El Salvador Indicadores básicos

El Salvador: EDUCO con los padres
Carlos Mario Márquez, periodista en San Salvador
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En Los Izotes, cerca de San Salvador, los padres participan activamente en la gestión de la escuela de sus hijos.








El Salvador
Indicadores básicos:

Población: 5,9 millones
P
NB per cápita: 1.810 dólares
Tasa de alfabetización: 77%
Tasa de alfabetización femenina: 74,2%
Tasa neta de escolarización primaria: 80,1%


Fuente: PNUD







La educación debe desempeñar una función crucial en el desarrollo económico y en la instauración y definición de valores que harán de Africa un continente política y culturalmente unido, armonioso y orientado al futuro. Sólo cuando se haya definido con claridad el objetivo de la educación, Africa podrá decidir cuál es la que mejor se adapta al desarrollo.

Fay Chung, ex ministro de Educación de Zimbabwe, miembro de la Comisión Internacional Educación para el siglo XXI

La integración activa de las comunidades en la administración escolar ha demostrado ser una alternativa eficaz para aumentar la cobertura educacional en las zonas pobres.

Como todas las instancias del país, la educación salvadoreña sufrió las consecuencias de la sangrienta guerra civil que asoló el país entre 1980 y 1992. A su término, medio millón de niños, especialmente de zonas rurales, estaban sin alfabetizar y la ausencia de maestros hacía difícil pensar en su escolarización. Según datos del informe gubernamental “Los acuerdos de paz en el Salvador”, el conflicto dejó daños en la infraestructura educativa por valor de 2.125 millones de dólares.
Apoyados por autoridades del ministerio de Educación salvadoreño (M
INED), los padres de familia de algunas de las comunidades más pobres decidieron tomar cartas en el asunto. De esa colaboración nació en 1991 el programa EDUCO, un concepto de educación inédito hasta entonces en América Latina cuyo concepto clave es la autogestión.
Definido oficialmente como “Programa de Educación con participación de la Comunidad”, E
DUCO capacitó a los padres para hacerse cargo de la administración de las escuelas, desde la contratación de los maestros hasta el pago de sus salarios. Los padres –campesinos y obreros– pronto comenzaron a elaborar planillas y a administrar los fondos que el MINED, previo contrato, les transfería para el pago de profesores y gastos de mantenimiento.
En Los Izotes, a 35 kilómetros al norte de San Salvador, 260 niños acuden a diario a clase en un pequeño edificio rodeado de árboles y pintado de azul y blanco, los colores de la bandera nacional. Ni los horarios, ni las materias, ni los programas: nada diferencia a su escuela de cualquier otra del país si no es que la dirigen personas de la propia comunidad.
Fue en Los Izotes y en otras cinco comunidades en zonas de extrema pobreza y difícil acceso donde E
DUCO dio sus primeros pasos. Desde allí la experiencia fue extendiéndose por todo el país, hasta convertirse en el componente principal de la estrategia educativa del gobierno. Según datos del MINED, mientras en 1991 EDUCO beneficiaba a 8.400 alumnos, en 1999 fueron más de 237.000 los pequeños que acudieron a estas escuelas autogestionadas. Todas ellas están encabezadas por una asociación comunitaria de educación (ACE), entidad sin fines de lucro integrada por padres de alumnos elegidos en asamblea general.
Esa estructura permitió descentralizar los programas de educación y, sobre todo, simplificar la administración de la enseñanza. De acuerdo con datos del M
INED, en 1999 funcionaron a nivel nacional 1.722 ACE con más de 4.700 maestros.
En Los Izotes, al ver que la población estudiantil aumentaba y sus hijos ya no tenían que recorrer largas distancias para llegar a un centro escolar de Quezaltepeque, la ciudad más cercana, los padres solicitaron al gobierno la construcción de un local que atendiera la creciente demanda. “El M
INED nos pidió buscar viviendas que sirvieran para el funcionamiento provisional de la escuela mientras los arquitectos levantaban el nuevo edificio en un solar donado por un hacendado del lugar”, recuerda Jorge Alberto Molina, presidente de la ACE de Los Izotes.
Molina, de 34 años y padre de cinco hijos, añade que después de varios meses de trabajo, el nuevo edificio se inauguró en mayo de 1999 y para este año 2000 espera atender a 300 menores, desde parvularia hasta séptimo grado. La alegría por contar con una escuela es visible en los niños: “Queremos mucho nuestra escuela, la tenemos cerca de nuestras casas y eso nos permite también ayudar a nuestros padres en tareas hogareñas o agrícolas”, comenta Víctor Valencia, un niño de once años estudiante de sexto grado.
Cada fin de mes, los maestros –que disponen de un contrato anual– elaboran un recibo y los directivos de la A
CE se encargan de abonarles sus salarios y de enviar las respectivas cuotas del personal docente al Instituto Salvadoreño del Seguro Social y a la administración de pensiones. Como en toda empresa privada, los padres están autorizados a aplicar descuentos en las pagas en caso de ausencia injustificada de un maestro. A final del año, los directivos de la ACE evalúan el rendimiento de los docentes y determinan renovar o rescindir sus contratos. Un maestro del programa EDUCO gana mensualmente 3.485 colones (400 dólares) y si tiene doble turno (mañana y tarde) recibe 514 dólares.
De un estudio realizado en 1997 por el M
INED con apoyo del Banco Mundial se desprende que, aunque las condiciones socioeconómicas de los niños que asisten a estas escuelas son peores que las de los alumnos de escuelas tradicionales, el desempeño académico logrado en ambos casos no presenta grandes diferencias. Sin embargo, en la enseñanza pública hay algunas voces críticas con este programa. Para Jesús Rivera, secretario general de la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños (ANDES 21 de junio, con 21.000 maestros afiliados), “el programa EDUCO niega a los maestros muchos derechos, incluyendo el de formar un sindicato. Como los contratos se renuevan cada año, los docentes no tienen ningún tipo de seguridad laboral”.
Pese a las críticas, en 1997 el Banco Mundial distinguió al programa como “proyecto bandera”. Además, en sus casi diez años de vida la iniciativa ha despertado interés en el extranjero; delegaciones de Brasil, México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Uganda, Senegal y de otra decena de países han visitado El Salvador para conocer la experiencia.
Por último, en las conclusiones del estudio de 1997 se destaca que E
DUCO ha servido para desarrollar un modelo de participación de la sociedad en asuntos del Estado, favoreciendo una expansión de la conciencia y la práctica democráticas. Santiago Miranda, miembro de la ACE de Los Izotes, no puede estar más de acuerdo: “EDUCO nos trajo el desarrollo y nos capacitó para llevar a cabo otros proyectos, como la construcción de una calle… antes ni los vehículos llegaban aquí. También cavamos un pozo para abastecer de agua la escuela, se nos instaló la electricidad y hoy… ¡hasta teléfonos tenemos en nuestra comunidad!”, exclama.

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