
Una pareja de shuar frente a
la puerta de su vivienda.
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No sería nada bueno
que desapareciese la lengua mixe. Representa nuestra cultura y la heredamos de nuestros
antepasados. Si se perdiera, no quedaría nada de nuestro pasado y nuestros
hermanos no se conocerían unos a otros.
Un
indígena mixe (México)
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Para que una persona pueda
sentirse cómoda en el mundo actual, es esencial que no se la obligue, para
entrar en él, a abandonar la lengua que forma parte de su identidad.
Amin
Maalouf, escritor libanés (1949-)
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La etnia shuar de la
Amazonia ecuatoriana ha hecho de su lengua una poderosa herramienta para preservar
su identidad cultural y, con ella, su autonomía.
¿Quién no ha oído
hablar de los jívaros? Una extensa literatura iniciada con los diarios de
viajeros y los relatos de misioneros destaca el carácter indómito e
individualista de los shuar. Los míticos reductores de cabezas nunca se dejaron
conquistar. Hoy día, esos ex cazadores y recolectores, reconvertidos en ganaderos
y cultivadores de cítricos o dedicados a una economía hortícola
más tradicional en zonas remotas de la selva amazónica, han escogido
su propia vía de entrar en la modernidad sin renunciar a su lengua y su cultura.
Testigos de las injusticias cotidianas cometidas contra los shuar –robos de tierra,
maltratos por los colonos–, los padres salesianos, llegados para evangelizar, respondieron
a la demanda de la comunidad shuar de fortalecer su cohesión social y cultural
para hacer frente a los retos de una modernización salvaje y predadora. Así,
en 1964, contribuyeron a que los shuar tomaran las riendas de su destino mediante
la creación de la Federación de Centros Shuar. Primera organización
autónoma de este tipo en América Latina y precursora del movimiento
indígena ecuatoriano que incursionó con fuerza en la política
nacional en los años 90, la Federación funciona como un estado shuar
dentro del Estado ecuatoriano y tiene a su cargo desde la distribución de
la tierra hasta la gestión de la salud y la educación.
La radio
como arma
El instrumento principal
de esta integración autónoma y controlada ha sido el Sistema de Educación
Radiofónica Bicultural Shuar (SERBISH), pues en una zona de difícil
acceso, con bosques tupidos y cordilleras impenetrables, la radio demostró
ser el medio de comunicación más adecuado. El programa de educación
radiofónica en shuar y castellano, iniciado en 1968, se formalizó en
1972 como principal apoyo de las escuelas bilingües recientemente creadas.
El principio rector de esta educación bilingüe y bicultural fue aprender
el castellano para reivindicar la igualdad de trato como ciudadanos ecuatorianos
y hacer del shuar una lengua moderna y vigorosa para preservar su identidad. Las
familias shuar se entusiasmaron desde un principio por este modelo de educación
que evitaba el destierro de sus hijos hacia los austeros internados salesianos y
el corte traumático con su medio y su cultura. Con la legitimación
del bilingüismo, los niños shuar ya no tenían que avergonzarse
de hablar su idioma nativo. Inaugurado el primer año con 33 centros escolares,
el Serbish tenía 120 dos años después y nunca dejó de
extenderse. En la actualidad abarca cuatro provincias del Oriente ecuatoriano y proporciona
educación a cerca de 7.500 niños (sobre una población de 70.000
shuar) en unos 297 establecimientos desde primaria a bachillerato.
Una
voluntad a toda prueba
Varios convenios con
el ministerio de Educación legalizaron la actividad de los “teleauxiliares”,
maestros shuar pagados por el Estado o voluntarios locales que reciben una bonificación
por guiar a los niños en la audición del programa didáctico,
mientras el maestro se ocupa de alumnos de otro nivel. El sistema escolar se basa
en un doble programa: el nacional que prepara en castellano a los exámenes
oficiales y otro específico de lengua y cultura shuar. Al inicio, los contenidos
didácticos reflejaban estrechamente los programas nacionales, con inflexiones
religiosas debido a la influencia salesiana. Ahora se rescatan más aspectos
de la cosmovisión tradicional shuar (estudio de los mitos, de la botánica
y la zoología locales, de las técnicas de artesanía) y simultáneamente
se capacita a los alumnos para el mundo moderno: además de los bachilleratos
en Educación Intercultural Bilingüe (EIB) y en química y biología,
el SERBISH ofrece desde el año pasado un
bachillerato técnico-agropecuario con aspectos de manejo sostenible de los
recursos.
Legítimamente orgullosos de ser unos pioneros, no sólo en el Ecuador
sino a nivel mundial, los shuar no se dejan desalentar por las terribles dificultades
que atraviesa su país, azotado por el peso de la deuda externa, una tremenda
crisis financiera y la dolarización de la economía que puede tener
repercusiones muy graves para las capas más pobres de la población.
Los equipos radiofónicos de la Federación Shuar son los mismos desde
los años sesenta, lo que afecta a la calidad de la señal en ciertas
comunidades lejanas. Los convenios con instituciones extranjeras, como la GTZ,
un organismo alemán que complementaba las escasas partidas provenientes del
ministerio de Educación ecuatoriano, se acabaron el año pasado. Muchos
maestros, que ganan poco más de 40 dólares al mes, no pueden trasladarse
hasta las comunidades más alejadas, donde se llega sólo en avioneta.
Pero hace falta más que eso para amilanar a los aguerridos shuar. Confiando
en la fuerza de su organización tienen ahora proyectos muy ambiciosos, como
el de una televisión educativa, por lo que están pidiendo ayuda técnica
y financiera en el extranjero. En busca de una modernidad alternativa a la impuesta
desde arriba, lograron bajar las tasas de semianalfabetismo a un 7% y de analfabetismo
completo a un 2%. Guillermo Sensú, director de la EIB de la provincia de Morona-Santiago,
con la altivez característica de su pueblo, afirma su confianza en el futuro:
“Créame, vamos a pelear por nuestros derechos educativos”.
En Ecuador, donde 30% de la población habla una o más lenguas vernáculas,
hubo que esperar hasta la nueva Constitución de 1998 para que se reconociera
que “el quichua, el shuar y los demás idiomas ancestrales son de uso oficial
para los pueblos indígenas”. Como señala el lingüista francés
Louis-Jean Calvet, la política lingüística de los shuar reviste
un carácter ejemplar: “política de una minoría, decidida por
esa minoría e instaurada por ella, demuestra que los imperios lingüísticos
que se constituyen lentamente a través del mundo no son una fatalidad y que
es posible luchar por un espacio de diferencia en este universo que tiende a la uniformidad”.
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