
Frente a la iglesia de la Natividad,
en Belén. Con motivo del año 2000, la Autoridad Palestina ha emprendido
importantes obras de renovación en esta ciudad.

En Shanghai, una pareja frente
al reloj del siglo.
|
A cada uno
sus fechas
Estamos en el año:
• 11 de la era Heisei, correspondiente al reinado del emperador del Japón
Akihito;
• 1420 de la era musulmana (la Hégira) que se inicia el día
de la emigración de Mahoma desde La Meca a Medina.
• 1999 del calendario gregoriano. Vigente en el mundo entero, debe su nombre
al papa Gregorio xiii que reformó en 1582 el calendario juliano. Resultante
de la reforma del calendario romano (en vigor desde la fundación de Roma)
decretada por Julio César, ese calendario fue observado por los cristianos
a partir de 532, cuando la Iglesia fijó como comienzo de la era cristiana
el día presunto del nacimiento de Jesús.
• 5100 de la era Kaliyuga, ”edad de los conflictos”. Ultimo ciclo cósmico
de la humanidad según la cosmogonía brahmánica, esta era se
habría iniciado en 3102 A.C. al término de la Gran Guerra que es el tema principal
del Mahabharata, y deberá terminar en el año 428999.
• 5543 de la era búdica, que conmemora la muerte de Buda;
• 5760, según el calendario israelita, basado en el calendario babilonio,
que conmemora la fecha presunta de la Creación.
|
|
De Osaka
a San Francisco, pasando por Beijing, Moscú y Pretoria, la fiebre milenarista
se ha propagado por el mundo entero. Sin embargo, algunos islotes resisten.
El 31 de diciembre a medianoche el planeta entra en el año 2000.
Desde hace varios meses —e incluso años— los proyectos se multiplican para
celebrar esa Nochevieja única, sobre todo en el mundo cristiano. ¿Pero
esa fecha tiene realmente el mismo significado en todas partes? “Por más que
se diga que el 31 de diciembre indica la llegada de un nuevo año, de un nuevo
siglo y de un nuevo milenio, para mí será un día como cualquier
otro”, exclama, con una sonrisa burlona, P. Balasubramanian, contable jefe de una
gran empresa de Madrás, en la India.
Para gran parte de la humanidad el año 2000 pasará totalmente inadvertido.
Pero, por seguir la corriente —así lo impone la mundialización— o porque
obtendrán algún beneficio, muchos no han resistido a la tentación
de celebrarlo.
El primer
rayo de sol del 2000
A primera vista, el
esfuerzo publicitario de los mercaderes del nuevo milenio ha terminado por llegar
a la mayor parte de la población india gracias a la televisión por
satélite. Nueva Delhi prepara su “Millennium night celebration”; los jefes
de estación anuncian con sus silbatos la partida de recorridos grandiosos
del subcontinente indio en tren; es imposible conseguir una habitación de
hotel en las principales ciudades turísticas del país, de Agra a Khajuraho,
pasando por Jaipur. Pero para muchos indios, en su mayoría hindúes,
el asunto no tiene ninguna importancia.
Según el Vikram Samvat, calendario de los hindúes y de los sikhs del
norte y del oeste del país, estamos ya en 2055, aunque el Shaka, el calendario
hindú más difundido a escala nacional, indica sólo 1920. Mientras
los indios católicos concluyen el año de gracia de 1999, los budistas
viven felices en el año 2542 y los musulmanes en el año 1420 de la
Hégira... Todos entraron, hace ya cien años, en el sexto milenio de
la era de Kaliyuga, la última de la humanidad en la cosmogonía brahmánica
(ver recuadro).
En resumidas cuestas, el milenio sólo interesa a los sectores sociales más
pudientes y occidentalizados de la India. “Es un legado del pasado colonial y un
buen negocio”, afirma Bhupinder Singh, sikh practicante, funcionario jubilado convertido
en hombre de negocios. Pero reconoce haber cedido a las reglas del juego: para la
promoción en la India del cantante clásico más famoso de Pakistán,
Shafqat Ali Khan, eligió el lema “¡La estrella del milenio!”
Pero hay otra “estrella”: la isla de Katchar, en la bahía de Bengala, será
la primera iluminada por el sol del año 2000 en el horizonte indio. Para sacar
partido de ese acontecimiento, y contrarrestar la falta de infraestructura, el Ministerio
de Cultura invitó a siete barcos de lujo de diversas procedencias a anclar
frente a las costas de las islas Nicobar.
Para atraer a los turistas hacia las islas Tonga, en medio del océano Pacífico,
Su Majestad Taufa’ahau Tupou iv decretó que el paso a la hora de verano se
produciría el domingo 3 de octubre de 1999. Al ganar 14 horas sobre la hora
GMT, el archipiélago se ha convertido en
el primer territorio del planeta que entrará en el año 2000. En el
pasado hay precedentes más insólitos: a raíz de una reforma
del calendario juliano, el Papa Gregorio xiii acortó en diez días el
año 1582, lo que significó que Santa Teresa de Avila murió en
la noche del 4 al 15 de octubre.
Con
bombos y platillos
Pero la competencia
es encarnizada: el Observatorio de la marina estadounidense en Tailandia afirma,
de acuerdo con una teoría muy controvertida, que el sol saldrá a las
7 de la mañana en el horizonte de la frontera entre Birmania y Tailandia,
con lo que esta última será “una de las mejores posiciones en el mundo
para acoger el nuevo milenio”. He aquí que los tailandeses están en
primera fila. Pero el espectáculo no les interesa. País del budismo
theravada, Tailandia, así como Lao, Camboya, Birmania y Sri Lanka, celebró
su tercer milenio hace 543 años. Además, festeja sus años nuevos
a mediados de abril, durante Songkran, la fiesta del agua.
Sin embargo, aquí y allá algunos adeptos del año 2000 procuran
despertar los apetitos. El gigante del turismo tailandés TAT
(Tourist Authority of Thailand) es uno de los pocos organismos que se ha lanzado
en la producción de acontecimientos “nuevo milenio”: boda del año 2000
para 2000 parejas, maratón 2000 o mega concierto a orillas del mar. Sin embargo,
en el sudeste asiático, que lucha por superar dos años de crisis económica,
el “nuevo milenio” no provoca ni auténtico interés, ni proyectos extravagantes.
Y si Tat registra un aumento de las reservas de hoteles de 30% con respecto a 1998,
es porque la casi totalidad de los clientes son extranjeros.
En cuanto al Japón, para entrar en la modernidad puso los relojes a la hora
occidental desde 1873 (era Meiji). Anteriormente utilizaba el Taiintaiyoreki, calendario
lunisolar del periodo Nara (645-794), edad de oro de la civilización nipona.
Durante casi un siglo, los japoneses, en particular los del campo, siguieron celebrando
el año nuevo “antiguo” añadiendo simplemente a éste el establecido
con posterioridad. Y como de acuerdo con la tradición, el cálculo del
tiempo parte de cero con el advenimiento de cada emperador, en realidad observaban
tres calendarios al mismo tiempo.
Hoy sólo algunos nostálgicos mantienen el Taiintaiyoreki, y la Nochevieja
se celebra el 31 de diciembre. Pero si los calendarios cambian con el correr del
tiempo, las tradiciones persisten. Así, los japoneses celebrarán el
año nuevo como sus antepasados, con sus juegos y elementos decorativos clásicos,
su indumentaria ancestral y sus platos de buenos augurios especialmente preparados
para la ocasión.
Un restaurante famoso ha anunciado con bombos y platillos la preparación del
Dit de Genji (nombre de la célebre novela clásica del siglo XII).
El menú comprende 35 platos para cuatro personas, que los paladares refinados
podrán saborear por la friolera de 8.000 dólares. Más accesible,
el popularísimo programa de televisión Kohaku uta gassen, una competición
entre los cantantes del año, como todos los 31 de diciembre será visto
por la mayor parte de los japoneses, que se quedarán en casa por el temor
que despierta el bug del año 2000.
En China, el año nuevo gregoriano será acogido con toda pompa. La municipalidad
de Beijing ha echado la casa por la ventana para construir, con la ayuda generosa
de algunos donantes de Hong Kong, el “Altar chino del siglo”. El complejo arquitectónico,
que comprende diversas salas de exposiciones, costó unos 24 millones de dólares
y movilizó a unos 200 arquitectos e historiadores del arte. El altar rotativo,
de 47 metros de diámetro, está dotado de una inmensa plataforma que
puede acoger a más de mil cantantes y bailarines. Se tiene acceso a él
por el “Túnel del tiempo”, de 300 metros de largo, cuyos relieves de bronce
representan los 5.000 años de historia del país.
Las generaciones de más edad preferirán sin duda esperar el mes de
febrero para celebrar la llegada del año del Dragón, y las provincias
alejadas permanecerán sordas al bullicio milenarista. Pero la juventud de
las ciudades espera con impaciencia la San Silvestre. Se burlan de los llamados al
orden de algunos ardientes defensores del calendario chino que se han opuesto públicamente
a este jubileo “bíblico” y de los astrónomos que, habiendo tomado en
serio el asunto, se empeñan en explicar que el nuevo milenio sólo llegará
12 meses más tarde.
Es cierto que en un calendario que comienza con el año 1 el siglo siguiente
sólo se inicia en 101, y así sucesivamente, hasta 2001. Pero cuando
se sabe que el calendario gregoriano sólo tiene 418 años en su forma
actual, mientras que ha cumplido 2044 como descendiente directo del calendario juliano
y que, por si fuera poco, Jesús habría nacido el año 5 antes
de si mismo (!), los jóvenes confucianos, budistas, taoístas, musulmanes,
cristianos y ateos llegan a la conclusión de que en definitiva el año
2000 no corresponde a nada, sino a la voluntad mundialmente compartida de entrar
anticipadamente en el nuevo milenio —a fin de divertirse y de hacer buenos negocios
al mismo tiempo— y no tienen ningún interés en faltar a la cita.
En el valle del Jordán se advierte el mismo frenesí: del lado israelí
“Nazaret 2000”; del lado palestino “Belén 2000”. A Dios gracias (sic), la
repartición de los santos lugares hace justicia a ambos pueblos que, pese
a la baja proporción de cristianos en sus filas, rehabilitan ahora esos sitios
que remiten a los albores del Cristianismo.
En una región rica en celebraciones, hay una marcada rivalidad por quién
recibe más visitantes. Después de los 3.000 años de Jerusalén
y los 50 de Israel celebrados de mala gana tras la congelación del proceso
de paz, el aeropuerto internacional israelí de Lod prosigue su extensión
bautizada “Ben Gurión 2000”, para recibir a los peregrinos que de Navidad
de 1999 a Pascua de 2001, recorrerán el vía crucis de Jesús
de Nazaret. ¿Serán 6 millones como estima el Vaticano, 3 a 4 millones
como han previsto las autoridades israelíes, o 2,5 millones como temen los
pesimistas que calculan un aumento del turismo de apenas 20%?
Los
mercaderes del Templo
Para Belén,
el año 2000 es también un año de retos económicos. Según
los cálculos de los expertos, la afluencia de turistas debería incrementar
el ingreso de la población palestina en 100 dólares anuales por habitante.
El Banco Mundial ha pedido a los países donantes que se adelanten a los Reyes
Magos e inviertan 85.000 millones de dólares en la restauración de
la ciudad. Los hombres de negocios también se han llevado la mano al bolsillo
para construir en ella 6.000 habitaciones de hotel.
El año 2000 sirve también de pretexto a proyectos aún más
profanos. Lejos de los rosarios, la última muestra de mal gusto en el puesto
de los mercaderes del Templo ¿no es esa cosecha “Jerusalén 2000” de
cabernet israelí? En su etiqueta aparece la Cúpula de la Roca, tercer
lugar santo del Islam después de La Meca y Medina, a despecho de una fe que
prohíbe el alcohol. ¿Tempestad en un vaso de vino? En todo caso, el
asunto ha llegado hasta la Liga Arabe.
En el mundo árabe, Egipto decidió llevar la voz cantante en los festejos
milenaristas a los que se niega a dar un carácter religioso. Como el jubileo
coincide con el comienzo del séptimo milenio del antiguo Egipto, la gran fiesta
se realizará lógicamente al pie de las pirámides de Gizeh. En
un escenario de 20.000 m2, más de mil artistas se unirán
al célebre compositor francés Jean-Michel Jarre, para presentar Los
doce sueños del sol. Los productores y financieros no tienen nada que temer:
los 9,5 millones de dólares gastados en el proyecto rápidamente serán
rentables, pues se esperan unos 50.000 espectadores que pagarán entradas de
150 a 400 dólares. Ese precio no está al alcance de los jóvenes
egipcios, que tendrán derecho, por una suma más modesta, a un “lugar
bajo el sol”.
El concierto se iniciará al crepúsculo del último día
de 1999 y proseguirá hasta el alba del primer día del año 2000.
Cuando el primer rayo de sol aparezca en el hemisferio occidental, una pirámide
dorada de 9 metros de altura se posará en la pirámide de Cheops, para
marcar con esplendor el acontecimiento.
¡Feliz Año!
El Correo de la UNESCO
|