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Estados Unidos: la escuela en casa

EUROPA, UN FRENTE DESUNIDO

Cynthia Guttman, periodista del Correo de la UNESCO.

Educating Children at Home, por Alan Thomas, Cassell, Londres, 1999.
www.worldzone.net/
lifestyles/homeducation
:
aspectos jurídicos de la educación a domicilio en Europa.
www.multimania.com/possible y www.rama.1901.org/vens: informaciones sobre la escuela en el hogar en Francia.
Asociación francesa Les Enfants d’abord:
Tel.: (33) 4 70 59 81 23.

Los partidarios de la escuela en el hogar ganan terreno en los países europeos, sobre todo en el Reino Unido, aunque tengan que defender sus derechos ante los tribunales.

El continente de la moneda única dista mucho de tener una política común sobre la educación de los niños en el hogar. Aunque los datos son escasos, asociaciones de varios países declaran recibir cada vez más peticiones de padres que buscan una alternativa al sistema de educación oficial, movimiento que los legisladores tratan de frenar a toda costa.
Según la británica Amanda Petrie, una de las pocas investigadoras sobre el tema en Europa, todas las modificaciones legislativas recientes se basan en la idea de que “desde el momento en que el niño no está en la escuela, deja de aprender”. En Irlanda, un proyecto de ley debatido en 1999 presenta la escuela en casa como una respuesta al problema de la asistencia escolar más que como un derecho constitucional que reconoce que el primer educador del niño es su familia.
En Francia una ley aprobada en 1998, cuya finalidad declarada es combatir las sectas, impone a los padres que enseñan en casa el deber de respetar fielmente el programa nacional y a los inspectores el de controlar los estudios de esos niños visitándolos una vez al año. “El Estado dispone de todo un arsenal para luchar contra las sectas. Este texto sirve más que nada para reforzar su control sobre la educación”, estima Elyane Delmarès, de la asociación Les Enfants d’abord (Los niños primero).
Los partidarios de ese tipo de enseñanza estiman que los controles tienden a reforzar ciertas ideas erróneas sobre la forma en que se imparte la enseñanza en el hogar. Para Petrie, la obligación de seguir el programa nacional presupone que “el Estado es especialista en educación y que basta con aplicar su fórmula para que todo marche a las mil maravillas”. La visita de inspectores a domicilio resulta, según ella, discriminatoria respecto de personas que “por no pertenecer a las clases superiores no disponen de cantidades de libros en casa”.

Los resultados positivos de una encuesta
En los países en que la educación es vigilada por el Estado, se toleran excepciones. Así, en España, país en que la escuela es obligatoria hasta los 16 años salvo circunstancias especiales, un tribunal falló en 1999 a favor de los padres que educan a su hijo de 7 años en Almería (Andalucía). En Alemania, donde la enseñanza en casa es ilegal, varias familias fueron procesadas y condenadas a multas, pero se las autorizó a proseguir esa actividad. En ese país, Doro-thee Becker y su marido, de regreso de Micronesia, advirtieron que sus niños no lograban adaptarse al sistema escolar público. “No ofrecía las posibilidades que esperábamos, especialmente en lenguas y en ciencias”, explica Becker. En los Países Bajos, las autoridades rechazan 90% de las solicitudes de educación a domicilio, según Syne Fonk, responsable de la asociación Syntax. Como reacción, son cada vez más los padres que abren su propia escuela privada.
Se han realizado estudios en el Reino Unido, país de Europa donde la educación a domicilio tiene más éxito, con unos 10.000 niños que la reciben. Mil y una razones pueden justificar esa decisión de los padres: de convicciones filosóficas o religiosas a temores ante los problemas de comportamiento y de violencia en los establecimientos escolares. Alan Thomas, investigador invitado al Instituto de Educación de la Universidad de Londres, realizó una encuesta cuidadosa con unas cien familias británicas y australianas que enseñan a sus hijos en casa. Comprobó que los cursos duraban menos tiempo que en clase y que la atención que se prestaba al niño era más constante. También advirtió el impacto positivo de un aprendizaje informal y la importancia del diálogo, que a menudo no se practica en la escuela. Los niños, observa, “tienen gran confianza en su capacidad de aprender, una elevada autoestima y una madurez social que no suele darse en los niños escolarizados. No han tenido la experiencia del fracaso. Cuando no entienden algo, el problema se resuelve de inmediato.”
Autorizar la educación a domicilio debería ser un principio democrático, estima Petrie. “Cabe preguntarse”, añade, “cuál es el grado de confianza que el Estado tiene en los padres cuando se trata de determinar lo que conviene a sus hijos. Ese es el fondo del problema.”