Le Courrier

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 1. Las amenazas

Biodiversidad, terra incognita

El peligro de una nueva extinción

Buzos de la biodiversidad

La guarida de la pastinaca

Timothy B. Wernerw, director del Programa de Biodiversidad Marina del Centro de Estudios Aplicados de la Biodiversidad, Conservación Internacional
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La mussismilia braziliensis, coral endémico del Brasil, forma una especie de hongos, los chapeirãos.





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La castañuela oscura (Stegastes fuscus), una especie que sólo existe en aguas del Brasil.




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Buzos de la biodiversidad

En febrero de 2000, especialistas brasileños en medios marinos y expertos internacionales en conservación se reunieron para estudiar el banco de los Abrolhos durante tres semanas.
Esta expedición se organizó en el marco del Programa de Evaluación Rápida de la ong Conservación Internacional, con sede en Washington. En total se han llevado a cabo 29 expediciones en medios terrestres, acuáticos y marinos, que han permitido descubrir centenares de especies, mejorar la gestión local y mundial de la biodiversidad y crear seis nuevas zonas protegidas en cinco países.
Contrariamente a las dos grandes zonas coralinas del planeta (el Pacífico indio y el Mar Caribe), los arrecifes brasileños no presentan una gran biodiversidad, pero albergan numerosas especies endémicas. La finalidad de nuestra expedición a los Abrolhos era ayudar a los responsables locales a evaluar la biodiversidad y las amenazas que pesan sobre la zona. Diversos sitios explorados nunca habían sido objeto de un inventario científico.
Los Abrolhos son la región coralina más grande del Atlántico Sur: cubren 8.000 km
2 frente a la costa sudoriental del estado de Bahía. Se cree que es el único lugar en el mundo donde existe un tipo de arrecife coralino llamado chapeirão, suerte de enorme hongo mutante, invadido por corales de fuego y bolas de un coral endémico, el strigosa.
La expedición exigió meses de preparación.
La principal preocupación era el clima, pues la zona contiene numerosos sedimentos en suspensión, que pueden provocar tempestades de polvo cuando los agita el oleaje. Felizmente durante la expedición brilló sol y soplo sólo un ligero viento del
nordeste.


www.conservation.org

Además de ese pez que nada y repta, las aguas de los Abrolhos en el Brasil contienen riquezas excepcionales. Diario de los científicos que bucearon en el lugar.

Día 1: Nova Viçosa
A bordo de dos barcos pesqueros atravesamos tranquilamente las aguas turbias del río Caravelas para llegar a nuestro primer punto de observación, en el arrecife de Nova Viçosa. Pasada la desembocadura, en las aguas azules pulula una fauna coralina propia de esa región del mundo. Cuando nos sumergimos por primera vez, paso cerca de un banco de una especie semejante a la anémona llamada “baba de boi” (baba de buey). Basta rozar la mucosidad de que está cubierto para entender a qué se debe el nombre del animal. Más abajo, me encuentro rodeado de corales que existen sólo en esta región, lo que demuestra cuán importante es preservarla.
Durante tres semanas nuestro equipo compuesto por los mejores especialistas en medios marinos buceará tres veces al día.

Días 2 y 3: Popa Verde
Nuestro especialista en ictiología brasileña, Rodrigo Moura, ve al sumergirse un tiburón limón. Será una de las dos únicas oportunidades en que veremos un tiburón. Aunque sea una buena noticia para los que no aprecian los tiburones, es inquietante para quienes se preocupan de la preservación de las especies marinas. Los tiburones son predadores importantes en el medio oceánico y su desaparición puede perturbar el equilibrio ecológico. Sus aletas, su carne y el aceite que se extrae de su hígado son tan codiciados que se tornan cada vez más escasos en nuestro planeta. Por suerte, en esa misma oportunidad advierto la presencia de un enorme mero, más largo que yo, lo que es buena señal: no todos los peces de gran tamaño han desaparecido de las aguas de los Abrolhos.

Día 4: Siguiendo las huellas de Cabral
Hace exactamente 500 años, el navegante portugués Alvares Cabral describía la presencia de frondosos bosques tropicales precisamente en el lugar donde anclamos. Hoy el espectáculo es muy diferente. A raíz de la explotación forestal sólo subsiste 8% de este bosque excepcional, lo que ha inducido a Conservación Internacional a considerarlo uno de los “puntos clave” o santuarios de lo viviente de nuestro planeta (ver p . 21).
La deforestación tiene también graves consecuencias ecológicas para las aguas litorales. La erosión genera un flujo continuo de sedimentos capaces de ahogar e incluso de enterrar el coral. La mayor parte de los corales observados en el banco de los Abrolhos parecen adaptados a una turbiedad que ocasionaría la muerte de numerosas especies en otros lugares del mundo. Encontramos un espécimen del coral endémico Scolymia wellsii en una fosa situada 5 cm bajo el lecho fangoso del mar.

Día 5: Corumbau
Anclamos frente a Corumbau. Los ancianos de esta aldea de pescadores cuentan que antiguamente se quemaba allí el coral para pintar los muros. En la costa brasileña también hay casas construidas con bloques de coral. Esas prácticas han caído en desuso, pero los corales y otros organismos marinos vivos siguen abasteciendo las tiendas para turistas. Una de las especies más apetecidas es el Strambus goliath, un caracol brasileño que puede medir hasta 35 cm de largo. Durante toda nuestra expedición sólo veremos un ejemplar de este tipo.

Día 8: Paredes
Hoy zarpamos hacia Paredes, el arrecife coralino más grande del Brasil. Aunque parece desierto, las fisuras albergan varias especies interesantes de peces y de coral que no habíamos observado hasta ahora. Al pie de un declive, veo uno de los peces de mar más extraños del mundo: una pastinaca. Color verde oscuro, semejante a una flecha inflada, la pastinaca no sólo avanza nadando sino reptando sobre la arena como un reptil, ayudándose con sus aletas.

Día 13: Arrecife de California
Después de buscarlo durante horas, nuestro detector descubre el arrecife de California, a una profundidad de 20 a 35 metros. Cubiertas por una serie de gorgonias, las agujas de este arrecife coralino nos permiten inscribir nuevos corales y peces en nuestro catálogo. Observamos varias colonias de corales Porites branneri con tentáculos de color rojo vivo muy diferente del marrón y blanco descolorido habitual en esa especie.
De regreso a la isla de Santa Bárbara, vemos barcos que pescan ilegalmente dentro de los límites del Parque Nacional Marítimo de los Abrolhos. Por la mañana, trasmitimos por radio el nombre y el número de identificación de uno de esos barcos a los guardianes del parque. Por la tarde, oímos a un oficial de la marina decir a los pescadores infractores que no se preocuparan pues el que los había denunciado era un simple “turista”.
Esa noche decidimos disfrutar de la “vida nocturna” submarina. Miles de poliquetos (gusanos marinos) se agitan en torno a nuestras lámparas submarinas, poseídos por un frenesí de reproducción. En ciertas fechas del año, vinculadas al ciclo lunar, los poliquetos liberan grandes cantidades de espermatozoides y de huevos. Si dejo el haz de mi lámpara demasiado tiempo en el mismo lugar, siento los gusanos que se deslizan por mis orejas y me rozan la cara. Es la primera vez que la reproducción de los poliquetos se observa en febrero en el Brasil.

Día 18: Balance y despedida
El equipo se reúne en el puente para hacer un primer balance. Lo más probable es que lo que hemos recogido en el terreno revele numerosas especies nuevas: hasta 20 especies de poliquetos, y varias novedades para esta zona, entre las que figuran 20 especies vegetales y cinco peces. También descubrimos que el Stephanocoenia michelini, especie de coral considerada rara en el Brasil, es en realidad muy abundante. Observamos que los peces son mucho menos numerosos de lo que se pensaba, y que tienden a ser pequeños. Cuanto más nos acercamos a las aldeas de pescadores, más se acentúa este fenómeno.
Más allá de las aguas turbias del río Caravelas se extienden zonas esenciales para la biodiversidad mundial. No podemos dejarlas desaparecer por no haber sabido evaluar su extraordinaria riqueza.

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No hay nada
que la Naturaleza haga en vano.

Aristóteles, filósofo griego (384-322 a.c.)

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