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Los móviles del desarrollo

Teléfonos por la transparencia

BANGLADESH: LLAMADAS PARA TODOS

Farid Ahmed, periodista en Dacca, Bangladesh.
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Gracias al proyecto de la Grameen Bank, las mujeres de Bangladesh tienen acceso al teléfono.



Teléfonos por
la transparencia

Algunos observadores que siguieron las votaciones en los meses de febrero y marzo de 2000 llegaron a la conclusión de que de no haber sido por los teléfonos móviles, durante las últimas elecciones presidenciales Senegal habría conocido una situación de violencia incontrolable.
Aunque esta afirmación puede parecer excesiva, el celular ya había sido un factor clave en Senegal en la batalla por los resultados de los comicios locales de noviembre de 1996, cuando el ministro del Interior cayó en una trampa admitiendo a media voz la existencia de fraudes delante de un teléfono en funcionamiento. El presidente, Abdu Diuf, se vio obligado a anular las elecciones.
En las presidenciales de 2000, el teléfono celular obligó a los dos candidatos en liza, el presidente saliente Abdu Diuf y su rival Abdulaye Wade, a respetar los resultados, anunciados casi en directo por las radios privadas senegalesas. Las dos principales emisoras locales, Wal Fadjri fm y Sud fm, tenían enviados especiales en las principales oficinas de voto del país. Con ayuda de sus teléfonos móviles, una herramienta de trabajo que en muchos casos sustituye a la grabadora, éstos pudieron anunciar los resultados en tiempo real. Además, la cobertura informativa había sido reforzada en los distritos clave por su importancia demográfica o en los que se esperaban resultados especialmente reñidos.
La presencia sistemática de periodistas y la rapidez de transmisión de los resultados hicieron imposible cualquier tipo de manipulación, por lo que la transición entre Abdu Diuf y Abdulaye Wade se llevó a cabo respetando en todo momento las reglas democráticas.
El presidente saliente reconoció su derrota en plazos relativamente cortos. También logró suavizar la tensión previa a la segunda vuelta electoral, lo que evitó los enfrentamientos que tanto temían los partidarios de ambos dirigentes.
A modo de anécdota, los periodistas de Sud fm tuvieron que comprar sus teléfonos móviles pagándolos a plazos.

Abou Abel
Periodista en Dakar

Un programa del Grameen Bank permite que personas de escasos recursos compren teléfonos móviles y disfruten de tarifas preferenciales para salir de la pobreza y el aislamiento.

Antes, Fatema Begum y su marido, que trabaja como jornalero, vivían en una casa con techo de paja, en Parulia, un pueblo remoto del distrito de Narshingdi, en Bangladesh, y apenas podían alimentar a sus hijos. Pero la vida de Fatema cambió desde que compró un teléfono móvil para subvenir a las necesidades de su familia. Dos años después tenía una casa de ladrillo con electricidad, un ventilador eléctrico, un televisor en blanco y negro y varios otros artefactos modernos.
En Bangladesh, el móvil no sólo ha permitido que personas como Fatema vivan mejor, sino que ha sacado del aislamiento a pueblos como Parulia. “Como soy la única que tiene teléfono a tres kilómetros a la redonda, mucha gente me lo pide”, explica Fatema. Gracias a este celular, le quedan aproximadamente 5.000 takas (unos 100 dólares) por mes una vez que ha sufragado todos sus gastos –o sea cuatro veces el ingreso medio por habitante. “Las personas de mi pueblo que tienen familia en el extranjero a menudo añaden regalos a las sumas que me deben, porque cuando reciben llamadas les llevo el combinado a domicilio”, precisa.
El teléfono móvil suple las deficiencias de la compañía nacional de telecomunicaciones, incapaz de asumir la instalación de nuevas líneas de telefonía fija. Según estadísticas recientes, Bangladesh cuenta con un aparato fijo por cada 380 habitantes, frente a uno por cada 50 en la India, el país vecino.
Fatema solicitó su primer préstamo al Grameen Bank hace diez años, mucho antes de que la Grameen Telecom —filial del Grameen Trust, una de las mayores organizaciones mundiales de lucha contra la pobreza— empezara a instalar “teléfonos de pueblo” destinados a los beneficiarios de créditos del banco. Ese préstamo ascendía a 2.000 takas (40 dólares) y le permitió instalar un pequeño negocio de venta ambulante de productos de primera necesidad, en particular arroz. Una vez que reembolsó esa suma, Fatema pidió un segundo préstamo de 5.000 takas, que también reembolsó rápidamente. Luego, hace dos años, obtuvo autorización para endeudarse nuevamente a fin de comprar un “teléfono del pueblo”. El aparato le costó 19.500 takas, que pagó en cuotas semanales de 400 takas.
Como Fatema, numerosos habitantes pobres de Bangladesh transformaron su casa en “teleagencia”. En total se han instalado hasta la fecha 1.400 teléfonos de pueblo. Según Mohammed Showkat Ali, representante de Grameen Telecom en Narshingdi, desde el comienzo la meta de este programa fue ayudar a las poblaciones rurales más desfavorecidas, y en especial a las mujeres, que representan 94% de la clientela del Grameen Bank. Por eso, su sociedad otorga a los nuevos prestatarios los servicios de un teléfono del pueblo por una tarifa inferior a la que aplican los demás operadores de telecomunicaciones.
Gracias al celular, los agricultores, apicultores y criadores de ganado pueden ahora establecer contacto directamente con los mayoristas de la capital u otras grandes ciudades. Como ya no necesitan intermediarios, obtienen un beneficio mayor de la venta de sus productos. Unos cien teléfonos del pueblo funcionan ya en el distrito de Narshingdi, famoso por su fruta, sus verduras y sus telas tejidas a mano. Jamirunnesa, una madre de cuatro hijos que cría pollos en su aldea, explica que su nuevo móvil no sólo le permite prestar un servicio a sus vecinos, sino que le evita ser engañada por los compradores, ya que antes de vender sus aves se informa telefónicamente sobre los precios de venta en los mercados.
Abdul Awal, empleado de los ferrocarriles en la estación de Narshingdi, siempre lleva su teléfono del pueblo a su lugar de trabajo, donde se agolpan los que desean utilizarlo. “Me gano unos 100 takas por día”, explica. “La mayor parte de los que vienen son habitantes de los pueblos y tejedores que quieren hablar con los mayoristas de Dacca, la capital, o de otras ciudades. Con esos ingresos adicionales, ahora puedo enviar a mis hijos a la escuela.”