POTOSÍ, LÁGRIMAS DE PLATA

Fotos de Stephen Ferry, texto de Amalia Barrón, respectivamente, fotógrafo estadounidense y periodista en La Paz, Bolivia
La ciudad boliviana que hizo la prosperidad de Europa agoniza. Una población de mineros pobres sobrevive en medio de las ruinas de su antiguo esplendor.

“Es una miseria tal que dan ganas de llorar...” El historiador boliviano Valentín Abecia no exagera. Cualquiera que llegue hoy a las puertas de Potosí, principal artífice del esplendor de Europa entre los siglos XVI y XVIII, siente frío en la sangre. Con cerca de 2.000 millones de onzas de plata sacadas de su Cerro Rico durante la Colonia, esta urbe, que pavimentaba sus calles con adoquines de plata, impulsó el Renacimiento y contribuyó a financiar la Armada Invencible. Hoy Potosí es una ciudad moribunda.
“Cuando se cierra una mina, sólo queda en el lugar un campamento fantasma”, explica el alcalde, René Joaquino. Potosí es un campamento que estuvo sometido a los avatares de la minería en repetidas ocasiones, cada vez que los filones empobrecían o caía el precio de los minerales en el mundo. Tras la crisis en 1985 y el cierre de casi todas las minas, la gente corriente emigró por última vez. Dos años después, el gobierno dio nuevo impulso al sector y empezaron a retornar los mineros desempleados que se organizaron en 50 cooperativas.
La mayoría de la población, unos 120.000 habitantes, son indígenas quechuas, que subsisten arañando los restos de la minería colonial y republicana sin acceso a la tecnología moderna y sin protección alguna. Casi no existe clase media: “No conozco ningún potosino rico que viva en Potosí. Algunos han hecho dinero aquí, pero se han ido a vivir a otra parte. Las casas antiguas se están cayendo. Se llevaron los muebles y cuadros. Lo poco que se ha podido recuperar está en la Casa de la Moneda”, añade Abecia, conservador de ese histórico edificio hoy convertido en museo, a cargo del Banco Central de Bolivia.
Durante la Colonia, el Virrey Francisco de Toledo instauró en 1572 una forma de esclavitud temporal, la mita: una vez cada siete años, durante cuatro meses, los varones de entre 18 y 50 años estaban obligados a trabajar en las minas, casi sin paga y sin ver la luz del sol. Así murió 80% de la población masculina de 16 provincias del Virreinato del Perú. “Cada peso que se acuña en Potosí cuesta diez indios muertos en las cavernas de las minas”, escribía Fray Antonio de la Calancha en 1638.
Los métodos de explotación han cambiado poco. Todavía se trabaja “de sol a sol”. Se alquilan compresoras con las que se sopla aire a las galerías para que los trabajadores puedan respirar. Aún se sorprende a algún niño minero, que con su cuerpecito pequeño llega a las vetillas donde no cabe un adulto. El trabajo en el interior de la mina, con jornadas a veces superiores a las diez horas y con diferencias de temperatura muy pronunciadas con el exterior, se soporta masticando hojas de coca para procurarse energía. Un 70% de la población sufre de afecciones respiratorias. “Esto de las cooperativas es discutible —protesta Joaquino—, en realidad apenas un 20% de los trabajadores son cooperativistas, el 80% restante son obreros eventuales con sueldos de miseria.”
El centro histórico de Potosí, donde hoy habita una escasa clase media, está rodeado por un cinturón de pobreza que aloja a los cooperativistas. A ambos círculos los encierra otro mayor, el cinturón de miseria de los que huyen del hambre del campo y vienen a contratarse como peones mineros, mientras las campesinas del norte de Potosí emigran a las ciudades para mendigar. Duermen en el suelo de los mercados, ateridas de frío, calentando entre sus brazos al par de criaturas que llevan consigo. Bernardina Soles tuvo diez hijos. Se le murieron cinco, lo cual no es extraño pues la tasa de mortalidad infantil en Potosí es de 135 por mil. Su ilusión es sacar del pueblo a alguno de sus hijos, porque allí sólo existen los dos primeros cursos de escolarización. El departamento de Potosí tiene un 30,8% de analfabetismo.
En palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano, de aquella sociedad potosina “enferma de ostentación y despilfarro aún queda la vaga memoria de sus esplendores y las ruinas de sus templos y palacios”. Antes de que sea demasiado tarde, la Unesco promueve proyectos de restauración para unos 2.000 edificios coloniales y vigila la conservación del Cerro, donde las instalaciones mineras de la época de la Colonia son monumentos históricos. Quedan intactas una serie de galerías, ingenios, molinos, hornos y un conjunto de 22 lagunas artificiales construidas por el Virrey Toledo para hacer funcionar los ingenios.
“Recuerdo que en mi niñez, dice Abecia, el Cerro era un cono perfecto. Un hermoso cerro rojo, al sur de la ciudad. En los últimos cincuenta años se ha convertido en un cono envejecido, caído, destrozado. Las cooperativas han horadado tanto la roca que ya le han hecho perder su figura.” La mayor preocupación de la Organización es pues convencer a las autoridades bolivianas de que el Cerro, como Patrimonio de la Humanidad, requiere de una reglamentación que lo preserve y que le permita conservar un título que podría perder si el Comité Mundial estima que el Estado no lo protege suficientemente.

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“El trabajo en ‘interior mina’, con jornadas a veces superiores a las 10 horas y diferencias de temperatura muy pronunciadas con el exterior, se soporta masticando hojas de coca para procurarse energía.”



photo A tracción humana. Se requiere la fuerza de varios hombres para arrastrar el mineral desde la “bocamina” al ingenio donde se tritura la roca extraída. Los mineros de Rosario Bajo empujan el contenedor sobre unos rieles en mal estado.





photo La habitación de una familia minera en la zona de Calvario, un barrio de Potosí.

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Un hombre bebe mientras transporta una cruz y dos mujeres llevan una imagen durante la fiesta del carnaval, donde el fervor religioso no excluye los bailes tradicionales y los excesos alcohólicos.



photo Saludo a San Bartolomé, sombrero en mano, durante la peregrinación a La Puerta, en las cercanías de Potosí. Los mineros festejan durante varios días a sus santos preferidos en celebraciones religiosas mezcladas de paganismo.



Un minero ebrio masticando coca en Espíritu, sección Caracoles, durante una celebración dedicada al Tío (el demonio de las minas), a quien tres veces al año se le ofrece el sacrificio de una llama para que no se tome la vida de los mineros.

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Miseria sobre un trono de plata
carte Bolivia
Superficie: 1.098.581 Km
2
Población: 7.773.000 habitantes
Capital: Sucre (constitucional)
y La Paz (sede del gobierno)
P
IB por habitante: 1.003 dólares

Fuente: Anuario Iberoamericano 1999, Agencia Efe
La razón de ser de Potosí ha sido siempre la minería. Hoy la tecnología moderna de exploración asegura que este Cerro, que los cronistas coloniales calificaron de “perfecta y permanente maravilla del mundo”, conserva en sus entrañas tanta o más plata que la que se llevaron los españoles. Para sacarla, el gobierno pretende entregar su explotación a la empresa que obtenga una licitación internacional en curso.
En los últimos meses, la discusión se ha centrado en la forma de explotación de los futuros yacimientos: cortar la cima, con mayores beneficios económicos, pero desfigurando la montaña o preservar su perfil, perforando una galería horizontal hasta el bolsón de minerales que se pretende explotar. Según el geólogo Jaime Villalobos, ex ministro de Minas, “la mayor concentración de minerales se halla en la cúpula. El Cerro tiene una roca de muchas vetas y vetillas que permiten una explotación moderna: se saca toda la roca, se la muele, se la procesa y eso es económico. La forma más barata de explotación sería a cielo abierto.” Es decir, el corte por arriba. Comiéndose la punta de un cerro que es un símbolo nacional. Eso los potosinos no lo admiten. El 97% de ellos manifestaron en un sondeo que preferían morir de hambre antes que perder el perfil del Cerro y, con él, el título de Patrimonio de la Humanidad.
El proyecto de abrir una galería horizontal reúne consenso y es el que aconseja la U
NESCO. Pero esta forma es más cara: hay que escarbar, sacar el mineral y al mismo tiempo mantener la estructura del cerro. El muestreo que realizó Villalobos durante su gestión ministerial, “permite decir que en el Cerro hay tanta plata como la que se explotó, o sea más de medio millón de toneladas de roca con minerales de plata. Pero esto no significa que sea económicamente rentable porque una gran proporción es de baja ley”. Se requiere un estudio de factibilidad que correrá a cargo de la empresa que se lleve la licitación. Cuando se habla de minas aquí, hay un sentimiento de frustración que Villalobos comparte: “La minería, ya sea colonial, privada o de la estatal Corporación Minera de Bolivia, ha sacado riqueza no renovable de la zona y no ha dejado más que contaminación y pobreza. Una de las condiciones que tendría que tener este proyecto es generar ingresos para Potosí.”

El Correo de la UNESCO