
Zona industrial a orillas del Rin, Países Bajos.

Riego con aguas del Rin enriquecidas con oxígeno para contrarrestar el efecto
de las bacterias.
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Una comisión
para el Danubio
El Danubio, el río más largo
de Europa (2.857 km) después del Volga, tiene su fuente en Alemania y riega
sucesivamente a Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, la República
Federativa de Yugoslavia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania, antes de arrojarse
en el Mar Negro.
Después de diversos intentos infructuosos, una Comisión del Danubio
nació en Viena en 1992, inspirada en el modelo renano. En 1994 se firmó
en Sofía una convención internacional acerca de los problemas de contaminación
transfronteriza y de preservación del entorno. Entró en vigor cuatro
años más tarde.
La cuenca hidrográfica del Danubio cubre 817.000 km2 y concierne a unos doce Estados. Por estimarse poco
afectados directamente, varios de ellos, como Suiza, Italia, Polonia, Albania o Macedonia,
no se han incorporado a la Comisión.
Las condiciones ambientales del Danubio tienen repercusiones socioeconómicas
más importantes que las del Rin para los Estados ribereños, pero su
contaminación es menos grave que la del Rin en los años setenta.
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Cinco países
para un solo río

El Rin
El Rin nace de varias fuentes de los Alpes
situadas en los Grisones suizos. Una de ellas alimenta el Rin anterior (Vorderrhein);
otra, el Rin posterior (Hinterrhein). Ambos se reúnen a la altura de la aldea
helvética de Reichenau y se convierten en el Rin alpino que marca la frontera
entre Suiza y Austria. Después del célebre salto de Schaffhausen, de
25 metros de altura, se convierte en el alto Rin (Hochrhein) y se dirige hacia el
oeste. Sirve entonces de frontera entre Alemania y Suiza.
Río abajo de Basilea se bifurca hacia el norte: toma entonces el nombre de
Rin superior (Oberrhein) a lo largo de más de 300 km. A continuación,
marca brevemente la frontera entre Suiza y Francia, luego a lo largo de 180 km la
que separa Francia de Alemania. Delimita por último varios Länder alemanes.
En Maguncia el río se dirige nuevamente hacia el oeste pero en Bingen opta
por el norte. Se trata del Rin medio (Mittelrhein) que atraviesa el conjunto esquistoso
renano en un tramo de 110 km. A partir de Bonn pasa a ser el Rin inferior (Niederrhein).
Al llegar a la frontera holandesa cerca de Emmerich, corre nuevamente hacia el oeste
y se subdivide para formar el delta del Rin, al que se arroja el Mosa. De Reichenau
al Mar del Norte, el río recorre 1.320 km.
En total la cuenca hidrográfica renana cubre unos 250.000 km2,
donde viven 51 millones de personas. Concierne a Suiza, Austria, Alemania, Francia,
Luxemburgo y los Países Bajos. Entre los numerosos afluentes del Rin, figuran
en Suiza el Aar, en Francia el Ill, en Alemania el Kinzig, el Neckar, el Main, el
Lahn, el Mosela, el Ruhr y el Lippe, por citar sólo a los más importantes.
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Sumamente contaminado en
los años setenta, el Rin es ahora un río limpio. Pero para que los
Estados ribereños se movilizaran fue necesaria una catástrofe ecológica.
Durante
varias décadas el Rin fue una de las cloacas más repugnantes de Europa.
Gracias a la labor coordinada del conjunto de los Estados ribereños, el río
ha recobrado su pureza. Símbolo de esta recuperación, el noble salmón
reapareció en sus aguas: se han pescado más de 200 desde 1996. Pero
la empresa fue larga y difícil.
El Rin, la vía fluvial más utilizada de Europa, es navegable en un
tramo de 883 kilómetros, de su desembocadura a la región de Basilea.
Desde hace siglos, numerosas ciudades e importantes zonas industriales, como la del
Ruhr, se levantan en sus riberas. A lo largo del río se extiende una red ferroviaria
y de carreteras que figura entre las más desarrolladas del mundo. El Rin proporciona
también el riego indispensable para una agricultura intensiva. La viticultura
goza de reconocida fama. Otros cultivos como el maíz, el tabaco, la remolacha
azucarera y los productos hortícolas (a menudo en invernadero) requieren más
abonos y son por ello más peligrosos para el medio ambiente, por no hablar
de la contaminación ocasionada por las explotaciones lecheras y la cría
de ganado porcino. Por último, miles de ciudadanos consumen agua potable procedente
del Rin, mientras se vierten en él las aguas negras urbanas.
Un
poco de historia
La observación
de la geografía del Rin (véase mapa y recuadro) nos da dos indicaciones.
Por un lado, la actividad humana ejerce una fuerte presión sobre el río;
por otro, cinco países son bañados por el Rin, lo que hace de él
un auténtico prototipo de aguas internacionales.
El tratado de 1816 —uno de los más antiguos de Europa— había definido
el estatuto del Rin como vía navegable. Renegociado en Maguncia en 1831, fue
reemplazado en 1868 por el Acta de Mannheim, que creó una primera Comisión
del Rin encargada, desde Estrasburgo, de velar por la libre circulación en
esta “vía fluvial internacional”, habilitada entonces para barcos de hasta
3.000 toneladas.
Un acuerdo de índole muy diferente fue concluido desde 1886 entre los cinco
Estados ribereños: la Comisión Internacional del Salmón, amenazado
de desaparición en la cuenca del Rin, surgió a fin de proteger a esos
peces migratorios de la contaminación y del obstáculo que constituían
para ellos las presas. El salmón llega al mar cuando tiene unos 18 meses y
regresa, a la edad de cuatro o cinco años, a su lugar de nacimiento para desovar.
En un primer momento los países ribereños decidieron favorecer la introducción
de salmones jóvenes o alevines.
Sin embargo, en el siglo xix se tomaron, sin acuerdos bilaterales, importantes medidas
que afectaron al paisaje y la hidrografía. Se realizaron obras con riesgo
de causar perjuicios a los vecinos o a las ciudades situadas río abajo. Así,
en 1807 el Gran Ducado de Baden (que se extendía de Basilea a Mannheim y se
unió más adelante a Wurtemberg) decidió unilateralmente canalizar
una parte del Rin. El ingeniero Tulla, encargado de las obras, hizo excavar un lecho
más recto para el río, aumentando de ese modo su caudal. Esas “correcciones”
tuvieron un efecto desastroso en la capa freática de la llanura del Rin superior,
cuyo nivel bajó. Además, los bosques húmedos inundados regularmente
hasta entonces —un biotopo característico de la llanura renana— se secaron.
La
desaparición del salmón
Asimismo, la
construcción del Gran Canal de Alsacia, en el lado francés, a partir
de 1920, se realizó sin ningún tipo de concertación con los
países vecinos. La decisión de realizarlo fue impuesta por la potencias
victoriosas de la Primera Guerra Mundial, en el marco del Tratado de Versalles de
28 de junio de 1919. Ese canal permitió que Francia edificara en su territorio
una serie de centrales hidroeléctricas y de presas (diez entre Basilea y Estrasburgo,
sin contar con las instalaciones en los afluentes), o sea otros tantos obstáculos
insuperables para los peces migratorios. Y el canal francés, ensanchado en
1950, hizo bajar nuevamente el nivel del Rin.
El río se convirtió en la cloaca de Europa desde mediados del siglo
XX. En ese entonces inmensas cantidades
de desechos fueron vertidos impunemente en él. Esta contaminación multiforme
procedía de las aguas servidas de numerosas ciudades, de la industria, que
se desarrolló considerablemente, así como de la agricultura. En particular
las tasas de fosfato, presentes en productos de uso doméstico (lejías,
detergentes, etc.) o en los abonos, aumentaron peligrosamente. Como consecuencia
de ello, los peces empezaron a escasear y, en 1935, el salmón había
desaparecido totalmente. Extraer agua potable del Rin resultó cada vez más
difícil. A menudo olía a fenol y tenía un sabor salado.
Después de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de
los países europeos se negaron a entablar cualquier tipo de negociaciones
con los representantes alemanes. Sin embargo, la idea de una “concertación”
respecto del Rin se fue abriendo camino, contrariamente a lo ocurrido en 1919. En
vista de ello, en 1946 los Países Bajos dirigieron un memorándum a
Suiza, invitándola a participar en un debate sobre la contaminación.
Finalmente se optó por una nueva conferencia internacional sobre el salmón,
celebrada en Basilea en 1948, en la que quedó establecido que esos señores
de las olas sencillamente habían huido del Rin. Se impuso entonces la necesidad
de crear una instancia interestatal permanente encargada de los problemas generales
de contaminación. Así nació, el 11 de junio de 1950, la actual
Comisión Internacional para la Protección del Rin (CIPR),
a raíz de una reunión en Basilea de los representantes de los Estados
ribereños (además de Luxemburgo), que la financian.
Los resultados se hicieron esperar. La situación del Rin siguió deteriorándose
durante más de 20 años. Pero al menos los Estados habían decidido
tomar regularmente muestras de las aguas, lo que se tradujo en la creación
de una red de vigilancia de la calidad de éstas en el conjunto del río.
Tratados
y convenciones
Hubo que aguardar
hasta 1963 para que se concluyera en Berna el primer tratado dirigido a concretar
un programa de lucha contra la contaminación. Ese mismo año se dotó
a la CIPR de una secretaría permanente,
que inicialmente tuvo su sede en Luxemburgo, y luego en Coblenza, a partir de 1964.
Desde entonces esa secretaría centraliza y difunde información valiosa
sobre el estado del Rin y sobre los diversos problemas ecológicos existentes.
El funcionamiento de la Comisión es bastante original y la experiencia ha
demostrado que es acertado. La CIPR reúne regularmente a
los ministros encargados de los asuntos del medio ambiente o a sus delegados. Las
decisiones se toman en común y luego cada país, incluso cada Land o
autoridad regional, adopta las medidas pertinentes. Pero ni la CIPR
ni su secretaría tienen atribuciones ejecutivas propiamente dichas o poderes
coercitivos (para ordenar la construcción de nuevas instalaciones, por ejemplo).
Asimismo, la Comisión elabora programas para el medio ambiente del Rin pero,
si éstos son aprobados, son los Estados los que los financian y ejecutan.
La secretaría se conforma con vigilar su aplicación a lo largo del
río. En 1976 la Comunidad Europea, que desde entonces ha pasado a ser la Unión
Europea, adhirió a la CIPR, lo que dio a la Comisión
mayor peso.
Las medidas aplicadas dieron fruto poco a poco. Entre 1970 y 1974, el contenido de
oxígeno del agua no era aún más que de 2 a 4 miligramos por
litro (mg/l), o sea una concentración demasiado baja para permitir el desarrollo
de cualquier tipo de vida orgánica. Pero, entre 1970 y 1990, los países
ribereños instalaron sistemas de purificación que costaron en total
38.500 millones de dólares. La tasa de oxígeno aumentó regularmente
hasta que el Rin recuperó parte de su biodiversidad. Los especialistas, sin
embargo, destacan que las centrales de purificación aparecen por definición
después de producida la contaminación y limitan sus efectos pero sin
atacar sus causas. Y esas centrales logran reducir escasamente la presencia de metales
pesados en el río. “Es cierto que el río está dotado de una
cierta capacidad de autolimpieza, pero se ha hecho una apreciación exagerada
de ésta”, afirma Anne Schulte-Wülwer-Leidig, bióloga en Coblenza.
El contenido de metales pesados del río (mercurio, cadmio, zinc, etc.) y de
sustancias nocivas (pcb, benceno o atrasina resultante de los pesticidas) siguió
siendo elevado.
En 1976 los Estados miembros de la CIPR aprobaron una convención
sobre los productos químicos: algunas sustancias definidas como peligrosas
se incluían en una lista “negra”, otras en una lista “gris”. Se fijaron tasas
máximas para el cadmio, el mercurio y algunas sustancias especialmente contaminantes.
Esas medidas se adoptaron en un momento en que los industriales tenían la
posibilidad técnica de equiparse con instalaciones capaces de eliminar o alejar
las sustancias peligrosas desde la fase de la producción. Antes sólo
podían ser filtradas al término del proceso.
La catástrofe de Basilea
En ese año 1976 los países ribereños firmaron una convención
sobre los cloruros, destinada a lograr que el contenido de sal del Rin pasara de
500 a 200 mg/l en la frontera germano-neerlandesa. Esta tasa elevada, que entorpecía
la obtención de agua potable, se debía entre otras causas a los residuos
de las minas de potasa de Alsacia (cuyo cierre está previsto en 2004) y de
Lorena en el Rin o el Mosela, así como a los desechos de las industrias químicas
que bordean el Main. En el Weser, contaminado por los residuos de potasa del Werra,
esa tasa había alcanzado a veces 3.000 mg/l…
Los residentes a orillas del río vivieron un auténtico traumatismo
en noviembre de 1986, al producirse el incendio de la industria química Sandoz,
cerca de Basilea. En Schweizerhalle enormes cantidades de insecticidas y pesticidas
fueron vertidas en el río junto con el agua utilizada por los bomberos para
combatir las llamas. La conciencia ambiental cobró así otra dimensión,
y las poblaciones afectadas y sus representantes exigieron a los industriales la
aplicación de medidas más drásticas.
“La catástrofe de Basilea permitió a la CIPR fijar objetivos más
ambiciosos en 1987 en su Programa Acción-Rin”, estima Koos Wieriks, responsable
de la secretaría de la Comisión. Se adoptó el compromiso de
reducir a la mitad, antes de 1995, las tasas de diversas sustancias contaminantes
consideradas prioritarias. Numerosos especialistas estimaban que ese objetivo nunca
se alcanzaría. Sin embargo, según las muestras obtenidas por la CIPR,
el mercurio arrastrado por el Rin en Bimmen-Lobith en Alemania (cerca de la frontera
neerlandesa) pasó de 6 toneladas al año en 1985 a 3,2 toneladas en
1992, el cadmio, de 9 a 5,9 toneladas, el zinc de 3.600 a 1.900 toneladas, la atrasina
de 10 a 3,7 toneladas y los pcb de 390 a 90 kilogramos en el mismo periodo. Por lo
demás, se construyeron centrales de purificación química río
arriba y río abajo en Scweitzerehalle. “El programa de 1987 permitió
imponer la idea de que el Rin era un sistema ecológico global”, subraya Schulte-Wülwer-Leidig.
Según ese programa, el Rin debía volver a ser un espacio vital sano
para los salmones, pero también para los lucios, las truchas y otras especies.
Era necesario mejorar aún más la calidad del agua. Ahora bien, este
objetivo se logró antes del plazo fijado en el año 2000. Y desde 1991
más de un millón de alevines fueron introducidos en la cuenca renana.
Un
ecosistema integrado
Pero no por
eso se han resuelto todos los problemas de los peces migratorios. En 1996, el primer
salmón pescado desde hacía muchos lustros en el río fue capturado
muy poco antes de la presa de Iffezheim, cerca de Baden-Baden. Procedente del Mar
del Norte, desde ese punto no podía, en razón de dicho obstáculo,
llegar al afluente donde había nacido. Los salmones desovan exclusivamente
en los afluentes de los que son originarios.
Con ayuda de los movimientos ecologistas se están venciendo las resistencias
de los propietarios de centrales a construir costosas pasarelas o complejas “redes
de paso” para el salmón. Instalaciones de ese tipo están en construcción
en Iffezheim, en la confluencia con el Ill (río sin presas), a un costo estimado
en unos seis millones de dólares, o en Gambsheim, en Alsacia. En Basilea se
consultó a la población para determinar las modificaciones del paisaje
urbano que debían iniciarse a fin de favorecer la inmigración de salmones.
Pescador profesional en Nordbaden (Suiza), Egon Oberacker se felicita de que los
peces sean más abundantes. “Pero todavía no podemos volver a vivir
únicamente de la pesca”, concluye.
La idea de un ecosistema integrado, que permita al Rin pero también a sus
afluentes acoger una fauna y una flora diversificadas, ha progresado. En 1998, los
ministros de la Comisión definieron objetivos a fin de lograr la reconstitución
de especies naturales en el marco de un sistema ecológico global, de la desembocadura
del Rin hasta el Jura y los Alpes, pasando por el macizo esquistoso renano, los antiguos
bosques húmedos de la llanura, los arroyos del Palatinado, la Selva Negra
o los Vosgos.
Pero no todos los problemas de contaminación han desaparecido. Uno de los
más graves es el de la inmensa cuenca situada en el delta del Rin, en los
Países Bajos, donde se vierten desde los años setenta los lodos dragados
del puerto de Amsterdam, con sus sustancias tóxicas. Sus tasas están
retrocediendo, pero varios antiguos depósitos tóxicos en los sedimentos
del río sólo se eliminarán muy lentamente. Por último,
a lo largo del Rin, la principal fuente de contaminación siguen siendo los
abonos agrícolas que se escurren siempre hacia el río con las aguas
pluviales.
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