
Fiestas como éstas se celebran en plena sabana australiana, ...

… a veces a más de dos horas de distancia de la ciudad más cercana.
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La música es nuestro
testigo y nuestro aliado. Llevar el compás es como una confesión que
reconoce, cambia y conquista el tiempo. La historia se convierte entonces en un traje
que podemos ponernos y compartir, y no en un manto para escondernos; así nos
hacemos amigos del tiempo.
James
Baldwin, escritor estadounidense (1924-1987)
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Ecologistas y grupos de
tecno se unen en la sabana australiana para conjugar acción política
y expresión artística. Pero la llegada de raudales de turistas puede
aguarles la fiesta.
Al
adentrarse dos horas y media en automóvil por la densa sabana australiana
se ven luces de colores titilando en la cima de una colina mientras el estruendo
grave de los bajos invade la inmensidad del bosque. En el rigor del verano, la sabana
que rodea Byron Bay, en el centro-este del país, vibra gracias a las fiestas
tecno. A años luz de los clubes cerrados que acaparan la música electrónica
en Sidney y otras grandes ciudades australianas, esos eventos ofrecen una vía
de escape de la ciudad y un toque de política social. Aunque los grandes espacios
brindan la libertad necesaria para combinar la actividad artística con la
acción política, la afluencia de turistas extranjeros podría
frenar el ímpetu de esas manifestaciones.
En cierto modo, fue el turismo el que dio origen al ambiente tecno local. A raíz
de la explosión del rave que se produjo en el Reino Unido en 1989, los turistas
británicos exportaron a Australia nuevas ideas y formas musicales que se superpusieron
a las grandes fiestas gay que se celebraban aquí desde comienzos de los ochenta.
Los recién llegados organizaron encuentros underground utilizando las mismas
tácticas que empleaban para eludir a la policía en su país:
publicidad discreta y anuncio del lugar por teléfono y de noche. Abrieron
grandes tiendas de discos importados y se convirtieron en los disc-jockeys más
destacados. Pero los australianos recuperaron el sector en 1991-1992, cuando, cada
fin de semana, cuatro o más macrofiestas llegaban a congregar a varios miles
de personas cada una.
Mientras tanto The Vibe Tribe, un grupo de ex punks, okupas y activistas, empezó
a organizar fiestas de entrada libre en los espacios públicos de Sydney y
a practicar el activismo comunitario con la energía propia del rave. Sus miembros
iniciaron también acciones para recaudar fondos y se aliaron con grupos ecologistas
locales a fin de crear conciencia sobre temas como los derechos de los indígenas
sobre la tierra, el uso de espacios públicos para fines privados y el desarme
nuclear. En Byron Bay, grupos como Electric Tipi hicieron lo propio. La música
electrónica se integró en numerosos ámbitos, desde festivales
comunitarios a acciones de protesta como Reclaim the Streets in Sydney (Reclamen
las calles de Sydney); en los cruces de carreteras importantes se instalaron equipos
sonoros que atrajeron a millares de ravers espontáneos a fin de denunciar
por ejemplo los efectos nocivos de la industria automotriz en el medio ambiente.
Pero, en 1995, una reglamentación represiva y varias redadas policiales obligaron
a los ravers a replegarse en clubes. El Vibe Tribe se disolvió y algunos de
sus miembros, como Kol Diamond, partieron a Byron Bay. “En los últimos veinte
años Byron se ha convertido en el centro neurálgico de un estilo de
vida alternativo en este país”, explica Diamond. “Las diversas subculturas
hippies y los verdes capitalistas se mezclan libremente con los gurús de la
New Age. Se sientan en cafés bohemios a hablar de política o de semillas
genéticamente modificadas y se pasan el día haciendo surf. El ayuntamiento
está en manos de los Verdes, la prensa local es crítica frente a las
grandes empresas capitalistas, y al parecer comparte con toda la ciudad el propósito
de mantener una estrategia de desarrollo de baja densidad y escaso impacto, en gran
parte porque Byron Bay depende totalmente del turismo.”
Diamond contribuyó a desarrollar la cultura musical instalando estudios de
grabación y una firma discográfica, Organarchy. Los pequeños
raves de los años noventa son ahora manifestaciones periódicas que
atraen a cientos de aficionados de Sydney, Melbourne y otras latitudes gracias a
Internet.
Chris Gibson, profesor de geografía en la Universidad de Nueva Gales del Sur
y loco por el rave, pasó seis meses estudiando la política musical
de Byron Bay. “El debate en Byron es si hay que orientarse hacia el mercado turístico
o concentrarse en el mercado local”, afirma. “Pero el problema es saber si las reivindicaciones
políticas locales pueden conciliarse con la mentalidad propia del turismo
musical.”
Tomemos el ejemplo de una recaudación de fondos por el disc-jockey local para
acciones de protesta por la destrucción de los bosques. ¿A esos turistas
les preocupa realmente el bosque o sólo les atrae el carácter “alternativo”
del evento? ¿La vida diaria de Byron quedará borrada por la música?
Diamond no cree que sea para tanto. “Tal vez ése fuera el riesgo hace cuatro
años, cuando un grupo muy competente de disc-jockeys y promotores internacionales
del trance invadieron esta región buscando un punto de apoyo desde donde explotar
sus programas. Pronto se puso muy de moda venir a Byron, pero vivir aquí seguía
siendo muy caro en comparación con la India y Tailandia, de modo que sólo
los que aspiraban realmente a una vía ecológica permanecieron en la
bahía.”
El debate sobre el turismo está saliendo de la comunidad musical para alimentar
un conflicto con las autoridades locales. Las tensiones surgieron durante los preparativos
de una concentración tecno para celebrar el año 2000. Según
Diamond, “existía la amenaza de que tres fiestas tecno atrajeran más
público que los festejos oficiales”.
Para empezar, la municipalidad no obtiene ningún ingreso con ese tipo de fiestas,
y como cada cual trae el alcohol que bebe, nadie visita los bares de la ciudad. De
hecho, las enérgicas medidas tomadas contra los rave en Sydney en 1995 se
debieron esencialmente a presiones de la industria alcoholera. Por eso, en Byron
no sorprendió “el acoso policial en las fiestas hasta el amanecer, que se
tradujo en la confiscación del equipo y en denuncias contra los responsables”
como explica Diamond.
El número de fiestas disminuye cuando llega el mal tiempo, por lo que la población
de Byron está a la expectativa de la evolución del clima político.
Mientras tanto, Organarchy trabaja para aumentar la producción musical local
y reforzar la independencia artística y política. “Todo depende del
desarrollo local”, estima Diamond, “lo que tiende a la mundialización, ya
sea la música, la industria o el turismo, apesta a consumismo desenfrenado”.
El desafío es saber si ello es compatible con un aumento del turismo.
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