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| La fauna salvaje enla trampa del comercio | Elefantes de Kenya: nada de medias tintas |

CUBA: TORTUGAS CAREY BAJO CONTROL

Gerardo Tena, periodista en La Habana, Cuba.
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La tortuga carey es fuente de proteínas e ingresos en el Caribe.

La protección de las especies y su uso comercial no son conceptos forzosamente reñidos, siempre que el segundo esté controlado de manera responsable.

Cada año son sacrificadas de manera ilegal miles de tortugas carey (Eretmochelys imbricata) pese a una convención internacional (CITES) que prohíbe desde 1975 la explotación comercial de su caparazón, del que se obtiene el carey, una materia traslúcida, dura y compacta, muy preciada por artesanos y fabricantes de peines, bisutería o monturas de lentes. Tanto la caza indiscriminada como la prohibición perjudican a comunidades pesqueras del Caribe que durante siglos basaron su actividad en la captura de estas tortugas para consumir su carne, rica en proteínas, y sus huevos.
Por poseer una importante área donde las tortugas carey se alimentan y anidan, Cuba no escapa a la explotación de este animal marino. Entre 1960 y 1990, en la isla fueron cazadas unas 150.000 tortugas carey, a un ritmo anual de 5.000 ejemplares. Hace diez años, la isla puso en marcha un programa que permite sólo a cooperativas de dos comunidades, una en la Isla de la Juventud (al sur de la isla grande) y otra en la provincia oriental de Camagüey, pescar un máximo anual de 500 ejemplares, observando vedas en la época de reproducción y evitando la captura de tortugas cuyo caparazón mida menos de 66 cm de largo. La carne obtenida se distribuye entre las cooperativas pesqueras autorizadas y en hospitales cubanos.
En el resto del país la pesca de tortugas carey está prohibida y se sanciona con hasta 5.000 pesos (250 dólares), cuando el salario promedio de los cubanos es de unos diez dólares mensuales. Además, “si los pescadores furtivos son sorprendidos a bordo de un barco, se les incauta el barco. Es la sanción más alta prevista por nuestro decreto ley de pesca”, afirma José Alberto Alvarez, especialista del Centro de Inspección Ambiental (C
ICA).
Cuba firmó la Convención aunque, al igual que Japón, reservó su adhesión en el capítulo del carey, lo que permitió a ambos países seguir comerciando con los caparazones hasta que, en 1993, Japón retiró su reserva. Desde entonces la isla no tiene a quién vender el carey y acumula 6,9 toneladas de caparazones en un almacén del pueblo pesquero de Cojímar, cercano a La Habana.
El C
ICA considera que la tortuga carey no está en peligro de extinción en las costas cubanas, cuya superficie supone 34% del hábitat que este quelonio tiene en todo el Caribe, y que su caza controlada beneficia a las comunidades que viven de ella. La prohibición de comerciar con el carey aumenta año tras año las existencias cubanas de este material. En la última conferencia de la CITES, Cuba propuso que se le permitiera primero vender a Japón el carey que tiene almacenado –de un valor de unos cinco millones de dólares– y luego exportar a otros países los caparazones producto de la caza anual. La propuesta fue rechazada por un corto margen. Para Silvia Alvarez, directora del CICA, “las expresiones a favor fueron convincentes porque fueron técnicas, en tanto que las que estaban en contra sólo expresaban sentimientos, pues la tortuga, como el delfín, la ballena o el elefante, es un animal carismático”.
“Quinientas capturas al año representan una cantidad muy conservadora, puesto que la población de carey que habita en aguas cubanas es de unas 15.000 hembras anidadoras”, asegura Alvarez. “Defendemos el principio de poder comerciar de forma controlada para que los beneficios económicos se destinen a las comunidades que se dedican a la captura y a alimentar fondos para continuar estudiando la especie.”

Cooperación regional
Alvarez admite que el rechazo internacional nace de la preocupación de que la venta de los caparazones a Japón fomente el comercio ilegal, pero añade: “Actualmente existe comercio ilegal porque no está permitido comercio de ningún tipo.”
Los investigadores cubanos aseguran que entre Puerto Rico e Islas Vírgenes, países que poseen sólo 1% del hábitat disponible, pescan ilegalmente 2.000 tortugas al año. “Lo ideal sería establecer un programa regional de pesca controlada”, dice la experta. Para ello, en 1997 se creó el Grupo para la Investigación y Manejo Regional del Caribe, que estudia todas las tortugas y que integran once países, entre ellos Cuba, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y Granadina, Trinidad Tobago y Surinam.
Mientras avanza la iniciativa, Cuba mantendrá su programa de 500 capturas al año. “Tenemos dos años más, hasta la próxima reunión de la Convención, para demostrar que lo que estamos haciendo es sostenible”, dice la directora, para quien “el mayor obstáculo es quitar de la mente de muchos que la única manera de proteger es no usar los recursos naturales”.