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2. Mujeres y política
| Reorganizar el tiempo | Une marroquí | El laboratorio de los panchayats | Una “escuela de política electoral”para las coreanas | ¿Por qué no elegimos más mujeres? | Alegato a favor de un movimiento social |
La democracia imperfecta
Porcentaje de mujeres en los órganos legislativos nacionales, por región
Países nórdicos

38,8

América

15,3

Asia

15,3

Europa (sin los países nórdicos)

14,1

Pacífico

13,5

Africa al sur del Sahara

11,7

Países árabes

3,6

Mundo

13,8

Funete: Unión Interparlamentaria, abril de 2000







Los 16 países con más de 25% de mujeres en los órganos legislativos nacionales
Suecia

42,7

Dinamarca

37,4

Finlandia

36,5

Noruega

36,4

Países Bajos

36,0

Islandia

34,9

Alemania

30,9

Mozambique

30,0

Sudáfrica

29,8

Nueva Zelandia

29,2

Bosnia y Herzegovina, Venezuela

28,6

España

28,3

Cuba

27,6

Austria

26,8

Granada

26,7

Argentina

26,5

Turkmenistán, Viet Nam

26,0

Namibia

25,0

Funete: Unión Interparlamentaria, abril de 2000









Desde los años ochenta asistimos a una revancha, a una poderosa contraofensiva para aniquilar los derechos de las mujeres… Consiste (…) en proclamar alto y claro que el camino que conduce a las mujeres a las cimas en realidad no hace más que precipitarlas al fondo del abismo.

Susan Faludi,
periodista y escritora estadounidense (1959-)

En casi todos los países, con contadas excepciones como Kuwait, la legislación reconoce a las mujeres el derecho a voto y a ser elegidas. Pero en los hechos la feminización de los gobiernos y de los parlamentos apenas progresa. Según la Unión Interparlamentaria (UIP), una organización con sede en Ginebra que agrupa a 139 parlamentos, 86% de los parlamentarios siguen siendo hombres y ningún país –incluso en el norte de Europa– ha instaurado aún una paridad completa. En los países del antiguo bloque comunista, la representación de las mujeres en la política, que era una de las más elevadas del mundo, retrocedió ostensiblemente desde la caída del comunismo.
El número de mujeres jefas de gobierno y ministras “no aumenta sensiblemente”, según la U
IP. El promedio mundial de mujeres en el gobierno gira en torno a 12%. Y rara vez desempeñan carteras estratégicas como Finanzas, Interior o Defensa. Se les suele confiar los ministerios que disponen de menos recursos y tienen menor peso político: Bienestar Social y la Familia, Salud o Medio Ambiente.


Una actividad poco recomendable

En todos los países, cualquiera que sea su color político, las mujeres tropiezan con obstáculos que frenan su carrera política. “La mayoría de ellos consisten en carencias”, destaca la Uip: falta de tiempo, de formación y de información, de confianza en sí mismas, de dinero, de apoyo y motivación, de asociaciones femeninas, de solidaridad entre las mujeres, etc.
Los prejuicios son tenaces. En todas las culturas se estima que las mujeres están mejor en la cocina o con los niños que en las reuniones políticas o presidiendo una asamblea de representantes elegidos por el pueblo. A menudo los medios de comunicación exaltan esta imagen tradicional. A ella obedece también la violencia de los ataques verbales y físicos de que suelen ser objeto las mujeres que se dedican a la política.
En los países pobres, que enfrentan diversos conflictos y un deterioro de las condiciones económicas y sociales, los problemas de la vida cotidiana y la atención que prestan a su familia acaparan totalmente a las mujeres.
La U
IP subraya la insuficiencia generalizada de guarderías infantiles –reservadas a menudo a una minoría privilegiada–, la poca disposición de los partidos políticos a adaptar sus horarios y modalidades de reunión a ese tipo de problemas, y el escaso apoyo que reciben las mujeres de su propia familia. Esta ayuda –tanto moral como material– es crucial, pues las mujeres, que arrastran desde tiempos inmemoriales una imagen negativa, sufren a menudo de falta de confianza en sí mismas.
Otro obstáculo es la falta de recursos financieros, ya que las campañas electorales exigen medios considerables. Las mujeres se estrellan además con un machismo más o menos ostensible, que se manifiesta en la existencia de círculos políticos cerrados en los que el “segundo sexo” no es admitido, y son las primeras en deplorar la escasa solidaridad que se demuestran unas a otras, tanto más grave cuanto que para ellas los cargos son escasos.



www.ipu.org


Las mujeres en el Ejecutivo
Jefas de Estado
(Bermudas, Finlandia, Irlanda, Letonia, Panamá, San Marino, Sri Lanka)

7

3,7 %

Jefas de gobierno
(Bangladesh, Nueva Zelandia, Sri Lanka)

3

1,6%

Número de países en cuyos gobiernos participa una mujer

145

76,3%

Ministra de Defensa y Veteranos de Guerra

4

2,1%

Ministra de Agricultura

7

3,7%

Ministra de Finanzas/Presupuesto

9

4,7%

Ministra de Ciencias, Tecnología e Investigación

9

4,7%

Ministra de Economía/Desarrollo

14

7,4%

Ministra de Relaciones Exteriores

15

7,9%

Ministra de Justicia

23

12,1%

Ministra de Educación

23

12,1%

Ministra de Trabajo/Empleo/Formación Profesional

25

13,2%

Ministra de Asuntos Familiares/Infancia/Juventud

26

13,7%

Ministra de Medio Ambiente

28

14,7%

Ministra de Salud

30

15,8%

Ministra de Cultura

32

16,8%

Ministra de Asuntos Sociales

44

23,2%

Ministra de Condición de la Mujer/Igualdad de los sexos

47

24,7%

Fuente: Unión Interparlamentaria, 1999




Los factores de cambio

¿Cómo estimular a las mujeres —esta “minoría” que representa más de 52% de la humanidad— a que ocupen el lugar que les corresponde en la dirección de los asuntos mundiales? Las polémicas en torno a las diversas medidas susceptibles de alentarlas en ese sentido van para largo. Como demuestran los recientes debates en Francia acerca de la ley sobre la paridad, dos campos suelen enfrentarse sobre este tema candente: los partidarios de la eficacia práctica y los defensores de un universalismo teórico.
“Para algunas feministas”, resume la U
IP, “reivindicar la paridad en los lugares de decisión equivaldría a reconstruir una división entre los sexos susceptible de provocar una jerarquización y una discriminación. Para otras, por el contrario, ello permitiría superar algunos obstáculos y romper con estrategias inoperantes: la infiltración de los partidos (que normalmente las mujeres nunca logran concretar), la repartición insuficiente mediante cuotas o la esperanza de que las costumbres cambien.”
Por consiguiente, la paridad dista mucho de concitar una aprobación unánime Existe en cambio un “relativo consenso” para recurrir a las discriminaciones positivas, empezando por la instauración de cuotas, apunta la U
IP. Pero pocos países han modificado hasta ahora su legislación en consecuencia.
En el norte de Europa, donde el movimiento feminista es muy fuerte, los partidos instauraron cuotas desde los años setenta y las han ido aumentando regularmente hasta llegar casi a la paridad. Esta práctica empieza a extenderse al resto de Europa, especialmente en los partidos de izquierda. Pero en algunos países como Portugal, las proposiciones de ley favorables a esas medidas fueron rechazadas en febrero de 1999.
En los países en desarrollo la situación es muy variable pero parece haber una evolución. Numerosos países —entre otros Angola, Burkina Faso, Cabo Verde, Chile, Filipinas, Guatemala, India, Namibia, Sri Lanka, Sudáfrica— han adoptado disposiciones favorables a las cuotas o han anunciado su propósito de hacerlo.