| La biodiversidad, fuente de toda vida | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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La riquezas de lo vivo son insondables y sus mecanismos difíciles de captar, pues la biodiversidad es un concepto muy amplio: va de los genes a la biosfera, pasando por las especies y los ecosistemas (p. 20-21). Pero los científicos están seguros de una cosa: los trastornos ambientales sin precedentes causados por la actividad humana provocan un empobrecimiento acelerado de la biodiversidad biológica (p. 22-23). Ahora bien, esta diversidad es la esencia misma de la vida (p. 17 y 24-25). Los ecosistemas prestan una amplia gama de servicios ambientales (p. 26-27) que permiten vivir en nuestro planeta. La biodiversidad limita la inseguridad alimentaria y constituye una formidable reserva de genes para las biotecnologías, especialmente en los ámbitos de la agricultura (p. 27-29) y de la medicina (p. 30-31), y favorece también el desarrollo del ecoturismo (p. 31-32). Sin embargo, sería peligroso colocarla bajo una campana de cristal. La biodiversidad es un sistema dinámico que engloba a los seres humanos. Para conservarla y hacerla perdurar, hay que mantener una red mundial de reservas naturales con la participación de las poblaciones locales (p. 33-34). Por lo demás, los bancos de especímenes y genes, como el de Kew en Londres (p. 35-36) siguen desarrollándose. Pero la gestión del mundo viviente suscita batallas jurídicas y éticas cuya importancia nadie había previsto en 1992, en el momento de la adopción por la comunidad internacional del Convenio sobre Diversidad Biológica. |
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