
Los iban de Sarawak acogen cada año a un millar de turistas en sus longhouses.
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Las especies que se extinguen
se pierden para siempre. Esto no es como
Parque
Jurásico.
Stuart Pimm,
biólogo británico (1949- )
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Los iban dependen en
buena medida de los recursos del bosque
para sobrevivir. El turismo les da ahora nuevas razones para proteger sus riquezas.
Los iban, que viven en el estado
malayo de Sarawak desde hace más de cuatro siglos, han convertido al bosque
tropical en su supermercado y su carpintería. Utilizan una inmensa variedad
de plantas, de animales y de materias primas para alimentarse, tratar las enfermedades,
construir sus casas y practicar sus ritos.
La biodiversidad de esta región del noroeste de Borneo es reconocida como
una de las más ricas del mundo. Es tanta la importancia que los recursos naturales
tienen para los iban que sus leyes consuetudinarias les prohíben derribar
ciertos árboles, cazar determinados animales y destruir zonas forestales que
contienen valiosos frutos o materiales de construcción.
El hábitat tradicional iban consiste en una longhouse (casa larga), estructura
semipermanente que alberga a 20 familias o más en apartamentos separados.
Obtienen su subsistencia esencialmente de la agricultura (arroz de montaña),
la pesca, la cría de ganado menor, la recolección de productos de la
selva y ocasionalmente la caza. Hasta una época reciente, la resina, el mimbre,
las esencias de algunos árboles constituían los principales productos
que canjeaban por hierro o tejidos.
Sin embargo, la importancia creciente del dinero en los intercambios modificó
poco a poco las necesidades de esa población. Los iban de esta región
son en gran medida autosuficientes y capaces de fabricar a partir de materiales locales
la mayor parte de los objetos que utilizan a diario, y hasta hace poco no disponían
de ingresos regulares en dinero por encontrarse muy lejos de los mercados.
De diez años a esta parte, el turismo ha modificado la situación convirtiéndose
en un “nuevo mercado” de la biodiversidad. Ulu Ai, creado por Borneo Adventure, un
operador turístico con sede en Kuching, representa una nueva generación
de productos turísticos que sacan partido de las relaciones complejas entre
el bosque tropical y sus habitantes.
Por tratarse de una región remota, Ulu Batang Ai ha sido preservada. Más
allá del río Ai, de aguas cristalinas, se extienden el santuario de
vida salvaje de Lanjak Entimau y el Parque Nacional de Batang Ai, creado para proteger
las últimas poblaciones de orangutanes. En 1986, poco después de su
creación, Borneo Adventure propuso a los iban que recibieran visitantes en
sus longhouses: la aldea proporcionaría transporte, guías, alimentación
y alojamiento, y Borneo Adventure se encargaría de hacer venir a los turistas.
El objetivo perseguido era dar a los visitantes una visión de la vida en la
selva y en las longhouses e incitar a la población local a preservar la fauna
y el entorno, permitiéndole ganar dinero gracias a los circuitos turísticos.
Los orangutanes son la principal atracción de la región. Antiguamente
los extranjeros cazaban esta especie protegida. Si los campesinos del lugar no mataban
a los orangutanes, tampoco se preocupaban de protegerlos, ya que estos animales solían
ocasionarles serios perjuicios. Hoy los orangutanes constituyen un valioso capital
pues, cuando se topan con uno, los turistas gratifican a los guías con una
generosa propina. En vista de ello, los habitantes del lugar siguen sus huellas y
denuncian a los cazadores ante las autoridades. Esta evolución ha contribuido
también a resucitar leyendas y costumbres acerca de las relaciones entre los
iban y sus “abuelos”, nombre dado a menudo a los orangutanes.
Las actividades turísticas de la aldea han tenido también otros efectos
benéficos para la vida salvaje. Por ejemplo, se han reconstituido las existencias
de peces. Antes del desarrollo del turismo, y a falta de toda cuota de pesca, existía
el riesgo de que esta importante fuente de ingresos y de proteínas se agotara,
pues para procurarse algún dinero la población local vendía
el pescado a personas venidas del exterior. Hoy, gracias a los ingresos del turismo,
no necesitan practicar este pequeño comercio.
Una
valiosa fuente de ingresos
En 1999, 26
familias ganaron más de 300.000 ringgits (82.000 dólares) gracias a
sus actividades de guías, piragüeros o cocineros y por el alojamiento
que brindan a los turistas. A ello hay que añadir los beneficios que obtienen
de la venta de objetos tradicionales, como las mantas tejidas (10.000 dólares
en 1999).
Este dinero permitió a la aldea emanciparse de la agricultura de subsistencia
y diversificar su economía introduciendo cultivos comerciales más rentables.
Como esta agricultura exige una menor utilización de nuevas tierras, el bosque
y por ende los hábitats de las especies salvajes se preservan mejor.
El sitio acoge unos mil turistas al año, lo que se considera una cifra modesta.
Los habitantes del lugar participan cada vez más en la gestión del
turismo y controlan la calidad de los servicios brindados. Temerosos de perder una
valiosa fuente de ingresos, aspiran además a que se les garantice un derecho
de propiedad y de gestión sobre las tierras que rodean la aldea. Recientemente
hicieron una proposición en tal sentido al gobierno de Sarawak. Desean que
las tierras pertenecientes al Estado, situadas entre la aldea y el Parque Nacional,
sean reconocidas oficialmente como un santuario y que su explotación turística
quede a cargo de los iban. Todavía esperan la respuesta del gobierno.
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