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El general
Pinochet ha afirmado a menudo que su acción no puede ser juzgada en Chile
puesto que se ejerció en un marco nacional. La existencia de la Operación
Cóndor demuestra que esta afirmación es errónea. Los dictadores
de Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia y las Fuerzas Armadas argentinas (incluso
antes del golpe de Estado de 1976) organizaron una cooperación recíproca
para hacer desaparecer o asesinar a sus opositores. Decidieron convertir a Asunción
en el punto central de esa cooperación, es decir de su política de
eliminación. De ahí el interés que presentan los documentos
encontrados en Paraguay.
Los documentos almacenados en Asunción son esencialmente archivos policiales
que se refieren únicamente al Paraguay. Por lo demás, como es sabido,
el descubrimiento de esos archivos no es reciente ya que data de 1992 y desde entonces
su custodia está a cargo del Poder Judicial paraguayo, aunque su consulta
no sea fácil.
Por consiguiente, desde un punto de vista estrictamente técnico, cabe insistir
en la importancia que la UNESCO debe dar a esos archivos. Pero
más allá de eso, la expectación considerable que despiertan
los casos de desapariciones y asesinatos ha dado a esos “archivos del terror” una
trascendencia simbólica extraordinaria. Prueba de ello es el eco que ha tenido
en la prensa de numerosos países la misión conjunta de la UNESCO
y de un grupo de especialistas franceses.1
Nos encontramos frente a una situación que suscita profundas emociones. Por
este motivo nos parece fundamental que la UNESCO manifieste oficialmente su
interés por tales documentos, que remiten a los graves acontecimientos que
destruyeron la democracia en el conjunto del Cono Sur de América. Estoy convencido
de que el símbolo que esos archivos encierran para la opinión pública,
y que va más mucho más allá de su mero carácter de testimonio,
es el elemento más relevante que la UNESCO deberá tener en cuenta.
Asimismo es razonable pensar que existen otros archivos en diversos ministerios paraguayos
y, sobre todo, es indispensable consultar los de las fuerzas armadas o de sus servicios
de inteligencia. También es de suponer que haya documentos en otros países.
Los presidentes de los países afectados deberían proceder como el presidente
brasileño, Fernando Henrique Cardoso, que ordenó abrir los archivos
militares.
Con una visión más amplia, ha llegado el momento en toda América
Latina de recuperar la memoria. Muchos han pensado, de buena o mala fe, que había
que olvidar los conflictos del pasado para construir un nuevo futuro. Y así
se ha opuesto el pasado al porvenir. Es un error. Un país –o un individuo–
que no es capaz de enfrentar su pasado tampoco puede enfrentar su futuro. No es posible
construir la democracia sin entender la razón de ser y el funcionamiento de
las dictaduras.
1. Esa misión se dirigió
a Asunción en el segundo trimestre de 2000 a petición de las autoridades
paraguayas para ayudarlas a inscribir esos documentos en el registro de la Memoria
del mundo. Ese programa apunta a salvaguardar y promover el patrimonio documental
de la humanidad aplicando medidas de preservación y accesibilidad.
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