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Una “escuela de política electoral” para las coreanas

Glenn Manarin, periodista en Corea del Sur.
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Lim Myung-sook (a la izquierda) participa en una manifestación
contra el cierre de una escuela.










Como mujer, no tengo país. Como mujer, no quiero país. Como mujer, mi país es el mundo entero.

Virginia Woolf,
escritora británica (1882-1941)

Los prejuicios, la tradición y la estructura de los partidos están contra ellas. Pero en Corea del Sur, las mujeres ganan terreno siguiendo cursos de estrategia política.

Porque ocupa un cargo público de responsabilidad, Lim Myung-sook constituye un caso excepcional en Corea del Sur, sociedad tradicionalmente dominada por los varones. A los 45 años fue elegida concejal de la ciudad industrial de Uslan. Su éxito es también el del Centro de Mujeres y Política de Corea (C
KWP) y su escuela electoral.
Desde siempre el poder político ha sido un privilegio masculino en Corea, donde las mujeres son relegadas al ámbito doméstico. Esta situación es reforzada por los valores aún presentes del confucianismo y por el hecho de que el mundo de los negocios también pertenece a los varones. “En Corea nuestro sistema de valores impide a las mujeres entrar en la política”, afirma Sohn Bong-Scuk, especialista en ciencia política y fundadora del C
KWP, y de hecho sólo hay un puñado de representantes del sexo femenino en los municipios y en la Asamblea Nacional.
Sohn creó el C
KWP en 1990 para colmar la brecha entre la meta ideal de la representación igualitaria y la realidad. Financiado esencialmente con donaciones, el centro emplea a ocho personas y opera con un presupuesto anual de 180.000 dólares. Para Sohn, los tres principales obstáculos a una mayor representación femenina son una cultura política fuertemente masculina, una sólida red de relaciones entre varones y el problema del financiamiento de las campañas electorales.
“Los partidos políticos coreanos son verdaderos cotos privados que giran en torno a unas pocas personas clave y a numerosos dirigentes de nivel medio. Si uno quiere escalar posiciones en el partido debe contar con un ‘padrino’ bien ubicado en la jerarquía. Para una mujer no es fácil penetrar en ese círculo cerrado”, dice Sohn.
A menudo las mujeres no disponen de las sumas necesarias para realizar una campaña. Por ley, los candidatos a la Asamblea Nacional deben contar con un mínimo de 210.000 dólares. Pero algunos llegan a gastar hasta dos millones, según Sohn.

Carrera de obstáculos
Las empresas se muestran reacias a apoyar a candidatas. “Los sectores comerciales o industriales que respaldan a un candidato esperan siempre algo a cambio. Pero tratándose de mujeres, les parece que no van a obtener ninguna ventaja”, afirma Sohn. “Como son minoritarias en política, suelen mostrarse muy prudentes y se mantienen alejadas de los negocios sucios. Además, como a menudo son novicias en el Parlamento, no tienen la influencia necesaria para serles útiles.”
Lim Myung-sook hubo de batallar duro a fin de reunir los 9.000 dólares necesarios para aspirar a un cargo municipal. Con el apoyo del C
KWP y de otra ong logró reunir ese presupuesto mínimo, muy inferior al de la mayoría de los candidatos. Pero el mayor obstáculo era su falta de experiencia. En 1994 militaba por la protección del medio ambiente cuando unos amigos le sugirieron que se presentara a las elecciones municipales. Fue entonces invitada a asistir a la “escuela electoral” del Centro.
Lim participó en un seminario de tres días con otras cuarenta mujeres, de las cuales cinco eran candidatas en otros municipios. En las clases teóricas entendieron que la participación política femenina era sólo una etapa para alcanzar la igualdad y una auténtica representación democrática. En un terreno práctico, la técnica oratoria, la estrategia política y electoral y el contacto con los votantes fueron los principales aspectos tratados. Como en las campañas electorales coreanas la imagen es fundamental, se aconsejó a las mujeres sobre la forma de vestirse y de peinarse. Aquéllas que utilizaban dialectos regionales aprendieron a expresarse en coreano clásico. Por último, se asignaron papeles a las participantes (candidata, funcionaria electoral, responsable de campaña) y se realizó un simulacro de elección.

Una cuestión de entrenamiento
Primera mujer concejal del municipio de Uslan en 1995, Lim fue reelegida en 1998. Desde entonces otras dos mujeres han resultado electas en esa misma ciudad. Tras las elecciones legislativas de abril de 2000, el CKWP tuvo un nuevo motivo de satisfacción. Una candidata preparada por el Centro en Seúl y enviada luego a Alemania y Estados Unidos para perfeccionarse obtuvo un escaño en la Asamblea Nacional. Pero por lo general el Centro actúa en la base, impulsando a las amas de casa a presentarse en elecciones locales más que en las de carácter nacional, en las que los candidatos suelen ser políticos experimentados.
El centro realiza además seminarios anuales de formación para mujeres que se interesan por la política. Durante tres días, estudiantes universitarias, dueñas de casa y mujeres de negocios se reúnen para debatir temas como el acoso sexual o la discriminación positiva. Tras los debates se les asignan papeles, —ministra del trabajo o de asuntos exteriores— y se forman dos bandos: feministas y antifeministas. Organizan luego un simulacro de congreso que les permite entrenarse para debatir y tomarle gusto a la política.
Otra actividad importante del Centro es el estudio de temas relacionados con el voto femenino y los modelos de gobierno. El C
KWP ha descubierto así que “las preocupaciones políticas de las mujeres son diferentes de las de los hombres. Se interesan más por las minorías, los marginales, las personas de edad y los niños”, afirma Sohn. En la ciudad industrial de Uslan, las prioridades de Lim como concejal son la contaminación y el reciclado industrial, el bienestar social, los derechos de los minusválidos y de las mujeres.
Corea está lejos de lograr que las mujeres tengan una representación política equitativa. Antes de las elecciones del pasado mes de abril, de los 299 miembros de la Asamblea Nacional sólo 11 eran mujeres. Ahora llegan a la cifra récord de 16, once de las cuales fueron elegidas gracias a la legislación de discriminación positiva dictada en 1995 tras una intensa presión del C
KWP y de otros grupos. Pero en la actual Asamblea Nacional de 273 escaños, la sociedad coreana sigue estando abrumadoramente representada por varones. Aunque la lentitud con que cambia la situación es desalentadora, Sohn estima que el CKWP ha contribuido a transformar las mentalidades: “Ahora incluso los varones admiten que las mujeres y la política no son incompatibles.”