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Las denuncias del rap argelino

Bouziane Daoudi, periodista del diario Libération (Francia), especialista de world music y de rap.
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Imagen de un festival juvenil en Argel, ciudad en la que existen más de cien grupos de rap.








Lo imposible me atrae
porque todo lo posible ha sido realizado y el mundo no cambió.

Sun Ra, músico estadounidense de free jazz, (1914-1993)





“Manipulación, agresión, decepción/Ese es mi programa del día/Mi único crimen es esperar y soñar”.

La guerra civil, la corrupción, el mercado negro, la injusticia, el desempleo: tales son los temas del rap argelino, el más importante del mundo musulmán.

“Están en Loubet/Poseen palacios/Se atreven a decir ‘vivimos en un gueto’/Está enganchado al porro/Tiene pinta de gangsta, pero miedo de estar entre rejas”, cantan los cuatro miembros del grupo Perfect G’s. Esta sátira, que es casi una autoparodia, se dirige a los numerosos “colegas” raperos que frecuentan todos la misma zona de Orán y que no desentonarían en un suburbio francés o en un barrio popular de Nueva York, con su ropa deportiva (carísima) de grandes marcas multinacionales, los nombres de sus grupos (Ol’Dirty Shame, Killa Dox, Lord Squad, Black Eyes, The Commission…), sus seudónimos (Oddman, N.Fect, MC Ghosto, Flyman, Machine Gun, Vex, Jigy, Baby…).
En Orán, los raperos se juntan en un barrio del centro de la ciudad que acoge desde hace decenios a los movimientos de vanguardia de la segunda ciudad de Argelia. Se sientan en los bancos de la avenida Larbi-Tébessi o frente a una tienda que ha bajado su cortina en la calle Mohamed-Khémisti. Los raperos oraneses pasan allí las tardes, en un radio de 200 metros, según sus horarios, que suelen depender de sus estudios, de empleos precarios, o de nada.
La metrópoli del oeste argelino es la cuna del rai y de Khaled, su principal representante. Pero los raperos oraneses y los disc-jockeys no aprecian en absoluto ni a uno ni a otro. “En el rai sólo quedan loros”, según H. Rime, del grupo M
CLP. “El rai es cosa de broma”, dice Vex, de Da Tox (Theory of Existence). La envidia, que llega casi al odio, predomina. Para ellos, esos cantantes de rai son el verdadero obstáculo a su conquista del planeta con arengas encendidas enunciadas con la velocidad del rayo y con músicas más o menos originales comparadas con el rap internacional: “En esta batalla/Argelia estará presente/ Con sus MC oraneses que cantan/Habrá una revancha, se ajustarán cuentas/Con los nervios caldeados como agua hirviendo.”
El rai electrónico tiene ya veinte años de existencia y sus pioneros, procedentes todos de las capas sociales más modestas, bordean en este fin de siglo los cuarenta años. Los actores del hip-hop, por su parte, empezaron a ser conocidos hace unos diez años y a menudo pertenecen a la clase media.
Hoy su movimiento tiene una dimensión nacional y convierte al rap argelino en el más importante del mundo árabe y probablemente del mundo musulmán pese a una producción musical aún escasa (las ventas por término medio giran en torno a 10.000 ejemplares por álbum) si se tiene en cuenta el gran número de grupos.
En 1990 había en Orán unos cuarenta grupos de hip-hop; hoy son más de sesenta. En Argel han pasado de sesenta el año pasado a cien en la actualidad. En la capital nació un fenómeno al que ya no escapa ninguna ciudad argelina: el “swiching”, un idioma extraño que consiste en recitar las estrofas pasando de una a lengua a otra, y de ésta a una tercera y a una cuarta. En el mismo fraseado se mezclan el francés, el inglés y los dos árabes, el literal y el dialectal. Inventan un esperanto elástico e irónico.
No se les escapa ninguna imagen de la televisión: guerras, capa de ozono, hambruna, maniquíes, cine, preservativos, publicidad, hooligans… todo se evoca, se compara, se extrapola en sus rimas que les cuesta mucho trabajo grabar en un verdadero estudio.
Dos grupos históricos de Argel, M
BS (el Micrófono rompe el silencio) e Intik (Impecable, en argot de Argel), han publicado ya en Francia sus primeros cd en grandes empresas discográficas. En junio de 2000 aparecerá una colección de algunos grupos oraneses, Wahrap (contracción de Wahran, Orán en árabe, y rap), cuyo propósito se resume en el estribillo de MCLP: “Militantes del micrófono contamos lo que los ojos ven/Pase lo que pase/Algunos roban/Y otros sufren”. En el plano musical, los primeros álbumes de rap argelino que aparecieron en Francia, antes de esta recopilación, son poco originales y de calidad mediocre.
La acogida más bien calurosa que se dio en Francia a esas primeras incursiones del rap argelino en Occidente se debe sobre todo a que esta música constituye un testimonio de las masacres y del marasmo social de su país. Pero al rap argelino todavía le cuesta imponerse ante el público francés, que se interesa más por los raperos de nacionalidad argelina como Freeman e Imhotep del grupo marsellés I
AM, Rimka del colectivo 113, o por otros que no tienen esa nacionalidad, como Joey Starr del dúo NTM, pero que han colaborado en los álbumes de MSB y de Intik.
El año pasado la producción del rap en Argelia se limitaba aún a unas diez grabaciones en casetes de mala calidad, pero hoy la edición de productos hip-hop se multiplica a gran velocidad, traduciendo el formidable afán de expresarse de buena parte de la juventud. Cabe hacer un paralelo con el rápido desarrollo de la prensa escrita en tiempos de la democratización política consecutiva a las sublevaciones de octubre de 1988. Pero desde entonces ha habido desilusiones: “Manipulación, agresión, decepción/Ese es mi programa del día/Mi único crimen es esperar y soñar”, repite el grupo Intik de Argel, la ciudad de los Hamma Boys, Cause Toujours, K-Libre, Les Messagères, City 16, De-Men o Tout Passe.
En Annaba, en el este del país, Lotfi y Waheb de Double Kanon, considerados los mejores raperos del momento, denuncian abiertamente los males de que sufre Argelia: “Vienen, vienen armados/Diablos o humanos/Bajan del cementerio judío/Hoy es la razzia/No hay partido de fútbol/Vienen de la plaza de armas/Llevan la bandera como en la guerra del Líbano/Arriba la gente huye/La tierra se ha vuelto negra.” La guerra entre las fuerzas de orden y los islamistas (“los terros”, terroristas en lenguaje rap) es un elemento esencial de este hip-hop, al igual que la denuncia de la corrupción, de los nuevos ricos, del mercado negro, del odio, de la injusticia, de la angustia vital. En resumen, la “moral está bajo cero”, como dice una canción de Vixit, grupo histórico de Orán: “Escobares, Al Capones tenemos en nuestro país/Tenemos la mafia/Qué queda/Los ingenieros, los doctores, los diplomados hacen proyectos para mendigar cigarrillos /Desocupados, se apoyan en los muros/Economía de mercado/Estamos condenados como los animales en un zoo.” Al mismo tiempo los grupos incorporan cada vez más los ritmos de Argelia.
Nacido entre la juventud dorada que forjaba sus rimas y afinaba el tono en las mansiones elegantes, el rap argelino reúne hoy en día a todas las capas sociales. Los raperos del Mia (Made in Algeria) ensayan en un depósito de su barrio de viviendas modestas de Ain-el-Turck, los de Cottages, de Boufarik, otro barrio de Argel, venden en la calle verduras y cigarrillos, y todo el mundo sabe que Reda, del grupo Intik, tuvo que vender sus zapatos en el mercado de las pulgas de Argel para pagar la última hora de grabación del primer casete de su grupo. Pues todos saben, como buenos hijos de la educación sin perspectivas, de la antena parabólica sin realidad y de la pauperización sin salida, que buscarse la vida es el único método para salir adelante.
En mayo de 2000, unos treinta grupos de rap se congregaron en Mostaganem para participar en un concurso de rap sumamente peleado. El primer premio lo ganó uno de Argel. Se llama S
OS.