El mito soviético de la igualdad
entre los sexos

El decálogo de las mujeres del Este

EL DURO DESPERTAR DE LAS MUJERES DEL ESTE

Elisabeth Kulakowska, periodista independiente

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De los cerca de 26 millones de empleos suprimidos en Europa Oriental desde 1989, unos 14 millones estaban ocupados por mujeres. Algunas han tenido que volver al campo, como aquí, en Rumania.









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Tres muchachas sorprendidas por un fotógrafo en el Parque Gorki, en Moscú.








“En Bulgaria, todos los años, 60.000 mujeres son golpeadas por sus maridos. Y sólo 1% de las violaciones se denuncian a la policía.”




El mito soviético de la igualdad
entre los sexos

Inmediatamente después de la revolución de Octubre de 1917, la Unión Soviética proclamó la emancipación de la mujer por el trabajo y la maternidad “armoniosamente conciliados”. Adoptado en 1919 y luego modificado en 1926 y 1936, el Código de la Familia de la Rusia bolchevique, aplicado más adelante a los países satélites, garantizaba numerosos derechos a las mujeres. El Estado había invertido mucho a fin de brindar a las mujeres un mejor acceso a la atención médica, a la educación y al mercado de trabajo. Se había creado un sistema bastante completo de guarderías infantiles (salvo en Polonia). Después de la Segunda Guerra Mundial, el propósito de facilitar el trabajo de las mujeres correspondía más a la necesidad imperiosa de reconstruir países en ruinas que a ideales igualitarios. Y si bien los países socialistas aplicaron programas positivos para las mujeres, no lograron, y ni siquiera intentaron, imponer una verdadera igualdad entre los sexos.
La cuestión de la discriminación sexual nunca se abordó abiertamente y las mentalidades siguieron siendo muy tradicionales. En la práctica, las mujeres asumían una doble carga, en el trabajo y en el hogar, superior por término medio en 15 horas semanales a la de los varones, según los estudios realizados. La igualdad de acceso al trabajo nunca estuvo unida a un reparto más equitativo de las responsabilidades familiares o de las labores domésticas en el seno de las parejas.
El abortó suscitó polémicas durante el periodo comunista. En los años veinte, la Rusia bolchevique adoptó una postura muy liberal, hasta que Stalin prohibió la ive en 1936. En la Unión Soviética, el aborto sólo volvió a ser libre y gratuito en 1955, pero las condiciones en las que se practicaba en los hospitales eran terribles. En la federación rusa actual sigue siendo libre pero no gratuito.




El decálogo de las mujeres del Este

Actualmente, los objetivos de los movimientos de mujeres de Europa del Este son los siguientes:
• Movilizar a los partidos políticos para estimular la participación de las mujeres en el proceso electoral.
• Definir políticas y prácticas profesionales que amplíen las posibilidades que se ofrecen a las mujeres.
• Apoyar a las mujeres jefes de empresa brindándoles cursos de formación y acceso al crédito.
• Iniciar el debate público sobre la igualdad de los sexos.
• Emprender acciones contra la violencia de que son víctimas las mujeres.
• Promover las responsabilidades compartidas en la educación de los hijos.
• Preservar el apoyo de los poderes públicos a los solteros con hijos, que en su mayoría son mujeres.
• Mantener y reforzar el nivel de instrucción de las mujeres.
• Cumplir los objetivos de la Organización Mundial de la Salud y del U
NICEF en materia de salud maternoinfantil.
• Modificar la legislación.

Las mujeres de Europa del Este, afectadas por la transición económica, empiezan a reaccionar contra la pauperización acelerada, la regresión social y la prostitución.

En Rumania y en Rusia, las mujeres denuncian la violencia de que son víctimas en el hogar; en Polonia se baten sobre todo por la legalización del aborto; en Bulgaria y en Hungría organizan campañas de sensibilización dirigidas a las muchachas atraídas por el dinero ganado fácilmente gracias a la prostitución: en todas partes las mujeres de Europa del Este procuran organizarse para defender sus derechos. La tarea es ardua.
En los antiguos países del bloque soviético, los profundos cambios políticos y económicos registrados desde comienzos de los años noventa han provocado un proceso de marginación de las mujeres, tanto desde el punto de vista de su representación en las instancias del poder como en el plano económico. En el papel, la igualdad de los sexos sigue figurando en todas las constituciones de los países de Europa Central y Oriental. En los hechos, la situación es muy distinta.

La feminización de la pobreza
Un informe del UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), titulado Mujeres en transición,1 que versa sobre 27 países del Este, corrobora con cifras este análisis. “El estudio permitió establecer que si bien el comunismo había brindado numerosas ventajas a la población femenina, especialmente en los ámbitos de la educación y la salud, no había logrado imponer una verdadera igualdad entre hombres y mujeres. Hoy, en el proceso de transición hacia una economía de mercado, la condición de la mujeres se deteriora”, destacó Carol Bellamy, directora general del UNICEF, al presentar este informe en septiembre de 1999. Desde 1990, en todos los países de la región, con excepción de Hungría, la reestructuración económica ha afectado sobre todo a los sectores industriales con abundante mano de obra femenina. En las ramas mixtas, las mujeres fueron despedidas antes que los hombres, de acuerdo con prácticas discriminatorias bastante conocidas que consisten en relegarlas prioritariamente “al hogar”. “De unos 26 millones de empleos suprimidos en Europa del Este desde 1989, cerca de 14 millones estaban ocupados por mujeres”, señala Bellamy. Actualmente, la tasa de desempleo femenino es por término medio superior en 5% a la de los varones.
No es raro, especialmente en Polonia, que un empleador exija a una candidata a un puesto una prueba que demuestre que no está embarazada. En Bulgaria y en Rumania, las columnas de los periódicos están llenas de anuncios abiertamente sexistas.
Frente a la magnitud de la crisis económica, los gobiernos han reducido drásticamente los gastos presupuestarios con finalidad social. También han derogado numerosas leyes del periodo comunista que garantizaban una situación privilegiada a las madres de niños de corta edad y a las madres solteras o que establecían un sistema de guarderías y de subsidios para el cuidado de los niños en edad preescolar. La desaparición de esas ventajas reduce las posibilidades de las mujeres de encontrar trabajo. Y cuando lo tienen, su remuneración es inferior a la de los hombres. La diferencia, como término medio, es de 24% en Rusia, 16% en Polonia, 15% en Hungría, según el U
NICEF. Como consecuencia de ello se asiste actualmente a una “feminización de la pobreza”, estiman los especialistas.
Uno de los efectos más graves de la crisis económica y de la apertura de las fronteras es que un número creciente de muchachas se dejan arrastrar a la prostitución o son engañadas por sus redes internacionales. Según estimaciones concordantes de la
ONG La Strada de Varsovia y la Organización Internacional para las Migraciones de Viena, casi medio millón de muchachas del Este (incluida la ex Unión Soviética) se prostituyen en Occidente. Regina Indsheva, presidenta de la Alianza de Mujeres para el Desarrollo, de Sofía, señala que “10.000 prostitutas búlgaras llegan anualmente al ‘mercado’ de los países de la Unión Europea”.
Las enfermedades de transmisión sexual ganan terreno. Aproximadamente una de cada cien muchachas sufre de sífilis en Rusia, afirma el U
NICEF. En cuanto al sida, en los 27 países estudiados en el informe, los casos de infección por el VIH pasaron de 30.000 hace cinco años a 270.000 a fines de 1998, afirma Bellamy. Por último, el recrudecimiento del alcoholismo y de la toxicomanía entre las muchachas más jóvenes es un fenómeno notorio, sobre todo en Rusia.
La violencia contra las mujeres, tema tabú que se ocultaba totalmente en los regímenes comunistas, apareció por primera vez en los titulares de los periódicos en Rumania y Polonia. El informe del U
NICEF destaca que “una encuesta realizada en Moscú reveló que más de un tercio de las mujeres divorciadas habían sido golpeadas por sus maridos”. Aunque la ley rusa prohíbe la violencia conyugal, en la gran mayoría de los casos los culpables no son objeto de ninguna sanción. En Armenia, Bulgaria y Georgia, los golpes entre cónyuges no están vedados. En Eslovenia, esas violencias sólo se sancionan cuando se trata de casos “graves”, pero no cuando ocasionan “heridas leves”, entre las que figuran, según la ley, “las fracturas de la nariz, de las costillas o los dientes quebrados.” “En Bulgaria, todos los años, 60.000 mujeres son golpeadas por sus maridos. Y solo 1% de las violaciones se denuncian a la policía”, afirma indignada Indsheva, cuya Alianza se moviliza contra la indiferencia de los poderes públicos.
En Polonia, el problema del aborto ha dado lugar a acalorados debates. Autorizada de 1959 a 1993, sometida en 1993 a condiciones sumamente restrictivas que se suavizaron en 1996, la interrupción voluntaria del embarazo (
IVE) está nuevamente prohibida desde 1997, salvo en casos de violación, de malformación del feto o cuando la vida de la madre está en peligro. Las presiones de la Iglesia Católica han sido un factor decisivo. Las ONG locales estiman que en Polonia se practican actualmente más de 30.000 abortos clandestinos al año. Fundada en 1991, la Federación Polaca para las Mujeres y la Planificación Familiar es una de las muchas organizaciones que se movilizan en favor de la legalización de la IVE.

Una movilización todavía incipiente
Rumania siguió el camino inverso: prohibido de 1965 a 1989, bajo Ceaucescu, el aborto se liberalizó totalmente en 1990. En vista de ello, ha disminuido la práctica sumamente común de abandonar a los niños no deseados en orfelinatos donde terminaban por morir. En otros países (en particular, Hungría, Lituania, Eslovenia, Eslovaquia y Ucrania), se ha cuestionado la ive o se han impuesto condiciones restrictivas.
Barbara Labuda, actualmente asesora para asuntos sociales del presidente polaco, fue una apasionada militante en favor de los derechos de la mujer en los años ochenta, dentro de Solidarnosc, primer sindicato independiente de los países del Este. Fundadora del grupo parlamentario de mujeres en Varsovia, Labuda suele confesar su desaliento ante la escasa participación de las mujeres del Este, sobre todo en el plano político. En el seno de las asambleas legislativas, sólo constituyen 13% de los representantes elegidos en Polonia, 10,4% en Bulgaria, 10% en la República Checa, 12,9% en Estonia, 8% en Hungría, 7% en Rumania, 14,7% en Eslovaquia y 7,8% en Eslovenia, según los datos nacionales.
En general, las reivindicaciones para mejorar la condición de la mujer siguen siendo muy mal miradas en las sociedades de Europa del Este. “La consigna sobre la igualdad de los sexos fue machacada durante los años del Partido Comunista, aunque sabíamos que no correspondía a nada en la realidad (
ver recuadro), explica Labuda. Por eso las mujeres son muy desconfiadas.” Sufren el agobio de una vida diaria muy difícil, lo que frena su movilización, añade por su parte Erzsebet Szabo, mediadora húngara encargada de la defensa de los ciudadanos frente a los abusos de la administración.
Las conclusiones de la directora general del U
NICEF son menos sombrías. Bellamy destaca que la democratización de los países del Este permitió la creación de numerosas asociaciones de mujeres y de ong sumamente activas en el terreno. Así, en la República Checa, las mujeres constituyen 70% de los miembros de las ONG, y en 1984, 85% de éstas eran dirigidas por una mujer. Polonia, donde la sociedad civil fue la primera en organizarse bajo el régimen comunista, cuenta con unas 200 asociaciones cuyas actividades están directamente vinculadas a las promoción de las mujeres o a la defensa de sus derechos. Las más importantes –unas diez– tienen como máximo unos cien miembros. En Rumania hay unas sesenta asociaciones de mujeres, al igual que en Albania y Bulgaria.
Por otra parte, las mujeres se incorporan cada vez más a los negocios. En nueve de los países estudiados por el U
NICEF,2 una cuarta parte de los empresarios son mujeres. En Bucarest, Cristina Grigorescu dirige la primera asociación de mujeres de negocios del Este, la AFIR, que cuenta con unos cien miembros. En todos los demás países de la región, las mujeres de negocios se agrupan en redes, en especial para vencer la reticencia de los bancos a otorgarles créditos.
El año 1995 fue decisivo para las organizaciones de mujeres del Este: por primera vez participaron libremente en la Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer en Beijing. Establecieron contactos entre sí y también con organizaciones occidentales. Desde entonces, la coalición K
ARAT agrupa a diez asociaciones de Albania, Bulgaria, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Macedonia, Polonia, Rusia, Rumania y Ucrania, y organiza encuentros regularmente.
Esas organizaciones sólo están en la etapa inicial de un largo recorrido y sus logros todavía son modestos. Pero todas siguen luchando, apoyándose en las generaciones jóvenes, a fin de que las mujeres de la era postcomunista no sean consideradas “ciudadanas de segundo orden”, requisito esencial para que la democracia se respete realmente en sus países.


1. El informe “Mujeres en transición” fue preparado por el equipo del proyecto MONEE en el Centro de Investigación Innocenti del UNICEF en Florencia. Analiza en detalle cómo el término del comunismo afectó a los 150 millones de mujeres y a los 50 millones de muchachas que viven en Europa Central y Oriental, en la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y en los Estados bálticos. El estudio versa sobre 27 países.
2. República Checa, Eslovaquia, República de Yugoslavia, Bulgaria, Rumania, Estonia, Letonia, Lituania, Rusia.


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El informe Mujeres en transición puede consultarse en Internet
http://unicef-icdc.org
El Centro de Información de las Asociaciones de Mujeres (OSKA) publica un índice de todas las organizaciones femeninas en Polonia. Se puede solicitar por correo electrónico: oska@oska.org.pl
• Coalicion KARAT: http://www.karat.org
Albania: Women in Development Association, Jeta Katro Beluli jkatro@hotmail.com
Bulgaria: Women’s Alliance of Development, Regina Indsheva, wad@olb.net
República Checa: Gender Studies Center, Linka Simerska, gender@ecn.cz
Macedonia: Union of Women’s Organizations of Macedonia, sozm@mt.net.mk
Polonia: Women’s Association for Gender Equal Status, Kinga Lohman, kingacom@waw.pdi.net

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