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Algunas cifras
• El grupo de edad de 10 a 24 años
representa 1.500 millones de personas en el mundo; 85% viven en países en
desarrollo.
• Uno de cada 10 recién nacidos es hijo de una adolescente.
• Una mujer menor de 18 años corre de dos a cinco veces más riesgos
de morir durante el embarazo que una de 18 a 25 años.
• En Africa subsahariana, más del 50% de los primeros embarazos corresponden
a adolescentes.
• Las adolescentes dan a luz bebés con peso insuficiente más a
menudo que las mujeres adultas.
Fuente: Organización
Mundial de la Salud
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www.unfpa.org
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Según la doctora Pramilla
Senanayake, subdirectora general de la Federación Internacional de Planificación
Familiar,* la clave para mejorar la salud reproductiva está en manos de los
jóvenes.
* La Federación
Internacional de Planificación Familiar, (www.ippf.org), agrupa a asociaciones de 150 países. Es
la primera organización de voluntarios en el mundo que se ocupa de salud sexual
y reproductiva.
Los problemas resultantes del embarazo son una de las principales causas de mortalidad
entre las adolescentes. ¿Se trata por lo general de embarazos no deseados?
Hay que distinguir entre los embarazos dentro del matrimonio y los que se producen
al margen de éste. En Bangladesh, en Nepal y en algunas regiones de Africa,
por ejemplo, la proporción de muchachas casadas a los 15 o 16 años
es sumamente alto (70 a 80%). En esos casos puede ser un embarazo deseado, pero sabemos
que éste entraña riesgos y puede tener repercusiones negativas en la
salud, la educación y en las oportunidades económicas de la madre.
Al margen del matrimonio, los embarazos en su inmensa mayoría no son deseados.
Es un fenómeno bastante corriente que numerosas jóvenes tengan un “protector”
de más edad y, lo que es más reciente, algunos varones están
persuadidos, equivocadamente, de que teniendo relaciones sexuales con una chica virgen
no corren riesgo de contraer el sida.
El embarazo, ¿significa por lo general el término de la escolaridad?
Efectivamente. Las niñas recurren al aborto clandestino porque temen ser
expulsadas de la escuela. Podría instarse a los establecimientos a conservar
a las alumnas encinta, pero en la práctica eso no da resultado. Esas jóvenes
tienen necesidades específicas. En países como Jamaica y Tanzania hemos
creado escuelas para mujeres embarazadas a fin de que puedan concluir su escolaridad.
Una vez que ha nacido el niño, suelen recibir una formación profesional
si existe un sistema de guarderías infantiles.
¿Qué impacto tuvo la Conferencia Internacional sobre Población
y Desarrollo de 1994?
El Fondo de Población de las Naciones inició un movimiento para que
se reconociera la sexualidad de las adolescentes, con las necesidades que implica
y que han de satisfacerse mediante la educación, la información y la
creación de servicios médicos y sociales. Gracias a la Conferencia,
la comunidad internacional cobró conciencia de que no era posible ignorar
el problema. Pero a nivel nacional los progresos son lentos. En numerosos casos,
las Ong dan el ejemplo; sus proyectos de enseñanza mutua están dando
muy buenos resultados.
¿Ha avanzado la educación sexual, especialmente en los países
en desarrollo?
En países como el mío –Sri Lanka–, la educación sexual existe,
pero los maestros no tienen la formación necesaria para abordar el tema. La
educación sexual no sólo versa sobre el acto sexual, debe ocuparse
también de las relaciones personales y de las decisiones que es preciso adoptar.
Para decir “no”, las niñas deben sentir que tienen derecho a negarse y eso
es difícil para ellas. En las escuelas los cursos de ese tipo son escasos
o comienzan demasiado tarde. Es preciso empezar en la escuela primaria y tampoco
hay que perder de vista lo que sucede fuera de la escuela. A menudo, esas jóvenes
abandonan sus estudios antes de iniciar el ciclo secundario y, en el mundo, más
de 125 millones de niños jamás asisten a la escuela. Hay que aprovechar
mejor las posibilidades que ofrecen la educación a distancia, los medios y
otras formas de comunicación.
¿Se conocen los resultados de los programas de educación sexual?
Según los estudios, la educación sexual logra que los primeros
embarazos se produzcan más tarde y no favorece ni la promiscuidad ni las experiencias
sexuales precoces. Sucede lo contrario: cuando uno sabe a qué atenerse, es
más prudente. En general, los adultos enseñan a los jóvenes
a hacer frente a los problemas, les brindan preparación y conocimientos, salvo
cuando se trata de educación sexual. Parece existir el mito de que cuanto
menos se dice a los jóvenes, mejor les va. Es absurdo. En ese ámbito,
las generaciones adultas abusan de su poder.
¿Cómo mejorar el acceso a los medios anticonceptivos, especialmente
en Africa?
Hay que informar más y por diversos cauces: hospitales, farmacias, grupos
y asociaciones juveniles, medios de comunicación, etc. Los servicios médicos
deberían ser más accesibles a los menores y acogerlos mejor, estén
casados o no. Y debería oírse la opinión de los jóvenes
a la hora de organizar dichos servicios. La prensa puede cumplir un papel esencial.
Estamos realizando con éxito una operación con la Bbc internacional.
Se trata de una serie de doce emisiones titulada Sexwise, que aborda la educación
sexual, la educación para la vida familiar y los medios anticonceptivos. En
Asia, donde lanzamos el programa en 17 idiomas, recibimos 70.000 preguntas de auditores,
incluso de personas de cierta edad que lamentaban no haber tenido ese tipo de información
más temprano. La serie se difunde actualmente en Europa del Este y pronto
se divulgará en Sudamérica.
En 1999, Estados Unidos decidió dejar de financiar a las organizaciones
instaladas fuera de su territorio que dan información sobre el aborto y ayudan
a las mujeres en situación desesperada. ¿Le preocupa esa actitud?
Es una decisión que perjudica a las mujeres. Priva de recursos a organizaciones
como la nuestra. Significa que somos incapaces de brindar a las mujeres servicios
en materia de salud reproductiva o de planificación familiar. Y el resultado
son los embarazos no deseados y los abortos clandestinos. Esa decisión demuestra
una verdadera miopía intelectual.
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