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Quien no conoce lenguas extranjeras
nada sabe de la suya propia.
Johann
Wolfgang Goethe, escritor alemán (1749-1832)
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Hay que fomentar el trilingüismo
(una lengua materna, una “de vecindad” y una internacional) y salvar las lenguas
pequeñas enseñándolas, estima el lingüista Joseph Poth*.
*Director
de la División de Lenguas de la UNESCO en París
¿Existe un
vínculo entre política lingüística y cultura de paz?
El vínculo es directo. Cuando se reprime una lengua materna minoritaria, se
crea en sus hablantes un malestar, un conflicto interno. Y cuando no se está
en paz consigo mismo no se puede estarlo con los demás. Las lenguas siguen
siendo el único instrumento que permite comunicarse, es decir dialogar y entenderse,
sea por escrito, oralmente o a través del ciberespacio. Esta filosofía
–preocuparse de los idiomas, instrumentos de diálogo, para responder a los
problemas que plantean la intolerancia y la violencia– inspira, desde hace quince
años, el proyecto Linguapax de la UNESCO. (Ver p. 30.)
La comunidad internacional ¿no reacciona con mucho retraso ante la cuestión
lingüística?
La comunidad internacional se está despertando. En diciembre de 1999, 69 Estados
sometieron a la Asamblea General de las Naciones Unidas un proyecto de resolución
por el respeto del multilingüismo. La Conferencia General de la UNESCO
acaba de aprobar cuatro resoluciones en favor de la diversidad lingüística
y de la educación plurilingüe. En 2001, la Unión Europea y el
Consejo de Europa organizan, con la participación de la UNESCO,
el Año Europeo de las Lenguas. Se trata de un ejemplo encomiable de cooperación
internacional, pues concierne a todos los idiomas y no sólo a los europeos.
Va a marcar el comienzo de múltiples proyectos, que se ejecutarán en
todas partes del mundo.
¿Cómo explica este nuevo interés?
Desde hace algunos años la cuestión lingüística se
encuentra a la orden del día en el panorama educativo mundial. Constantemente
recibimos peticiones de Estados miembros que buscan cómo resolver situaciones
lingüísticas sumamente complicadas. Europa, pero también Africa,
Asia y América Latina, han entendido que el tercer milenio será el
de la cooperación y de las confederaciones, y que habrá que conciliar
los imperativos de la preservación de la propia identidad con los de la comunicación.
¿Cuál es el objetivo principal de la política lingüística
internacional?
Llegar a promover el trilingüismo en todas las sociedades. Es un objetivo
que algunos países han alcanzado hace tiempo. Luxemburgo, por ejemplo. Y si
uno dice a los luxemburgueses que pueden “darse el lujo” de hablar tres idiomas porque
son ricos, contestarán que son ricos justamente por ser trilingües desde
la partida.
¿Cuáles son esas tres lenguas que habría que aprender?
La lengua materna, evidentemente, una lengua de vecindad y por último
una lengua internacional. La política lingüística de la UNESCO
reemplaza el viejo concepto de “lengua extranjera” por el de “lengua de vecindad”,
de “lengua limítrofe”. Las más de las veces la guerra estalla con el
vecino, por eso hay que aprender la lengua de éste, para conocer sus necesidades
y sus aspiraciones, para apreciar su cultura y sus valores.
Mientras tanto, las lenguas pequeñas siguen desapareciendo. ¿Cómo
salvarlas?
Una lengua se encontrará en peligro mientras no se la haya introducido en
un programa educativo. Si se le reconoce la condición de lengua de enseñanza,
aunque más no sea para una parte del programa, todo un “sistema de salvamento”
se pone en marcha. Esa lengua reintegra el circuito de la vitalidad. Se la ha salvado.
¿El monolingüismo es una desventaja?
Siempre es muy reductor. Sólo permite ver el mundo a través del
prisma, forzosamente limitado, de un solo idioma, y además con frecuencia
es prepotente: los hablantes que pueden permitirse ser monolingües son nacionales
de países cuyo poderío cultural, político, económico
y militar es aplastante.
Por lo demás, el monolingüismo contribuye a la “inseguridad lingüística”,
concepto nuevo que refleja una realidad muy antigua. En la propia UNESCO
somos testigos de ello en las reuniones internacionales. Los participantes cuya lengua
materna es poco conocida a menudo permanecen silenciosos. Tienen ideas excelentes,
pero no se atreven a exponerlas porque se sienten incómodos en las lenguas
oficiales de la Organización. Aquellos cuya lengua materna es internacional
son sumamente privilegiados. Es muy injusto.
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