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Idir, una voz bereber
Jasmina Sopova, periodista del Correo de la UNESCO
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Idir









No existe forma más alta de pertenecer a un pueblo que escribir en su lengua.

Heinrich Böll, escritor alemán (1917-1985)

Figura emblemática de la cultura bereber, el cantante argelino Idir lucha por el reconocimiento de su lengua con su guitarra como única arma.

“Txilek elli yi n taburt a vava invba / ccencen tizebgatin im a yelli ghriba…” (“Te lo ruego, padre Inuba, ábreme la puerta / Oh hija Ghriba, haz tintinear tus pulseras…”) Este estribillo de una canción cabileña, “A Vava Inuva”, dio la vuelta al mundo a comienzos de los años setenta. Sólo los doce millones de bereberes, dispersos en una vasta zona del Africa septentrional y sahariana, pudieron entender el significado de la letra. Sin embargo, esa canción se convirtió en un éxito internacional. Su autor, el joven argelino Hamid Cheriet, eligió el pseudónimo Idir (“vivirá”). “En tiempos de las grandes epidemias, se daba ese nombre a los recién nacidos para conjurar la mala suerte. Lo elegí pensando en mi cultura, que sentía amenazada”, afirma.
Concentrados esencialmente en las montañas de Marruecos y de Argelia, los bereberes hablan chaui, chelja, cabileño, mzab, rifeño, shawiya, tshalhit, tuareg, targui, tarifit, dialectos todos del tamazight, su lengua materna, que sólo es reconocida como idioma nacional en Níger y Malí. En otros lugares, la cultura bereber es ignorada e incluso prohibida.
“Me dan un pasaporte argelino, pero necesito autorización para hablar mi idioma”, protesta Idir, quien, al igual que el gran poeta martiniqués Aimé Césaire, presta su voz “a los que no tienen voz”. Escribir en francés, el idioma del colonizador en el que hizo todos sus estudios, de la escuela primaria a un doctorado en geología, o en árabe, enseñado en esa época como segunda lengua en Argelia, jamás se le pasó por la cabeza. “De todos modos, si no hubiera salido de mi aldea, no habría hablado ni una palabra de árabe”, dice, antes de añadir: “El francés o el árabe me permitirían probablemente hacer llegar mi mensaje a un público más vasto, pero no sabría cómo hacerlo ni qué decir.” Lengua de las emociones y de sus primeros cuentos, el cabileño le viene naturalmente en el momento de escribir poesía. Pero también es una opción. “Cantar en cabileño es en sí un acto militante, una manera de expresar mi rebelión, de decir que existo. Si hubiera desempeñado otro oficio, habría encontrado otros medios para expresar las mismas reivindicaciones.”

Un éxito inmediato
La canción es un accidente en la vida del joven Hamid Cheriet, nacido en 1955 en Ait Lahcene, aldea remota de la montaña Djurdjura, en la Gran Cabilia. A los nueve años sigue a su padre a Argel, con su madre, su hermana y sus dos hermanos. Asiste a la escuela de los misioneros jesuitas: “ser cabileño era considerado entonces una señal de disidencia pueblerina.” Fue su profesor de ciencias naturales quien le enseñó a “rasgar la guitarra”. El futuro geólogo empezó componer desde los 16 años y simpatizó con los cantantes cabileños. En 1973 fue llamado para reemplazar en el último momento a la famosa cantante Nouara, que no podía interpretar en directo en la radio cabileña de Argel la canción de cuna que había compuesto para ella.
El éxito fue inmediato. En 1975 viajó a París para firmar un contrato con Pathé-Marconi y se quedó allí. Desde entonces, el hijo de Aurés no cesa de divulgar con sus arpegios la cultura bereber, prolongando así un movimiento lanzado a partir de los años cuarenta por grandes escritores argelinos como Jean Amrouche, Mouloud Mammeri, Mouloud Feraoun, Kateb Yacine. Para esos pioneros, si querían hacerse oír, la defensa de la lengua bereber pasaba por el francés. Amrouche decía: “Pienso y escribo en francés, pero lloro en cabileño.” Hoy Idir puede ir más lejos.
Reivindica tres lenguas para Argelia: el árabe, el bereber y el francés. “Quisiera que Argelia tenga en cuenta a los que vio vivir en su tierra, a los que la quieren, a los que desean construirla cualquiera que sea su origen, su lengua o su religión. El islam no puede ser una religión del Estado. La religión es para los creyentes y no para los gobiernos. No es posible que el árabe esté en una situación de preeminencia so pretexto de que es la lengua sagrada del Corán. Y con mayor razón el árabe clásico, lengua depurada que el pueblo no entiende. Ninguna lengua es más legítima que otra, aun cuando el bereber sea cronológicamente la más antigua. Una casualidad histórica instaló a esos tres idiomas en esta tierra. Y en ella deben permanecer.”

Lengua e identidad
Pero por el momento hay escasas posibilidades de que así sea. El único medio de información en bereber en el territorio argelino sigue siendo la radio cabileña que inició sus transmisiones en 1948, y “es la única sometida a una comisión de censura.” Otra herencia francesa es que “el bereber permite ganar puntos en el bachillerato como opción facultativa”, pero no figura en el programa de educación nacional. Desde su elección en 1999, el presidente Abdelaziz Bouteflika descartó a su vez toda posibilidad de reconocimiento institucional del bereber, salvo como resultado de un referéndum frente al cual los cabileños se muestran reticentes. “Esa idea es muy peligrosa. Si se lleva a cabo el referéndum, lo más probable es que el resultado sea negativo. Y si el pueblo dice no a una parte de sí mismo, ello significaría que no tenemos nada que hacer juntos. Ahora bien, en ningún momento de la historia los cabileños han deseado la independencia, salvo algunos exaltados.” En efecto, su principal reivindicación es el reconocimiento de su identidad en el seno de su patria. “Como cabileño, quisiera ser un argelino a carta cabal, y no totalmente aparte, como ocurre hoy en día.”
Minoritario en Argelia, como en Francia, Idir opta por compartir. El título de su último álbum, que apareció en Sony a fines de 1999 (disco de oro, con 250.000 ejemplares vendidos), no es anodino: Identités (Identidades) en plural. En él canta con, entre otros, la irlandesa Karen Matheson, el ugandés Geoffrey Oryema, los bretones Gilles Servat y Dan Ar Braz, el francogallego Manu Chao, los grupos franceses Gnawa difusión y Zebda, respectivamente de origen árabe y bereber, representantes todos de culturas marginadas que le han permitido demostrar que la suya “por minoritaria que sea, puede integrarse en lo universal.”

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