
Adolescentes embarazadas reciben ayuda y consejos en un centro especializado de Leeds,
Reino Unido.
“Demasiadas jóvenes
mantienen relaciones sexuales debido a las presiones que reciben y no por elección
propia; no utilizan métodos anticonceptivos y quedan embarazadas o con enfermedades
sexualmente transmisibles.”
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La situación
en Francia
En noviembre de 1999, el gobierno francés
anunció que las enfermeras de los liceos iban a poder recetar la píldora
abortiva a las jóvenes “en situaciones desesperadas o de emergencia”. La píldora
abortiva, vendida legalmente en Francia desde junio de 1999, puede tomarse hasta
72 horas después de mantener relaciones sexuales para evitar el embarazo.
Cada año se dan unos 10.000 embarazos de adolescentes en Francia, de los cuales
más de la mitad acaban en aborto. Esta iniciativa, celebrada por las enfermeras,
fue criticada por los obispos franceses y las asociaciones de familias católicas.
La educación sexual forma parte de los planes de estudio desde 1973 pero se
le da mayor importancia desde septiembre de 1999. Los colegios imparten entre 30
y 40 horas de educación sexual a chicos de 13 y 14 años. Por su parte,
en enero de 2000 el gobierno lanzó una campaña informativa sobre contracepción
con cuñas en televisión y radio y reparto de cinco millones de folletos
entre los estudiantes de los liceos. Esta campaña, muy bien acogida, era la
primera dedicada a la anticoncepción en 20 años (en 1992 se realizó
una campaña de prevención contra el sida centrada en el uso de preservativos).
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El anteproyecto diseñado
por el gobierno británico para que los jóvenes dispongan de una mejor
información sobre salud sexual y reproductiva desencadena un virulento debate.
Con
65 embarazos por cada mil mujeres de entre 15 y 19 años en 1998, Inglaterra
y Gales registraron la mayor tasa de embarazos de adolescentes de Europa Occidental.1 Todo el mundo coincide en que es necesario
actuar, pero no existe consenso alguno respecto a cómo hacerlo. Todo el debate
gira en torno a una cuestión clave: ¿hay que dar más información
a los niños o, por el contrario, proteger su “inocencia” para evitar que se
vean involucrados en problemas relacionados con la sexualidad? A favor de esta última
opción están los partidarios de los valores familiares, liderados por
la Iglesia, el partido conservador y el periódico de gran tirada Daily
Mail. A favor de la primera están aquéllos que piensan que sólo
se pueden resolver este tipo de problemas mediante una información específica
e imparcial. Es la posición de la mayoría de las ONG
dedicadas a la infancia, del ala liberal del partido laborista y del ministerio de
Sanidad. Según Anna Coote, directora del King’s Fund, un grupo de reflexión
especializado en temas de salud “cuanta más información se dé
a los jóvenes, más se reducen las posibilidades de que las chicas se
queden embarazadas. Es evidente que las medidas actuales no son válidas, en
particular en los liceos.”
Atrapados en este fuego cruzado, los ministros laboristas se ven ante un dilema:
no ofender a la prensa derechista y a la vez mantener la unidad de la “coalición
nacional” que les llevó al poder en 1997, tras 18 años de travesía
del desierto. Por mucho que le pese, el gobierno no puede mantenerse al margen de
este debate. Para lograr su objetivo de reducir la pobreza y la exclusión
social de los jóvenes, es necesario que disminuya el número de embarazos
de adolescentes. El gobierno se ha comprometido a reducirlo a la mitad de aquí
a 2010.
En junio de 1999, la Social Exclusion Unit (SEU), órgano gubernamental
directamente dependiente del primer ministro Tony Blair, presentó un plan
de acción sobre ese tema. Sus conclusiones eran impresionantes: “Demasiadas
jóvenes mantienen relaciones sexuales debido a las presiones que reciben y
no por elección propia; no utilizan métodos anticonceptivos y quedan
embarazadas o con enfermedades sexualmente transmisibles.”
Mejor
prevenir que curar
Jill Francis,
del National Children’s Bureau, afirma: “En este país, los embarazos de adolescentes
se deben a cuatro razones: falta de información; confusión entre sexo
y relaciones sentimentales en los mensajes dirigidos a los jóvenes; entornos
socialmente pobres y el hecho de haber sido hija de una madre adolescente.” Una encuesta
a nivel nacional revela que un 25% de las madres adolescentes tuvo a su vez una madre
adolescente. La triste realidad es que el ser padres adolescentes impide a los jóvenes
socialmente desfavorecidos mejorar su situación. Programas como el New Deal
for Lone Parents —que ayuda a las madres adolescentes a encontrar trabajo, información,
formación, etc. — o aquéllos que facilitan consejos a los padres o
un mejor acceso a los servicios de cuidado infantil están diseñados
para ayudar a los padres jóvenes a salir del atolladero. Sin embargo, son
muy costosos y los ministros prefieren prevenir que curar.
Hasta el momento, el gobierno hace frente a una oposición radical. Una de
las principales recomendaciones de la SEU consistía en introducir
la educación sexual desde la escuela primaria. El ministro de Educación,
David Blunkett, no tardó en desmarcarse de estas recomendaciones. Declaró
que no deseaba que se despojara a los menores de 10 años de su “edad de la
inocencia”. Si bien en principio en las escuelas primarias se enseña cómo
se conciben y nacen los bebés, el informe de la SEU señala que miles
de niños de entre 10 y 11 años no reciben ninguna información
acerca de la menstruación, cuando una de cada diez chicas tiene su primera
regla antes de acabar la escuela primaria.
Pero las escuelas secundarias no lo hacen mucho mejor. Según Jill Francis,
la educación sexual en las escuelas refleja el comportamiento mojigato de
los británicos: “No se nos da bien hablar de sexo con los jóvenes.”
La educación sexual es obligatoria en la escuela secundaria, pero los padres
pueden negarse a que sus hijos la reciban. El plan de estudios aborda temas como
la reproducción humana: ciclo menstrual y fertilidad, desarrollo del feto
en el útero, así como los cambios emocionales y físicos de la
adolescencia. Cualquier otro tema (anticoncepción, sexo seguro y acceso a
servicios de información y tratamiento) es optativo.
Varios estudios destacan como causas de embarazos de adolescentes no deseados la
falta de información sobre anticonceptivos, la vergüenza de hablar de
contracepción con la pareja y las relaciones sexuales espontáneas.
En febrero de 2000, un sondeo realizado por la Universidad de Brighton entre casi
700 alumnos de 14 a 15 años reveló su profunda decepción ante
la educación sexual impartida en los liceos. Las chicas lamentaban que las
clases se centrasen más en la técnica sexual que en las emociones.
Los chicos se quejaban de que se les negara información explícita.
La mayoría de los estudiantes estaban “furiosos” contra las leyes que obligan
a los profesores a informar a los padres cuyos hijos hacen preguntas sobre métodos
contraceptivos o que confiesan haber mantenido relaciones sexuales.
El tema de la educación sexual es aún más delicado desde que
el gobierno propuso abrogar la cláusula 28 de la Local Government Act de 1988,
que prohíbe la promoción de la homosexualidad por parte de las autoridades
locales. Ello generó un debate acalorado y la Cámara de los Lores ha
rechazado en repetidas ocasiones los esfuerzos del gobierno por revocarla. Por su
parte, el gobierno, tras consultar a los líderes religiosos, ha elaborado
nuevas líneas directrices sobre educación sexual en las escuelas que,
de ser aprobadas, obligarían a todos los maestros a aplicarlas y a destacar
la importancia del matrimonio y de las relaciones estables.
Numerosos maestros británicos no están dispuestos a asumir la responsabilidad
de reducir los embarazos de adolescentes. “Se trata de un problema social importante
que el sistema educativo no puede solucionar solo”, declara una portavoz de la Association
of Teachers and Lecturers (ATL). “Este problema concierne
a todos los sectores; debemos reflexionar todos juntos.” La ATL
teme que las nuevas directrices gubernamentales obstaculicen la educación
sexual impartida por los maestros. “Si existen obligaciones legales, no se sentirán
a gusto con lo que enseñan.”
Coote reconoce que mejorar la educación sexual no basta. “Nos enfrentamos
a varios problemas. La gente piensa que los servicios existentes no están
realmente a su alcance. Los profesionales suelen hablar un lenguaje diferente, ya
sea literal o metafóricamente.” Mientras el debate se eterniza, el ministerio
de Sanidad ha dado el visto bueno para que se lleve a cabo un proyecto piloto en
varias partes del país: la venta, generalmente con receta médica, de
la píldora abortiva en las farmacias –incluso a chicas de tan sólo
14 años. Esta iniciativa ha sido acogida en los medios con tal furia que no
parece probable que se extienda al conjunto del país. Pero el gobierno está
decidido a no ceder. Según un informe de la SEU, “predicar no suele ser eficaz.
El gobierno debe aceptar que los jóvenes decidan qué van a hacer en
cuanto a sexo y anticoncepción. Si los mantenemos en la ignorancia o los sermoneamos
no les ayudaremos a tomar la decisión adecuada.”
1. Según la Oficina
Británica de Estadísticas, 37,5% de estos embarazos dieron lugar a
abortos. A título comparativo, la tasa de embarazos adolescentes es de 84
por 1.000 en Estados Unidos y 102 por 1.000 en Rusia, según datos del Instituto
Alan Guttmacher (www.agi-usa.org).
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