A cada uno sus fechas

¿QUIEN FESTEJA EL AÑO 2000?

Jasmina Sopova, periodista del Correo de la UNESCO. Con la colaboración de los periodistas Utpal Borpujari (indio, Nueva Delhi), Wanphen Sresthaputra (tailandesa, Bangkok), Missawa Kano (japonesa, instalada en París), Li Xiguang y Huang Yan (chinos, Beijing) y Claudine Meyer (francesa, Israel).
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Frente a la iglesia de la Natividad, en Belén. Con motivo del año 2000, la Autoridad Palestina ha emprendido importantes obras de renovación en esta ciudad.













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En Shanghai, una pareja frente al reloj del siglo.








A cada uno
sus fechas

Estamos en el año:
11 de la era Heisei, correspondiente al reinado del emperador del Japón Akihito;
1420 de la era musulmana (la Hégira) que se inicia el día de la emigración de Mahoma desde La Meca a Medina.
1999 del calendario gregoriano. Vigente en el mundo entero, debe su nombre al papa Gregorio xiii que reformó en 1582 el calendario juliano. Resultante de la reforma del calendario romano (en vigor desde la fundación de Roma) decretada por Julio César, ese calendario fue observado por los cristianos a partir de 532, cuando la Iglesia fijó como comienzo de la era cristiana el día presunto del nacimiento de Jesús.
5100 de la era Kaliyuga, ”edad de los conflictos”. Ultimo ciclo cósmico de la humanidad según la cosmogonía brahmánica, esta era se habría iniciado en 3102
A.C. al término de la Gran Guerra que es el tema principal del Mahabharata, y deberá terminar en el año 428999.
5543 de la era búdica, que conmemora la muerte de Buda;
5760, según el calendario israelita, basado en el calendario babilonio, que conmemora la fecha presunta de la Creación.

De Osaka a San Francisco, pasando por Beijing, Moscú y Pretoria, la fiebre milenarista se ha propagado por el mundo entero. Sin embargo, algunos islotes resisten.

El 31 de diciembre a medianoche el planeta entra en el año 2000. Desde hace varios meses —e incluso años— los proyectos se multiplican para celebrar esa Nochevieja única, sobre todo en el mundo cristiano. ¿Pero esa fecha tiene realmente el mismo significado en todas partes? “Por más que se diga que el 31 de diciembre indica la llegada de un nuevo año, de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, para mí será un día como cualquier otro”, exclama, con una sonrisa burlona, P. Balasubramanian, contable jefe de una gran empresa de Madrás, en la India.
Para gran parte de la humanidad el año 2000 pasará totalmente inadvertido. Pero, por seguir la corriente —así lo impone la mundialización— o porque obtendrán algún beneficio, muchos no han resistido a la tentación de celebrarlo.

El primer rayo de sol del 2000
A primera vista, el esfuerzo publicitario de los mercaderes del nuevo milenio ha terminado por llegar a la mayor parte de la población india gracias a la televisión por satélite. Nueva Delhi prepara su “Millennium night celebration”; los jefes de estación anuncian con sus silbatos la partida de recorridos grandiosos del subcontinente indio en tren; es imposible conseguir una habitación de hotel en las principales ciudades turísticas del país, de Agra a Khajuraho, pasando por Jaipur. Pero para muchos indios, en su mayoría hindúes, el asunto no tiene ninguna importancia.
Según el Vikram Samvat, calendario de los hindúes y de los sikhs del norte y del oeste del país, estamos ya en 2055, aunque el Shaka, el calendario hindú más difundido a escala nacional, indica sólo 1920. Mientras los indios católicos concluyen el año de gracia de 1999, los budistas viven felices en el año 2542 y los musulmanes en el año 1420 de la Hégira... Todos entraron, hace ya cien años, en el sexto milenio de la era de Kaliyuga, la última de la humanidad en la cosmogonía brahmánica (ver recuadro).
En resumidas cuestas, el milenio sólo interesa a los sectores sociales más pudientes y occidentalizados de la India. “Es un legado del pasado colonial y un buen negocio”, afirma Bhupinder Singh, sikh practicante, funcionario jubilado convertido en hombre de negocios. Pero reconoce haber cedido a las reglas del juego: para la promoción en la India del cantante clásico más famoso de Pakistán, Shafqat Ali Khan, eligió el lema “¡La estrella del milenio!”
Pero hay otra “estrella”: la isla de Katchar, en la bahía de Bengala, será la primera iluminada por el sol del año 2000 en el horizonte indio. Para sacar partido de ese acontecimiento, y contrarrestar la falta de infraestructura, el Ministerio de Cultura invitó a siete barcos de lujo de diversas procedencias a anclar frente a las costas de las islas Nicobar.
Para atraer a los turistas hacia las islas Tonga, en medio del océano Pacífico, Su Majestad Taufa’ahau Tupou iv decretó que el paso a la hora de verano se produciría el domingo 3 de octubre de 1999. Al ganar 14 horas sobre la hora G
MT, el archipiélago se ha convertido en el primer territorio del planeta que entrará en el año 2000. En el pasado hay precedentes más insólitos: a raíz de una reforma del calendario juliano, el Papa Gregorio xiii acortó en diez días el año 1582, lo que significó que Santa Teresa de Avila murió en la noche del 4 al 15 de octubre.

Con bombos y platillos
Pero la competencia es encarnizada: el Observatorio de la marina estadounidense en Tailandia afirma, de acuerdo con una teoría muy controvertida, que el sol saldrá a las 7 de la mañana en el horizonte de la frontera entre Birmania y Tailandia, con lo que esta última será “una de las mejores posiciones en el mundo para acoger el nuevo milenio”. He aquí que los tailandeses están en primera fila. Pero el espectáculo no les interesa. País del budismo theravada, Tailandia, así como Lao, Camboya, Birmania y Sri Lanka, celebró su tercer milenio hace 543 años. Además, festeja sus años nuevos a mediados de abril, durante Songkran, la fiesta del agua.
Sin embargo, aquí y allá algunos adeptos del año 2000 procuran despertar los apetitos. El gigante del turismo tailandés T
AT (Tourist Authority of Thailand) es uno de los pocos organismos que se ha lanzado en la producción de acontecimientos “nuevo milenio”: boda del año 2000 para 2000 parejas, maratón 2000 o mega concierto a orillas del mar. Sin embargo, en el sudeste asiático, que lucha por superar dos años de crisis económica, el “nuevo milenio” no provoca ni auténtico interés, ni proyectos extravagantes. Y si Tat registra un aumento de las reservas de hoteles de 30% con respecto a 1998, es porque la casi totalidad de los clientes son extranjeros.
En cuanto al Japón, para entrar en la modernidad puso los relojes a la hora occidental desde 1873 (era Meiji). Anteriormente utilizaba el Taiintaiyoreki, calendario lunisolar del periodo Nara (645-794), edad de oro de la civilización nipona. Durante casi un siglo, los japoneses, en particular los del campo, siguieron celebrando el año nuevo “antiguo” añadiendo simplemente a éste el establecido con posterioridad. Y como de acuerdo con la tradición, el cálculo del tiempo parte de cero con el advenimiento de cada emperador, en realidad observaban tres calendarios al mismo tiempo.
Hoy sólo algunos nostálgicos mantienen el Taiintaiyoreki, y la Nochevieja se celebra el 31 de diciembre. Pero si los calendarios cambian con el correr del tiempo, las tradiciones persisten. Así, los japoneses celebrarán el año nuevo como sus antepasados, con sus juegos y elementos decorativos clásicos, su indumentaria ancestral y sus platos de buenos augurios especialmente preparados para la ocasión.
Un restaurante famoso ha anunciado con bombos y platillos la preparación del Dit de Genji (nombre de la célebre novela clásica del siglo
XII). El menú comprende 35 platos para cuatro personas, que los paladares refinados podrán saborear por la friolera de 8.000 dólares. Más accesible, el popularísimo programa de televisión Kohaku uta gassen, una competición entre los cantantes del año, como todos los 31 de diciembre será visto por la mayor parte de los japoneses, que se quedarán en casa por el temor que despierta el bug del año 2000.
En China, el año nuevo gregoriano será acogido con toda pompa. La municipalidad de Beijing ha echado la casa por la ventana para construir, con la ayuda generosa de algunos donantes de Hong Kong, el “Altar chino del siglo”. El complejo arquitectónico, que comprende diversas salas de exposiciones, costó unos 24 millones de dólares y movilizó a unos 200 arquitectos e historiadores del arte. El altar rotativo, de 47 metros de diámetro, está dotado de una inmensa plataforma que puede acoger a más de mil cantantes y bailarines. Se tiene acceso a él por el “Túnel del tiempo”, de 300 metros de largo, cuyos relieves de bronce representan los 5.000 años de historia del país.
Las generaciones de más edad preferirán sin duda esperar el mes de febrero para celebrar la llegada del año del Dragón, y las provincias alejadas permanecerán sordas al bullicio milenarista. Pero la juventud de las ciudades espera con impaciencia la San Silvestre. Se burlan de los llamados al orden de algunos ardientes defensores del calendario chino que se han opuesto públicamente a este jubileo “bíblico” y de los astrónomos que, habiendo tomado en serio el asunto, se empeñan en explicar que el nuevo milenio sólo llegará 12 meses más tarde.
Es cierto que en un calendario que comienza con el año 1 el siglo siguiente sólo se inicia en 101, y así sucesivamente, hasta 2001. Pero cuando se sabe que el calendario gregoriano sólo tiene 418 años en su forma actual, mientras que ha cumplido 2044 como descendiente directo del calendario juliano y que, por si fuera poco, Jesús habría nacido el año 5 antes de si mismo (!), los jóvenes confucianos, budistas, taoístas, musulmanes, cristianos y ateos llegan a la conclusión de que en definitiva el año 2000 no corresponde a nada, sino a la voluntad mundialmente compartida de entrar anticipadamente en el nuevo milenio —a fin de divertirse y de hacer buenos negocios al mismo tiempo— y no tienen ningún interés en faltar a la cita.
En el valle del Jordán se advierte el mismo frenesí: del lado israelí “Nazaret 2000”; del lado palestino “Belén 2000”. A Dios gracias (sic), la repartición de los santos lugares hace justicia a ambos pueblos que, pese a la baja proporción de cristianos en sus filas, rehabilitan ahora esos sitios que remiten a los albores del Cristianismo.
En una región rica en celebraciones, hay una marcada rivalidad por quién recibe más visitantes. Después de los 3.000 años de Jerusalén y los 50 de Israel celebrados de mala gana tras la congelación del proceso de paz, el aeropuerto internacional israelí de Lod prosigue su extensión bautizada “Ben Gurión 2000”, para recibir a los peregrinos que de Navidad de 1999 a Pascua de 2001, recorrerán el vía crucis de Jesús de Nazaret. ¿Serán 6 millones como estima el Vaticano, 3 a 4 millones como han previsto las autoridades israelíes, o 2,5 millones como temen los pesimistas que calculan un aumento del turismo de apenas 20%?

Los mercaderes del Templo
Para Belén, el año 2000 es también un año de retos económicos. Según los cálculos de los expertos, la afluencia de turistas debería incrementar el ingreso de la población palestina en 100 dólares anuales por habitante. El Banco Mundial ha pedido a los países donantes que se adelanten a los Reyes Magos e inviertan 85.000 millones de dólares en la restauración de la ciudad. Los hombres de negocios también se han llevado la mano al bolsillo para construir en ella 6.000 habitaciones de hotel.
El año 2000 sirve también de pretexto a proyectos aún más profanos. Lejos de los rosarios, la última muestra de mal gusto en el puesto de los mercaderes del Templo ¿no es esa cosecha “Jerusalén 2000” de cabernet israelí? En su etiqueta aparece la Cúpula de la Roca, tercer lugar santo del Islam después de La Meca y Medina, a despecho de una fe que prohíbe el alcohol. ¿Tempestad en un vaso de vino? En todo caso, el asunto ha llegado hasta la Liga Arabe.
En el mundo árabe, Egipto decidió llevar la voz cantante en los festejos milenaristas a los que se niega a dar un carácter religioso. Como el jubileo coincide con el comienzo del séptimo milenio del antiguo Egipto, la gran fiesta se realizará lógicamente al pie de las pirámides de Gizeh. En un escenario de 20.000 m
2, más de mil artistas se unirán al célebre compositor francés Jean-Michel Jarre, para presentar Los doce sueños del sol. Los productores y financieros no tienen nada que temer: los 9,5 millones de dólares gastados en el proyecto rápidamente serán rentables, pues se esperan unos 50.000 espectadores que pagarán entradas de 150 a 400 dólares. Ese precio no está al alcance de los jóvenes egipcios, que tendrán derecho, por una suma más modesta, a un “lugar bajo el sol”.
El concierto se iniciará al crepúsculo del último día de 1999 y proseguirá hasta el alba del primer día del año 2000. Cuando el primer rayo de sol aparezca en el hemisferio occidental, una pirámide dorada de 9 metros de altura se posará en la pirámide de Cheops, para marcar con esplendor el acontecimiento.
¡Feliz Año!

El Correo de la UNESCO