrá ese carácter si rechaza el consentimiento individual y si tiene un fundamento racista. Ninguna de esas condiciones se da en la legislación china. En caso de riesgo de transmisión de una enfermedad hereditaria, los médicos pueden aconsejar a dos personas que no se casen o que se sometan a la esterilización, pero la decisión definitiva corresponde a los adultos interesados. Cuando un diagnóstico prenatal revela una enfermedad genética, el facultativo puede aconsejar el aborto, pero no ordenarlo. Factores culturales y económicos La ley no se inspira en consideraciones racistas, sino que su afán es reducir las anomalías congénitas. En China no existe una tradición racista. Los chinos fueron víctimas del imperialismo occidental y del militarismo japonés. Pueden haber cometido graves errores, pero nunca han pretendido ser superiores a otros pueblos, y sus acciones militares jamás han estado motivadas por el racismo. Como tampoco su política interna: los han, el grupo étnico dominante, no se consideran superiores a las minorías. Los occidentales suelen escandalizarse de la actitud de los chinos frente a los fetos defectuosos porque no entienden los factores culturales y económicos que están en juego. El gran sabio confucianista Xun Zi (300-237 a.C.) afirmaba: “El nacimiento es el comienzo de un ser humano y la muerte es el final de éste. Un ser humano que tiene un buen comienzo y un buen final cumple con el Tao [la vía para llegar al plano espiritual más elevado].” De este punto de vista confuciano surgen dos importantes nociones que inspiran la política genética de China. La primera es que el aborto es moral y socialmente aceptable porque la vida se inicia con el nacimiento: un feto no es considerado un ser humano. La segunda es que las enfermedades y deformidades congénitas se interpretan como la señal de un pecado cometido por los padres o antepasados en una existencia anterior. Al recién nacido anormal se le llama tradicionalmente “feto monstruoso”, por lo que no es de extrañar que sean pocos los que logran apoyo de la familia o de la sociedad. Uno de los padres tendrá que dejar de trabajar, y el costo de los cuidados de un niño anormal representa un tercio del salario de un trabajador medio. Modificar estas actitudes negativas tomará mucho tiempo. Actualmente hay más de 50 millones de minusválidos que viven en la pobreza, y no es razonable esperar que el destino de los niños impedidos o de sus madres mejore en un futuro próximo. En esas condiciones, muchos piensan que para esos niños, y para sus madres, hubiera sido mejor no haber nacido. De hecho, la Sociedad China de Minusválidos solicitó oficialmente al gobierno en 1989 que acelerara la aprobación de la legislación que impide el nacimiento de bebés deformes, dado el sufrimiento que les espera y la carga que representan para la sociedad. La preocupación por el bien colectivo en ocasiones movió a los genetistas o a otras personas a desconocer la autonomía individual. Confundieron lo que es tecnológicamente posible (las pruebas genéticas) con lo que es éticamente admisible. Estimo, no obstante, que la ley representa un paso positivo, pues garantiza a todos un acceso a la asistencia genética y prohíbe la selección basada en el sexo. Los especialistas chinos en genética y bioética han criticado algunos artículos de la ley. Sugieren que incluya un reconocimiento más explícito del principio del libre consentimiento con conocimiento de causa. En 1998, las autoridades consultaron a los más destacados especialistas chinos e introducirán los cambios indispensables en el momento oportuno. Mientras tanto, pido a los colegas occidentales que consulten directamente a los funcionarios responsables, a los genetistas y a los ciudadanos en vez de tratar de sancionar a China, lo que puede acarrear más daño que beneficio. 2. “Una legislación coercitiva” Frank Dikötter, director del Instituto de China Contemporánea, Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres Los partidarios de la ley china sobre salud maternoinfantil suelen afirmar que es un error traducir el término yousheng por “eugenesia” en vez de “nacimiento saludable”. Aparte de que un término no tiene un sentido determinado al margen del contexto, cabe señalar que etimológicamente en las lenguas europeas la palabra “eugenesia” también quiere decir “nacimiento saludable” (la raíz griega eu significa “buen”, y genos, “nacimiento”). El término yousheng apareció en China en los años veinte, cuando numerosos textos sobre eugenesia fueron traducidos al chino o escritos en ese idioma. El movimiento en favor de la eugenesia, que se extendía de Suecia al Japón, fue apoyado por numerosos intelectuales chinos. Algunos elogiaron abiertamente la política racial de los nazis; otros sólo deseaban evitar que se reprodujeran los individuos con una salud deficiente. Aunque la eugenesia pasó a ser tabú al llegar los comunistas al poder en 1949, reapareció con la política de un solo hijo impuesta en 1978. Hoy, numerosas publicaciones chinas, científicas o no, siguen saludando al sabio británico Francis Galton (1822-1911) como padre del yousheng, concepto que definen claramente como la ciencia en virtud de la cual el Estado puede mejorar las características físicas y mentales de su población mediante una reproducción selectiva. Los partidarios de la ley hacen hincapié en que ella exige el “consentimiento individual”, pero, ¿qué alcance real puede tener éste en un régimen con partido único, donde la disidencia política es tan a menudo castigada? Esos partidarios prefieren olvidar que desde 1988 se han promulgado leyes provinciales que jamás mencionan la voluntad del individuo: así, en la provincia de Kansu no se permite que los “idiotas”, “cretinos” e “imbéciles” (no definidos con criterios médicos) se casen, a menos que se esterilicen. Es esencial entender que el racismo no es necesariamente un componente de la eugenesia. Miles de individuos considerados “débiles mentales” sufrieron una esterilización forzosa en los países escandinavos en los años sesenta sin que se los definiera como “racialmente” diferentes. Defender la legislación china aduciendo que los miembros de la comunidad han no se consideran superiores a las minorías crea serias confusiones. ¿Por qué no preguntar a los tibetanos lo que piensan de esto? Las leyes eugenésicas chinas afectan a dos grupos sociales: los campesinos (70% de la población) y las minorías étnicas (55 grupos que representan un 8% de la población). Ciertos genetistas chinos afirman que hay una mayor proporción de personas con impedimentos físicos y mentales entre los campesinos que entre la población urbana. También sostienen que la proporción es más alta en ciertas minorías étnicas que en la mayoría han. Afirman que el retraso económico de esos grupos se refuerza con la endogamia. A mi juicio, se trata de una versión seudocientífica del prejuicio de los han contra las prácticas endogámicas de esas minorías. También se invocan “valores confucianistas” para justificar la ley de 1995. En China el tiempo no se ha detenido. Invocar a Xun Zi en la década de 1990 es como aludir a los espartanos para explicar la política nazi. La libertad de procrear no es patrimonio exclusivo de unas pocas culturas privilegidas, es un derecho individual inalienable. No es posible defender el control autoritario del crecimiento demográfico con argumentos culturales. Los programas de esterilización empleados en la India en los años setenta, por ejemplo, fueron rechazados de manera aplastante en las elecciones generales de esa época. Además, la investigación demuestra que en China existen puntos de vista muy divergentes en cuanto al trato a los minusválidos. De las encuestas realizadas por investigadores chinos a fines de los años ochenta se desprende que hasta un 25% de los interrogados estimaron que la vida es sagrada en toda circunstancia. Una malformación congénita grave es uno de los trances más dolorosos que una familia puede enfrentar, y todas las consideraciones éticas y las médicas han de sopesarse y discutirse abiertamente. La legislación eugenésica actual no refleja la elaboración de un consenso, sino que es coercitiva. Incluso en los países democráticos, las poblaciones marginales reciben a veces un trato discriminatorio, ya que los prejuicios sociales y los intereses económicos influyen en la información genética proporcionada a las familias, empleadores, compañías de seguros o servicios sociales. En un Estado con partido único como China, la legislación eugenésica ha sido utilizada para eliminar y no para ayudar a las personas vulnerables. |