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Ni siquiera el país
con el mayor número de ministras en su gabinete ha logrado superar la discriminación
femenina en el trabajo.
Pese
a la aprobación de una ley sobre la igualdad de oportunidades en 1979, las
suecas ganan de 15 a 25% menos que los suecos. Hace cinco años, una economista
ganó un pleito al demostrar que su remuneración era inferior a la de
sus compañeros de la misma empresa, pese a que las responsabilidades y la
formación de ambos eran idénticas. Pero las cosas son más complicadas
cuando se trata de comparar trabajos diferentes cuyo valor se considera equivalente.
En 1995, cerca de 400 enfermeras de la región de Estocolmo denunciaron ante
el defensor de la igualdad de oportunidades la discriminación salarial de
la que se estimaban víctimas. Debido a que los casos se examinan individualmente,
la Corte Laboral abrió tres procesos distintos. En 1996, dos parteras del
condado de Orebro, al sur del país, presentaron una cuarta denuncia. Cinco
años después, ninguno de los casos está resuelto.
Enfermeras y parteras alegan que el trabajo que realizan es igual que el de los auxiliares
técnicos del mismo hospital, cuyos salarios superan en 15% a los de ellas.
Estos auxiliares se ocupan del mantenimiento del material médico del hospital,
y su trabajo requiere una formación inferior al de ellas. Tras realizar una
evaluación, la dirección del hospital llegó a la conclusión
de que no existe diferencia salarial entre ambas categorías laborales, dado
que enfermeras y parteras reciben primas nocturnas y trabajan cuatro horas menos
que los técnicos, cuyo horario es únicamente diurno. Sin embargo, según
el defensor de la igualdad de oportunidades, lo que debe compararse es el salario
mensual de base, sin incluir las primas. Por primera vez en su historia, el tribunal
laboral sueco acudió a la Corte Europea de Justicia de Luxemburgo, que en
abril pasado dictaminó que deben compararse los salarios de base.
“Lo más significativo en estos casos es que se centran en la diferencia salarial
entre dos profesiones distintas, una ejercida mayoritariamente por mujeres y la otra
por hombres. ¿Cómo probar que el trabajo efectuado tiene el mismo valor?
En Suecia no existe ninguna jurisprudencia en este sentido”, explica Raija Lounavaara,
de la Oficina para la igualdad de oportunidades.
Si las enfermeras y parteras ganan sus respectivos casos, sus jefes habrán
de pagarles daños y perjuicios. “Pero una sentencia que reconozca que esas
personas fueron discriminadas supondría un importante mensaje para los sindicatos
y la patronal”, estima Lounavaara.
Sin embargo, el sindicato de enfermeras no apoya a las demandantes, estimando que
su acción pone en peligro la tradición sueca de los convenios colectivos.
Para el sindicato, el mejor modo de fijar salarios correctos está en apoyarse
en esta negociación teniendo en cuenta la ley del mercado, ya que en el país
hay escasez de enfermeras. A partir de 1995, el sindicato endureció su postura
negociadora y obtuvo los mayores aumentos salariales del sector público sueco.
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