
Miriam Makeba en un momento de su entrevista con Thandiswa.

© Carl Collison, Sudáfrica
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El camino que recorro me ayuda
a encontrar mi vía,
Me abre los ojos al futuro,
pero con los pies en la tierra.
Miriam
Makeba, cantante sudafricana (1932- )
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La receta del kwaito
Ingredientes básicos: un poco de música
disco sudafricana, hip-hop, rythm and blues, reggae y una abundante dosis de house
estadounidense y británico. Mezclar todo, añadir bastante sabor local,
y se obtendrá el kwaito. Las más de las veces, la letra se recita o
se rapea (no se canta) al son de bajos rítmicos y programados electrónicamente.
“A fines de los años ochenta, empezamos a mezclar grabaciones de house internacional
para darles un toque local. Añadimos un poco de piano, haciendo más
lento el tempo e incorporando percusiones y melodías africanas”, explica el
DJ
Oscar “Warona” Mdlongwa, pionero del kwaito. “Para las letras nos inspiramos en artistas
como Brenda Fassie y Chicco Twala, estrellas de la música disco” dice otro
padre fundador, Arthur Mafokate. “Brenda y Chicco hablaban de lo que pasaba en los
guetos en una mezcla de inglés, zulú, sesotho e iscamtho (slang).”
El kwaito está impregnado de la atmósfera del gueto y a menudo refleja
una actitud agresiva. Pero sus estrellas no son imitaciones baratas de los raperos
gangsta estadounidenses. Conocen demasiado bien la calle como para glorificar la
violencia en una Sudáfrica donde el crimen hace estragos. Tampoco necesitan
exacerbar los problemas raciales después de la victoria sobre el apartheid.
Para la juventud actual, la batalla es de orden económico.
Los productores de kwaito fueron los primeros que lanzaron en el país sus
propios sellos. Las grandes compañías tratan ahora de copar el mercado
presentando sus artistas, pero la mayor parte de las grandes figuras se mantienen
fieles a los sellos iniciales. El kwaito genera abundantes beneficios; los principales
grupos, como Bongo Maffin, TKZee y Boom Shaka, venden 50.000 ejemplares de sus álbumes
y a veces más. La juventud sudafricana actual ha encontrado su ritmo.
M.M.
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La legendaria sudafricana
Miriam Makeba charla con la joven cantante Thandiswa sobre el fenómeno musical
kwaito y sobre el sida.
Miriam
Makeba es una leyenda viviente, cuya música acompañó al movimiento
contra el apartheid. Obligada a exiliarse durante 30 años, Makeba actuó
en todo el mundo y ante personajes famosos. “Mama Africa” recibió en Johannesburgo
a una periodista y a una joven promesa musical, Thandiswa, cantante de Bongo Maffin,
un grupo de kwaito, mezcla local de hip-hop, house y reggae. Bongo Maffin triunfó
en 1997 con la adaptación de Pata-Pata, un gran clásico de Makeba.
“¡Podría ser mi nieta! ¿De qué vamos a hablar?”, exclamó
Makeba, bisabuela de 68 años, al ver a Thandiswa. Pero enseguida se rompió
el hielo.
¿Qué sintió al escuchar por primera vez su Pata-Pata en la
versión de Bongo Maffin?
Miriam: Me sentí muy feliz porque cuando regresé a mi país
(del exilio) algunos decían: “¡Los viejitos están de vuelta!”,
sin embargo esos jóvenes cantaban mis canciones… También me dio gusto
ver que la juventud sigue apegada a la música africana pese a lo que oyen
por la radio. Francamente, cuando uno escucha esas emisoras no sabe si está
en Africa o en California. Y no sólo a causa de la música…
Thandiswa, ¿en qué consiste para ti el kwaito?
Creo que más que música es un movimiento. Refleja la energía
de nuestra época, la libertad de la juventud postapartheid, su entusiasmo
ante un mundo nuevo. Es una música bailable, con una energía y un mensaje
muy positivos.
Miriam: Es la contrapartida sudafricana del rap. El kwaito tiene su forma
peculiar de difundir un mensaje positivo. En nuestra sociedad siempre nos hemos expresado
a través del canto. Por eso el régimen anterior temía tanto
a los músicos…
Thandiswa, ¿piensas que la juventud tiene una actitud negativa frente a
los músicos de la vieja guardia?
No se trata de actitudes negativas, pero no hemos crecido en el mismo contexto de
lucha contra el apartheid. La única oportunidad en que recuerdo haberme rebelado
fue en 1985/1986 (un estado de emergencia decretado frente a sublevaciones estudiantiles
masivas). Pero aunque no hayamos participado directamente en esas luchas, estamos
bien informados.
Con la libertad obtenida en 1994 (primeras elecciones libres), empezamos a “devorar”
todo lo que se nos daba, incluso lo que venía de Estados Unidos… Muchos jóvenes
de la “generación kwaito” empezaron a vivir en la ciudad, lejos de la familia.
Miriam: Es como si los chicos de hoy no se dieran cuenta de que hace muy poco
Mandela estaba aún en la cárcel. Justo antes de las segundas elecciones
nacionales de 1999, oí a algunos jóvenes decir que no iban a votar
por Mandela porque no había cumplido con todo lo prometido. Me enfadé:
“¿De qué habláis? ¿Os parece poco vivir en ciudades y
asistir a escuelas multirraciales? Hubo una época en que vuestros padres y
abuelos recibían educación bajo un árbol, y eso es algo que
no hay que olvidar.”
Miriam: Quisiera preguntarte algo, Thandiswa. Pertenezco a un comité
que trata de mejorar la prevención contra el sida. ¿Qué hacer
para que ese mensaje llegue a la joven generación?
Thandiswa: No lo sé, Mama. La gente conoce la enfermedad, sabe que
hay personas que mueren a causa de ella, pero el mensaje no pasa. El sexo empieza
a un edad tan temprana... La tasa de infección más elevada se da entre
las mujeres de 15 a 25 años. A los 15 años las niñas no tienen
la madurez necesaria para tomar decisiones racionales sobre las relaciones sexuales.
Por eso muchas campañas de prevención utilizan el kwaito para llegar
a los menores. (Thandiswa y otras estrellas del kwaito son portavoces de una campaña
contra el sida llamada Love Life.)
Miriam: Cuando salgo en gira, siempre me preguntan qué pasa con las
violaciones en Sudáfrica. Me siento incómoda, y herida como mujer,
siento ganas de matar a alguien…
Thandiswa, la música de Miriam es mundialmente concida. ¿Te gustaría
conseguir lo mismo con Bongo Maffin?
¡Desde luego! Soñamos con ser un grupo internacional.
Miriam: Espero que así sea, pues algún día Mama Makeba
desaparecerá. En abril pasado, durante un festival musical en el Reino Unido,
otro grupo destacado de kwaito, TKZee, cantaba al aire libre, mientras yo actuaba
en un local. Es bonito ver a distintas generaciones reunidas… Prueba de que no estamos
anquilosados.

¿Rebelde sin pausa?
Jeroen de Kloet, prepara
un doctorado en la Escuela de Investigaciones en Ciencias sociales de Amsterdam.
El “terrible” Cui Jian, el primer ídolo del rock chino que se dejó
melena, se anotó un nuevo tanto musical al ser el artista pionero de la adaptación
del hip-hop a la China continental. Desde hace tiempo su voz ronca expresa ira, confusión
y sufrimiento. Durante la revuelta estudiantil de 1989, su popular tema Nothing to
my name se convirtió en un auténtico himno de rebeldía.
Pese a los intentos del gobierno de acallar su voz prohibiendo sistemáticamente
sus conciertos, Cui Jian sigue adelante con la precisión rítmica de
un rapero. Obtuvo su primer gran éxito de hip-hop con Get over that day, que
apareció en un álbum titulado Born on the First of July, con la participación
de grupos de rock de Hong Kong, Taiwan y China continental que aluden a la retrocesión
de Hong Kong a las autoridades chinas en 1997. Mientras otros grupos exaltaban la
identidad china, Cui Jian cuestionaba el comportamiento del gobierno y de su pueblo:
“Si el amor florece entre mi hermana (Hong Kong) y yo (la juventud china), ¿cómo
reaccionarás tú (la madre)?” En otras palabras, ¿qué
hacer si la juventud continental se entusiasma con la cultura capitalista de Hong
Kong y rechaza el statu quo político?
Músicos, productoras de discos, periodistas y académicos ven en el
rap una expresión de la contracultura rebelde de los años noventa.
Pero este halo de rebeldía oculta hábilmente el machismo y el materialismo
que a menudo impregnan esta música. No es éste el caso de Cui Jian.
Su álbum más reciente, combinación ecléctica de rap y
de rock, del que se vendieron más de 400.000 ejemplares (sin contar las versiones
piratas), pone en tela de juicio el nacionalismo y el materialismo de la China posterior
a 1989.
Al considerar a Cui Jian como un disidente político se corre el riesgo de
caer en una imagen estereotipada de China muy corriente en Occidente, según
la cual todos los chinos están politizados y los que se rebelan contra las
ideologías dominantes ensalzan indirectamente la sociedad liberal occidental.
Pero quizás Cui Jian se rebele más contra su pueblo que en nombre de
su pueblo. Mientras la nueva generación china empieza a felicitarse de los
resultados de las reformas económicas, Cui Jian canta: “Nos interesa tanto
ganar dinero que olvidaremos todo lo demás (…) ¡Ah! Si me preguntan
cómo será la próxima generación, voy a ser franco: ¡Me
importa un bledo!1
1. Del álbum The
Power of the Powerless (El poder de los sin poder, 1998). |
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