Le Courrier

sommaire  
d'ici... opinion notre planete
ethiques signes connexions dires
dossier

2. La protección

El inestimable valor del mundo viviente

Recursos genéticos y seguridad alimentaria

Un bosque de medicamentos

Borneo: los frutos del ecoturismo

Esos desconocidos que nos protegen

José Sarukhán, director del Instituto de Ecología de la Universidad de México.
photo
En las montañas decapitadas de Nueva Caledonia, la explotación de las minas de níquel tiene un impacto desastroso sobre el medio ambiente.






No hay que creer que todos los seres vivos existen para bien del hombre. Por el contrario, también ellos están destinados a otra cosa.

Maimónides,
filósofo y médico judío español (1135-1204)

photo

El funcionamiento de los ecosistemas y el papel de la biodiversidad constituyen un misterio, pero sabemos que proporcionan a la humanidad servicios inestimables.

El valor fundamental de la biodiversidad no es, a mi juicio, ni ético ni económico. Es ambiental, aunque el hombre de la calle rara vez tenga conciencia de ello. A menudo se estima el valor de la biodiversidad en función del número de especies que alberga una región. Pero, más allá de eso, hay que medir las interacciones entre las múltiples especies de un ecosistema, y entre éstas y los componentes físicos y químicos de ese entorno. Dicha red de relaciones, de una extrema complejidad, hace que el valor de un ecosistema sea infinitamente superior a la suma de los valores atribuidos a las especies que contiene.
Los ecosistemas brindan al género humano servicios ambientales inapreciables, esenciales para su supervivencia: la fijación del carbono de la atmósfera y la producción de oxígeno, la protección de los suelos contra la erosión y la conservación de su fertilidad, el filtrado del agua y el reabastecimiento de las capas freáticas, el suministro de agentes de polinización y de agentes antiparasitarios, etc.
Los dos primeros servicios están íntimamente ligados. Se deben a la fotosíntesis efectuada por los vegetales verdes, empezando por las algas, cuando absorben gas carbónico (CO
2) y emiten oxígeno. Durante millones de años, el equilibrio entre los gases de la atmósfera se mantuvo estable. Luego la revolución industrial hizo que el hombre quemara cantidades cada vez mayores de combustibles fósiles.
Hoy en día tres mil millones de toneladas de carbono se acumulan todos los años en la atmósfera y los ecosistemas naturales ya no pueden absorber todas las emisiones. Y tanto más cuanto que éstos desaparecen a un ritmo inquietante. Es más, la deforestación produce enormes cantidades de CO
2 y otros gases con efecto de invernadero, como el metano, al punto que ha pasado a ser la segunda causa del calentamiento climático.
La captación de agua dulce, la protección de los suelos y el mantenimiento de su fertilidad son otras tres funciones estrechamente vinculadas. Los ecosistemas son verdaderas “fábricas de agua dulce”. Absorben las aguas pluviales, las filtran en el suelo, las drenan hacia los arroyos, ríos, lagos y capas subterráneas que nos proporcionan el precioso líquido. La degradación de la cubierta vegetal perturba el ciclo hídrico. La lluvia azota directamente la tierra desnuda llevándose enormes cantidades de sustancias nutritivas. Ello provoca el encenagamiento de presas, lagos y ríos, y terribles deslizamientos de terrenos, como los que asolaron recientemente a Centroamérica, México y Mozambique, causando miles de víctimas y daños incalculables.
Poco sabemos sobre el funcionamiento de los ecosistemas. Somos incapaces de prever sus reacciones frente a ciertas modificaciones del entorno, en particular del clima. Tampoco sabemos si una especie presente en determinado lugar, incluso cuando es muy escasa, es superflua o reemplazable. Ignoramos cuáles son las especies indispensables para el mantenimiento de un ecosistema, salvo en algunos casos sencillos.
Lo ignoramos todo sobre el papel de la propia diversidad biológica en el mantenimiento de los ecosistemas y de los servicios que brindan. Tomemos el ejemplo de un bosque muy diversificado que absorbe gas carbónico —función vital para limitar el calentamiento climático. Supongamos que se tala ese bosque para reemplazarlo por un monocultivo forestal. Seguirá cumpliendo su función, e incluso en mejores condiciones en una primera etapa (pues los árboles jóvenes absorben más CO
2 que los bosques viejos que se regeneran lentamente). Pero ¿qué sucederá a largo plazo? Al cabo de varios lustros, las consecuencias de la pérdida de biodiversidad se harán sentir. La sustitución de especies variadas por una especie única acarreará sin duda un empobrecimiento del suelo y, a la larga, una disminución del crecimiento del bosque y, por ende, de su capacidad de absorber gas carbónico.
En un ecosistema diversificado suele observarse una mayor productividad. Aunque siguen siendo muy cautos en sus conclusiones, los especialistas estiman que la biodiversidad permite a los ecosistemas resistir mejor a la penetración de especies extrañas y de enfermedades, y restablecerse más rápido en caso de perturbación. En la duda, es preferible conservar tantos ecosistemas diferentes como sea posible.

Ideas falsas y peligrosas
La mayor parte de los individuos dan por descontados los enormes servicios que los ecosistemas prestan gratuitamente. Piensan que la naturaleza seguirá proporcionándolos, cualesquiera que sean los daños que le ocasionen. En cuanto a la supervivencia de los organismos vivos distintos de nuestra especie, se mira como algo placentero de lo que las generaciones futuras podrían prescindir.
Esas ideas son falsas y peligrosas. La ciudad de Nueva York así lo ha advertido. Desde siempre, había sido famosa por su agua, tan pura que se vendía en todo el noreste de Estados Unidos. Esta debía su calidad al sistema natural de purificación de las montañas Catskills. Pero ese ecosistema sufrió a tal punto los efectos de la contaminación, en especial de los abonos agrícolas, que a fines de los años noventa el agua neoyorquina se había tornado inapta para la bebida. La municipalidad estudió la posibilidad de dotarse de una central de purificación, cuyo costo se evaluó entre seis y ocho mil millones de dólares, sin contar los 300 millones de gastos anuales de funcionamiento. Una factura enorme por un servicio hasta entonces gratuito. La municipalidad optó finalmente por restaurar el entorno degradado de las montañas Catskills, lo que sólo le costará mil millones.
Esta historia indica dónde están nuestros intereses: hemos de preservar los ecosistemas y las condiciones que permiten que el planeta garantice la supervivencia del Homo sapiens o, al menos, el mantenimiento a corto plazo de nuestra vida social.

top