
Manifestantes ecuatorianos contra la dolarización.
“En este proceso de globalización,
el Ecuador no puede ser excepción.”
Indicadores
básicos
Población
(millones, 1998): 12,2
PNB (miles de millones de dólares): 18,4
PNB por habitante
(en dólares): 1.520
Población por debajo del límite de la pobreza a 1$ diario (%): 20,2
Fuente: Informe sobre
desarrollo humano 2000, PNUD. |
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Globalización sí,
dicen los dirigentes indígenas del Ecuador. Pero sólo si permite preservar
las culturas ancestrales y entablar a partir de ellas un diálogo equitativo
con el Norte.
Luis Macas es uno de los dirigentes e intelectuales más
destacados del movimiento indígena ecuatoriano. Viste el poncho y el sombrero
oscuros distintivos de su comunidad de Saraguro, en la sierra austral del Ecuador,
mientras maneja la edición en Internet del boletín del Instituto para
el Conocimiento de las Culturas Indígenas, que dirige en Quito después
de haber sido presidente de la Confederación de las Nacionalidades Indígenas
del Ecuador (CONAIE)
y diputado del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País. La
CONAIE y
su expresión política, el movimiento Pachakutik, que hoy cuenta con
seis diputados (sobre un total de 123) en el Parlamento unicameral ecuatoriano, figuraron
entre los principales actores de una insurrección popular que en enero de
2000 sorprendió al mundo con la toma de las sedes de los poderes legislativo
y ejecutivo de Quito. Los indígenas, aliados a un grupo de oficiales, obligaron
al presidente Jamil Mahuad a abandonar el país, pero no lograron detener un
proyecto de dolarización de la economía que borró de un plumazo
la moneda nacional, el sucre.
Lo nunca visto en América
Latina
Para Luis Macas, la recuperación de
la identidad tiene sentido para toda la sociedad ecuatoriana: 12 millones de personas
de los que un tercio son indígenas. En su opinión, después de
un período de “autodefinición” de los pueblos indígenas en las
luchas por su tierra y su cultura, se pueden “rebasar las fronteras étnicas”
y hacer propuestas para el conjunto de los sectores. “Los ensayos en nuestros países
no han cuajado: Ni en México, por eso hay un Chiapas, ni en Bolivia, por eso
hubo un levantamiento de los cocaleros, el levantamiento por el agua, etc.” Macas
subraya la necesidad de no actuar como la vieja izquierda latinoamericana, que sólo
protesta sin hacer propuestas alternativas. Por eso pone mucha esperanza en los espacios
de poder local que ganó el movimiento indígena ecuatoriano en mayo
de 2000, conquistando 27 alcaldías y cinco prefecturas provinciales sobre
22, un hecho totalmente inédito en América Latina.
Según Macas, lo logrado en las urnas ha de plasmarse en una mejor capacitación
de los cuadros locales indígenas y una mayor participación democrática
de las comunidades: “hay dos pilares, el técnico y el político, y hay
que fortalecer los dos”, resume.
Quien sí parece manejar con soltura lo técnico y lo político
es Mariano Curicama. El alcalde del cantón Guamote, en la provincia de Chimborazo,
que abarca más de 133 comunidades indígenas, asocia una larga trayectoria
de dirigente al servicio de las luchas de su pueblo y un dinamismo empresarial impresionante.
“Usted no me va a encontrar nunca dentro de mi oficina”, explica al periodista, “estoy
siempre por los caminos, me gusta hacer, organizar…”. Dos veces reelegido desde 1992,
este quechua de la sierra central ecuatoriana que empezó a trabajar de albañil
a los 17 años ha revolucionado su cantón, promoviendo la participación
ciudadana con parlamentos locales y asociando la minga, trabajo comunitario tradicional
de los pueblos quechuas, con la colaboración con destacadas organizaciones
gubernamentales y no gubernamentales de Estados Unidos, Noruega, Chile y los Países
Bajos. El resultado es más que visible: carreteras, agua potable, canales
de riego, reforestación y piscicultura donde los gobiernos habían sembrado
sólo pobreza y clientelismo. Hace pocos meses, creó la Cámara
de Comercio Indígena, con la que los indígenas quieren comercializar
sus propios productos dentro y fuera del país. Mariano Curicama no tiene miedo
a la globalización: “Si no nos embarcamos en ese coche, nos vamos a quedar
de lado”, afirma.
Miguel Lluco, ex diputado y coordinador nacional del movimiento Pachakutik, también
está convencido: “en este proceso de globalización, el Ecuador no puede
ser una excepción”. La insurrección pacífica de enero “fue el
reflejo inevitable de una situación mundial que se nos impone, de la dolarización,
y la globalización de los intercambios, y que conlleva el riesgo de violentar
la maduración de nuestro proceso político”, explica Lluco. “En Ecuador
mismo, si nos hubiéramos quedado en el localismo de los conflictos por la
tierra de los años 60, cuando cada comunidad peleaba contra su hacendado,
no hubiéramos tenido todos estos progresos de organización. Nosotros
desde el tercer mundo, podemos aportar mucho, en términos de valores o de
visión comunitaria.” Hasta la edad de 13 años, cuando salió
de la humilde casa de su familia de campesinos analfabetos en Sacaguán, para
saltar en un camión de patatas que lo llevó hasta los cañaverales
de la costa ecuatoriana, Miguel Lluco no conocía nada fuera de su rincón
de los Andes. Desde su larga experiencia de peón, betunero, vendedor de helados,
carpintero, dirigente gremial y político, diputado y siempre defensor del
“ser humano integral”, como ama repetir, sopesa los riesgos y las oportunidades de
un mundo globalizado: “Así veo yo el sentido de mi trayectoria, desde mi poblado
de Sacaguán descubriendo el pueblo vecino de Guamote y su escuela, después
la realidad ecuatoriana y latinoamericana, hasta hacerme preguntas sobre ¿qué
pensarán los del primer mundo?, ¿qué pensarán en Europa?
¿cómo establecer una comunicación y tal vez una coordinación?”.
De la respuesta que desde Ecuador y desde el Norte tengan estas preguntas dependerá
en buena medida el futuro del primer país de América Latina que ha
renunciado a su moneda.
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