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La biodiversidad, fuente de toda vida
Sumario
Tribuna
• La unión del hombre y la naturaleza
1 Las amenazas
• La guarida de la pastinaca
• Biodiversidad, terra incognita
• El peligro de una nueva extinción
2 La protección
• El inestimable valor del mundo viviente
• Esos desconocidos que nos protegen
• Recursos genéticos
• Un bosque de medicamentos
• Borneo: los frutos del ecoturismo
3 Salvar la vida
• Conservar la naturaleza sin excluir
• Kew, templo de la conservación ex situ
• Una nueva ética para la biodiversidad

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© Steve McCurry/
Magnum/París
Ya en la época de Aristóteles el hombre intentaba inventariar las plantas y los animales. En el año 2000 dista mucho de haber concluido esa obra de titanes. Y es posible apostar doble contra sencillo que no lo logrará jamás, aunque los taxonomistas y los buscadores de “oro verde” no escatimen esfuerzos en tal sentido (p. 18-19)
La riquezas de lo vivo son insondables y sus mecanismos difíciles de captar, pues la biodiversidad es un concepto muy amplio: va de los genes a la biosfera, pasando por las especies y los ecosistemas (
p. 20-21). Pero los científicos están seguros de una cosa: los trastornos ambientales sin precedentes causados por la actividad humana provocan un empobrecimiento acelerado de la biodiversidad biológica (p. 22-23).
Ahora bien, esta diversidad es la esencia misma de la vida (
p. 17 y 24-25). Los ecosistemas prestan una amplia gama de servicios ambientales (p. 26-27) que permiten vivir en nuestro planeta. La biodiversidad limita la inseguridad alimentaria y constituye una formidable reserva de genes para las biotecnologías, especialmente en los ámbitos de la agricultura (p. 27-29) y de la medicina (p. 30-31), y favorece también el desarrollo del ecoturismo (p. 31-32).
Sin embargo, sería peligroso colocarla bajo una campana de cristal. La biodiversidad es un sistema dinámico que engloba a los seres humanos. Para conservarla y hacerla perdurar, hay que mantener una red mundial de reservas naturales con la participación de las poblaciones locales (
p. 33-34). Por lo demás, los bancos de especímenes y genes, como el de Kew en Londres (p. 35-36) siguen desarrollándose. Pero la gestión del mundo viviente suscita batallas jurídicas y éticas cuya importancia nadie había previsto en 1992, en el momento de la adopción por la comunidad internacional del Convenio sobre Diversidad Biológica.