|

Circe
transformando en cerdos a los compañeros de Ulises. Grabado en madera (1868).

Actualmente, los laboratorios procuran criar en lugares esterilizados cerdos que
no sean portadores de ningún agente patógeno.
Las autoridades
sanitarias
del mundo entero han impuesto de hecho una suspensión de los experimentos
de xenotrasplante. Ello no significa que renuncien a proseguir la investigación.
|
Los trasplantes de órganos
de animales a los seres humanos salvan vidas, pero existe el riesgo de que transmitan
enfermedades graves. ¿Hay que seguir adelante por esa vía?
En octubre
de 1984, a Fae, una recién nacida aquejada de graves problemas cardíacos,
se le trasplantó el corazón de un babuino en un hospital de Estados
Unidos. Su suerte apasionó a millones de personas. Veinte días después
del trasplante, el cuento de ciencia ficción se transformó en tragedia:
Fae murió el 15 de noviembre de 1984. Su madre reprochó a los médicos
no haberle advertido los riesgos potenciales de la operación. Los cirujanos
ignoraban en ese momento que lo que estaba en juego iba más allá de
la vida del bebé. Hoy se sabe que el trasplante de órganos animales
a seres humanos puede favorecer la transmisión de enfermedades como el sida.
La comunidad científica recién empieza a evaluar los posibles riesgos
de un xenotrasplante (injerto de órganos o tejidos animales en el hombre).
Se han intentado unos 25 trasplantes de este tipo —el más reciente data de
1993— con riñones, corazones o hígados de babuinos o de otros monos.
La tasa de super Vivencia ha sido muy baja: la mayor parte de los pacientes murieron
en las semanas siguientes.
Cuando
los virus cruzan la barrera de las especies
Sin embargo, gracias
a los progresos de la biotecnología, se proyectan nuevos experimentos. Científicos
estadounidenses han implantado ya células de cerdo en pacientes diabéticos
o aquejados de la enfermedad de Parkinson. Otros esperan luz verde para embarcarse
en trasplantes de órganos porcinos. Este interés renovado provoca una
creciente inquietud: un virus presente en el cerdo podría contagiarse al paciente
y luego a otros seres humanos, provocando una pandemia.
Cuando un virus cruza la barrera de las especies, los resultados pueden ser catastróficos.
Hoy se sabe que por lo menos una de las formas del VIH (virus de la inmunodeficiencia humana,
responsable del sida) fue contagiada al hombre por el mono, en una infección
aislada, hace sesenta años. Asimismo es posible que la epidemia de gripe de
1918-1919, que costó la vida a decenas de millones de personas, se desencadenara
a raíz del contagio de un ser humano por un mono. Entonces es lícito
que toda la sociedad se pregunte si la esperanza de salvar miles de vidas justifica
el riesgo de provocar una catástrofe sanitaria. A falta de datos científicos,
el asunto plantea un dilema ético que los especialistas no pueden resolver
por sí solos.
El trasplante de órganos humanos fue víctima de su propio éxito.
Actualmente, los cirujanos son capaces de realizar injertos de unos 25 tipos de tejidos
o de órganos humanos, y la tasa de suPERVivencia mejora constantemente (60%
de los pacientes viven más de cinco años). Han beneficiado a más
de un millón de personas desde 1954, fecha del primer trasplante. Pero la
oferta no basta para hacer frente a la demanda: de 1988 hasta el presente, el número
de personas fallecidas antes de haber recibido un nuevo órgano se duplicó.
Hay poderosos argumentos económicos en favor de los xenotrasplantes. Según
la OCDE (Organización de Cooperación y
Desarrollo Económicos), unos 700.000 pacientes dependen de un riñón
artificial, lo que representa un costo anual de 19.000 millones de dólares
a escala mundial. El injerto de un riñón resulta 60% más barato
que mantener a un paciente sometido a hemodiálisis durante toda su vida. Superar
los problemas del xenotrasplante podría abrir un mercado de unos 6.000 millones
de dólares, y unos 5.000 millones adicionales por los tratamientos farmacéuticos
asociados (destinados a impedir el rechazo de los órganos por el sistema inmunitario).
Uno de los principales grupos en la palestra es el gigante suizo de la industria
farmacéutica Novartis, que fabrica ciclosporina A, el principal medicamento
utilizado en los trasplantes humanos. Controla también el laboratorio de biotecnología
Imutran, instalado en el Reino Unido, que practica manipulaciones genéticas
en cerdos destinados al xenotrasplante.
Se prefiere a los cerdos, pues los primates como el babuino se han descartado en
razón de su similitud biológica con el ser humano, lo que aumenta el
riesgo de contagio, como quedó claramente de manifiesto con el sida y el virus
Ebola. Además, muchas personas sienten escrúpulos ante la idea de extraer
“piezas de repuesto” de nuestros primos, mientras que el cerdo se come desde hace
siglos. Por último, la cría y la manipulación genética
de los cerdos ofrecen menos dificultades.
Normalmente el cuerpo humano debería considerar un órgano porcino como
un “intruso” y destruirlo en pocos minutos privándolo de todo aporte sanguíneo.
Los laboratorios han descubierto la forma de eludir esas defensas inmunitarias introduciendo
proteínas humanas en los órganos del cerdo, mediante una manipulación
genética. En cierto modo, esas proteínas constituyen un disfraz humano
para el órgano porcino. Sin embargo, al cabo de cierto tiempo, el cuerpo humano
se da cuenta del engaño y contraataca. El laboratorio Imutran procura poner
a punto nuevos medicamentos y estudia la integración de otros genes humanos
en el genoma del cerdo, explica la Dra. Corinne Savill, directora del laboratorio.
Hipótesis
inquietantes
Sin embargo, no se
puede descartar que esos cerdos “a medida” faciliten la transmisión de agentes
patógenos de los animales a los seres humanos, advierte el Dr. Robin Weiss,
de la Universidad de Londres. En 1998, Weiss publicó artículos que
explican cómo los virus porcinos pueden “ocultarse” tras las proteínas
humanas introducidas en los cerdos y sortear la vigilancia del sistema inmunitario
del paciente. Esas proteínas podrían también “invitar” a los
virus a entrar en las células humanas. Así, el CD55,
una de las proteínas humanas utilizadas por Imutran, entre otros laboratorios,
torna al organismo humano más vulnerable a diversos virus próximos
al de la polio. Supongamos, dice Weiss, que los cerdos sean portadores de virus similares.
En circunstancias normales no tendrían ningún efecto en el hombre a
causa de las diferencias genéticas. Pero es posible imaginar que el virus
porcino “aprenda” a utilizar el CD55 y contagie al receptor del órgano
porcino. Desde el momento en que infecta a un solo ser humano, un virus porcino puede
experimentar una nueva mutación y propagarse.
Todo ello no tendría mayor importancia si fuera posible contar con cerdos
perfectamente sanos, explica Weiss. Imutran procura criar en lugares esterilizados
cerdos que no sean portadores de ningún agente patógeno. Pero aunque
esos lugares se mantuvieran totalmente herméticos, no sería posible
eliminar todos los riesgos, en especial los resultantes de los retrovirus endógenos
porcinos, o PERV, presentes en los genes del animal.
Weiss se ha concentrado en tres tipos de PERV, descritos como “primos” del VIH.
Dos de ellos pueden infectar las células humanas. Las conclusiones de Weiss
causaron viva impresión en los servicios de salud pública y en la industria
farmacéutica. De inmediato, se localizó a las personas que habían
recibido injertos de tejidos porcinos. De los 175 pacientes sometidos a las pruebas
correspondientes ninguno había sido contagiado por el PERV.
“Es un alivio”, reconoce Weiss. “Pero el hecho de que ese virus en particular no
sea altamente contagioso no significa que el xenotrasplante no entrañe riesgos.”
Los pacientes en cuestión recibieron injertos de tejidos porcinos, y no de
órganos, que aumentan el riesgo infeccioso. Por lo demás, las pruebas
se realizaron sobre los tres retrovirus conocidos. Pero ¿qué sucede
con agentes patógenos desconocidos? Weiss estima que puede haber retrovirus
ocultos en alguna parte del cuerpo humano que se tornen peligrosos con el correr
del tiempo.
François Meslin, de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
formula una hipótesis aún más inquietante: después de
un xenotrasplante, un paciente portador de un virus no detectado lo transmite por
contacto sexual. A medida que el virus cambia de portador se torna cada vez más
nocivo. “Cualesquiera que sean las precauciones adoptadas, es imposible saber hasta
qué punto se puede llegar con un nivel de riesgo aceptable”, declara Meslin.
Menciona la encefalopatía espongiforme bovina(enfermedad de la vaca loca),
como el caso más reciente que ha planteado este tipo de dilema.
Desde que Weiss dio la voz de alarma, las autoridades sanitarias del mundo entero
han impuesto de hecho una suspensión de los experimentos de xenotrasplante,
que los médicos llaman ensayos clínicos. Ello no significa que renuncien
a proseguir la investigación. En realidad, los gobiernos occidentales encargan
a órganos consultivos especializados que examinen las solicitudes de autorización
de ensayos clínicos y fijen mecanismos estrictos para controlarlos.
Responsabilidad
científica y dilemas éticos
Estados Unidos y Gran
Bretaña, que llevan la voz cantante en el plano de la xenoinvestigación,
elaboran actualmente directrices para el seguimiento no sólo de los pacientes,
sino también de los miembros de su familia y del personal de salud. Las autoridades
se niegan a dar detalles al respecto. Sin embargo, se sabe que se piensa recomendar
a los receptores que se abstengan de tener hijos, de casarse, e incluso de viajar
al extranjero. Como hace notar Bartha Maria Knoppers, especialista canadiense en
bioética consultada regularmente por la OCDE, todo ello recuerda la situación
de las personas portadoras del VIH. Knoppers estima que un seguimiento
cuidadoso de los pacientes no justifica que se violen los derechos humanos. “Además,
añade, ¿seremos realmente capaces de cumplir las directrices?” ¿Será
posible, por ejemplo, prohibir a una paciente que conciba un hijo dos años
después de un ensayo clínico?
La industria farmacéutica será sometida a un estricta vigilancia. Normalmente,
cuando un laboratorio se propone ensayar nuevos medicamentos con seres humanos puede
ampararse en el secreto comercial. Sólo está obligado a informar al
organismo gubernamental competente, que en Estados Unidos es la FDA
(Federal Drug Administration). Pero tratándose del xenotrasplante, un comité
consultivo especial, compuesto por unos quince científicos estadounidenses,
examinará todas las solicitudes de autorización de ensayos de órganos
animales en el hombre antes de que la FDA dé a conocer su decisión.
“La falta de pruebas no significa que no haya riesgos”, explica Phil Noguchi, director
del departamento de terapias celulares y génicas del FDA.
Cita el caso de ciertos laboratorios que, en 1998, se preciaban de haber producido
cerdos exentos de agentes patógenos y que estudiaron nuevamente los riesgos
potenciales tras el descubrimiento del retrovirus PERV. La FDA confía en que el comité
consultivo examine hasta el “último resquicio” susceptible de albergar un
virus. “Nuestra posición es sumamente difícil pues, en buena medida,
dependemos de la industria para obtener la prueba de que un experimento clínico
no entraña riesgos”, hace notar Noguchi.
A su juicio, las instancias consultivas constituyen al menos un marco para el debate
público en que podrían abordarse los problemas éticos, trátese
de la protección de los animales o de la selección de quiénes
pueden recibir órganos de éstos. La industria podría elegir
a los pacientes con mejores perspectivas de super Vivencia en vez de aquéllos
que más necesitan un injerto. Transcurrirán años antes de que
los órganos porcinos sean totalmente fiables. A un enfermo al borde de la
muerte, un injerto porcino podría darle algunas semanas de respiro, en espera
de encontrar un órgano humano disponible.
¿Debe darse prioridad a estos pacientes? John Davies, de la Fundación
Nacional para las Enfermedades del Riñón en Estados Unidos, plantea
un tercer problema esencial: “No queremos que, pasados los primeros ensayos de trasplante
animal, las personas dejen de donar órganos a sus parientes por creer que
el problema ya está resuelto”, afirma.
Lo que ocurre es que el debate opone a personas directamente involucradas, de uno
u otro modo, pero sin que participe el público en general. “Tendría
que haber una especie de consentimiento colectivo previo”, estima el Dr. A. S. Daar,
de la Sultanía de Omán, presidente del grupo consultivo sobre xenotrasplante
de la OMS. “¿Basta con que la FDA
sea responsable de la protección del público para considerarla portavoz
de la opinión estadounidense? Mientras el público no esté informado
y no se abra un debate sobre el tema, no creo que se deba seguir adelante con los
ensayos clínicos.”
Un comité
de ciudadanos responsables
Daar estudia la posibilidad
de crear un comité internacional de ciudadanos “responsables”, integrado por
científicos y especialistas en bioética reunidos por el Centro Hastings,
prestigioso grupo de reflexión neoyorquino. El objetivo perseguido es incitar
a los Estados a constituir comités nacionales pero no gubernamentales, integrados
por individuos de todas las procedencias interesados por el xenotrasplante, pero
sin que el problema les afecte directamente. Estos comités celebrarían
“conferencias de consenso” —semejantes a las asambleas que reúnen a la población
de una ciudad en Estados Unidos— a fin de divulgar la información y medir
las reacciones del público. Esta proposición fue formulada por Fritz
Bach, de la Escuela de Medicina de Harvard, que fue el primero en pedir una suspensión
de los ensayos clínicos en Estados Unidos.
“Debatir públicamente temas tan complejos no contribuirá a aclarar
la situación”, afirma Savill, de los laboratorios Imutran/Novartis. “En cuanto
a los consejos creados por los gobiernos, se trata de saber, como siempre en nuestras
sociedades, si las decisiones son adoptadas por las personas que corresponde, en
el lugar que corresponde. Y si al público le merecen confianza.”
Bach sigue siendo escéptico. “Piensen en todo el escándalo que han
suscitado los OGM (organismos genéticamente modificados)”,
dice. “Si un comité de grandes especialistas, sin ningún lazo con Monsanto,
hubiera explicado al público que no veía ningún riesgo en el
consumo de los OGM, no se habría producido una
reacción de esa índole. Lo que causa más temor es lo desconocido.”

• La
OMS y el Ministerio de Salud del Canadá abrieron un sitio, acogido por la
OCDE, para debatir sobre el xenotrasplante:
www.oecd.org/dsti/sti/s_t/biotech/xenosite/country.htm
El Correo de la UNESCO
|