HACIA LA ACCIÓN
Federico Mayor
Koïchiro Matsuura





Nacido en Tokio en 1937, Koichiro Matsuura estudió derecho en la Universidad de Tokio y economía en el Haverford College de Pensilvania (Estados Unidos). Destacado diplomático, inició su carrera en 1959 en el ministerio japonés de Relaciones Exteriores, donde entre otros ocupó los cargos de director general de cooperación económica (1988), director general de asuntos estadounidenses (1990) y viceministro. A partir de 1994 fue embajador de Japón en Francia, Andorra y Djibuti. Durante un año, hasta noviembre de 1999, presidió el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El pasado 12 de noviembre, la Conferencia General de la U
NESCO, órgano supremo de la Organización, eligió a Koichiro Matsuura Director General, confirmando la recomendación expresada en ese sentido por el Consejo Ejecutivo el 20 de octubre anterior.

La UNESCO constituye un factor de esperanza por ser la única organización internacional que, por sus programas, respeta y defiende lo que, en el patrimonio cultural y espiritual de todas las culturas, tiene valor universal y representa la dignidad universal, y por consiguiente respeta y defiende la dignidad absoluta de todos los seres humanos. (...)
Asistimos actualmente a una espectacular aceleración de la mundialización, que representa un desafío a escala planetaria y exige por ende una respuesta a escala planetaria. Conviene sin embargo dar una respuesta que respete debidamente la diversidad y la identidad culturales, ese inestimable componente individual que encarna la verdadera dignidad de nuestros numerosos pueblos.
Pero la U
NESCO sólo puede seguir ofreciendo al mundo una esperanza y una defensa semejantes si consigue ser un instrumento mundial apropiado. La Organización no es un fin en sí. Es un organismo mundial de servicios o, si prefieren, un instrumento delicado, extremadamente complejo y precioso a la vez. La humanidad podría aprovecharlo mejor si todos los Estados y todos los pueblos del mundo acordaran una vez más utilizarlo debidamente y contribuir así a su eficacia y a su universalidad. La UNESCO debe por ello representar al mundo entero sin ninguna excepción. Me comprometo a no escatimar ningún esfuerzo, durante mi mandato, para persuadir a los que todavía estén fuera de la Organización a regresar o a adherirse a ella.
Pero se han formulado críticas, no todas injustificadas, contra este notable instrumento y conviene contrarrestar las carencias comprobadas. El objetivo de una buena gestión tampoco es un fin en sí, sino un deber: se trata de velar por que nuestra Organización cumpla plenamente la gran tarea que le incumbe en su calidad de verdadero servicio mundial, y que sea responsable y pueda rendir cuenta de ésta ante el mundo y ante los contribuyentes del mundo entero.
Por consiguiente, nuestros recursos no son ilimitados y no deberíamos dispersarlos demasiado. Propongo racionalizar nuestras actividades dentro de los límites de nuestros presupuestos y concentrarnos en los programas que se ajustan realmente a nuestro mandato –no en nombre de una austeridad de buen tono, sino para tener un impacto real allí donde podamos lograrlo mejor y allí donde debamos prestar los servicios necesarios, es decir en la guerra permanente que libramos contra la pobreza por medio de la educación y de la formación de los recursos humanos. (...)
Sugiero proseguir aquellos programas cuya concepción se orienta más hacia la acción, en cooperación con instituciones, científicos y especialistas eminentes del mundo entero, en conformidad con las cuatro grandes orientaciones de la Organización, a saber, la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.
La U
NESCO constituye una paradoja estimulante. No puede convertirse en un mero club de intelectuales, pero ha de servir de lugar privilegiado de intercambios intelectuales a escala internacional. No puede pretender ser un establecimiento de investigación, pero debe estar al corriente de los progresos de ésta y estimularla. Tampoco es una institución puramente ejecutiva, pero debe no obstante velar por que la ética mundial en materia de paz, de justicia y de solidaridad, a través de la cooperación internacional en los ámbitos de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación, sea a la vez moralmente observada y aplicada de manera tangible. Por último, la UNESCO no es un organismo de financiación, aunque tenga que otorgar créditos que cumplan el papel de catalizadores con miras a obtener financiamientos de otras fuentes, a fin de demostrar que los ideales sólo cobran forma en la acción. (...)
En el torbellino de esta época en mutación, luchemos firme y lealmente por lo que constituye nuestra misión permanente: erigir los baluartes de la paz en la mente de los hombres. n


(Fragmentos del discurso pronunciado por el Sr. Koichiro Matsuura, el 15 de noviembre en París, al hacerse cargo de sus funciones de director general de la UNESCO.)

El Correo de la UNESCO