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Glosario
Biotecnología: Toda aplicación
tecnológica que utiliza sistemas biológicos y organismos vivos o sus
derivados para la creación o modificación de productos o procesos para
usos específicos.
Conservación: Gestión prudente de los recursos biológicos
que garantiza su perennidad.
Conservación ex situ: Conservación de componentes de
la diversidad biológica fuera de sus hábitats naturales.
Conservación in situ: Conservación de los ecosistemas
y los hábitats naturales y mantenimiento y recuperación de poblaciones
viables de especies en sus entornos naturales y, en el caso de las especies domesticadas
y cultivadas, en los entornos en que hayan desarrollado sus propiedades específicas.
Ecosistema: Complejo dinámico de comunidades vegetales, animales y
de microorganismos y su medio no viviente que interactúan como una unidad
funcional.
Especie: Grupo de organismos que, debido a su semejanza genética, pueden
naturalmente reproducirse entre sí.
Especie endémica: Especie propia de un lugar claramente delimitado
(ecosistema, isla, país).
Protección: Prohibición o reducción de la actividad humana en
las zonas naturales para mantener la biodiversidad.
Taxonomía: Estudio, designación y clasificación de las
formas vivientes.
Transgénico: Se dice de un ser vivo en el que se ha introducido material genético
de otra especie para provocar la aparición de caracteres nuevos.
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Se diría que las plantas
han sido profusamente sembradas en la Tierra como las estrellas en el Cielo para
invitar al hombre, incitado por el placer y la curiosidad, al estudio de la naturaleza.
Jean-Jacques
Rousseau, escritor y filósofo francés
(1712-1778)
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Sabemos más sobre
las estrellas de nuestra galaxia que sobre el número de especies que viven
en la Tierra. Nuestro entorno dista mucho de haber revelado todos sus secretos.
Biodiversidad: el término,
que surgió de la pluma de algunos investigadores a mediados de los años
ochenta, ha hecho desde entonces una brillante carrera en los medios de comunicación.
Pero el concepto, sumamente complejo, aún no es comprendido debidamente por
el gran público. Y el campo de investigación que abarca sigue siendo
para los científicos una fabulosa terra incognita.
Según el Convenio sobre Diversidad Biológica aprobado en Río
de Janeiro en 1992, ésta consiste en “la variabilidad de organismos vivos
de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos
y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que
forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre especies y de
los ecosistemas”.
La biodiversidad es a la vez una idea y una materia. Como idea, remite a la “variabilidad”
de lo viviente, a saber su capacidad de evolución en el espacio y en el tiempo,
para adaptarse y seguir existiendo. Pero también es materia: es el conjunto
de los organismos vivos y de las relaciones que mantienen entre sí. Abarca
pues tres niveles: los genes*, las especies* y los ecosistemas*.
Por sorprendente que parezca, los científicos saben más acerca de la
cantidad de estrellas de nuestra galaxia que sobre el número de especies que
viven en la Tierra. Los taxonomistas* han inventariado unos 1,7 millones
de organismos vivos –plantas, animales y microorganismos (bacterias, virus, hongos,
etc.). Pero otros existen en profusión en la naturaleza sin que se sepa exactamente
cuántos. Las estimaciones más corrientes oscilan entre 8 y 15 millones,
pero algunas llegan hasta 100 millones. Los entornos más ricos en especies
endémicas* son los bosques tropicales húmedos.
Los
cientificos tienen ante sí una tarea ingente
Si conocemos
mal las especies —con excepción de los mamíferos, los pájaros
y las plantas supe-riores—, con mayor razón estamos a años luz de aquilatar
la diversidad genética. Por una parte, cada individuo de una misma especie
posee una multitud de genes responsables de los rasgos que le son propios. El hombre
cuenta unos 100.000, que los investigadores no han terminado de identificar. Por
otra parte, la diversidad genética se expresa a través de la existencia
de poblaciones diferentes en el seno de una misma especie, por ejemplo se han inventariado
en el mundo unas 2.000 variedades de manzanas. Desde hace milenios, el hombre ha
explotado la diversidad genética para domesticar algunas especies salvajes,
en especial gracias a los cruzamientos. Las biotecnologías* le permiten ahora
ir más rápido y más lejos y crear variedades de plantas y animales
transgénicos.*
En la naturaleza, las especies no existen aisladamente, sino en relación con
complejos ecológicos más amplios. Estos últimos forman, con
su entorno físico, los ecosistemas del planeta. También en ese caso
los científicos reconocen que saben muy poco sobre su funcionamiento (ver
pp. 26-27)
así como sobre el papel que cumple en él la diversidad de lo viviente.
* Todos estos términos están definidos en el glosario.

La Biodiversité en questions, documento pedagógico publicado
por la UNESCO/MAB en 1998.
Global Biodiversity Assessment, PNUMA/Cambridge University Press, 1995.
www.wri.org
www.iucn.org
www.conservation.org
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Los 25 santuarios
de la conservación del planeta
¿Qué hacer para que cada dólar
invertido en la conservación de la biodiversidad dé el máximo
de rendimiento? La selección de los 25 “puntos clave” terrestres más
ricos en “oro verde”, señalados en el mapa, pretende responder a esta pregunta.
Realizada por un equipo de investigadores dirigido por el británico Norman
Myers (Universidad de Oxford) y por la ONG Conservación Internacional, su finalidad es
que se adopte un programa mundial de salvaguarda centrado en esos 25 santuarios.
La mayoría se encuentran en los trópicos, y cinco en la región
del Mediterráneo. Preservarlos costaría 500 millones de dólares
anuales.
En total cubren un territorio del tamaño de Groenlandia (1,4% de la superficie
del planeta), que se estima contiene 44% de las especies de plantas y 35% de las
de vertebrados. No comprende las regiones ricas en especies endémicas que
aún no están amenazadas por el hombre. El bosque de la Guayana francesa,
por ejemplo, cuenta menos de cinco habitantes por km2, mientras que, según
un informe de la ONG Population Action International, la densidad demográfica
en los 25 “puntos clave” es dos veces superior a la media mundial.
Este enfoque no es compartido unánimemente por la comunidad científica.
Persisten demasiadas incógnitas sobre la repartición geográfica
de la biodiversidad y sobre su riqueza como para delimitar zonas prioritarias, destacan
los críticos. Según ellos, con lo 25 “puntos clave” se da demasiada
importancia a los bosques tropicales, pero se descuidan los desiertos, las llanuras,
las tundras y los bosques templados. Y a todo ello conviene añadir la rica
biodiversidad marina.
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