
Las tiendas de comercio justo garantizan remuneraciones equitativas a los fabricantes
de sus productos. Aquí, en Bristol (Reino Unido).

Cada vez que se usan estas tarjetas, el Citizens Bank de Canadá dona una pequeña
cantidad de dinero para la lucha contra la pobreza (Oxfam)

Lucha para
la defensa de los derechos humanos (Amnistía Internacional).

El banco ético neerlandés Triodos apoya campañas contra el sida.
Aquí en Amberes (Bélgica), en diciembre de 1999.
“Creo firmemente
que la economía controla el mundo mucho más que la política,
y que los bancos son en buena medida responsables de las decisiones de por dónde
ha de ir el desarrollo.” |
El bien común
se suma al beneficio puro y duro en los bancos éticos, que ganan apoyo entre
los ciudadanos que comparten sus ideales.
Los empleos y salarios de miles
de personas en el mundo dependen indirectamente de una campana, la que cada tarde
a las cuatro en punto marca el cierre del Dow Jones, el índice de los principales
valores de la bolsa neoyorquina. Casi dos billones de dólares viajan a diario
de un continente a otro a velocidades de vértigo; la especulación puede
hacer tambalearse a casi cualquier moneda y pocas plazas bursátiles están
a salvo de una caída en picado. Sin embargo, la preocupación ciudadana
por vivir en un planeta mejor está cada vez más presente en algo que,
nos guste o no, define nuestras vidas: el dinero.
Lucro y solidaridad dejan de darse la espalda para hacerse complementarios, como
explica Juan Pina, periodista español especializado en economía social:
“Caminamos hacia una ética más acorde con la realidad, en la que el
lucro deja de ser una especie de mal necesario vinculado al egoísmo, y la
solidaridad una función exclusiva de los poderes públicos.”
Junto a las tarjetas de crédito cuyas entidades emisoras y usuarios hacen
llegar una cantidad fija o un porcentaje de las operaciones a la Cruz Roja, Greenpeace
o Amnistía Internacional, en Europa, Japón o Canadá han surgido
“bancos éticos”, aquéllos cuya rentabilidad se mide más en términos
de utilidad social que de intereses financieros.
Básicamente, el mensaje que tratan de transmitir estas entidades es que, sin
ningún esfuerzo suplementario, los ahorros, escasos o cuantiosos, que muchas
personas depositan mensualmente en sus cuentas corrientes pueden también servir
a sus ideales. Y ello sin abandonar las garantías que ofrece la banca clásica:
solvencia, intereses, disponibilidad del dinero y rendimiento.
Los eslóganes de algunos de estos bancos son de lo más explícitos:
“El más alto interés es el de todos”, dice un anuncio de la Banca Etica
italiana. “¿Se contenta usted con cerrar los ojos sobre el modo en que su
dinero es utilizado o prefiere poner en práctica sus principios?”, pregunta
a sus clientes el Cooperative Bank del Reino Unido. “Nos regimos más por los
valores que por el crecimiento económico y la eficacia”, reza un folleto del
Citizen Bank japonés.
Un
poco de historia
La finanza
ética moderna tiene su origen en Estados Unidos en los años veinte.
La Iglesia metodista, que hasta entonces veía la Bolsa como una oscura casa
de apuestas, decidió comenzar a invertir en ella, pero quiso asegurarse de
no hacerlo en empresas alcoholeras o implicadas en juego ilegal. Sin embargo, el
auge de la inversión socialmente responsable no llegó hasta los años
setenta. En plena guerra de Viet Nam, grupos de ciudadanos decidieron boicotear a
la empresa fabricante del gas nápalm que, fumigado en la jungla vietnamita,
causó graves deformaciones en las poblaciones afectadas. A partir de entonces,
iglesias, fundaciones y universidades comenzaron a preguntarse sobre el destino de
sus ahorros.
Hoy día, la ética está presente en productos bancarios muy diversos:
desde los “fondos éticos” de inversión, que observan con lupa las empresas
cuyas acciones compran, eliminando las que tienen actividades negativas o no aplican
una política salarial o social correcta, hasta cuentas corrientes que ofrecen
una tasa de interés algo inferior a la del mercado, pero se comprometen a
invertir parte de esos beneficios en proyectos de cooperación o ayuda al desarrollo.
Asimismo, los operadores de la finanza ética son de naturaleza muy variada:
algunos funcionan como otro banco cualquiera, con sus sucursales, sus cajeros automáticos
y sus talonarios de cheques. Otros se asemejan más a mutuas o cooperativas
de crédito, como la Nef (Nouvelle Economie Fraternelle) francesa, activa desde
1988 prestando fondos únicamente a proyectos de pedagogía, agricultura
biológica o sanidad. Por último, signo de la era virtual en que vivimos,
otros tienen su ámbito de acción sobre todo en el ciberespacio. Es
el caso de la Banca Etica Universale de Italia, que abrió sus puertas en Padua
hace poco más de un año y hoy cuenta con oficinas en Brescia, Milán,
Roma, Florencia, y Módena. Su presidente, Fabio Salviato, se enorgullece de
haber reunido 4,5 millones de dólares con los que financiar 250 proyectos
dentro y fuera de Italia en tan corto espacio de tiempo. “Nuestro lema es la defensa
de los pobres. En el Tercer Mundo, por supuesto, pero también en Italia, donde
aproximadamente siete millones de personas viven por debajo de la línea de
pobreza”, dice Salviato, cuyo banco se especializa en inversiones sociales repartidas
en cuatro terrenos: la cooperación social —fundamental en un país como
Italia, con más de 4.000 cooperativas de este tipo—, el voluntariado, el medio
ambiente y la cooperación internacional: “Sobre todo financiamos a ong con
proyectos de microcrédito en Albania o Macedonia. En Guatemala hemos colaborado
en la constitución de una pequeña banca popular en la comunidad de
Chajul, que produce café para vendérselo a empresas de comercio justo”,
explica.
“La remuneración que pagamos por los depósitos a plazo es la misma
que la tasa de inflación italiana, que oscila actualmente entre 2% y 2,5%
y el interés que damos por las cuentas corrientes es de 1%, algo inferior
al del mercado. Pero los gastos de gestión de la cuenta son también
más baratos que en los bancos convencionales.” Si ello es posible, se debe
en buena parte a que detrás del nacimiento de la Banca Etica están
miles de voluntarios de otras tantas asociaciones sin ánimo de lucro, pero
con cuentas corrientes y necesidades de crédito.
Dos mil personas jurídicas y diez mil personas físicas tienen hoy ahorros
en la Banca Etica. Uno de ellos, Loris Rinaldo, ingeniero medioambiental, explica
así sus razones: “Creo firmemente que la economía controla el mundo
mucho más que la política, y que los bancos son en buena medida responsables
de las decisiones de por dónde ha de ir el desarrollo. No estoy de acuerdo
con los bancos cuyas inversiones se guían únicamente por los criterios
de ‘dar dinero a los que ya tienen dinero’ o ‘dar dinero a quienes les reportan más
dinero’. Para mí, la regla justa sería dar dinero a los que hacen cosas
buenas, aunque no forzosamente rentables. Por eso soy miembro de la Banca Etica.”
La finanza ética, añade Rinaldo, “es una respuesta concreta a las críticas
a nuestro sistema económico, centrado en el máximo beneficio. Es el
inicio de una revolución, una verdadera revolución que parte de la
base, de cada uno de nosotros, y demuestra que es posible construir una economía
basada también en otros valores, en la solidaridad, la conservación
del medio ambiente, la paz, el respeto a los marginados… en una palabra, una economía
centrada en el hombre.”
Claro está, no todo el mundo es tan entusiasta como él. En una lista
electrónica de discusión sobre ética y economía abierta
por el Citizens Bank de Canadá, se leen frases como “enhorabuena por su inteligente
campaña de marketing (…) pero no me interesan las opiniones éticas
de ninguna organización bancaria (…). Preferiría que se concentraran
en dar un mejor servicio al cliente con un menor costo”.
Cabe también preguntarse si la finanza ética, que por un lado debe
su existencia a una preocupación ciudadana por vivir en un planeta mejor,
no es también parte de una campaña de imagen de la banca tradicional,
ávida de captar a esa nueva clientela socialmente responsable. Guy Hooker,
director de la Cooperativa de Inversión Etica (Ethical Investment Cooperative),
del Reino Unido, estima que “la gente elige inversiones y bancos éticos porque,
colectivamente, se ha dado cuenta del poder que tiene su dinero, aunque en muchos
casos también porque obtiene un mejor servicio”. Para él, interviene
además el hecho de que el público ve una relación directa entre
su moral familiar y la política que defiende el banco.
Conciliar
sensibilidades
Ahora bien,
la noción de moral no es la misma para todos. A unos puede parecerles aberrante
que su banco financie a empresas entre cuyas actividades figura la compra-venta de
armas, aunque no encontrarán tan mal que preste fondos a compañías
tabaqueras o a determinado partido político. Igualmente, habrá quien
prefiera financiar proyectos de alfabetización antes que el salvamento de
ballenas o el comercio justo de bananas. Conscientes de ello, algunas entidades,
como Triodos Bank, nacida en los Países Bajos en 1980 con filiales hoy en
Bélgica y el Reino Unido, ofrecen a sus clientes la posibilidad de dirigir
sus inversiones a áreas muy específicas, como la agricultura orgánica
o el desarrollo de la energía solar en los países del Sur. Thomas Steiner,
de Triodos, explica la manera en que su banco trata de conciliar las diferentes sensibilidades:
“Nuestras oficinas de Bélgica, Países Bajos y el Reino Unido no funcionan
como un Mc Donald’s, que es exactamente igual en todos los países. Nuestra
filial belga tiene cierto sabor belga, pone el acento en la economía social,
mientras que en el Reino Unido nos centramos más en ayudar a las organizaciones
caritativas y nuestra máxima preocupación en los Países Bajos
es el medio ambiente”, dice.
Además, a la hora de otorgar créditos o elegir las compañías
destinatarias de sus fondos, el banco neerlandés aplica ciertas normas muy
estrictas: “Como cualquier otro banco, damos préstamos. Los criterios que
utilizamos para otorgarlos o no son ‘positivos’; quienes nos piden dinero tienen
que pertenecer a los campos en los que actuamos: naturaleza, economía social,
organizaciones sin ánimo de lucro, cultura y cooperación para el desarrollo.
Sólo prestamos dinero a proyectos que cumplen estos criterios positivos. Por
otro lado, tenemos fondos de inversión. Invertimos el dinero que nuestros
clientes nos confían en el mercado de valores, a través de criterios
que llamamos ‘negativos’. Sólo invertimos en empresas que no tienen ninguna
relación con la energía nuclear, las armas o el tabaco.” Tras veinte
años de existencia, Triodos Bank cuenta con una cartera de 40.000 ahorristas
y 4.000 accionistas.
Un
afán de transparencia
Otro de los
puntos por los que apuestan claramente los bancos éticos es la transparencia,
visible incluso en la Banque Alternative Suisse (Bas) que, en un país que
protege por ley el secreto bancario, publica anualmente los nombres de las personas
y empresas a quienes otorga préstamos, así como las cantidades prestadas.
El Citizens Bank, propiedad de la Vancouver City Savings Credit Union, la mayor entidad
de crédito de Canadá, va un paso más allá: su programa
de donaciones a la comunidad, Shared Interest Program (programa de interés
compartido), invita a los clientes a nombrar grupos que estiman aptos para recibir
una parte del fondo. Una vez recibidas, las sugerencias se clasifican en cuatro grupos,
según el área a la que se refieran. De nuevo se invita a los clientes
a votar al grupo que merece el 50% del capital, cuál el 25, cuál el
15 y cuál el 10, y los fondos se otorgan en virtud de este plebiscito.
En 1999, por ejemplo, los clientes de Citizens Bank decidieron donar 17.700 dólares
a la Organización Católica Canadiense para el Desarrollo y la Paz (DEVP),
que lucha contra la pobreza y la injusticia en el mundo a través de sus filiales
en 50 países. El segundo clasificado, Frontier College, una agrupación
de universitarios voluntarios muy activa en el campo de la alfabetización,
recibió ese mismo año casi 9.000 dólares. “Todo este proceso
incluye la asesoría externa de un comité formado por líderes
de ong, clientes y personal del banco”, explica Gillian Dusting, responsable de relaciones
públicas de la entidad. Asimismo, Citizens Bank se compromete a responder
en 24 horas a todas las dudas sobre su ideario ético que recibe por correo
electrónico y su página web contiene un foro de discusión sobre
la finanza ética. Al cabo de tres años de operaciones, el banco canadiense
reunió depósitos por valor de más de 680 millones de dólares
y sus beneficios de 1998 antes de impuestos rondaron los tres millones de dólares.
Crédito
y banca ética
El peso de
la banca ética en el panorama económico mundial es todavía pequeño,
aunque aumenta año tras año. Según cifras publicadas por el
Servicio de Investigación sobre Finanza Etica (EIRIS), desde enero de 1999 a enero
de 2000 la cantidad total invertida en fondos éticos en el Reino Unido pasó
de 3.300 a 4.100 millones de dólares. La OCDE,1 por su parte, reconoce que
aunque los bancos éticos “han tenido un relativo éxito, están
todavía lejos de cambiar las actitudes de las instituciones bancarias convencionales”.
Para la Organización, su principal interés reside en que dan a las
empresas sociales “otra respuesta al problema del acceso al crédito”. David
Perry, director del centro Markkula de Etica Aplicada de la universidad californiana
de Santa Clara, destaca precisamente que “este tipo de bancos son para algunas personas
la única manera de obtener préstamos, sobre todo si no tienen un historial
crediticio ni grandes avalistas. Además, a menudo combinan los préstamos
con programas de capacitación en empresas que pueden ser de gran ayuda para
gente que no conoce el mundo del comercio.”
En cuanto a la evolución futura, para Giovanni Acquatti, presidente de la
cooperativa financiera milanesa Mag 2 e impulsor desde hace veinte años de
la finanza ética en Italia, ésta “dependerá menos de la implicación
de los poderes públicos como el Banco Mundial o la Comisión Europea
que de la fuerza, el coraje y los recursos que empleemos en convencer personalmente
a la gente de que debe actuar de otra forma. Hay que trabajar mucho, sin perder la
esperanza. Y yo no la pierdo”.
1. Social Enterprises
in OECD member countries. (Informe de la Secretaría). DT/LEED/DC(98)2.

Citizens Bank of Canada: www.citizensbank.ca/
Triodos Bank: www.triodos.nl/
Banca Etica Universale: Piazzetta Forzatè 2
35137 Padua, Italia (www.bancaetica.com)
Banque Alternative Suisse: http://www.bas-info.ch/
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