
Según el UNICEF, 83% de las escuelas primarias necesitan ser reparadas.
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Los niños de Irak
son las primeras víctimas de las sanciones internacionales. En ese país,
que ha recaído en el subdesarrollo, son cada vez más los menores que
viven en la calle.
En la calle principal de Basora, ciudad
del sur de Irak en el Shat el Arab, los dos van tomados de la mano, sonríen
y tratan de negociar el único bien que les queda: dos bolsitas de plástico
con una raya roja y blanca. Aún no tienen ocho años. ¿Qué
hacen en la vía pública cuando las tiendas ya han bajado sus cortinas
metálicas? “No nos moveremos de aquí hasta que no hayamos ganado algo”,
declaran, mientras se suman a ellos unos cuarenta menores que ya no tienen nada que
vender. Son los niños de la calle.
Hablan todos al mismo tiempo. Si han abandonado la escuela, “es porque han fracasado”;
si ya no viven en su casa, “es porque sus padres se divorciaron o están sin
trabajo, y tienen que valerse de sus propios medios para sobrevivir”. A medida que
los últimos dueños de tenderetes desconectan su grupo electrógeno,
la calle se sume en la oscuridad. El menor del grupo, con apenas seis años,
avanza para decir que él también “¡quiere ir a la escuela!”
¿Cuánto tiempo se necesitará para que el mundo cobre conciencia
de las consecuencias dramáticas del embargo para la población iraquí
y en particular para los niños? Más que dos guerras,1
son las sanciones internacionales –vigentes desde hace casi diez años tras
la invasión de Kuwait por las tropas de Saddam Hussein– las que han arruinado
al país y a sus ciudadanos. Todos los meses, la desnutrición mata a
más de 4.500 niños menores de cinco años, según un estudio
realizado en agosto de 1999 por el UNICEF. ¿Cuántas muertes más
serán necesarias para que se reaccione ante esa situación?
El fenómeno de los niños de la calle era prácticamente desconocido
antes de 1991(todos los niños estaban escolarizados). Cada vez más
numerosos, son rechazados por los “delitos” que cometen, pues antes de cumplir 15
años está prohibido trabajar o mendigar. Detenidos por la policía,
suelen ser enviados a centros de detención donde las condiciones de vida son
casi inhumanas. Algunos llegan después a El Rahma (La Misericordia), único
centro de integración de los niños en Bagdad.2
Allí viven mejor, pero el personal que se ocupa de ellos es insuficiente.
Aunque, contrariamente a lo que sucede en otros países musulmanes, la adopción
no esté prohibida, es poco corriente, explica Hamid Jabir Aboud, director
del centro. Por consiguiente, sólo ve dos soluciones para la reinserción
de los menores: “Encontrar a las familias de los varones y casar a las chicas.” Estas
últimas estarían en peligro de muerte si regresaran a sus casas tras
haber vivido “en lugares abandonados” (la calle). “Pero antes de iniciar las búsquedas”,
señala el director, “tengo que encontrar una nueva batería para el
auto a fin de ir a comprar pan para los niños”.
En el Irak de hoy, todo es prioritario, como señala uno de los responsables
del UNICEF en Bagdad: “Hacemos lo que el gobierno ya no puede
hacer a causa del embargo: construir centros de salud, casas, escuelas, reparar alcantarillas,
centrales de tratamiento de aguas, imprentas, fábricas de tiza… La tarea es
enorme y hay que actuar con rapidez para salvar a los niños. La prioridad
es lograr que retornen a la escuela para que esta generación del embargo no
se pierda para el país.”
Situación
desesperante
En diez años el
presupuesto del sector de la educación disminuyó un 90%, pasando de
230 millones de dólares en 1991 a 23 millones hoy, y 83% de las escuelas primarias
necesitan ser reparadas. Algunas están totalmente destruidas, otras “no dan
abasto”. En la carretera de Bagdad a Basora, en la escuela Diala, los alumnos se
suceden cada cuatro horas en clases cuyos bancos y pupitres están rotos, los
cables eléctricos a la vista, los techos agujereados y los suelos inundados.
La situación es igualmente desesperante en la dirección de Salud: “Se
sostiene que Irak fabrica armas con los medicamentos contra el cáncer y con
el cloro para purificar el agua. ¿Hay que cruzarse de brazos y ver morir a
la gente? ¿Deben los niños contraer enfermedades por falta de agua
potable?”, se indigna Abdul Amir El Thamery. “¿Y qué va a suceder cuando
lleguen los calores del verano, con una tasas de morbilidad, mortalidad y desnutrición
ya tan elevadas?”
1. La guerra con Irán
entre 1980 y 1988 y la guerra del Golfo en 1990-1991.
2. Administrado conjuntamente por el gobierno iraquí y la ONG francesa Enfants
du monde.
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