
Baile desenfrenado en una fiesta de Bombay.
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No hay nada particularmente
notable en ello. Todo lo que hay que hacer es tocar las teclas indicadas en el momento
indicado y el instrumento sonará por sí solo.
Johann
Sebastian Bach, compositor alemán (1685-1750)
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“Es música india
y entendemos la letra. No como las canciones en inglés en las que sólo
se entiende una palabra que otra.” |
El bhangra, música
tradicional de los campesinos del Punjab, regresa a su tierra de origen y es el orgullo
de la juventud india.
Del
equipo de música sale la voz de Bruce Springsteen cantando a grito pelado
su Born in the Usa. Alguien ha subido los bajos y la sala vibra como un corazón
gigante. Algunas parejas bailan. “¡A disfrutaaaar!” grita una joven ligeramente
bebida. No se lo dice a nadie en concreto ni tampoco nadie le presta atención.
Estoy en una fiesta de estudiantes. Quizás celebren el final del trimestre
o un cumpleaños. ¿Qué más da? “¡A disfrutaaaar!”
Es casi medianoche en este barrio residencial del sur de Delhi y la fiesta está
en su apogeo. Hasta ahora sólo se han oído canciones en inglés
—Madonna, Michael Jackson, Pink Floyd, y muchos más que no conozco ni quiero
conocer. De repente, a alguien se le ocurre que ha llegado el momento de pasarlo
realmente bien. Se pone una nueva casete. Con los primeros compases, un rugido colectivo
invade la sala. Es Daler Mehndi, el sij con ritmo, el indiscutible rey del pop bhangra.
Sube la adrenalina y todos se lanzan a la pista de baile. Durante unas horas sólo
se oye indipop, y sobre todo bhangra.
Qué vueltas da la vida. Durante los años ochenta e incluso a principios
de los noventa, se consideraba indigno admitir en público que uno escuchaba
música hindi, o peor aún, punjabí. A Gurdas Mann, la primera
estrella bhangra de los años ochenta que vuelve a estar de moda, sólo
lo escuchaban los chicos de clase obrera, los tenderos aburridos y los camioneros.
En el instituto elitista St. Stephens sólo se oía a músicos
como Michael Jackson.
Los tiempos han cambiado. Los chicos de 13 a 23 años, en los que las compañías
discográficas invierten millones, se han vuelto patrióticos. “Me siento
orgulloso de esta música”, afirma un fan de bhangra, “¡Me hace sentirme
tan indio!” Esta generación de jóvenes, hastiada de todo, tenía
poco más de 10 años cuando la India emprendió la reforma económica.
En la década siguiente, se sucedieron cinco gobiernos, que representaron casi
todo el espectro político del país. Excepto el ala izquierdista, bastante
debilitada, los demás coincidieron de forma sorprendente en apostar por la
globalización. Las grandes empresas, apoyadas por numerosos intelectuales
liberales, fomentaron la liberalización de la economía. El paisaje
urbano de la India se ha transformado por completo. También se aprecian cambios
en numerosas zonas rurales, en particular en el agrícola Punjab.
Devastado por la partición de la India en 1947, el Punjab sufrió las
mayores migraciones en masa de la historia: millones de hindúes y de sijs
se desplazaron a la India y otros tantos musulmanes fueron a Pakistán. Durante
más de veinte años, trabajaron duro; muchos lograron ascender en la
escala social, gracias a la revolución verde. Además de la importante
migración al Reino Unido que siguió a la partición, hoy día
numerosos jóvenes punjabís siguen expatriándose a ese país,
pero también a Estados Unidos, Canadá y otras tierras lejanas. Envían
a la India una parte del dinero que ganan en el extranjero. Las ciudades están
llenas de coches último modelo, de modernos equipos audiovisuales, de McDonalds
y de antenas parabólicas, en los barrios ricos como en los pobres. Hasta los
pueblos disponen de cajeros automáticos y todo el mundo lleva zapatillas Nike,
gafas de sol Ray Ban y camisetas Benetton. La mitad son falsos, pero ¿qué
más da? La polarización entre ricos y pobres es incluso mayor que antes
pero, realmente, ¿a quién le importa? ¡Es hora de disfrutar!
Lo paradójico del bhangra es que se impone como una peculiaridad india precisamente
en la década en que sus adeptos se integran con entusiasmo en el mercado mundial.
Todos los chicos de entre 13 y 23 años, reyes del consumismo, dirán
lo mismo: “Es nuestra música.” El éxito de la música india en
el país de los blancos (el Reino Unido) — Apache Indian, Bally Sagoo, etc.—
los enorgullece. “Ya no consumimos la cultura de otros. Ahora producimos la música
que el mundo quiere escuchar.” Pero ¿acaso no surgió en Occidente el
auge del bhangra antes de ser exportado a la India? “Sí, pero es indio, ¿entiendes?
Esta música la componen nuestros chicos.”
Pero ¿por qué el bhangra? “Es muy bailable” me contestan. Pregunto
si eso no es una característica de la música tradicional en general.
“Supongo que sí”. Sigue el silencio hasta que alguien, mayor, pregunta: “¿Se
acuerda del dandiya?” (un tipo de música y baile popular del Gujarat, estado
occidental de la India, que estuvo de moda en los años ochenta). “Eso sí
era bailable”. Entonces ¿por qué ha sido destronado por el bhangra?
“Es muy sencillo” me contesta. “Antes los emigrantes eran mayoritariamente gujjus
(del Gujarat); hoy día los punjus (del Punjab) son los más numerosos,
por lo tanto se impone su música.” En efecto, la explicación es sencilla.
Quizás demasiado sencilla. ¿Por qué entonces no se escucha el
gidda? Procede del Punjab y es tan bailable como el bhangra. “La razón es
también muy sencilla. El gidda es música de mujeres. ¿Cómo
lo van a cantar o bailar los hombres?” Pero el bhangra ¿no es demasiado masculino?;
lo cantan los hombres. “Efectivamente. El bhangra es música de hombres. Por
lo tanto, cualquiera puede bailarlo.” Sí, ya veo, supongo que en el fondo
todo es muy sencillo.
Un amigo punjabí, apasionado por la música local, me da otra explicación:
“Todo es cuestión de identificación. La gente asocia el bhangra con
la cultura del Punjab porque las películas hindi recurren mucho más
al bhangra que a cualquier otra forma de música popular punjabí. Entonces
se acaba creyendo que el bhangra es la única música típica del
Punjab. La mayor parte de lo que se oye hoy en día no tiene nada que ver con
el auténtico bhangra, pero se cree que lo es por el uso del dhol (un instrumento
de percusión de dos caras que se cuelga del hombro). Cualquier música
a base de dhol y de balle balle (un grito que expresa alegría) o de kudiye
(muchacha en Punjabí) se considera bhangra.” Entonces, ¿qué
es el llamado bhangra actual?, pregunto. “En la mayoría de los casos, no es
más que kitsch. Se mezcla un poco de esto y de lo otro hasta encontrar la
fórmula adecuada. A partir de ahí, lo que se oye no son más
que variaciones de lo mismo.” Obvia decir que las compañías discográficas
ganan con ello muchísimo dinero.
¿Quién lo diría? Una gran parte del bhangra que escuchamos en
realidad no es bhangra. “¿Qué más da?” me dice una chica de
18 años. “Es música india y entendemos la letra. No como las canciones
en inglés en las que sólo se entiende una palabra que otra.” Pero,
¿cuánta gente entiende lo que dice el rey del bhangra-pop, Daler Mehndi,
en sus escasas letras? “La gente no presta atención” contesta ella. “Daler
Mehndi tiene canciones preciosas. Con una gran carga filosófica.” Ante mi
escepticismo, prosigue: “Sí, con carga filosófica. En una canción
compara el amor con un hilo que se va enrollando en una rueda…” Recita los versos
en punjabí. Debo reconocer que son hermosos. Pero el lenguaje no es fácil
de entender. “Claro, porque es tradicional. Mi abuela me lo explicó” reconoce
mi joven amiga. Esto resulta interesante. ¿Qué piensa la abuela de
todo esto? “Bueno, le divierte. Nunca se imaginó que este tipo de canciones
se oirían en las discotecas.” ¿No se sentirá ofendida? “En verdad,
no. Dice que vivimos en la era del dólar y que la gente vendería hasta
a su madre con tal de ganar algún dinero.” ¿Pero le agrada esta situación?
“Supongo que no le fastidia demasiado porque me sirve para aprender algo de punjabí.
Yo nunca estuve en el Punjab …”
El bhangra está de vuelta. Los vigorosos campesinos del Punjab lo crearon
para celebrar las cosechas, las bodas y otros alegres acontecimientos. Los nietos
emigrantes lo exportaron a Occidente. Allí se mezcló con el rap y el
reggae de los barrios pobres, así como con la música de las películas
hindi. Una vez reinventado, las grandes compañías discográficas
lo exportaron de nuevo a la India, realizando importantes beneficios. Hoy día
en la India, el bhangra permite a los niños ricos descubrir su propio patrimonio
rural. Obviamente, el bhangra de hoy no tiene nada que ver con el de los campesinos
que lo crearon. Pero ¿qué más da? “¡Es hora de disfrutar!”
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