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2. Mujeres y política
| Reorganizar el tiempo | La democracia imperfecta | Una marroquí en la palestra | Una "escueala de política electoral" | Betty Friedan |Alegato a favor de un movimiento social |
El laboratorio de los panchayats

Mrinal Pande, presentadora del telediario en la cadena pública Doordeshan; ex jefa de redacción del grupo Hindustan Times; fundadora del Indian Women’s Press Corps; autora de diversas narraciones y obras teatrales.
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Reunión de trabajo en el panchayat de una aldea en el norte de la India.








La Ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, siendo iguales ante ella, deben ser igualmente admisibles para todas las dignidades, puestos y empleos públicos según sus capacidades, sin otra distinción que la de sus virtudes y talentos.

Olympe de Gouges,
escritora y revolucionaria francesa (1748-1793)







Las mujeres
son los negros
del mundo.

Yoko Ono,
artista japonesa (1933- )

Más de un millón de mujeres indias ocupan cargos en las aldeas o los distritos, pero la ley dirigida a reforzar su presencia en el Parlamento está empantanada desde hace varios años.

En pleno corazón rural del Rajastán, unas diez habitantes de las aldeas, con sus mejores galas e instaladas en suntuosos sofás azules, discuten en marzo de 2000 sobre la democracia y el poder. Todas son miembros del panchayat, el concejo de la aldea. Su interlocutor es un huésped muy importante: el presidente estadounidense Bill Clinton.
Estas mujeres, que dirigen una cooperativa lechera, han lanzado diversos programas de microcrédito y de préstamos en favor de sus congéneres más modestas y sin tierra de la comunidad. Han renunciado a la costumbre de cubrirse el rostro. Ahora van al banco para retirar o depositar dinero, y a la sede del concejo del distrito para asistir a las reuniones mensuales.
Cuando hablan su lengua materna, el hindi, recurren a términos ingleses para el vocabulario técnico o financiero. Deploran que sus hijos no encuentren trabajo después de haber estudiado, aluden a la necesidad de abrir una escuela en la vecindad para los adolescentes y hablan de la lucha para obtener agua potable, mejores carreteras, semillas y útiles de labranza para su aldea. Esas mujeres se han incorporado ahora a la actividad política.

Debates en torno a las cuotas
Al igual que un millón de mujeres indias, deben su situación a las enmiendas 73a y 74a de la Constitución del país. Adoptados en 1993, esos textos obligan a todos los estados a reservar a las mujeres un tercio de los escaños del panchayati raj, sistema de gobierno local en tres niveles (aldea, nivel intermedio y distrito). Constituidos por miembros elegidos entre y por los habitantes de las aldeas, los panchayats tienen poder de decisión en diversos ámbitos: agricultura, salud, empleo y enseñanza primaria.
En poco tiempo las mujeres han demostrado su capacidad de ejercer el poder en las aldeas y de desafiar las tradiciones feudales. Esa es tal vez una de las razones por las cuales el Parlamento obstaculiza sistemáticamente la votación de la ley sobre las cuotas, cuya finalidad es reservar a las mujeres un tercio de los escaños del Parlamento Nacional y de las asambleas de los diversos estados. Presentado por primera vez en 1996, ese proyecto de ley dio lugar a nuevos debates en 1998 pero no fue aprobado a raíz de la caída del gobierno de A. B. Vajpayee. Reapareció en diciembre de 1999, pero sigue suscitando polémicas acaloradas y a veces violentas en el Lok Sabha, la Cámara de Diputados. En la actualidad ésta sólo tiene entre sus 543 diputados 43 mujeres, en su mayoría pertenecientes a la elite.
Los que se oponen a esta ley, que cuentan en sus filas a dos partidos de centroizquierda (el Rashtriya Janata Dal y el Samajwadi) y algunos integrantes de la coalición gubernamental dirigida por el Partido Bharatiya Janata (B
JP, nacionalista hindú), estiman que el proyecto debería prever una subcuota para las demás “clases desfavorecidas”,1 así como para las mujeres musulmanas. De no ser así, afirman, las cuotas sólo servirían los intereses de la elite.
Mientras los debates se eternizan, diversas organizaciones destacan el éxito de las mujeres en el seno de los panchayats. Estas se baten además para impulsar el acceso al poder de los sectores particularmente marginados —los dalits (intocables) y las comunidades tribales— y para dar a las mujeres una idea más clara del ejercicio del poder y de los derechos que tienen a nivel local. La Sociedad de Investigación para la Participación en Asia, por ejemplo, contribuye a la formación de las candidatas a las elecciones locales y organiza encuentros entre los miembros de panchayats de diferentes estados. Esas organizaciones procuran además movilizar a las mujeres para que voten y, en caso necesario, denuncian fraudes como, por ejemplo, el soborno de los electores.
Un estudio reciente preparado por una
ONG de Delhi, el Grupo de Investigación Acción Múltiple, llegó a la conclusión de que si bien las enmiendas constitucionales han servido de catalizador a una mayor participación femenina en el poder, habría que ir más lejos y dar a las mujeres la posibilidad de volver a presentarse al término de su primer mandato a fin de consolidar su situación, así como desplegar los máximos esfuerzos para darles la formación indispensable. Otro estudio realizado en tres estados a petición del gobierno por el Centro de Estudios sobre la Mujer y el Desarrollo demostró que el sistema de escaños reservados había beneficiado sobre todo a las mujeres de las “demás clases desfavorecidas”.
Sin embargo, todavía son muchos los obstáculos. El analfabetismo y la pobreza son males endémicos en las zonas rurales, y el patriarcado se mantiene inmutable. Las casos de malos tratos a las mujeres y de decesos vinculados a la dote siguen siendo numerosos. Además, como destaca Ela Bhatt, fundadora de la Asociación de Mujeres Trabajadoras Independientes, las mujeres del campo no constituyen un grupo unido. Para muchas de ellas, las consideraciones relacionadas con la casta, el clan o la familia prevalecen sobre el acceso a la esfera política o la igualdad de los sexos. Por ese motivo, prosigue Bhatt, las mujeres miembros de los panchayats son en realidad designadas, manipuladas o intimidadas por sus homólogos masculinos. A menudo son los varones de la familia los que deciden cómo deben vestirse, las reuniones a las que han de asistir o sus estrategias electorales.

Sillas para todos
Para la economista feminista Devki Jain, es esencial dar un poder político a las mujeres a fin de que puedan “demoler el bastión del patriarcado”. La cuestión de si las mujeres campesinas analfabetas son idóneas para optar a cargos de elección popular y luego desempeñarlos es motivo de un eterno debate en la India. Gita Mukherjee, hoy fallecida, miembro del Partido Comunista, elegida seis veces diputada por Bengala Occidental y presidenta de la comisión parlamentaria sobre la ley de las cuotas, afirmaba que había que favorecer el acceso de las mujeres al ámbito público y que su conciencia política se despertaría automáticamente. Los panchayati raj, decía, son valiosos porque constituyen para las mujeres un lugar de aprendizaje del ejercicio del poder político. Insistía en que la lucha contra la pobreza y la violencia sólo podía ser eficaz si las mujeres formaban una masa crítica en todas las instancias de decisión.
Puede parecer paradójico que Madhu Kishwar, militante y jefa de redacción de la revista femenina Manushi, en Delhi, sea contraria al proyecto de ley. Según ella, los responsables de los partidos se contentarán con el “batallón de las ‘bibi beti’ (esposas e hijas)” en circunscripciones reservadas. Conjuntamente con el Foro para una Reforma Democrática, organismo que agrupa varias asociaciones femeninas, propuso otro proyecto de ley que impone a los partidos políticos la obligación de incluir una cuota de un tercio de mujeres entre sus candidatos y una representación proporcional de sus adherentes dalits o miembros de las clases desfavorecidas en sus listas. Bidya Munshi, que durante mucho tiempo fue el brazo derecho de Mukherjee, critica sin embargo esta propuesta, estimando que existe un fuerte riesgo de que se relegue a las mujeres a las circunscripciones donde tienen pocas posibilidades de ser elegidas.
Pese a ese patriarcado profundamente arraigado, los signos de cambio son evidentes, aunque puedan parecer anecdóticos. El jefe del gobierno de Madhya Pradesh, Dig Vijaya Singh, organizó recientemente una reunión con mujeres en Bhopal. Se habían preparado sillas para los ministros y altos funcionarios, y simples esteras para las representantes elegidas por el pueblo. Al iniciarse la reunión, Remmebai, perteneciente a una comunidad tribal, se levantó e interpeló al jefe del gobierno: “Usted habla siempre de la igualdad de las mujeres y de las cuotas que hay que reservarles. Actualmente realizamos una actividad política; el pueblo nos eligió. ¿Habría una escasez de sillas en su ciudad?” Hace cien años, se habría ahorcado a Remmebai y a toda su familia por semejante osadía. En vez de eso, el jefe del gobierno le agradeció humildemente que hubiera planteado el problema y, al día siguiente, había sillas para todo el mundo.



1. Las demás “clases desfavorecidas” representan 52% de la población india. Por ser consideradas “desfavorecidas” (menos sin embargo que las “castas empadronadas”, anteriormente llamadas intocables, o las “tribus empadronadas”), esas poblaciones disfrutan de ciertas ventajas.