sommaire  
d'ici... opinion notre planete
ethiques signes connexions dires
focus

La supremacía del inglés

Un escritor en gikuyu

Idir, una voz bereber

Heuskera, ialgi adi kanpora
Entrevista realizada por Lucía Iglesias Kuntz, periodista del Correo de la UNESCO
photo
Bernardo Atxaga





El idioma es poder… y puede usarse como un medio de cambiar la realidad.

Adrienne Rich, escritora estadounidense (1929- )












Los periódicos nacionales no publican jamás una sola noticia positiva sobre la lengua, ni una sola. Eso es un abuso.

“Lengua vasca, sal a la calle”, decía una canción del siglo XVI. Tal es el credo del escritor Bernardo Atxaga*, que reivindica el euskera y el castellano como dos primeras lenguas.
*Bernardo Atxaga, pseudónimo de Joseba Irazu Garmendia, nació en 1951. Trabajó como economista, profesor de euskera, librero y guionista de radio antes de dedicarse por entero a la literatura. Obabakoak (1988) es la obra que lo consagró como escritor y por la que recibió el Premio Nacional de Literatura en 1989. También es autor de Etiopía (1978), Memorias de una vaca (1992), El hombre solo (1993), Dos hermanos (1995) y Esos cielos (1996).

De origen desconocido y cuatro o cinco milenios de existencia, el euskera es hoy el idioma de unas 600.000 personas en el País Vasco español y Navarra y otras 80.000 en la región vasca francesa. El claro retroceso que vivió este idioma durante los cuarenta años del franquismo ha dado paso a una convalecencia prometedora gracias a tres factores: la unificación del euskera en torno a una lengua literaria común, su reconocimiento como lengua cooficial, en 1979 y el fomento de su enseñanza. Paralelamente, la literatura en lengua vasca se abre camino gracias a un puñado de autores comprometidos con su uso. Uno de ellos, Bernardo Atxaga, de 48 años y Premio Nacional de Narrativa en 1989 por Obabakoak, es el primer escritor en lengua vasca que ha obtenido reconocimiento internacional.

¿Recuerda personalmente la represión del euskera durante los años del franquismo, o hay más mito que verdad?
Es una verdad absoluta, aunque también es cierto que el euskera no atravesaba una situación boyante antes de la guerra civil. Sólo una sociedad que tiene médicos de guardia los domingos puede preocuparse por salvar su lengua. Antes de la guerra, el País Vasco tenía enormes problemas económicos; mantener la lengua era un milagro sólo al alcance de las castas intelectuales o religiosas. Y mi caso personal es un poco parecido. Mi abuelo era carpintero, y mi bisabuelo también. Desde luego tenían otras preocupaciones que conservar su lengua…Yo tuve otra instrucción, e instrucción para mí es sensibilidad, así que me dije que por qué iba a perder un idioma que había heredado. En cuanto a la represión, en mi infancia fue tremenda. Mis hermanos y yo sufríamos palizas en la escuela si nos sorprendían hablando vasco…y era la lengua que hablábamos en casa. Sabíamos que en ningún lugar público debíamos utilizar la lengua vasca so pena de ser castigados.

Con la democracia, la autonomía y las leyes de normalización lingüística, se pasó en muy poco tiempo de la represión total a la obligatoriedad actual de aprender la lengua vasca en la escuela, ¿qué le parece esta iniciativa?
También se obliga a aprender inglés. Es un tema muy complejo de analizar, porque ¿hasta qué punto tiene un Estado derecho a marcar una línea oficial en la enseñanza? Y, sin embargo, hasta ahora lo hacen todos. El ministerio de Educación es fundamental en todos los países, hay muy poca libertad en este sentido. Por otra parte, la gente que vive en el País Vasco y no quiere saber nada de nuestra lengua ni de nuestra cultura no es gente respetable.

¿No hay un exceso de utilización política del euskera?
Sinceramente, creo que no. No veo cómo medio millón de personas pueden hacer barrabasadas a 35 millones de españoles castellanohablantes. Al contrario, pienso que sencillamente hay mucho abuso de la mayoría. Los periódicos nacionales no publican jamás una sola noticia positiva sobre la lengua, ni una sola. Eso es un abuso.

La unificación del euskera en torno a un registro común normalizado es todavía objeto de polémica, ¿piensa que era indispensable para su supervivencia?
Ningún idioma del mundo progresa con una diferenciación o una fuga constante. Todas las lenguas son centrífugas, pero al mismo tiempo existe una tendencia al “centripetismo”, a atraer de nuevo al idioma a un registro común, porque de lo contrario ninguna función superior de una lengua podría realizarse. No se pueden escribir libros de arquitectura en pidgin,
1 habrá que utilizar un inglés estándar, forzado en aras de una mejor expresión de lo que se quiere contar. En inglés, cada comunidad desarrolla su forma de hablar, su propio acento. Se puede estar a favor o en contra de esa disgregación, pero como decía un lingüista amigo mío a sus alumnos chicanos, “podéis hablar en spanglish, pero si queréis estudiar Derecho tendréis que escribir en inglés”. Todas las lenguas que progresan tienden a la simplificación. Ese mismo amigo mío afirma que en ningún sitio es la lengua más compleja que en una aldea. En Chicago o en Nueva York el inglés es mucho más sencillo que en un pueblo perdido de Irlanda.

Siendo completamente bilingüe, siempre escribe primero en euskera, ¿por qué?
Literariamente, estoy acostumbrado a pensar en euskera. La confección de un cuento o de un poema siempre es en esa lengua, que es mi lengua íntima, en la que yo hago mis apuntes en mis cuadernos, aunque esté en Estocolmo o en Madrid. Me he acostumbrado a esa práctica, que no creo que tenga mucho de ideología, es una técnica sin más. Otras personas requieren meterse en un convento y estar cien días sin salir. Dentro de mi ceremonia de la escritura está el escribir primero en lengua vasca. Y he llegado a la conclusión de que no es algo tan importante ni tan definitorio. Me daría igual escribir en cualquier otra lengua que supiera.
Pero llama la atención que sea usted quien se traduce a sí mismo.
Hay lenguas que están más o menos próximas, que son como las hojas de un calco que coinciden una sobre otra. Ocurre con el catalán y el castellano. Gráficamente, yo veo la traducción como un salto, y el salto del catalán al castellano es como bajar de la acera a la carretera. Pero en la lengua vasca el salto interpretativo es enorme y es muy arriesgado dejárselo a un traductor. En general, lo que yo hago es “cotraducir”. Personas muy cercanas a mí hacen una primera versión, que yo destrozo y hago la definitiva. Es muy difícil explicar lo que es ser un escritor bilingüe, es durísimo enfrentarse al propio texto para traducirlo. A mí cada vez me da más vértigo, cada vez veo los textos más lejos unos de otros.

En cambio, las traducciones de sus libros a lenguas extranjeras se hacen a partir del castellano, ¿no tiene eso algo de claudicación?
No, porque el concepto que tengo de lengua, que yo uno siempre al de forma de vida, hace que el castellano sea también para mí una primera lengua. En mi forma de vida hay dos primeras lenguas, y afortunadamente me puedo valer de las dos.

¿Se considera nacionalista?
España no me desagrada. En mi concepción política no soy independentista. España no me parece una mala organización ni un mal país. Otra cosa es estar dentro de una manera crítica.


1. Se da el nombre de pidgin a toda lengua de relación
de gramática simplificada, nacida como consecuencia
del contacto de lenguas diferentes.

top