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2. Mujeres y política
| Reorganizar el tiempo | La democracia imperfecta | Una marroquí en la palestra | El laboratorio de los panchayats | Una "escuela de política electoral" | Alegato a favor de un movimiento social

Movilización preelectoral

“¿Por qué no elegimos más mujeres?”

Entrevista realizada por Judy Mann, periodista del Washington Post, Estados Unidos.
photo
© Irène Barki/Sipa Press, París







Movilización preelectoral

Diversas organizaciones estadounidenses han iniciado acciones con miras a las elecciones de noviembre de 2000. Muchas tienen experiencia en el apoyo a candidaturas femeninas y en materia de formación del personal de las campañas. Otras informan a las mujeres y las incitan a votar.
Emily List
(
www.emilylist.org)
es una fuente importante de financiación para las mujeres demócratas favorables al aborto, y The Wish List
(
www.thewishlist.org)
apoya a las republicanas “por el derecho a elegir”.
Women’s Campaign Fund
(
www.wcfonline.org),
National Women’s Political Caucus
(
www.nwpc.org)
y National Organization for Women
(
www.now.org)
apoyan a todas las candidaturas partidarias del aborto.
Village.com, uno de los principales sitios destinados a las mujeres, propone inscripciones en línea en las listas electorales, entrevistas a candidatas y foros de discusión con ellas.
The White House Project
(
www.thewhite
houseproject.org
)
procura estimular la elección de mujeres para funciones clave.
League of Women Voters
(
www.leagueof
womenvoters.org
)
hace campaña por que las mujeres se inscriban en las listas electorales y vayan a sufragar.
Lifetime Television
(
www.lifetimetv.com)
se asoció con el National Council of Women’s Organizations (constituido por 110 asociaciones nacionales) a fin de informar a las mujeres sobre temas que les conciernen, destacando la importancia de que voten.

En el Congreso de Estados Unidos sólo hay un 13% de mujeres. Betty Friedan, pionera del movimiento feminista estadounidense, analiza las causas de esta representación insuficiente.

Betty Friedan salió del anonimato en 1963 con The feminine mystique, obra que modificó la idea que las mujeres tienen de sí mismas, en Estados Unidos y en otras latitudes. Expresó el malestar silencioso de las amas de casa, que al realizar las labores domésticas se preguntan: “¿La vida consiste en esto?” Ese malestar no tiene nombre, pero la sociedad debe afrontarlo, escribió Betty Friedan, considerada a menudo la “madre” del movimiento feminista estadounidense.
Desde entonces, ha publicado una serie de ensayos. Sus memorias van a ser editadas por Simon & Schuster. Durante la entrevista que concedió para El Correo de la UNESCO, afirmó con ironía: “Lo malo cuando uno escribe sus memorias es que, una vez terminada la obra, piensa: ¡Estoy muerta!”

Dada la fuerza del movimiento feminista estadounidense, ¿cómo se explica que tan pocas mujeres se dediquen a la política?
Se necesita mucho dinero en Estados Unidos para realizar una campaña. Las mujeres no ganan suficiente y para ellas es más difícil incorporarse a la política que para los hombres. La idea de ser candidata a senadora no me desagrada pero no quiero tener que reunir fondos. Además, cuando las mujeres tienen niños, las principales responsabilidades recaen sobre sus hombros, lo que priva a la mayoría de varios años de vida activa.

¿De qué modo su acción facilitó la incorporación de las mujeres a la vida política?
Ayudó a las mujeres a franquear ciertas barreras inconscientes, sobre todo la imagen que tienen de sí mismas y de sus posibilidades. La mística femenina obligaba a las mujeres a ser humildes, tímidas, silenciosas e invisibles. Yo les dije que dejaran de cuchichear, que gritaran. Alenté a las mujeres a liberarse de la mística femenina, a ser candidatas, a armarse contra la discriminación sexual.

Usted ha luchado por las políticas de igualdad de derechos y de discriminación positiva. ¿Piensa que han sido eficaces?
Actualmente las mujeres estadounidenses obtienen tantos diplomas como los hombres. La diferencia se hace sentir después, durante la maternidad, y ellas nunca se recuperan de ese retroceso. Somos la única nación industrializada que carece de un sistema público de guarderías infantiles. Es un escándalo.
En cuanto a la noción de remuneración igual por trabajo igual, el principio es justo pero existen innumerables formas de eludirlo. Muchas mujeres son relegadas a empleos que tienen tanto si no más valor que los de los varones, pero que son peor remunerados porque se trata de mujeres. Por consiguiente, ahora exigimos un salario igual por un trabajo de igual valor. ¿Por qué el portero de un edificio debería ganar más que una maestra? ¿Qué harían los médicos sin las enfermeras?

¿Piensa que la igualdad económica o los derechos por maternidad son cuestiones secundarias sobre las que no vale la pena hacer campaña?
Conciernen a 52% de la población. Las estadounidenses poseen muchos más poderes de los que utilizan. Como votantes son más numerosas que los hombres. El punto crucial es saber por qué no aprovechamos ese poder para que se dé prioridad a cuestiones importantes y por qué no elegimos a más mujeres. Esos temas no son tan secundarios como podría creerse. Me extrañaría mucho que un candidato en una zona urbana se atreviera a lanzar como consigna: “¡Las mujeres a casa!” Aunque no es posible predecir lo que sucedería en caso de crisis económica.

¿Qué podrían hacer los movimientos femeninos para ayudar más a las candidatas?
Será interesante ver lo que sucederá con Hillary Clinton en Nueva York. ¿Obtendrá un apoyo masivo de las mujeres más allá de los partidos? Hubo algo que no me gustó: cuando Hillary se tornó públicamente vulnerable a causa del escándalo Lewinsky, su popularidad aumentó. Es como si las mujeres no pudieran identificarse con una mujer superior. Se sintieron más cerca de Hillary cuando ésta atravesaba dificultades que cuando dominaba la situación Quiero que las mujeres salgan de su condición de víctimas.

¿Qué estrategias facilitarían el acceso de las mujeres a la política?
Hay cada vez más alcaldesas que siguen escalando posiciones políticas. Antes las únicas mujeres en el Congreso eran las viudas que ocupaban el cargo de sus difuntos esposos. Los progresos tal vez no sean suficientemente rápidos, pero prosiguen. Las cosas avanzarán más cuando sean más numerosas las mujeres que estudien ciencias políticas, que dirijan instancias estudiantiles en las universidades, que realicen estudios de derecho. Hasta ahora esos estudios son los que abren las puertas de la política. Más de 40% de los estudiantes de las facultades de derecho son mujeres. La próxima generación logrará el equilibrio.

¿La situación actual le inspira algún comentario?
Las mujeres ya no se definen como madres o amas de casa. Si he aportado mi contribución a ese cambio, me siento orgullosa de haberlo hecho. Espero la próxima etapa con impaciencia. La representación femenina en el gobierno de Estados Unidos no es más que de 12%. ¿Qué sucedería si llegara a 50%? Creo que la política sería diferente. De algunos estudios se desprende que al sumarse dos mujeres al cuerpo legislativo de un estado, su programa cambió. No exclusivamente en materia de derechos de la mujer, sino en todos los ámbitos de la vida: los niños, la enfermedad, la vejez, la salud, la calidad de vida ¡y no sólo las autopistas!