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3. Salvar la vida

Conservar la naturaleza sin excluir al hombre

Una nueva ética para la biodiversidad

Zoológicos y jardines botánicos

Kew, templo de la conservación ex situ

David Dickson, periodista científico británico, redactor de la revista Nature.
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Vista de los famosos invernaderos tropicales de Kew, el mayor jardín botánico del mundo.












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Zoológicos y jardines
botánicos

Respecto de los mamíferos, los pájaros, los reptiles y los anfibios, la conservación ex situ se practica habitualmente en los parques zoológicos. Se estima que hay en el mundo 500.000 animales que viven en zoológicos. Algunas especies, como el cóndor californiano, ya no existen en libertad. Otras, como el caballo de Przewalski o el ante Pere David, sólo han sobrevivido porque estaban protegidas en los zoos. Ahora han podido ser reintegradas en la naturaleza.
Respecto de la flora, la conservación ex situ se lleva a cabo principalmente en los jardines botánicos (para el conjunto de los especímenes) y en los bancos de genes y de semillas. El World Resource Institute estima que en el mundo hay 1.500 jardines botánicos, que albergan 35.000 especies, o sea más de 15% del total mundial. Según otras fuentes, esa cifra es de 70.000 a 80.000 especies.
La mayor parte de los jardines botánicos se encuentran en países industrializados (los países tropicales cuentan sólo 230 pese a su mayor diversidad vegetal). Numerosos bancos de genes y de semillas están ligados directamente a colecciones botánicas. Otros pertenecen a empresas multinacionales, que los emplean como reserva de materia prima para la elaboración de nuevas variedades. Un estudio reveló que 8% de las empresas creadoras de nuevas especies vegetales poseen sus propios bancos de genes.
El tercer depositario de especímenes vegetales son los departamentos universitarios y los institutos de investigación que integran el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional, fundado por iniciativa del Banco Mundial.

Guía de los zoológicos del mundo:
www.mindspring.com/
~zoonet/www_virtual_lib/
zoos.html
Lista completa de arboretums y jardines botánicos:
www.helsinki.fi/
botgard.html

El Jardín Botánico de Kew que en la época del Imperio Británico llegó incluso a “saquear” la biodiversidad, preconiza hoy una nueva política de preservación de las especies.

Famoso por su palmar y su pagoda china, por la variedad de plantas que alberga y sus cuidados céspedes, el Jardín Botánico Real de Kew es el lugar de paseo favorito de miles de londinenses.
Creado en el siglo xviii, su originalidad consistió en combinar el cultivo de una gran diversidad de especies con su presentación estética, en contraste con la rigidez formal de otras colecciones botánicas.
Kew ha conservado todo su encanto. Los visitantes pueden pasearse entre una multitud de árboles, arbustos y flores del mundo entero, debidamente seleccionados y etiquetados, del rododendro de China a las palmeras tropicales del espectacular invernadero victoriano, pasando por diminutas flores alpinas plantadas en una rocalla.
En tiempos del Imperio Británico, Kew desempeñó un papel prestigioso. En el siglo xix, sirvió de centro de intercambio de los árboles y plantas que se descubrían en una región del Imperio y que podían cultivarse de manera productiva, e incluso lucrativa, en alguna otra región. Hacia fines del siglo pasado, Kew recibía al año más de 2.500 paquetes de semillas del mundo entero, y exportaba más de 3.500. Un conservador llegó a afirmar que el Jardín Botánico Real había saqueado sin contemplaciones el planeta entero.

De la biopiratería a los convenios de conservación
Así, por iniciativa de Kew, la hevea de Sudamérica fue trasplantada a una región del sudeste asiático con fuerte rendimiento. Menos controvertido fue el traslado de la quina, de la que se extrae la quinina, de sus Andes natales a las regiones de Asia donde hacía estragos la malaria. “Esas iniciativas muestran la intensa actividad desarrollada durante el siglo xix por el Imperio británico en la utilización de los recursos vegetales”, explica Peter Crane, actual director de Kew. “Hoy ello sería considerado lisa y llanamente como biopiratería.”
Aunque la grandeza imperial de Kew llegó a su fin con la desintegración del Imperio a comienzos del siglo xx, el Jardín Botánico siguió siendo un importante centro de investigación, conservando y clasificando plantas procedentes del mundo entero. Pero sólo en los últimos decenios su interés por la preservación de la biodiversidad ha hecho de Kew una de las puntas de lanza mundiales de la conservación de vegetales ex situ.
Lo ideal sería que todos los organismos vivos fuesen conservados en su hábitat natural, es decir in situ, pero diversos factores, entre ellos la necesidad de que los investigadores tengan fácil acceso al material de estudio y la amenaza de extinción que se cierne sobre numerosas especies vegetales o animales, han llevado a elaborar programas ex situ.
La prueba más tangible del nuevo papel que cumple Kew es probablemente el Millenium Seed Bank, que se está creando en Wakehurst Place, un predio de 200 hectáreas en el oeste del condado de Sussex. Una vez concluido, a fines de 2000, será el banco más grande del mundo dedicado a la conservación de semillas. Su objetivo a largo plazo es llegar a recolectar y conservar, hacia el año 2010, 10% de la flora mundial (unas 24.000 especies) procedente sobre todo de zonas áridas.

El mayor banco de semillas del mundo
El banco pondrá las semillas a disposición de los investigadores y favorecerá su reintroducción en sus espacios naturales. Así, por ejemplo, semillas de carambolo, una florecilla blanca casi desaparecida en Gran Bretaña, fueron recogidas y almacenadas en Wakehurst. Se enviaron muestras a Kew, donde se tomaron sus huellas genéticas. Las semillas germinaron y las plantas fueron reintroducidas en su entorno original.
Según Roger Smith, director del departamento de conservación de semillas de Kew, uno de los objetivos del banco es cumplir con los compromisos contraídos por el Reino Unido al firmar el Convenio sobre Diversidad Biológica y ayudar a los países que así lo deseen a constituir sus propias colecciones lo más rápidamente posible.
El Convenio exige que toda persona que tome muestras de especímenes vegetales en un determinado país firme un contrato que estipule las condiciones de esa operación y, en particular, la compensación a que puede aspirar ese país en caso de que se descubra una aplicación comercial. Si dicha aplicación es patentada, puede obtener por ejemplo una parte de las regalías resultantes.
Para hacer olvidar su reputación de saqueadores de la biodiversidad, los investigadores de Kew desean ahora ceñirse estrictamente a las exigencias del Convenio. Se han concertado acuerdos sobre la recolección y conservación de especímenes con varios países: México, Sudáfrica, Namibia, Mozambique, Venezuela, Marruecos, Egipto, Siria y el Líbano. Se trata las más de las veces de constituir colecciones paralelas: la primera en el país de origen; la segunda, colección “de recambio”, en Wakehurst Park, a la que el país depositario tendrá acceso. Pero Roger Smith señala que la obligación de firmar un acuerdo acerca de la utilización por Kew de las semillas que conserva puede originar problemas. Ese podría ser el caso si, por ejemplo, un país no dispone de un mecanismo oficial habilitado para dar el “consentimiento previo” indispensable para obtener informaciones sobre sus plantas, como exige el Convenio.
Por otra parte, Kew ha decidido contribuir con sus conocimientos y su experiencia a armonizar los procedimientos de acceso a las colecciones de semillas y de plasma germinal en todo el mundo. Como consecuencia de esta iniciativa, los representantes de 14 jardines botánicos de 11 países, reunidos en Beijing en 1999, adoptaron un conjunto de reglas que establecen las modalidades de adquisición y conservación de los recursos genéticos, la utilización y el suministro de tales recursos, y la repartición de los beneficios resultantes de su explotación.
Las nuevas prioridades de Kew son muy distintas de las que determinaron su influencia hace más de cien años. “Sobre todo, no queremos que se nos acuse de ser biopiratas”, explica Roger Smith. “No podemos negar haberlo sido, pero ello es cosa del pasado.”


Jardín Botánico Real y Millenium Seed Bank:
www.rbgkew.org.uk
Directivas comunes para la gestión de los jardines botánicos: www.rbg.ca/cbcn/cpg.index.html

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Sólo reconocer el hecho de que en el mundo las especies salvajes son irremplazables aunque están en vías de extinción rápida puede convencernos a tiempo de que, en interés de toda la humanidad, hay que reservar en la Tierra zonas en las que la expansión del hombre ceda el paso a la conservación de otras especies.

Julian Huxley, biólogo británico, primer director general de la UNESCO (1887-1975)

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